Cuando tenía veinte años quería vivir en el extranjero. No porque no me guste mi país sino que me llamaban la atención otros países. Me imaginaba viviendo en Alemania o Estados Unidos durante unos años para volver de nuevo a España un tiempo después. Pues nunca han de olvidarse las raíces.
Al final la vida da muchas vueltas y he terminado viviendo en una ciudad de 7.000 habitantes que me encanta. A veces se me hace pequeña, pero adoro pasear por sus calles, me gusta saludar a la gente y que me saluden, me gusta que todo esté a dos minutos.
Supongo que ahí está la capacidad de adaptarse de una persona. Yo me he adaptado a esto con relativa facilidad y creo que me hubiera adaptado a cualquier sitio.
miércoles, enero 24, 2018
Más de 1000
No me molestan los libros que sobrepasan las mil páginas; por lo general la historia compensa. Y que yo recuerde siempre he disfrutado con las novelas largas.
Hoy recordaba el último libro que leí (cerca de las mil páginas) que me enganchara de una manera atroz y fue Una columna de fuego, de Ken Follett.
La cuestión es que Lemaitre me tiene subyugada con su historia, la de Irène. Siento curiosidad porque en el prólogo el autor explica que hace creer al lector que está leyendo una historia cuando en realidad está leyendo otra. De momento sólo he encontrado la primera historia, y ya estoy totalmente enganchada.
Mi intención original es leer las cuatro historias con otros libros intercalados entre unas y otras. Pero a este paso no sé.
Ataques informáticos
Cuando hay un ataque informático no somos capaces de cuantificar las dimensiones del daño. Hoy estoy mentalmente agotada porque he tenido que tirar de memoria, pero sé que me quedan cosas en el tintero, que aparecerán o iré recordando en los próximos días.
Llegas a la oficina y te explican que hemos sido víctimas de un ataque informático y que todo lo que teníamos desde el sábado ha desaparecido. Al menos hay un fin de semana en medio. No quiero imaginar si hoy hubiera sido viernes y tendríamos que tirar de la memoria desde el lunes, con la cantidad de información que llega cada día.
He venido a casa a las tres y media, pero hasta que no he metido la información que he podido recuperar mediante papel o mediante memoria no me he quedado tranquila.
Me gusta trastear con ordenadores. He desmontado mi portátil varias veces y sólo cuando veo que no puedo arreglarlo lo llevo al informático. Pero lo de hoy se me escapa de las manos, con todo lo que conlleva.
Al menos hoy descansaré y mañana será otro día. Que como no tengo coche no puedo moverme de aquí.
martes, enero 23, 2018
La primavera se acerca

Hay gente que piensa que el tiempo influye en las personas. Yo creo que está todo en la cabeza, que al final es la que rige y la que influye en nuestro estado de ánimo. Pero es cierto que contemplo los atardeceres, cuando anochece más tarde, y me resulta muy agradable. Y es que yo en invierno me encuentro siempre más mustia, pero a medida que se acerca la primavera mi estado de ánimo mejora con creces. Igual es porque nací en la primavera, aunque como en primavera estornudo mucho, prefiero el verano.
No es que en invierno esté más triste, sólo más susceptible. En verano lo llevo todo mejor.
Siempre estoy rodeada de gente e intento tomarme las cosas con humor. Porque al final la vida son cuatro días. Y si me tuviera que tomar en serio todo lo que me dice la gente cada día estaría enfadada con el mundo a todas horas y todos los días. Así que supongo que trazo una línea imaginaria y no dejo pasar a nadie. A casi nadie.
En mi oficina me dicen que no es posible que todo el mundo me caiga bien. Y es verdad, todo el mundo me cae bien, incluso el que no me cae bien. Porque todo el mundo se merece una oportunidad, pero sin traspasar esa línea imaginaria.
Aunque hay personas que consiguen traspasar la línea, que incluso de alguna manera nos acarician el alma. A esas personas las tenemos que cuidar, son tesoros en bruto.
Mi padre siempre me tiene dicho que nos rodeemos de gente buena, de personas que merecen la pena. Yo le hago caso, que mi padre es un sabio.
20.09h
Cuando hoy he apuntado esa hora -20.09- no me lo creía. Siempre llego a casa a la hora de cenar, pero hoy me da tiempo hasta de tomarme una cerveza por el camino.
Sólo que las cervezas antes de cenar las dejo para el verano. He preferido venir a casa y proseguir con el libro.
Sólo que las cervezas antes de cenar las dejo para el verano. He preferido venir a casa y proseguir con el libro.
Horas de luz
Ayer ya me fijé que las tardes alargan las horas de luz. Y hoy también miraba por la ventana en lo que empieza a costar que anochezca.
Es agradable.
Es agradable.
Libros muy pesados
Hoy he empezado a leer una saga de Pierre Lemaitre que han compendiado en un único volumen. Es muy pesado. Estas ediciones son hasta incómodas de coger e incómodas de aguantar mucho tiempo leyendo. Tendré que leer hacia abajo.
En estas ocasiones recuerdo lo poco que pesa un eBook.
Como son cuatro novelas, iré intercalando otros libros entre medias, para que Lemaitre no me sature mucho.
En estas ocasiones recuerdo lo poco que pesa un eBook.
Como son cuatro novelas, iré intercalando otros libros entre medias, para que Lemaitre no me sature mucho.
La llave de Sarah
He disfrutado de este libro, porque me ha gustado la historia, pero reconozco que le falta profundidad. Se centra en un acontecimiento ocurrido en París (la redada del Vélodrome d'Hiver de julio de 1942), pero no es una novela histórica al uso, supongo que porque no profundiza, porque en realidad, aunque hay momentos en que Sarah cuenta lo que está viviendo, en realidad lo vemos a través de los ojos de otra persona.
Son capítulos cortos, por lo que se lee rápidamente. Hasta el ecuador del libro vamos saltando de 1942 a 2002 hasta que de repente dejamos de saber de Sarah y todo se centra en un presente que mira al pasado.
París, 16 de julio de 1942. La policía francesa arresta de madrugada a más de 13.000 judíos ante la impasible mirada de los parisinos, les llevan al Vélodrome d'Hiver (Vel d'Hiv), donde pasan unos días en condiciones pésimas y luego les suben a trenes como si fueran ganado con destino al campo de trabajo Beaune-La-Rolande. Sarah Starzynski es arrestada con sus padres, pero deja escondido a su hermano en el armario de su casa, llevándose consigo la llave. Ella sólo piensa que debe regresar a París a liberar a Michel. En el campo de trabajo, separan primero a los hombres y luego a las mujeres de sus hijos. Es muy doloroso el momento en que los pequeños son separados de sus padres. En el campo conoce a una chica de su edad, Rachel, con la que diseña un plan para escapar de allí. Cuando están cruzando la alambrada un policía que Sarah conoce de París las ayuda a escapar e incluso les da dinero. Tras muchos infortunios, conseguirán llegar a una granja en Orléans, donde un matrimonio anciano las cuidará, pese a que Rachel tiene disentería.
París, mayo de 2002. Julia Jarmond es una periodista americana afincada en París. Su marido es un apuesto arquitecto de nombre Bertrand y tienen una hija de once años, Zoë. Con motivo del 60º aniversario del Vel d'Hiv, Julia debe escribir un artículo para la revista para la que trabaja, pero no espera que la investigación sobre este asunto pueda llegar a afectarla tanto. Cuando empieza a tirar del hilo, descubre que el apartamento al que se va a mudar con su marido, en la Calle Saintonge, fue un apartamento de donde en julio de 1942 se llevaron a una familia judía. Descubre que los judíos que llegaron a los campos de Beaune-La-Rolande y Drancy terminaron gaseados en Auschwitz, pero también descubre que el nombre de Sarah no consta en el convoy que debía llevarla hasta el campo de concentración polaco.
Julia no ha tenido mucha relación con su suegro, pero Edouard decide que tiene que hablar con ella, porque él era un adolescente y conoció a Sarah.
¿Encontrará Julia a Sarah...?
Entrada al Velódromo de Invierno, París
LA REDADA DEL VELÓDROMO DE INVIERNO
Entre los días 16 y 17 de julio de 1942, más de 13.000 judíos fueron retenidos en el desaparecido velódromo parisino antes de ser enviados a los campos de exterminio que los nazis habían creado en el Este de Europa.
Allí se hacinaron cientos de familias judías en unas condiciones infrahumanas, vigilados por la policía francesa y a la espera de ser deportados hacia los campos de concentración, de los que jamás volvieron.
Los parisinos se avergüenzan de este hecho, ya que miraron para otro lado, ya que nadie defendió a los judíos, y de hecho en París es un acontecimiento histórico que se intenta silenciar por la vergüenza que produce en los habitantes parisinos.
LA AUTORA:

Tatiana de Rosnay nació en París y tiene raíces inglesas, francesas y rusas. Criada en un entorno multicultural, vivió en Estados Unidos durante su infancia y se licenció en la University of East Anglia (Norwich, Inglaterra). Es autora de nueve novelas y de diversos guiones. También escribe en la revista Elle y es crítica literaria de Psychologies. La llave de Sarah (publicada por Suma de Letras en 2007 y convertida en película en 2010) se tradujo a 33 idiomas y fue un éxito rotundo de crítica y ventas en todo el mundo, con unas cifras que superan los dos millones de ejemplares vendidos. Asimismo la novela estuvo más de 50 semanas en la lista de más vendidos del New York Times y recibió los premios Prix Chronos, Prix des Lecteurs de Corse y Prix des Lecteurs-chois des librairies du Livre de Poche. En 2010 publicó su segunda novela, Boomerang. Tatiana vive en París, está casada y tiene dos hijos.
"Ésta es una novela histórica extraordinaria, un libro que saca a la luz un aspecto inquietante y deliberadamente oculto del comportamiento de los franceses hacia los judíos durante la Segunda Guerra Mundial. Al igual que La decisión de Sophie, se trata de un libro que se queda grabado en el corazón y en el alma para siempre" (Naomi Ragen, autora de The Saturday Wife and The Covenant).
EL LIBRO:
Título original: Elle s'appelait Sarah
Autora: Tatiana de Rosnay
Traductor: José Miguel Pallarés
Editorial: Suma de Letras (1ª edición, diciembre de 2010)
Número de páginas: 422
ISBN: 9788483652237
Valoración: 7/10
RETOS:
- Reto "Autores De la A a la Z", ocupando la R.
- Reto Genérico: Narrativa contemporánea.
- Reto 100 libros.
lunes, enero 22, 2018
Una noche agradable
Reconozco que hoy ha sido un buen día, de esos que empiezan y terminan bien. Y aunque no ha terminado aún el día estoy disfrutando de la lectura actual, así que no tardaré mucho en abrazar el libro, la almohada y lo que haga falta.
Como últimamente leo libros muy rápido, que no puedo parar, he decidido que voy a tomar las lecturas que me gustan con más calma, supongo que con motivo de saborearlas durante más tiempo. El problema es que cuando me gusta una novela no puedo parar.
Hoy me decía una amiga que si un autor le cae mal no lee sus libros, por ejemplo Pérez-Reverte. Y yo le respondía que quizás se pierda buenas lecturas por esa manera de pensar, porque a mí Pérez-Reverte tampoco me cae bien, no me sentaría a tomar un café con él, y sin embargo tiene buenas novelas y buenos personajes. Luego le he dicho que a mí me cae peor Lucía Etxebarria, pero he leído libros de ella -dos que recuerde- y si no he leído más es porque no me gusta su estilo ni me enganchan sus historias. Supongo que hay que dar la oportunidad, pues al final no nos une nada a esos autores más que lo que escriben, que no nos vamos a citar con ellos. Y me dice: "Pues quiero leer a Boris Izaguirre". Le he dicho que no le iba a gustar, que aunque en su país escribiera guiones de telenovelas, las novelas que yo he leído de él son un sinsentido ininteligible, es decir, que habla de fiestas madrileñas elitistas donde se reúnen los famosos de turno, de las marcas de su ropa y lo que cuesta, hay diálogos superficiales... y cuando te quieres dar cuenta te preguntas de qué va la historia. Como no quería razonar, le he recomendado que lea a Izaguirre y que luego me lo cuente, si es que puede terminar uno de sus libros. Eso me recuerda a que tengo un libro de él pendiente en la estantería y se me hace muy cuesta arriba leerlo.
En mi estado también ha afectado que hoy me he fijado en que la luz del día alarga más. Y eso siempre es agradable. Me recuerda a que pronto llegará la primavera. Sólo quedan dos meses. Da igual, mientras que no haga frío se agradece.
Esperas y despistes
Pues me toca esperar mientras miro la luna.
Hoy me he fijado en que los días alargan un poco más. Y tengo que tirar de memoria porque acabo de darme cuenta de que me he dejado la chuleta en mi casa.
Esto es como cuando estudiaba para algún examen. Si alguna vez he hecho chuleta no la he llegado a sacar porque me lo aprendía al hacerla. Y ahora es como si estuviera visionando lo que he escrito esta mañana. Es más memoria fotográfica.
Hoy me he fijado en que los días alargan un poco más. Y tengo que tirar de memoria porque acabo de darme cuenta de que me he dejado la chuleta en mi casa.
Esto es como cuando estudiaba para algún examen. Si alguna vez he hecho chuleta no la he llegado a sacar porque me lo aprendía al hacerla. Y ahora es como si estuviera visionando lo que he escrito esta mañana. Es más memoria fotográfica.
Desubicada
Hoy me encuentro un tanto desubicada. Porque sé que es lunes, sino diría que estamos a mitad de semana, y sé que es porque ayer estuve trabajando. Pero en general estoy desubicada por todo, y cuando en diciembre decía que enero es un mes que se me hace largo es que es así.
Al menos siempre hay alguien que nos hace sonreír.
Una amiga me ha dicho que si la acompañaba esta tarde cinco minutos a poner una denuncia al cuartel. Le he dicho que poner una denuncia le lleva una hora, y que ando con bastantes cosas en la cabeza como para acompañarla. He recordado las últimas veces que fui al cuartel: cuando desapareció mi perro y cuando me robaron la cartera en unas fiestas. A mi amiga le han estafado en unas de esas páginas de ventas de internet, esas páginas que proliferan como setas.
Para empezar bien la semana

Para empezar bien la semana lo mejor que puede ocurrir es que te llame a primera hora alguien que te hace sonreír y, de alguna manera, te da ánimos para coger lo que venga sin apenas pensarlo. Anoche ya decidí que tomaría las cosas como fueran llegando, sin pensar en lo próximo, es decir, viviendo el momento presente, sin agobiarme por lo que vendrá.
Empezar así el lunes, desconectando casi de todo, es una buena manera de empezar el día y la semana.
Ahora me centraré...
domingo, enero 21, 2018
Calor
Yo no sé si el calor es porque hoy ha hecho un día soleado, y que mañana también lo hará (menos mal que avisa el Facebook), o porque me he tomado dos cervezas y se me han subido a la cabeza. Dos cervezas las aguanto bien pero quizás las he tomado muy rápido.
Es un buen momento para retomar el libro que he dejado a medias a la hora de comer.
Es un buen momento para retomar el libro que he dejado a medias a la hora de comer.
Bocata del Titanic
Acabo de ver la semana que me espera y he cerrado los ojos. Mejor dejarlo venir como venga.
No he conseguido hacer todo lo que me he propuesto pero he hecho bastante, por lo que esta noche me dedicaré a leer y a no pensar en nada más.
Como no he comprado pan y últimamente sólo como sándwiches fríos, he pensado que venir al Titanic a por un bocata para cenar en casa era una buena idea. Así me rodeo de gente y me despejo.
Mientras venía iba pensando en que ya me sobra el abrigo.
No he conseguido hacer todo lo que me he propuesto pero he hecho bastante, por lo que esta noche me dedicaré a leer y a no pensar en nada más.
Como no he comprado pan y últimamente sólo como sándwiches fríos, he pensado que venir al Titanic a por un bocata para cenar en casa era una buena idea. Así me rodeo de gente y me despejo.
Mientras venía iba pensando en que ya me sobra el abrigo.
El cuello de botella
Hay meses al año que tengo que robar horas al domingo para desatascar el trabajo, que se encuentra paralizado en un cuello de botella, y no fluye.
Enero es uno de esos meses. Con lo bien que estaría yo ahora de comida familiar, jugando con mis sobrinas, tomando el vermout en Logroño, y dándole palmaditas a mi hermano en la espalda (es un decir, sigue dolorido y con moratones).
Ayer hubo momentos en que la gente me venía a preguntar, pues en un sitio tan pequeño la noticia se ha expandido rápidamente. Cuando entré al Casino había dos mesas ocupadas y cuando me marchaba se había llenado. La gente se levantaba de las mesas a preguntarme por mi hermano, algunos me preguntaron incluso si estaba ingresado en el hospital. Tanto que me olvidé el bolso y tuve que regresar un rato después. En la calle ocurría otro tanto, y luego hubo amigos que me llamaron por teléfono porque no querían molestar a mi hermano. Así que llegué a casa con la documentación y pensé: "Mañana".
Pero esta mañana me encontraba enganchada a La llave de Sarah, y me he obligado a dejar el libro. En cuanto me he puesto a trabajar me he olvidado del mundo. Sin embargo, en este momento, el trabajo que podía hacer en casa ya lo he terminado y sólo me queda ir a la oficina para proseguir, para generar un sinfín de papel. Calculo cuatro horas inmersa en medio de papeles. Pero es algo mecánico, no tengo que pensar mucho.
Y desatascar ese cuello de botella.
Hay domingos así, pero no me queda otra, pues mañana se me volverá a acumular el trabajo en ese cuello de botella. No me molesta trabajar en domingo, de hecho, adoro la satisfacción de después, cuando me siento ligera, cuando me encuentro plenamente satisfecha.
sábado, enero 20, 2018
Casino
Hoy he estado en el Casino, reformado el año pasado. Parece otro sitio muy diferente de lo que había antes.
Como no había entrado tras la última reforma sí que me han sorprendido los cambios.
Ni que decir tiene que antes era una especie de anticuado club de la posguerra con todo antiquísimo.
Ahora da la sensación de que hay más espacio ya que el mostrador también se ha cambiado de sitio. Hay mucha luz y la mejora es evidente.
Cualquier día me planto allí con los viejecitos a jugar a las cartas, al fin y al cabo yo soy socia desde hace algunos años.
Pero como este tipo de lugares, hay dos tipos de socios, socios accionistas y honorarios. Los accionistas o propietarios son los que tienen acciones y pagan las obras, los honorarios pagamos una cuota anual para poder entrar y tomar algo.
Y si no eres socio no puedes ni cruzar el umbral de la puerta.
No soy un monstruo
No pensaba que tardaría tan poco en leer esta novela, sobre todo por las últimas circunstancias que no me permitían concentrarme en la novela y también porque, quizás por la manera de escribir me costaba conectar con algunos personajes. Se nota a leguas que la autora es novata, y es que aunque ella está acostumbrada a contar historias en la televisión no es lo mismo que contarlas en la literatura escrita. Y es que me ha dado la sensación de haber leído esta novela como si a veces fuera un guión de televisión, es decir, como si la historia se hubiera confeccionado para la tele y no como novela. Supongo que es algo que la autora tendrá que pulir con el tiempo si decide seguir escribiendo novelas.
Pero en su conjunto es una buena historia, con un giro inesperado al final. La trama nos ofrece morbo y eso nos impulsa a seguir leyendo sin parar. Se lee fácil porque cada capítulo nos adelanta qué personajes son los que están interactuando en ese momento. Incluso los capítulos con los nombres de los personajes nos pueden recordar a la televisión. Y poco a poco se nos van dando los ingredientes de una historia que se va desmenuzando poco a poco, en unos tiempos que la autora domina perfectamente, porque ahí sí que es una maestra en la creación de expectación.
Ana Arén es inspectora jefe de la Policía Judicial en Madrid. Es una mujer admirada y temida, que se ha ganado a pulso su puesto, con una intuición extraordinaria. Pero pendiente de un caso sin resolver desde hace dos años, cuando desapareció Nicolás de un centro comercial y no ha sabido encontrar al secuestrador (conocido como Slenderman, a falta de un nombre mejor) ni tampoco el paradero del pequeño.
Javier Nori es amigo de la infancia de Ana, es subinspector en la misma comisaría que Ana, y trabajan juntos.
Joan en un hacker que vive en Barcelona en la vivienda donde Ana se crió de pequeña, el mismo piso donde unos años antes Ana se encontró con el cadáver de su padre descomponiéndose. Cuando vendió el piso un día llamó a la puerta y conoció a Joan. En la actualidad son amantes y Joan, bajo cuerda, ayuda a la policía.
Inés Grau es una periodista de televisión que siempre está buscando la noticia más impactante, está acostumbrada a los directos. Ha escrito un libro convertido en éxito de ventas y, por recomendación de su editor, se ha apuntado a un grupo de terapia. Tiene un hijo de cuatro años, Pablo, cuyo padre es un periodista de Estados Unidos. Inés es una mujer dedicada a su trabajo, y si no tiene la noticia hace lo imposible para buscarla, o crearla quizás.
Los cuatro son amigos de Barcelona, pero tres de ellos viven en Madrid y mantienen contacto continuo.
De repente, en el mismo centro comercial de Majadahonda donde desapareció Nicolás dos años antes, desaparece otro niño, Kike. Parece como si el niño se hubiera volatilizado, no aparece nada en las cámaras, nadie ha visto nada... Y cuatro días después Inés acude con su hijo al centro comercial y Pablo también desaparece sin que nadie le vea.
Además, en la comisaría hay cambios, pues el comisario es sustituido por Ruipérez, un hombre que aprieta a Ana por algo del pasado, que la castiga en cada cosa que hace. Y ella se encuentra bajo esa presión en la que nada de lo que haga será bien visto por su superior. Con la desaparición de otro niño, Ana trabajará, codo con codo, con Jesús Silvelo, inspector jefe de otra comisaría, cuyos agentes trabajarán para encontrar a los dos niños desaparecidos.
A partir de aquí, aparecen los personajes externos: los testigos, los que encuentran a los niños, los que tienen alguna pista... y poco a poco se nos irá desentrañando la trama, con un final que no deja de ser espectacular.
Es una historia que a veces duele. Reconozco que cuando menos lo esperaba se me ha caído la lagrimilla, porque siempre hay esperanza, porque estamos hablando de niños pequeños. Y yo tengo dos sobrinas pequeñas, y quizás por ello el libro sensibiliza mucho más a quien tiene pequeños cerca.
Me ha gustado, y además se lee muy rápido.
LA AUTORA:
Carme Chaparro (Barcelona, 1973) es periodista, con una amplia y consolidada carrera como presentadora y editora de informativos de televisión. Desde hace veinte años está al frente de las principales ediciones informativas del grupo Mediaset, en Informativos Telecinco y Noticias Cuatro, espacios para los que ha cubierto los acontecimientos nacionales e internacionales más destacados de las últimas dos décadas.
Su pasión por la lectura se ha traducido en pasión por escribir. Carme ha compaginado su trabajo en televisión con colaboraciones como columnista para las revistas Yo Dona -en la que tiene un espacio semanal-, GQ y Mujer Hoy. Actualmente también escribe su propio blog en Yahoo.
No soy un monstruo es su primera novela.
EL LIBRO:
Título original: No soy un monstruo
Autora: Carme Chaparro
Editorial: Espasa (5ª edición, mayo de 2017)
Número de páginas: 331
ISBN: 9788467048964
Este libro ganó el Premio Primavera de Novela 2017.
Valoración: 8/10
RETOS:
- Reto "Autores De la A la Z", ocupando la Ch.
- Reto 25 españoles.
- Reto Genérico: Narrativa contemporánea.
- Reto 100 libros.
viernes, enero 19, 2018
Sin rumbo
Hoy me encuentro un poco sin rumbo. Esta mañana intentaba leer y me suponía un esfuerzo tremebundo, tanto que no he leído. Daba vueltas por mi casa como un león enjaulado, me sentaba en el sofá y miraba al techo, y entonces cerraba los ojos.
Por la tarde he conseguido leer algo, pero hay momentos en que me entraba el sueño y volvía a abrir los ojos sobresaltada.
Hoy tengo miedo a cerrar los ojos, porque las imágenes del accidente, incluso sin haber estado allí, se superponen unas tras otras.
Si a mí me ocurre esto, no quiero imaginar la tortura que será para mi hermano que lo ha sufrido. Al menos puedo imaginar a mis sobrinas diciendo que le van a cuidar. Pues ante imágenes terribles, siempre podemos buscar pensamientos más agradables.
Bookish de enero
No estaba en la oficina cuando ha llegado el paquete del Bookish de este mes, aunque ya sabía que llegaría porque tenía el aviso.
Tengo pendiente El cuento de la criada, pero como son independientes podré leer éste en cualquier momento. Eso me recuerda a que aún no he leído el libro que llegó en el Bookish de diciembre.
En las últimas semanas he acumulado muchos libros, y no tengo tanto tiempo como quisiera para leerlos.
Crack
Hay días que te parten por la mitad de una manera que no se puede controlar. La primera llamada que he tenido esta mañana ha sido una llamada que nadie desea, porque a nadie le gusta recibir malas noticias. Aunque dentro de lo malo, no es tan malo. Mi hermano me decía al otro lado que había tenido un accidente de coche, y obviamente si me estaba llamando él no ha sido tan grave.
Parece ser que ha dado dos vueltas de campana en un barranco después de una curva y no ha podido controlar el coche. Iba solo. Y yo, que en estas situaciones soy muy aprensiva, o que quizás estoy demasiado unida a mi hermano, me he desmoronado como un castillo de naipes. Me he quedado hecha polvo y me he repuesto cogiendo papeles y cambiándolos de un sitio a otro.
Entonces ha llegado alguien que me ha alegrado la mañana de alguna forma, porque el rato que he estado con esa persona me ha llevado a desconectar de alguna manera. Es que hay personas que nos hacen ver el mundo por un cristal luminoso. Hay personas que nos hacen sonreír, pese a todo. Yo era consciente de que no estaba al 100%. Y entonces he sabido que me tenía que marchar de la oficina, que no podía atender gente a la que le iba a preguntar varias veces qué es lo que me estaba diciendo porque mi cabeza está en otro sitio. Y no me gusta dar explicaciones, sobre todo en una situación así.
Mi hermano está bien, en su casa, descansando y con lo que coloquialmente llaman "el cuponazo cervical". Generalmente los médicos no pueden determinar concretamente cuando hay un problema en las cervicales, y la gente, por el tema de los seguros, se aprovecha de llevar el collarín más tiempo del necesario hasta cobrar las indemnizaciones por las bajas correspondientes. Al médico no le queda más remedio que dar fe de la palabra del paciente porque él no puede hacer un diagnóstico completo, porque no hay manera de que el médico lo sepa. De esto me he enterado hoy por una persona ajena a mi familia, pero que se lleva muy bien con nosotros.
De todas formas, unas horas después, ya me encuentro más tranquila.
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