De Barcelona traje un libro sobre Gaudí que adquirí en el Parque Güell. Desde entonces, Iva cogiéndolo cualquier día y poco a poco iba disfrutando de todas las obras de Gaudí. Cada capítulo una obra, me hace especial ilusión saber que conozco bastantes obras del genial arquitecto. Pero no se trata de verlas o sentir su poder, sino de absorber su historia y el trabajo arquitectónico que hay detrás. Gaudí era un genio, eso nadie lo puede negar. He disfrutado mucho de esta guía.
lunes, junio 15, 2026
Barcelona: la Casa Milà
Tenía que ver la Casa Milà, así que volví al Paseo de Gracia para disfrutar del edificio.
La Casa Milà, llamada popularmente La Pedrera ("cantera" en catalán) es un edificio modernista, obra de Gaudí, construido entre 1906 y 1910. Se levantó por encargo de Pedro Milà y Camps.
La Casa Milà es un reflejo de la plenitud artística de Gaudí: pertenece a su etapa naturalista, período en el que el arquitecto perfecciona su estilo personal, inspirándose en las formas orgánicas de la naturaleza, para lo que puso en práctica toda una serie de nuevas soluciones estructurales originadas en los profundos análisis efectuados por Gaudí de la geometría regada. A ello se añade su gran libertad creativa y una imaginativa creación ornamental.
Desde 2013 la Casa Milà es propiedad de la Fundació Catalunya-La Pedrera, que se encarga de organizar exposiciones, actividades y visitas.
La Casa Milà tiene tres fachadas: una en el paseo de Gracia, otra en la calle de Provenza y otra que hace de chaflán. Sin embargo, las tres presentan una continuidad formal y estilística que, por su forma sinuosa y ondulada, parece una roca modelada por las olas del mar. El conjunto de entrantes y salientes imprime un dinamismo al conjunto que le otorga la sensación de estar en movimiento, a la vez que crea un juego de luces y sombras en constante cambio según la hora del día o la posición del espectador. Además de la forma ondulante de los muros de la fachada, la presencia de 33 balcones de hierro forjado, con una original forma similar a algas marinas, convierten el conjunto en una obra casi escultórica de gran tamaño. La mayoría de las barandillas tiene una forma más bien abstracta, aunque se encuentran algunos detalles puntuales como una paloma, una máscara de teatro, una estrella de seis puntas, diversas flores y el escudo catalán.
Las tres fachadas, de 30 metros de altura, contienen 150 ventanas, con diferentes soluciones estructurales, formas y tamaños.
domingo, junio 14, 2026
Barcelona: L'Aquàrium
Quien me conoce sabe que adoro todos los acuarios, que entrar y ver a los peces y tiburones me produce paz mental, así que, ya que no conseguí entradas para entrar en el interior de la Sagrada Familia, decidí acercarme al Acuario de Barcelona.
Situado en el Port Vell, es el único acuario de la ciudad condal. Además, es el centro más importante del mundo en temática mediterránea.
El complejo, que fue inaugurado en 1995, dispone de 80 acuarios diferentes que contienen unos 11.000 animales pertenecientes a 600 especies distintas.
El acuario cuenta con un primer semitúnel (sólo una pared permite ver el tanque de los tiburones) y luego hay un túnel completo, donde se pueden ver sobre todo tiburones de varios tipos y las manta rayas.
También hay especies tropicales. Especial ilusión me hizo ver ajolotes mexicanos.
Ciudad de sal
David B. Gil es un autor que me gusta mucho desde que llegó a mis manos su primer libro que empezó publicando en internet. De hecho, he leído todas sus novelas.
En esta ocasión nos encontramos en la Costa del Sol, concretamente en la ciudad de Málaga, donde han crecido las zonas de mansiones de oligarcas rusos.
Elka y Nadja son dos escorts que van a todas las fiestas de millonarios rusos. Han sido invitadas a una fiesta donde aparece por primera vez Volk, un ruso al que todos temen, lleva una careta con un lobo y nadie sabe su verdadero nombre. Andréi es un ex criminal ruso al que todos creen muerto, se encarga de hacer trabajos de mantenimientos de jardines y piscinas, mientras intenta pasar desapercibido, pero está enamorado de Nadja y protege a las chicas, además de enseñarles a defenderse. Entonces desaparece Elka y Nadja empieza a buscarla y a hacer preguntas que resultan incómodas.
Mientras, en la Comandancia de la Guardia Civil llega el teniente Ángel Lobo, un joven que tiene un problema psicológico, que le hace tener todo a su alrededor controlado para no cometer errores. Su capitán es Emma Somerset, una mujer joven que se fija en él desde el primer momento y le deja una caja con movimientos bancarios de concejales de la Costa del Sol para que compruebe movimientos extraños. Sin embargo, en su cajón encuentra un expediente de trece suicidios que dejó allí la capitán anterior, Rigo Díaz, que ahora está en la reserva. La capitán Díaz no pudo soportar el suicidio de su sobrina Lucía e investigó paralelamente, pero todo el mundo creía que eran cosas del duelo, y sin embargo ella siempre ha pensado que alguien les indujo a suicidarse.
Cuando aparece el cuerpo de Elka, aparentemente suicidada, pero con suero de la verdad en la sangre, este caso enlaza directamente con los casos que tiene Ángel en su cajón. Andréi intenta hacer desaparecer a Nadja, pero tiene un geolocalizador y la secuestran cuando se encuentra sola en un motel. Andréi comienza a buscarla sin éxito, sabe que está solo y que se enfrenta a una de las mafias rusas, que son muy poderosas y tienen muchos medios para borrar huellas. El teniente se pone en contacto con él y siguen los pasos de Volk, así que cuando consiguen una casete grabada del inductor al suicidio y de Lucía, abren una investigación y buscan a Volk.
Emma se cita con un agente del MI5, que ha localizado a Volk, cuyo nombre real es Viktor Volkov, un oligarca ruso invitado a abandonar Rusia, ya que siendo estudiante consiguió que varios hijos de oligarcas se suicidaran, pero además le explica que Andréi es un ex criminal ruso que está siendo perseguido por el MI5 por haber asesinado a varios agentes, pero al que todos creían muerto.
Andréi va a liberar a Nadja y va a conseguir escapar de España, mientras Volk es detenido en el aeropuerto de Málaga, mientras todos miran que tiene inmunidad diplomática. Allí también se encuentra Rigo Díaz, que no debería estar allí.
EL AUTOR:
David B. Gil (Cádiz, 1979) es licenciado en Periodismo. Ha trabajado como redactor editorial para DC Comics en España y en Latinoamérica y ha sido responsable de comunicación en diferentes organizaciones políticas, además de redactor en varios medios de comunicación. Autopublicó El guerrero a la sombra del cerezo, que fue finalista del Premio Fernando Lara y primera obra autoeditada en ganar un premio Hislibris a mejor autor novel. Actualmente publicada por Suma (2017), continúa siendo la ficción histórica mejor valorada por los lectores de Amazon España. Su segundo trabajo, Hijos del dios binario (Suma, 2016), fue finalista del Premio Ignotus y elegida como la mejor obra de ciencia ficción en español de 2016 por publicaciones como Xataka o Hobby Consolas. Ocho millones de dioses (Suma, 2019), su tercera novela, ha sido galardonada con el X Premio Hislibris de Novela Histórica (mejor novela en español). Forjada en la tormenta (Suma, 2022), el thriller histórico con el que el autor regresaba al Japón feudal, se alzó con el Premio Hislibris a mejor novela y el Premio Certamen Internacional de Novela Histórica de Úbeda. Ciudad de sal es su primera incursión en el policíaco más puro.
EL LIBRO:
Título original: Ciudad de sal
Autor: David B. Gil
Editorial: Suma (1ª edición, en mayo de 2026)
Número de páginas: 421
ISBN: 9788491298366
Valoración: 9/10
RETOS:
* Reto "Viajando por España": Cádiz.
* Reto "Mi vida en libros": Paisaje donde te gustaría vivir.
sábado, junio 13, 2026
Sábado loco
Hoy ha sido un sábado loco. Hoy he estado trabajando aunque no me tocaba, pero no me ha importado. En una semana marchamos a Praga. Hay muchas ganas de desconectar.
viernes, junio 12, 2026
jueves, junio 11, 2026
Barcelona: estatua de Colón
No tenía intención de visitar esta vez ni las Ramblas ni el Barrio Gótico de Barcelona, y es que ya las conozco, pero son lugares donde abundan los carteristas, y lo cierto es que Barcelona tiene fama de ser una de las ciudades más peligrosas de España.
Sin embargo, el día que iba paseando por Port Vell en dirección al acuario, la estatua de Colón apareció al frente. No quise acercarme porque sé que ahí comienzan las Ramblas.
El monumento a Colón es un emblema de Barcelona. Es uno de los 60 monumentos dedicados en todo el mundo a Colón, así recuerdo haber visto el de Nueva York y el de Salamanca. Fue símbolo de la ciudad durante los Juegos Olímpicos de 1992.
La construcción del monumento se inició en 1881 y fue inaugurado en 1888 con motivo de la primera Exposición Universal de Barcelona.
El monumento mide 57 metros y en lo alto está la estatua del célebre navegante que con su largo dedo de 50 centímetros no señala hacia América, sino hacia la India (que es donde quería ir originalmente).
El monumento está rodeado de ocho leones, muy de moda en su época, para dar magnificencia al conjunto. En su interior se colocó un ascensor que ascendía hasta la base de la escultura de Colón, donde hay un mirador. Se trata del primer ascensor que funcionó en Barcelona.
Una anécdota curiosa es que la estatua de Colón en Barcelona y la estatua de la Libertad en Nueva York contrajeron matrimonio en Las Vegas en febrero de 1992 con motivo del 500º aniversario del descubrimiento de América.
miércoles, junio 10, 2026
El gran crucigrama
Mi novio y yo nos hemos hecho un crucigrama gigante que venía con el cuaderno de verano de Blackie Books. Por lo demás, hoy me tomo un descanso del blog.
martes, junio 09, 2026
Una semana en Caldas de Montbui: el balneario Termes Victòria
Estuve una semana en el hotel balneario Termes Victòria de Caldas de Montbui, con un planning de piscina y dietas que me mantuvo ocupada toda la semana, pero cada vez que pienso en el balneario tengo una sensación de tranquilidad inmensa, y es porque volví renovada en cuerpo y mente. Mens sana in corpore sano.
Cada día, durante siete días, tenía dos horas en la planta inferior del edificio, una en la piscina de aguas termales y otra de masaje.
Lo que recuerdo es lo que me aburría la piscina termal, porque la hora bajo los chorros se me hacía muy larga, pero ahora lo recuerdo con una paz inmensa. En la piscina entablaba conversaciones con mucha gente, de cualquier edad y clase social. Esto lo digo porque una señora me dijo que vivía al lado de la Sagrada Familia y veía pasar hordas de turistas, que iba cada año allí con su hermana, a la que hace uno año le había dado un ictus; o los cubanos que iban con una señora mayor que tenía el pelo de color azul, aquejada de cáncer; o la joven alemana que acompañaba a los baños a su madre...
Conocí a mucha gente allí, aunque los mejores recuerdos son para Susi, la quiropráctica; para Sebastián, que me dejó moratones en las piernas tras un duro masaje; o para David, que me dio el mejor chorro a presión de la semana. Al final, en los masajes, podías hablar con todos y te contaban retazos de sus vidas. Sebastián, que era nieto de inmigrantes chilenos, me recomendó ir al pueblo donde vivía, Sant Miquel del Fai, porque había unas cascadas espectaculares. Pero no llegué a ir por falta de tiempo.
Al salir de la piscina nos esperaba una infusión de regaliz. Las aguas termales relajan la presión arterial. Esta infusión de regaliz ayuda a equilibrar y compensar la presión arterial. Estaba muy rica.
La comida en el hotel era espectacular. Aunque a mí me ponían comida especializada, es cierto que el restaurante bufet tenía unos platos que maravillaban a la vista y, supongo que también, al paladar.
El comedor estaba presidido por un enorme cuadro de Saló Francesc Domingo. La imagen representa a los payeses de Caldas de Montbui regresando al pueblo después de coger cerezas, tal como hacía la familia de Isidro Anglí. Este cuadro forma parte de una trilogía del mismo autor que se exponen en la recepción del hotel.
Las habitaciones eran espectaculares, todas con balcón y con unas vistas preciosas a la riera de Caldes, la montaña y el pueblo. Mi balcón daba a la parte de la montaña y se veía más abajo un poco de la piscina exterior.
La piscina exterior se abre de 9 de la mañana a 9 de la noche todos los días del año. Y es que, aunque haga frío, el agua de la piscina viene del subsuelo, por lo que su temperatura es muy elevada. Junto a la piscina había un espacio con bar, cerrado en esa época del año, pero que tiene que ser una delicia en temporada alta.
La planta baja contaba con varios salones antiguos pero renovados, butacas de época, la campana para llamar al servicio, cuadros familiares, varios pianos.
Junto a la entrada había un patio con árboles frutales, y pájaros cantando. Para mí era una delicia salir allí con mi eBook a leer, aunque algún día hacía frío, pero disfruté mucho de este patio.
El balneario Termes Victòria tiene más de 300 años de historia, siempre ha sido un balneario familiar. En el siglo XVII se erige la primera casa de baños con el nombre de Balneario Llobet, propiedad de Antonio Llobet i Valllosera. A mediados del siglo XIX el nuevo propietario, el señor Monteys, y dos gerentes administran los baños termales. Un descendiente de Monteys cambió el nombre por Termes Victòria, en honor a su esposa Victòria. Su hijo mayor, Joan Anglí, se casó en 1917 con María Rosa Garriga Mansclans, y juntos dirigieron el balneario. Sus dos hijos fueron la última generación que nació y creció en el balneario. Isidro Anglí se casó con María Torres, que llevaba el peso de la administración, mientras su marido se centraba en la política local de Caldas de Montbui, llegando a ser alcalde de la población. Tuvieron cinco hijos.
El balneario además tiene un espacio Cel, que se llena los fines de semana de familias, que son piscinas diferentes, también termales.
Sólo puedo decir que regresaré al balneario Termes Victòria. El trato fue espectacular, pero además vive desconectada de mente y cuerpo. Descansé, lo que es mucho decir, ya que en todas mis vacaciones suelo ir a visitar muchas cosas, me embriago con historia y arte y al final la cabeza no desconecta. Ahora bien, sí que estuve en Barcelona y vi cosas, pero con mucha calma...
Barcelona: la plaza de Tetuán
Si hay una plaza que me aprendí muy bien en Barcelona fue la plaza de Tetuán. Allí tenía la parada del autobús Sagalés, que me conectaba con Caldas de Montbui. Es una plaza de forma circular que cruza la Gran Vía de las Cortes Catalanas.
Debe su nombre a la batalla de Tetuán (1860), batalla en que las tropas españolas, dirigidas por el general Leopoldo O'Donnell, derrotaron a las tropas marroquíes.
No está muy lejos de la Monumental (antigua plaza de toros de Barcelona) y del templo de la Sagrada Familia.
En el centro de la plaza hay una gran estatua, el monumento al doctor Bartomeu Robert. Este doctor nació en México y se trasladó a Barcelona, donde fue alcalde durante seis meses. Durante su mandato se negó a imponer un nuevo impuesto a la ciudad y, a su vez, llevó a cabo un censo de los habitantes de Barcelona. También realizó estudios eugenésicos para defender la superioridad del cráneo catalán frente a los de otros habitantes de España.
La estatua, símbolo del catalanismo, fue inaugurada originalmente en la plaza de la Universidad en 1910 ante una gran multitud. Franco quiso destruirla a causa de la ideología del doctor Robert, pero el alcalde de entonces la retiró discretamente, la guardó en un cobertizo de la calle Wellington y se restauró tras la muerte de Franco, que se colocó en la plaza de Tetuán.
Una semana en Caldas de Montbui: la iglesia de Santa María
La iglesia de Santa María es la iglesia parroquial de Caldas de Montbui. En el centro del casco urbano de la ciudad, todos los días pasaba por allí y me impresionaba su belleza. Se ubica en el mismo lugar donde se encontraba el Portal de Barcelona.
Ante la puerta principal de la iglesia se abre la Plaza de la Iglesia, mientras que por detrás la iglesia da a una plazoleta sobre la riera de Caldes.
La actual iglesia de Santa María de Caldes ocupa el lugar donde, hasta la Edad Media, se ubicaba el Palacio Real. La antigua iglesia ocupaba el espacio inmediato al templo actual, que hoy hay construidas viviendas y la antigua fábrica de pastas Santmartí. Restos de la antigua iglesia aún se pueden contemplar dentro de las casas.
En el siglo XVI se aprovecharon varias paredes del antiguo Palacio Real, que estaban en mal estado, para construir la iglesia actual, junto con la casa de la comunidad de presbíteros, actual vicaría. En su mayor parte de estilo gótico, el interior es austero, con algunas vidrieras y la joya del templo, la Santa Majestat.
A finales del siglo XVII fue construida la majestuosa portalada barroca del templo parroquial.
Bajo el subsuelo de las naves se aprovecha el curso de las aguas termales típicas de la zona que dan calor al templo.
Además de la Majestat (siglo XII) y la portada barroca de piedra (1714), cabe destacar los esgrafiados (1907), el viacrucis de piedra, de Sebastià Badia, el Medallón de Vila Arrufat y los vitrales (1800).
lunes, junio 08, 2026
Una semana en Caldas de Montbui: la Santa Majestat
La Santa Majestat es una imagen de Cristo que se venera en la iglesia parroquial de Santa María. La imagen actual es una réplica de la antigua imagen, quemada en 1936 durante la guerra civil, a excepción de la cabeza, que es lo único que pudo salvarse de las llamas.
Se cree que la imagen original es de los siglos XII y XIII. La imagen de la Santa Majestat vestía una túnica con mangas y un manto que iba del hombro derecho bajando en diagonal por encima del pecho. A la altura de la cintura llevaba un cinturón que ceñía la túnica y el manto al mismo tiempo. La cabeza, conservada en la imagen actual, está ligeramente inclinada hacia el lado derecho, tiene los ojos abiertos y las cejas curvilíneas, lleva una larga cabellera que cae sobre los hombros y una barba rizada.
Cuenta la leyenda que la imagen fue traída por una tribu bohemiana que la utilizada de puente para cruzar riachuelos y torrentes. Esta tribu se instaló en Caldas de Montbui con la imagen. Cuando la tribu quiso marchar de la población la imagen había aumentado de peso, por lo que decidieron abandonarla en Caldas. Considerada como una de las joyas del arte catalán, no cabe duda de que es una imagen del arte bizantino.
El 21 de julio de 1936, hombres de armas hicieron una hoguera ante la iglesia, donde quemaron objetos de culto e imágenes, entre ellas la Santa Majestat. Un aldeano pudo salvar la cabeza de la imagen de las llamas. Acabada la guerra se recuperó la cabeza de la antigua imagen y se colocó en la nueva reconstrucción, creada por el escultor Josep Ríes.
Una semana en Caldas de Montbui: el puente románico
En varios de los paseos por Caldas de Montbui descubrí el puente románico, una construcción preciosa que tuve la oportunidad de cruzar varias veces. Este puente del siglo XIII está formado por dos grandes arcos de medio punto.
El objetivo de este puente, que forma parte del camino entre Caldas de Montbui y Sentmenat, era poder salvar el desnivel creado por la riera de Caldes.
A lo largo de los siglos, este puente ha sufrido diferentes reformas. La mayor de ellas se realizó en 1894, cuando se añadió una estructura de ladrillo sobre el puente, lo que amplió el ancho del puente.
En 2015 y 2026 se realizó una nueva reforma, devolviendo el aspecto original al puente, al eliminarse los añadidos de épocas posteriores.
Una semana en Caldas de Montbui: el lavadero municipal
Uno de los sitios que me llamó la atención de Caldas de Montbui fue el lavadero municipal La Portalera. Estaba cerca del Balneario y era un lugar turístico, en plena calle de la Sinagoga.
Caldes de Montbui llegó a tener un total de seis lavaderos, siendo éste uno de los que todavía se conservan en el municipio.
El lavadero cuenta con dos piscinas de diferentes dimensiones. Cada día, las piscinas se vacían y se vuelven a llenar con el agua termal que brota en el municipio.
Junto al lavadero se pueden ver seis piscinas más pequeñas, hoy en día vacías. Estas piscinas están relacionadas con la industria de la cestería. Aquí los cesteros sumergían el mimbre para ablandarlo y poder hacer las cestas. Esta industria tuvo gran importancia en Caldas de Montbui. Aquí se hacían grandes cestas que eran enviadas al puerto de Barcelona para el transporte de mercancías.
Puedo confirmar que el agua del lavadero estaba muy caliente.
domingo, junio 07, 2026
Barcelona: el Parque Güell
Tenía muchas ganas de visitar el Parque Güell, porque en otras ocasiones que había visitado la Ciudad Condal nunca había tenido la oportunidad de visitarlo. Posiblemente, junto a la Sagrada Familia, es uno de los lugares más visitados, y más multitudinarios, de Barcelona.
Cuando le dije a mi hermano que iba a ir me dijo que me preparara para subir hacia arriba. Y eso fue el primer día, cuando una tarde empecé a subir y subir bajo un sol implacable, cogí varios tramos de escaleras mecánicas, y cuando llegué a uno de los accesos la taquilla estaba cerrada, las entradas vendidas y en internet podía comprarla para una hora y media después, así que decidí dejarlo para otro día.
Y la siguiente vez, cogí la entrada el día anterior, pillé un taxi que me dejó en la entrada principal, y accedí una hora antes de lo que ponía en mi entrada. La visita y el paseo al parque, grandísimo, merece la pena. Estuve tres horas, pero para verlo bien se requieren al menos cuatro horas.
Ahí va un poco de historia sobre el Parque Güell, que no es poca...
En 1898, el británico Ebenezer Howard publica la obra Ciudades jardín del futuro, en la que propugna la creación de localidades de población controlada que combinen lo mejor de la vida rural y urbana, de acuerdo con las ideas antiindustriales de William Morris, el padre del movimiento Arts and Crafts, antecedente del modernismo. En esa misma época, en Cataluña, el empresario y político Eusebi Güell, que había estudiado Ciencias Sociales en Nimes (Francia) y viajaba a menudo a Inglaterra, constata que el rápido proceso de industrialización está alejando a la sociedad de los valores seculares del cristianismo y las tradiciones catalanas, divisas del regionalismo conservador. En este contexto, Güell propone a Gaudí la adaptación del modelo de ciudad jardín de Howard a su ambición de reinstaurar esos valores tradicionales en la sociedad industrial. Para este fin, pone a disposición del arquitecto un gran solar en la llamada montaña Pelada -actual Turó del Carmel-, entonces una zona alejada del centro de Barcelona. En el año 1900, Gaudí, muy identificado con las ideas políticas de Güell, proyecta un complejo residencial repleto de simbolismos relacionados con Cataluña y el cristianismo, y siembra el solar de un sinfín de muestras de su arquitectura de formas orgánicas inspiradas en la naturaleza. No obstante, la falta de interés de la burguesía por el proyecto de Güell y Gaudí condujo a la suspensión de las obras en 1914, cuando sólo se habían construido las zonas comunes y dos de las 60 casas previstas. En 1922, el Ayuntamiento adquirió el complejo para convertirlo en parque público y, en 1984, la Unesco reconoció su enorme valor artístico declarándolo Patrimonio de la Humanidad.
Gaudí proyectó el parque sobre un terreno de 15 hectáreas que Eusebi Güell había adquirido y que estaba situado a cuatro kilómetros de la Barcelona antigua, en la ladera de una colina orientada al sur. El terreno ocupaba los dominios de varias masías de la solana del Turó del Carmel, una colina de escasa altura, pero bastante accidentada. Sobre este sustrato, Gaudí concibió un complejo residencial cerrado por un muro y con los accesos controlados. El parque debía contar con áreas comunitarias, caminos, paseos y 60 parcelas triangulares de baja edificabilidad. Gaudí dotó de simbolismo este vastísimo espacio ideando un programa didáctico pensado para recuperar los valores del cristianismo y el catalanismo. Aprovechó el desnivel para convertir el parque en un camino de purificación, desde los pabellones decorados de la entrada -que aluden a la frivolidad de la época- hasta la capilla, situada en lo más alto, a la que se accedía recorriendo los senderos en peregrinación.
60 metros es el desnivel del Parque Güell, entre la entrada principal y la cima de la ladera sobre la que se extiende. 1400 metros cuadrados era la superficie promedio de los solares triangulares previstos en el Parque Güell, área que permitía rodear las casas de un amplio jardín. En 1902 el abogado Martín Trias compró las dos únicas parcelas del parque que se vendieron. En esos terrenos hizo construir su vivienda, obra de Juli Batllevell.
La entrada original del Parque hoy es la salida actual del visitante. A fin de garantizar la seguridad de los vecinos de la futura urbanización, Gaudí mandó rodear todo el recinto de un muro de mampostería, coronado en la calle de Olot por medallones de trencadís. El conjunto de zonas comunes formado por el vestíbulo de entrada, la escalinata, el mercado y la plaza constituyen el núcleo principal del parque.
Rebosante de colorido, formas exóticas, figuras oníricas y símbolos, la entrada del parque separa la ciudad gris y mundana de la urbanización ideal imaginada por el promotor Güell y proyectada por el arquitecto Gaudí. El arquitecto diseñó la entrada al parque para llamar la atención de los paseantes con construcciones casi escenográficas y para comunicar un mensaje mediante multitud de símbolos cuya interpretación permitía resolver un juego de enigmas que llevaba a la siguiente conclusión: el Parque Güell es el paraíso. Por esa razón, el colorido y el exotismo de los edificios de la entrada intentan marcar la frontera entre los dos ámbitos alegóricos, la tierra y el cielo. El diseño de los dos pabellones que flanquean la verja -la portería y la administración del parque- responde, pese a su apariencia caprichosa, a criterios estrictamente funcionales.
El pabellón menor de la entrada fue proyectado para alojar las oficinas de la futura urbanización (edificio de la administración). Tiene 29 metros de altura y el cuerpo de la torre mide 17 metros hasta la cruz de cuatro brazos. En 1936, coincidiendo con la guerra civil, fue destruida la cruz original. Gaudí recurrió a módulos prefabricados de formas curvas para delimitar las terrazas del pabellón. La estructura de arcos paralelos del techo de la primera planta recuerda al costillar de un animal. El ventanal está enmarcado por piezas de trencadís, y proporciona luz a la planta baja, habilitada como sala de espera. El conducto de ventilación tiene una cúpula que recuerda a la forma de una seta.
El pabellón mayor es la portería, formado por la vivienda del conserje de dos plantas, desván y mirador. La cúpula de la portería está adornada con tazas de café boca abajo. Se dice que, con esta idea, Gaudí declaró su renuncia a seguir tomando café.
Vista desde el vestíbulo, el refugio para carruajes es una galería porticada diseñada para guarecerse en caso de lluvia, que sugiere el perfil de un elefante caminando.
La verja de entrada fue instalada en 1965 en sustitución de una puerta de madera. La verja de hierro que cierra el acceso principal del parque fue diseñada por Gaudí para la Casa Vicens, su primera gran obra. La verja de la entrada principal está decorada por hojas de palma. Gaudí utilizó también piezas prefabricadas en muchos de los elementos del parque.
Gaudí solía recurrir al pasado o a las aficiones de sus clientes para personalizar las obras que proyectaba. En el diseño de algunos elementos del Parque Güell, el artista emuló los Jardins de la Fontaine de Nimes, un parque planificado en el siglo XVIII alrededor de unas ruinas romanas en la ciudad francesa en la que Güell había cursado parte de sus estudios superiores. Gaudí recurrió asimismo a la Antigüedad griega al inspirarse, también a instancias de Güell, en las ruinas del templo de Apolo en Delfos, construido en la ladera de un monte, y símbolo del clasicismo, de la misma forma que el industrial deseaba convertir el parque en el emblema de la Renaixença catalana.
La escalinata que se abre frente a la entrada de la urbanización forma un conjunto de gran impacto visual, con alusiones a la geografía catalana y a los temas mitológicos, como el dragón protector, símbolo del parque. Las paredes de la escalinata están revestidas con paneles de trencadís.
Situada entre los muros almenados y con las imponentes columnas del mercado como telón de fondo, la escalinata está formada por cuatro tramos y dividida en dos partes simétricas por tres fuentes de formas orgánicas que, en conjunto, representan la idea de la magnitud geográfica de Cataluña en su esplendor medieval.
En la fuente del primer tramo, un círculo representa el mundo y un compás evoca a Gaudí como arquitecto y a Güell como promotor del parque. En la segunda fuente, una cabeza de serpiente, símbolo de la medicina, aparece bajo la bandera catalana. Podría tratarse de Nejustán, la serpiente de bronce que Moisés puso en su báculo durante la travesía del desierto. La tercera fuente está dominada por el famoso dragón revestido con trencadís cerámico, mientras que el último tramo acoge un banco en forma de odeón.
Gaudí decidió ubicar en la parte alta de la escalinata un reptil gigante que se erige en guardián del parque, emulando la figura del dragón que, según la mitología griega, defendía las fuentes del templo de Delfos. Para dar forma a la figura del dragón, se dice que Gaudí saltó repetidamente sobre una malla metálica. A partir del molde diseñado por Gaudí, se elaboró una pieza prefabricada a base de ladrillo rasilla. Una vez colocada en su emplazamiento definitivo, la figura fue decorada con fragmentos de cerámica. Las piezas cerámicas utilizadas para decorar el dragón son de tamaño reducido, con el fin de adaptarse a los volúmenes curvos de la figura (trencadís).
Según algunos investigadores, el reptil del Parque Güell es una salamandra, animal que en la mitología griega se asocia con el fuego.
El dragón es el punto inicial del sistema de fuentes de la escalinata, que se nutre del agua de lluvia filtrada por la gran plaza y acumulada en la cisterna del mercado. Los conductos se hallan en el interior de las columnas del mercado.
Gaudí se inspiró en los templos de la Antigua Grecia para proyectar bajo la gran plaza del Parque Güell un bosque de columnas dóricas destinado a convertirse en el mercado de la futura urbanización. Situada en el segundo nivel del parque, la sala hipóstila genera un imponente fondo monumental que crece a medida que se asciende por la escalinata. El artista confirió una gran inclinación a las columnas más exteriores del conjunto, una práctica habitual de los arquitectos griegos que Gaudí exageró deliberadamente a fin de reforzar la estructura y dinamizar visualmente el espacio. La sala se compone de 86 columnas hechas de mortero y escombro que sostienen la gran plaza superior. La cubierta está formada por bóvedas semiesféricas revestidas de trencadís blanco. Gaudí sustituyó cuatro de las columnas para poner en su lugar sendos plafones, también de trencadís, que representan las cuatro estaciones. Cuatro soles de tres metros de diámetro y de diseño similar, pero de distintos tonos, decoran el techo del mercado. Junto a los soles, en el techo también aparecen representadas 14 lunas de formas variadas. La cornisa del mercado está adornada con una serie de gárgolas que representan cabezas de león y que sirven para desaguar la lluvia que cae sobre el banco de la gran plaza.
Según el proyecto inicial, la sala hipóstila tenía que albergar un mercado, respondiendo así a la necesidad de crear espacios que garantizaran la autonomía de los residentes del Parque Güell.
El trencadís está omnipresente en la arquitectura de todo el parque. Se trata del revestimiento a base de fragmentos rotos de cerámica y otros materiales, técnica ideada por Gaudí que en el Parque Güell adquiere la categoría de arte. Unidas con argamasa, las piezas de trencadís se colocaban sobre la superficie arquitectónica para formar un puzle lleno de color. En el banco de la gran plaza, los motivos vegetales y animales contrastan con los elementos geométricos.
Concebida para ser el ágora o espacio de encuentro de los residentes de la urbanización, la gran plaza acoge el banco serpenteante, considerada una de las mayores obras de las vanguardias del siglo XX. Inspirándose en las ágoras de las polis griegas, Gaudí diseñó este vasto punto de reunión y esparcimiento en el que debían desarrollarse las actividades cívicas y las ceremonias religiosas de los habitantes de la urbanización ideal. Situada en el centro geográfico del parque, la gran plaza tiene forma oval y un tercio de su superficie excavada en la ladera de la montaña, en una configuración que imita la de los templos griegos arcaicos. El resto del espacio, contorneado por el larguísimo banco serpenteante que actúa como barandilla, se asienta sobre las 86 columnas dóricas del mercado ubicado justo debajo, con lo que la gran plaza se convierte en un gran mirador sobre la llanura de Barcelona y el mar Mediterráneo.
Las obras de la plaza comenzaron en 1907, al tiempo que se construía la columnata del mercado. La plaza se inauguró dos años después, aunque el banco serpenteante de trencadís se completó años más tarde. El banco presenta un revestimiento de trencadís de estilo vanguardista, obra de Josep Maria Jujol. Las líneas ondulantes del banco contrastan con la rigidez de las columnas que soportan el peso de la plaza. El revestimiento de la parte externa del respaldo, visible desde la propia plaza gracias al diseño serpenteante del banco, presenta hasta 75 variaciones de una forma de hoja de palma.
La superficie total de la plaza es de 2.694 metros cuadrados, la mitad de la cual descansa sobre la sala hipóstila. El banco mide aproximadamente 110 metros de longitud.
El extenso banco que ciñe con su forma ondulada la mitad sur de la gran plaza fue uno de los últimos trabajos ejecutados por Gaudí en el parque. Antes de su construcción, Gaudí elaboró un detallado estudio para encontrar la forma más cómoda de asiento y, al mismo tiempo, integrar el banco en las funciones comunitarias de la plaza. De esta manera, el arquitecto desarrolló dos módulos curvilíneos -uno cóncavo y otro convexo- que, repetidos en serie, generaban esa forma ondulada, muy útil tanto para actos multitudinarios como para grupos pequeños que charlaran en la intimidad.
El muro de la parte trasera de la plaza está formado por una serie de gruesos pilares que imitan la forma de palmeras.
Gaudí resolvió los grandes desafíos que el pronunciado relieve genera a la circulación por la urbanización diseñando una densa red de viaductos, pórticos, caminos y senderos con estructuras sumamente originales, diseños y recorridos muy funcionales y una estética que se funde a la perfección con el terreno. Inspirándose en el modelo de jardín inglés del siglo XIX, Gaudí concibe una red que une todos los puntos de la urbanización y cumple con el programa simbólico de ascensión de lo mundanal -la entrada al parque- a lo más ascético: el Calvario que lo culmina.
Dentro del parque también se encuentra la Casa-Museo Gaudí, lugar de residencia del arquitecto entre 1906 y 1925, pocos meses antes de su muerte, antes de trasladarse a vivir al taller de la Sagrada Familia. Allí vivió con su padre y su sobrina. Diseñada por su ayudante Francesc Berenguer, fue construida como casa de muestra de la urbanización, hasta que fue adquirida por Gaudí, que ya se olía el fracaso del proyecto. Se trata de una casa con sótano y tres plantas, dos terrazas y rematada por una alta torre coronada con una cruz y una veleta, rodeada por un jardín rústico cercado por un muro bajo, donde destaca una pérgola de arcos parabólicos recubierta de jazmín. La decoración, donde destacan los elementos de cerámica y los esgrafiados, es de estilo modernista.
Cuando murió el arquitecto se puso en venta y el importe fue destinado a las obras de la Sagrada Familia, según el testamento dejado por Gaudí. Fue adquirida por el matrimonio italiano Chiappo Arietti, y en 1963 la compró la Asociación Amigos de Gaudí con el objetivo de fundar un museo dedicado al arquitecto.
El museo alberga diversos muebles y objetos personales de Gaudí, como su dormitorio y su oratorio, además de algunos cuadros y esculturas, así como paneles informativos y audiovisuales dedicados al arquitecto. En el vestíbulo hay un busto de bronce con la efigie del arquitecto. Entre los muebles hay mobiliario original procedente de la Casa Calvet, la Casa Batlló y la cripta de la Colonia Güell. En el jardín se exponen también diversos objetos, como la cruz de cuatro brazos del portal de la Finca Miralles, una copia de una escultura de la Sagrada Familia (terminada según el proyecto de Gaudí), una gárgola con forma de cabeza de león de la cornisa de la plaza del parque o unas rejas procedentes de la Casa Vicens y la Casa Milá.




























































