domingo, abril 17, 2011

Adelanto de la noche

Estamos en la gasolinera de Tirgo. Andamos recordando la noche. La cena y el espectáculo no tienen desperdicio.

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El Casco Viejo de Bilbao

Hemos pernoctado en pleno Casco Viejo de Bilbao (Siete Calles). Tengo la maleta casi cerrada y como se me hace raro dormir en una cama que no sea la misma a las diez tenía los ojos como platos. Lo cierto es que la fiesta aquí deja mucho que desear, no me extraña
que vengan a La Rioja. Cosa que les dije a varios anoche, y cómo se picaban...
Creo que llegamos sobre las cinco.
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sábado, abril 16, 2011

Comienza la noche

Bilbao de noche
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Junto a la ría

Acabamos de tomar un café junto al Nervion. Hace un sol agradable. Nos espera una noche agradable. Se está tan bien aquí...

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Primera parada

Hemos hecho la primera parada. Altube. Estamos cerca de Vitoria. Ya nos queda poco para llegar a destino. Mi futura cuñada tiene los ojos tapados, pero se huele que vamos a Bilbao.
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Con la maleta preparada


Iba a hacer un adelanto de lo de anoche, pero me he levantado con el tiempo justo para hacer la maleta y darme una ducha. Ya está todo hecho, así que ya puedo relajarme, sabedora de que queda aproximadamente media hora para que nos vayamos.
Quiero ver a las de la despedida a ver cómo aparecen en la plaza esta mañana.

Hace años que no visito Bilbao. Seguro que no ha cambiado mucho. Qué magnífico día nos espera.

2.30 h.

Acabo de llegar a casa. La cena ha ido genial. La reunión de Tupper Sex ha sido aún mejor. Debería parar aquí, porque creo que no ha habido ninguna esta noche que no haya comprado algo del amplio abanico de estimulantes, perfumes y juguetes.
Mañana salimos a las once. Tengo que hacer la maleta aún, así que tendré que levantarme mucho antes. Está claro que ahora no la voy a hacer.

viernes, abril 15, 2011

Tupper Sex


El 15 de abril comienza de manera agradable. ¿Por qué será...? Y terminará con alcohol fluyendo por las venas. Este fin de semana está dedicado a las despedidas. Mañana las dos amigas que se casan nos deleitarán con una cena preparada por ellas mismas. Tenemos sesión de Tupper Sex, lo que resulta gracioso. Siempre he pensado que en la intimidad de dos personas, la otra siempre sabe lo que quieres, al igual que tú sabes lo que él desea; no hace falta que nadie te lo diga. Es importante la imaginación, pero eso está en cada persona.
¿Nos traerán juguetitos de muestra? ¿Nos enseñarán algún tipo de estimulación que desconozcamos? Creo que puede ser algo enriquecedor, porque siempre se puede aprender algo nuevo.
Yo estoy más a favor del descubrimiento mutuo entre dos personas, sin "ruidos", sin "contaminación" externa.

jueves, abril 14, 2011

Casi terminando el día


Cuando he llegado de Ezcaray, mi silla estaba llena de paquetes. No me esperaba que hubiera tantos regalos. Hace ilusión, pero por otro lado luego me sentiré obligada a hacer regalos en días marcados en el calendario.
Uno de los libros está firmado por el autor.

De todas formas, me falta algo.

Ents, guardianes de los árboles

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Los ents son los guardianes de los árboles. Son unos seres muy antiguos, medio hombres medio árboles. Fueron los elfos hace cientos de años quienes despertaron de su letargo a los ents y les enseñaron a hablar la lengua élfica. Desde entonces, los ents han puesto mucho interés en aprender las distintas lenguas de los hombres, de los animales y de las plantas, y se comunican con todos los seres de la naturaleza en la lengua éntica.
La apariencia externa de un ent no es muy diferente de la de un árbol, pero piensan y se mueven como si fueran personas. Sus brazos son dos de sus ramas superiores y en su tronco se abren dos largas extremidades con las que se desplazan a grandes zancadas por el bosque.
Poseen una fuerza descomunal y son capaces de levantar pesadas piedras con sus brazos para golpear con ellas a los enemigos que intentan destruirlos. Algunos son tan altos que pueden llegar a medir hasta cinco metros, y todos los ents, al igual que los árboles, temen los incendios, puesto que su corteza se destruye al contacto con el fuego.
Como son tan sabios, los ents pueden entenderse con todos los seres de la Tierra. Ésa es la razón por la cual muchos habitantes del bosque acuden a ellos para pedirles consejo y escuchar atentamente sus palabras. Pero con los ents hay que tener mucha paciencia. Hablan muy despacio, con palabras simples y precisas, y sólo abren la boca cuando tienen algo realmente valioso que decir.
A los ents hay que escucharlos con atención y seguir siempre sus consejos.

Pisa el acelerador


300 euros y dos puntos de carné. Esa es la sorpresa que me he llevado esta mañana con los guardias. Ni he visto el radar en el cruce ni he reducido la velocidad, pero más adelante me esperaban...
Menuda gracia. Me pasaré por el Banco Santander a pagar cuanto antes para que me apliquen el 50%. No hay forma de alegar algo para que me la quiten, esta vez no. Ahora sólo me quedan doce puntos.
También es cierto que es la primera vez que me pillan por exceso de velocidad, que me multan por ese motivo y que me quitan puntos. Habré de moderar el acelerador.

Un caballo a última hora de la tarde


Las tardes ya alargan, así que habitualmente suelo llegar a casa, desde hace varias semanas, cuando aún es de día. Si la tarde acompaña me gusta ir a la ermita a tomar una cerveza o, como hoy, saco a pasear al perro por el pueblo.
Hace unas noches decía que ya no venían circos ambulantes, pero siempre nos quedarán los peregrinos de Santiago. Por lo general vienen caminando, pero a veces aparecen en caballo o acompañados por asnos. Animales, tanto unos como otros, que a mí me atraen mucho. Esta tarde, en lo que era el patio de las escuelas, había un caballo precioso. Me he acercado para verlo de cerca, mientras el perro hacía migas con el perro que acompañaba al dueño del caballo. El peregrino en cuestión era italiano. En vez de ir al albergue estaba montando una tienda de campaña, supongo que por la dificultad que conlleva dejar toda la noche a la intemperie al caballo en el jardín donde se encuentra el albergue, quizás porque el peregrino quería estar cerca del animal (algo imposible si hubiera ido al albergue).
Era precioso.
Mañana ya se habrá ido en dirección a Santiago.

miércoles, abril 13, 2011

Una leyenda en cada rincón


Me he asomado a la ventana y la brisa fresca azotaba levemente mi rostro. Pese al airecillo frío, me gusta la noche de hoy, aunque no se vea la luna. Y el silencio sepulcral que hay en la calle. Pensaba en un ángel, me imaginaba caminando por las calles solitarias, cogiéndole de la mano y contándole una historia en cada rincón. Lo que había antes aquí o allá, los recuerdos de la infancia, las veces que hemos corrido por esas calles cuando aún había niños, cuando nos tirábamos desde los árboles del frontón antiguo sobre un montón de paja que habíamos llevado entre todos allí para tal menester, los lugares que cerraron y otros que se abrieron...
Eso me recuerda a cuando visitamos Toledo. Aquella ciudad tiene algo especial. Puede ser la mezcla de culturas, puede ser que todo está cerca, puede ser que vayas donde vayas ves el Tajo, puede ser el trasiego de gente en la plaza de Zocodover, puede ser aquella discoteca que recuerda a historias quijotescas, Pícaro, que quizás ya no exista... Y sobre todo eran sus rincones llenos de historias y leyendas. Recuerdo que desde el mirador se veía a lo lejos la Venta del Ahorcado, venta como las que se describen en nuestra novela más popular (El Quijote), recuerdo el pozo donde nos contaron una de las leyendas de Bécquer (La leyenda del Pozo de las Ánimas). Es que si hay un poeta español emparentado con Toledo ése es Bécquer. Pasó una temporada en la ciudad, que le inspiró para escribir algunas de sus más bellas leyendas, de ahí que las piedras de Toledo susurren las palabras que el poeta dejó impresas sobre el papel.
Ahora cualquiera podría preguntarse cómo nosotras sabíamos tanto de aquellos rincones, siendo la primera vez que visitábamos la ciudad. Lo cierto es que lo de las leyendas no suele venir en las guías, las leyendas van de boca en boca y conocimos a unos cicerones de lujo, toledanos como las espadas, con quienes recorrimos la ciudad encantada y fantástica de las leyendas becquerianas.
También está la ciudad emparentada con un pintor de lujo, El Greco, donde se puede visitar la casa donde nació, pero sobre todo se puede ver su obra más famosa (El entierro del conde Orgaz) en una iglesia pequeñita y oscura. Como poco, una se puede esperar encontrar este cuadro en el Museo del Prado y no allí, entre cirios humeantes y el penetrante olor del incienso, al son de mil letanías episcopales.
Toledo es una ciudad que el visitante hace suya, pues es como si hubieras caminado por allí durante siglos.

Horas...


Ojalá pudiera saltar la jornada de mañana y hacer que fuera viernes. Tanto lo he pensado que inconscientemente esta tarde creía que era jueves y que mañana empezaba el fin de semana de despedidas.
Me quedan horas para ser un año mayor. Según mi madre, nací a las 6.45 h. de la mañana. Al menos una cosa es clara: estaré por la mañana lejos del ajetreo de siempre.
Pasará, espero que más rápido de lo que espero.

Raudamente


Ahora, al ver su coche, he recordado que tenía algo pendiente de escribir. Me he ido a por una bandeja de pasteles que mis compañeras se encontrarán mañana a primera hora en la oficina. Y entonces he visto su coche. Anhelaba encontrarme con él. Pero no nos hemos cruzado. Quiero recordar por qué esta mañana tampoco nos hemos visto. Es posible que a mí se me haya ido la hora, cosa normal con el trajín que ha habido.
Aunque sí que le he visto una vez. Iba caminando por la calle y entonces ha pasado él conduciendo. Lo que recuerdo de ese momento mágico es su saludo y sentir que los músculos de alrededor de mi boca se relajaban para formar una sonrisa.
Y eso que ha sido todo muy rápido. Después no le he vuelto a ver y le echo de menos.

31 días: la cuenta atrás


Hoy el banco me ha entregado los dólares americanos. Como no es posible sacar moneda neozelandesa desde aquí, al final he preferido ir únicamente con US dólares y euros, por tener algo de "suelto", porque prefiero utilizar las tarjetas.
Podría irme ya mañana. Porque tengo todo lo que necesito realmente: pasaporte, moneda, dos tarjetas de crédito actualizadas, un cuaderno para escribir mis vivencias y la ilusión.
La cuenta atrás empieza a contar hoy, porque mañana tengo otras cosas que hacer que no tienen nada que ver con el viaje. Mañana es un día ajetreado y pesa, pesa mucho... Pero ya hablaré de ello.
Dentro de 31 días, el día 14 del próximo mes, ya estaré en un segundo avión rumbo a Oceanía. Ya habré hecho el transbordo en Londres-Heathrow y estaré mirando a las estrellas de cerca. Es que sólo queda un mes. Un mes que será ajetreado: una despedida, una boda, fiestas del Santo, fiestas del 1º de mayo, vacaciones de Semana Santa. Anoche estuve mirando de ir a algún sitio en plan tranquilo. Mis amigas ya lo habían barajado. Pero anoche me seducía la soledad de un lugar pequeño y tranquilo, de esos adonde no quieres ir con nadie. Con alguien iría, pero ni se me pasa por la cabeza decírselo. Al final, con tanto movimiento, prefiero quedarme. Son demasiados días. Y el ángel de mirada perfecta estará cerca.

martes, abril 12, 2011

Sensaciones únicas


Sensaciones únicas son aquellas que sabes que no volverás a vivir. Aunque vuelvas a los mismos sitios y contemples las mismas cosas, las sensaciones se convierten en únicas, por lo general, cuando es la primera vez que las vives, cuando algo te pilla por sorpresa, cuando recuerdas un hecho que hace que te estremezcas.
Así, recuerdo como única la primera vez que pasé bajo el arco de la Puerta de Brandeburgo (Brandenburger Tor), al recordar las décadas que era radicalmente imposible para un civil traspasar esa puerta y el muro que separaba dos partes diferentes de una misma ciudad. Al ser consciente de aquello, me tomé con más calma de la necesaria traspasar el arco, iba a un paso lentísimo para ralentizar aquella sensación. Y después volví sobre mis pasos, pero ya no era lo mismo.
Sensación única fue probar el wasabi en Shirakawa-go, cuando creía que me ahogaba del picor de aquella salsa verde que acababa de probar. Picor que se difuminaba al tragar la pasta verde. Entonces sentías las lágrimas en los ojos y pensabas en no probar jamás algo parecido.
Sensación única fue dormir por primera vez al raso, en una etapa de dos días para subir hasta el Aneto. Y en la misma excursión, llegar a cuatrocientos metros del pico y no poder tocar la punta, que quedaba tan al alcance de los dedos, porque había hielo en esos pocos metros que nos quedaban.
Sensación única es sentir la suave brisa primaveral en tu piel, mientras estás sentada bajo la sombra de un árbol. Escuchas los sonidos de extraños animales en la lejanía y piensas en la persona con la que te gustaría compartir todas esas sensaciones.
Sensación única fue el día que le miré a los ojos por primera vez, cuando escuché su voz por primera vez y noté que me dejaba hechizada, anhelaba quedarme toda la noche escuchándole y mirándole.
Sensación única es cada momento en que me cruzo con él. Son momentos parecidos pero nunca iguales. Cada día es especial. Cada día de él es especial.

Ha sido tan fugaz...


Me voy a poner a leer, pero antes...
Antes tengo que contar que no le he visto. O no le he visto tan cerca como quisiera. Por circunstancias de la vida, me encontraba sentada en una terraza con mi padre cuando él ha pasado con el coche justo al lado, pero no me ha dado tiempo más que a levantar la vista para reconocer su coche. He sonreído, sé que he sonreído. Pero ha sido todo tan fugaz que ni siquiera he podido retenerlo en la retina.
Seguro que estaba guapísimo.

Potemkim


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Cuando pensamos en el Potemkim, la mayoría de la gente lo vincula a la marina imperial rusa y a la película titulada "El acorazado Potemkin". A mí me recuerda a una discoteca de Salamanca, donde iba asiduamente los primeros años que pasé allí.
Me he acordado de aquello porque estaba pensando en la noche en que conocí y hablé con Manolo Kabezabolo. Habitualmente daban allí conciertos dos o tres días a la semana, así que era fácil coincidir en su interior con los grupos. Y no es que fuera una sala pequeña, sino todo lo contrario. Era amplia, a nivel del suelo (sin más plantas que subir o bajar), y con tres barras en sitios estratégicos. Los grupos que acudían a cantar se subían en una tarima colocada para tal fin en el fondo de la sala.
En mi primera etapa en Salamanca, aquel era centro de reunión para hippies y heavies. Y entonces yo también era un poco desgreñada, aparte de que a veces fumábamos algún que otro peta y en el Potemkim estaba permitido.
Allí acudimos a ver muchos conciertos, aunque sólo recuerdo al Kabezabolo, quizás porque hablé con él o quizás porque a las horas que abría el Potemkim ya no distinguíamos ni la voz ni el rostro de quien cantara.
Después dejamos de ir. Quizás porque dio paso a otros rebaños de gente diferentes a los que yo conocí. Lo que sí es cierto, y aunque suene superficial, cada bar tiene su clientela, y el Potemkim no iba a ser menos. Una vez entré con un polo de marca y me miraron mal. Realmente a mí eso siempre me ha dado igual, pero sí que es cierto que es un bar un tanto selectivo con la gente. La entrada es libre, pero se mira mucho la forma de vestir. Algo que choca mucho en una ciudad como Salamanca, tan cosmopolita y con tal mezcla de culturas, tanto como que nadie te mira de forma rara, vayas como vayas vestido. Pero en los bares esto cambiaba: cada cual tenía su tipo de gente.
Sin embargo, luego empezamos a ir al Piper. Allí sí que no era el ambiente tan elitista como en el Potemkin, sino que se veían un sinfín de estilos diferentes. Llegué a conocer a los dueños y una noche incluso me encontré sirviendo copas detrás de una de las barras. Otro día hablo del Piper.
En cuanto al Potemkim, no sé cómo será ahora. Aquello cambió porque las personas también cambiamos.
Estoy segura de que sigue causando furor. Conocer Salamanca es entrar al menos una vez en el Potemkim. Es una de esas salas que siempre recomiendan. Yo no la recomendaría, pero sí que es cierto que tiene algo diferente, algo que no tienen el resto de las discotecas. Y eso queda ahí.
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lunes, abril 11, 2011

Pequeños placeres...


Uno de esos pequeños placeres de la vida es tumbarme a leer entre la sobremesa de la cena y los primeros síntomas de somnolencia, dentro quizás de varias horas. Aunque de vez en cuando aparte el libro para escribir algo o simplemente para pensar en él, en esa dulzura que emana de él, en la perfección que fluye cuando me cruzo con él...
Otro pequeño placer sería estar tumbada a su lado, en silencio, acariciándole el pelo. Escuchando su respiración. Placer por el simple hecho de estar junto a él, aunque no digamos nada, aunque no hagamos nada. Cada uno perdido en sus pensamientos. Y por mi parte disfrutando de ese pequeño placer.
Es que cualquier momento de disfrute, de placer o de gozo hacen que piense en él.

Estoy contenta esta noche.