La cuenca baja del Tirón y montes Obarenes
Entre el cerro del Castillo de Grañón y la Peña Luenga de Cellorigo se extiende una porción de la cuenca del río Tirón jalonada por numerosas manifestaciones artísticas medievales, vinculadas con la tradición románica.
Desde el punto de vista geográfico, este espacio forma parte de la depresión del Ebro, una cuenca sedimentaria del nordeste peninsular, configurada en la Era Terciaria, cuando el plegamiento alpino provocó su hundimiento y la paralela elevación de los sistemas montañosos que la flanquean. Nos encontramos, pues, en el surco riojano, delimitado al norte por los montes Obarenes, al sur por la Sierra de la Demanda, y al oeste por la Bureba.
En el aspecto humano, la zona se caracteriza por la proliferación de núcleos de población de pequeña entidad: Anguciana, Casalarreina, Castilseco, Cellorigo, Cihuri, Cuzcurrita, Foncea, Fonzaleche, Galbárruli, Herramélluri, Leiva, Ochánduri, Sajazarra, San Millán de Yécora, Tirgo, Treviana y Villaseca.
El territorio comprendido entre el río Tirón y los montes Obarenes ha tenido en muchos momentos de la Historia un carácter fronterizo.
Según los autores grecorromanos, el río Tirón separaba a los berones de los autrigones. En el siglo I d. C., Roma estableció aquí el límite entre los conventos jurídicos Cluniacense y Caesaraugustano. En el siglo VII, la zona fue controlada a duras penas por el reino visigodo de Toledo. Tras la invasión árabe del año 714, fue disputada durante dos siglos por los poderes musulmanes y cristianos, con episodios como la batalla de Cellorigo del año 883, en la que el conde alavés Vela Jiménez venció a las tropas cordobesas y de los Banu Qasi. Finalmente, en el año 923, asturianos y pamploneses aliados conquistaron Nájera y alejaron la Rioja Alta de la órbita andalusí. La ulterior disputa por el territorio entre navarros y castellanos se resolvió definitivamente a favor de estos últimos en 1177.
Río Oja, a su paso por Santo Domingo de la Calzada
Tras la conquista del 923, la organización de este espacio corrió a cargo de monasterios como el de San Millán de la Cogolla. A comienzos del siglo XII, el auge de la peregrinación a Santiago propició la formación de un núcleo urbano de referencia para la comarca: Santo Domingo de la Calzada. La construcción de su catedral, a partir de 1158, contribuyó a difundir el Románico por la zona. Los últimos siglos de la Edad Media vivieron el ascenso del poder de la nobleza y la formación de sus dominios territoriales.
Río Tirón, a su paso por Cihuri
Buena parte de las manifestaciones románicas existentes en La Rioja se localizan entre el río Tirón y los montes Obarenes. Aquí encontramos numerosos edificios religiosos que comparten una serie de rasgos distintivos. En primer lugar, en su construcción se empleó el mismo tipo de piedra arenisca, extraída de las canteras locales, caracterizada por su textura y tonalidades amarillentas. En segundo término, los templos conservados fueron concebidos de acuerdo con un patrón común: iglesias de una sola nave, cubiertas con bóvedas de cañón o de cañón apuntado, con ábside de planta semicircular, acceso principal abierto hacia mediodía en el tramo central de la nave, y con espadaña, en vez de torre, como campanario. Además, sus elementos arquitectónicos, como arcos, molduras, capiteles y canes, se decoraron con motivos escultóricos geométricos, vegetales, zoomorfos o antropomorfos, en los que se aprecia el aire familiar propio de las obras realizadas por maestros de una misma escuela, que popularizaron en el ámbito rural temas y símbolos presentes en edificios emblemáticos, como las grandes catedrales de la ruta jacobea.
Una manifestación de la escultura románica de la comarca son las pilas bautismales. Varios ejemplares presentan unas señas de identidad que permiten pensar en la existencia de un taller activo a fines del siglo XII, que se ubicaría en Santo Domingo de la Calzada o sus alrededores. De él habrían salido pilas con grandes copas gallonadas, rematadas por frisos decorados, generalmente con temática vegetal. Sus producciones se difundieron por las cuencas del Oja y del Tirón.
Capilla de la Concepción, Treviana
También se conservan ejemplos de escultura exenta tallada en madera. Corresponden a representaciones de la Virgen que proliferan desde fines del siglo XII, al hilo del fervor mariano despertado por la reforma cisterciense, reflejado igualmente en la obra de Gonzalo de Berceo, Los milagros de Nuestra Señora. Casi todas las tallas conocidas, datadas ya en el siglo XIII, siguieron el modelo de Nuestra Señora de Junquera, de Treviana, la más notable de la comarca.
Estamos ya muy lejos de la Edad Media. Vivimos en el siglo XXI y lo que acaecía mil años atrás parece algo remoto y sin relación con nosotros. Sin embargo, paso a paso por el Camino de Santiago, piedra a piedra en cada monumento, se estaba construyendo el mundo actual, la Europa en la que vivimos. Evocar este pasado en el que se tendían puentes y se empleaban lenguajes comunes, como el Románico, debería servirnos para encarar el futuro recordando cuál es el camino a seguir.



























