lunes, septiembre 08, 2025
El cuadro de la calma
Una decisión inevitable
LA AUTORA:
Ara Malikian
domingo, septiembre 07, 2025
Una biblioteca inesperada
Ayer estuve en una sala de reuniones que, de un año a otro, ha cambiado muchísimo. Ya he dicho muchas veces que adoro los lugares llenos de libros y, por ende, cualquier actividad que incentive a la lectura.
En muchos pueblos, el edificio de las antiguas escuelas -que ya no se usan para impartir educación, ya que las zonas rurales se quedan sin niños- se habilitan para otras actividades. En mi pueblo, por ejemplo, el antiguo edificio de la escuela alberga la sede de la Asociación Cultural, la biblioteca, la ludoteca en los meses de verano, un almacén de antiguos trajes del Festival de Luz y Sonido...
Ayer estuve en las escuelas de Leiva, donde en los años anteriores la sala inferior siempre se ha utilizado como sala de reuniones, pero ayer albergaba también una biblioteca preciosa. Tanto que interrumpí la reunión para acercarme a la estantería que tenía la colección de Astérix.
Me parece precioso que se hagan cosas así...
sábado, septiembre 06, 2025
Nikola Tesla
viernes, septiembre 05, 2025
La bibliocabina
Lleva pocos meses, pero es una iniciativa preciosa. En Ezcaray, entre la iglesia y el restaurante Echaurren hay una antigua cabina, una de esas cabinas que no se han quitado pero que, en la era de los móviles, ya no tiene uso, y como Telefónica no la ha quitado, varios entusiastas lectores la han convertido en una bibliocabina, un lugar de intercambio de libros que lleva funcionando varios meses.
Es curioso, porque con fiestas en el mes de agosto, un macroconcierto, la Vuelta Ciclista y tantas cosas, la cabina sigue en pie y no ha sufrido actos vandálicos. Cruzaremos los dedos para que esto dure.
Hace unos días, en un foro de Ezcaray, alguien dijo que había pocos libros en la bibliocabina, y lo que hice fue preguntar a ver dónde se encontraba ubicada.
Hoy me he pasado y no me ha parecido que haya pocos libros. Habrá entre cuarenta y cincuenta libros, distribuidos en cajas y estanterías de madera, han quitado la puerta y una de las cristaleras laterales y han puesto objetos colgantes sacados de una cocina y pintados de color rojo.
He estado hojeando los libros y no quería llevarme ninguno porque no había llevado otro para intercambiar. Es que no pensaba ver la bibliocabina hoy, sólo ha surgido que he pasado por allí.
Entonces he visto un libro de Pauline Gedge que no he leído y me lo he llevado. Pero a cambio llevaré otra novela la próxima semana.
Ese sitio no puede quedarse sin libros. Todo lo que sea incentivar a la lectura es siempre bienvenido.
Recuerdos de Peñíscola
Holmes y Moriarty
jueves, septiembre 04, 2025
La tranquilidad de septiembre
miércoles, septiembre 03, 2025
Un fin de semana en Madrid
En junio, aprovechando que el día 9 era el día de La Rioja y era lunes festivo, nos marchamos a Madrid. También cuenta que era la Feria del Libro, donde hacía tiempo que no iba.
Nos hospedamos en el Hotel Leonardo, bastante bien ubicado y con parada de metro en la Glorieta de San Bernardo. El motivo del viaje era porque un amigo nuestro estaba hospitalizado desde dos meses antes, y ya de paso, aprovechando que estaba la Feria del Libro, nos acercamos una tarde por allí.
El Hotel Leonardo es un hotel pintoresco, decorado con preciosas imágenes de Madrid, y con unas vistas preciosas de la calle.
Muy cerca, junto a la parada, cenamos varios días en un restaurante italiano, Just Italia, donde debo reconocer que hacían unas comidas italianas magníficas. Repetimos porque se comía de lujo.
Mi experiencia con los hospitales en Madrid se remonta a los años 2005 y 2006, cuando acompañaba a mi tío J, Q.E.P.D., al Hospital Clínico San Carlos. Mi tío había sido operado de la garganta y tenía una cánula; a los dos años de la operación tuvimos que ir varias veces a Madrid porque estaban estudiando cerrar el agujero de la garganta, pero no pudo ser, porque un tiempo después se le reprodujo el cáncer en el pulmón, y ya no hubo nada que hacer. Recuerdo con mucho cariño aquellos días en Madrid, donde nos dedicábamos a ir a la consulta del hospital, donde le hacían pruebas, y luego nos íbamos de visita por Madrid. Al menos me quedan los buenos recuerdos de él...
Esta vez la visita era al Hospital Militar Gómez Ulla, un hospital que tiene garita vigilada en la entrada: por algo es un antiguo hospital militar. Como todo en Madrid, es un hospital gigante. Allí estuvimos un rato y nuestro amigo estaba agradecido por la visita.
Salimos del hospital y era casi la hora de comer. Nuestro restaurante elegido estaba cerca del Retiro y se llamaba Maruxa. Era comida gallega, y lo cierto es que comimos bastante bien.
Rondando los 35º en el mes de junio en Madrid, íbamos por la sombra porque el calor del estío madrileño es terrible (que se lo digan a mi novio). A las cinco de la tarde entramos en la Feria del Libro. Sólo había una fila de puestos a un lado y un metro de sombra que se iba acortando. Yo miraba libros desde el puesto, a la sombra.
Hojeé algunos y compré otros tantos, y tuve el placer de saludar a Marcos Chicot, que me dedicó su último libro, El asesinato de Aristóteles, novela de la que pude disfrutar en el mes de junio. Estuvimos hablando por los fondos que destina de sus libros a fundaciones de personas con discapacidad, ya que tiene un hijo con discapacidad, por lo que está muy sensibilizado con este tema.
Llegamos al puesto número 100 y era insoportable el calor, por lo que decidimos tomarnos una cerveza a la sombra y volver al hotel. En el hotel empezó una odisea, porque con casi 40º yo tenía mucho calor mientras mi novio estaba retemblándose. Llegué a asustarme tanto que le pregunté si llamaba a una ambulancia, pero dijo que no era necesario. También se le quitaron las ganas de comer. Cuando ya estábamos de regreso en casa, dos días después seguía mareado y su médico le dijo que era un golpe de calor y le dio antibiótico para bajar la presión del cuerpo. Pasó unos días chungos. Ahora cuando se pone al sol estoy yo vigilando para que tenga cuidado.
Despediríamos Madrid con una manifestación al día siguiente contra los acuerdos políticos del momento y contra el Gobierno central. Nosotros no fuimos a la manifestación, pero parece ser que pasaba cerca de nuestro hotel, porque había mucha gente con banderas de España. También recordamos esa tortilla que ha ganado tantos premios enfrente de la Estación de Atocha, y decidimos ir allí a comerla.
Todos los días, desde el hotel hasta la parada del metro, pasábamos por una estatua, A los héroes de Baler. Me llamó la atención porque hacía poco había leído un libro sobre un soldado que había luchado en las guerras de independencia de Filipinas.
El Rey Mono
El guionista Silverio Pisu buscó en 1975 a Milo Manara para que ideara un cómic basado en uno de los grandes clásicos de la literatura china, Viaje al oeste. Las aventuras del rey mono. Fue el primer gran cómic de Manara y con él se dio cuenta de las posibilidades que tenía la novela gráfica, así que decidió dedicarse a la ilustración.
Un poderoso mono nace de un huevo de piedra y se asienta junto a la gran cascada, al otro lado del palacio del emperador. Pero allí se aburre, así que decide que quiere ser inmortal. Pero sólo los budas y los sabios pueden ser inmortales, así que va en busca de uno de los mayores sabios del reino y con él aprende a volar, a transformarse y a hacer magia, pero sobre todo aprende a ser inmortal.
Cuando vuelve junto al palacio del emperador, éste decide darle un cargo en su reino, pero el Rey Mono huye porque se da cuenta de que en el palacio no se le valora, pero el emperador vuelve a llamarle para darle otro cargo de peso. Finalmente, el emperador decide apresarle y le envía a sus mejores guerreros, pero nadie puede con él, hasta que llega Buda, que será el único que consiga apresarle y darle muerte.
martes, septiembre 02, 2025
Un día en Deva
Hace un mes exacto mi novio y yo nos apuntamos a una excursión a Deva. Nos habíamos enterado de que el Ayuntamiento organiza al menos dos excursiones durante el verano y a la primera no pudimos ir, pero a Deva sí que nos apuntamos.
Deva (Deba en vasco) es una localidad costera de la provincia de Guipúzcoa, con algo más de 5.000 habitantes. Se ubica junto a la desembocadura del río Deva. Nos hubiera gustado ir a visitar los flych, que se encuentran entre Deva y Zumaia. Se trata de unas formaciones rocosas que se han ido formando con el roce del agua y que tienen miles de años de antigüedad, parece como si un enorme rastrillo hubiera pasado por encima. Al final no pudimos ir a ver los flych porque el único barco que había desde Deva salía justo cuando nosotros llegamos.
La villa de Deva tiene sus orígenes en la primitiva villa de Montreal de Itziar, situada a unos cuatro kilómetros hacia el interior. Fue Sancho IV de Castilla quien concedió a los vecinos su carta fundacional, pero pocos años después los vecinos plantearon la posibilidad de acercarse más a la costa para poder pescar, cazar ballenas y explotar los recursos marítimos.
Asentada sobre un antiguo campo de dunas del estuario del río Deva, la nueva villa fue rodeada por una muralla que contaba con cinco puertas. Junto a ella se encontraban los hornos para la fundición de la grasa de las ballenas cazadas.
Nada más llegar, atravesamos el Parque de Deva hasta la Playa de Santiago. Es la playa principal de Deva, tiene 400 metros de largo y arena muy fina. Como el día acompañaba había bastante gente.
Nos dimos una vuelta por el Paseo Marítimo, que no es muy grande, y llegamos a la desembocadura del río Deva. Todo el paseo está lleno de estatuas y de información sobre yacimientos geológicos cercanos, ya que Deva tiene cuevas. Paseamos junto al río Deva, vimos sus puentes, gente haciendo deportes acuáticos, el puerto fluvial y llegamos a la estación de tren.
La Estación del Peregrino fue construida en 1899, tras la llegada del ferrocarril a la localidad. Es un edificio característico de la arquitectura industrial y ferroviaria de finales del siglo XIX. El albergue de peregrinos de Deva ocupa la primera y segunda plantas, espacio que ocupaban antiguamente las viviendas de los empleados de la Compañía de Ferrocarriles Vascongados.
Como las vías del tren pasan paralelas al río tuvimos que volver sobre nuestros pasos para poder cruzar la calle.
La iglesia de Santa María es una joya arquitectónica del País Vasco. Aunque por fuera parece un tosco torreón, por dentro tiene magníficos tesoros.
El pórtico es del siglo XV y fue policromado en el siglo XVII. Su base presenta un friso con figuras de los doce apóstoles, seis a cada lado, dividido por un parteluz con la imagen del Salvador.
En su interior hay varias capillas, como la de Santiago de Compostela, pero sin duda lo más destacable es el claustro, el más antiguo de Guipúzcoa. Su construcción se inició en 1499 y tardó en construirse cincuenta años. Consta de cuatro corredores ojivales abovedados y se abre a un patio interior de dieciséis vanos apuntados.
En el interior salía, potente, la música de un órgano. Y es que el organista, creemos, estaba ensayando, porque por la tarde había un concierto.
Y decidimos perdernos entre las callejuelas para llegar a la Plaza Mayor, donde estaban montando una plaza de toros, ya que en San Roque son fiestas, y ya se estaban preparando.
Comimos de pintxos en varias tascas cerca de la plaza y después estuvimos callejeando. Llegamos de nuevo a la iglesia y comprendimos que ya lo teníamos todo visto.
El mercado de Deva es un paseo cubierto, un edificio construido en 1910 por Manuel Echave Zalacaín junto a la carretera. Es Bien Cultural desde 1995 y dentro de sus arcos se puede disfrutar de algunos cuadros de artistas locales.
En la Plaza Mayor terminamos tomando una cerveza (Guinness, por cierto), junto al Ayuntamiento.
El Ayuntamiento fue proyectado por Ignacio de Ibero en el siglo XVIII. La fachada de sillería caliza local es de estilo barroco, muy austera. Tiene tres escudos de piedra arenisca: el de la Corona Real, el de Guipúzcoa y el de Deva.
En el porche del Ayuntamiento había un anciano dando de comer a las palomas. Yo pasé por allí y no me di cuenta, pero volví sobre mis pasos, inmortalicé al señor y le pedí disculpas por espantar a las palomas. Quizás las palomas son sus únicas acompañantes...
Durante siglos, la extracción de la piedra ha representado el modo de vida y el sustento de numerosas familias del municipio. Muchas han sido las canteras que a lo largo de la historia han sido explotadas en Deva. Aunque la mayoría son de piedra caliza, también tuvieron en su momento una gran importancia las de piedra arenisca calcárea, utilizada para la elaboración de adoquines. La piedra caliza debarra es tan apreciada que la población incluso prestó su nombre a uno de los diez mármoles más conocidos (Gris Deba), que se extrae de las canteras de Lastur. Estas canteras se formaron en antiguos arrecifes de coral hace más de cien millones de años. En su interior se pueden apreciar excelentes ejemplos de corales, algas y organismos bioconstructores.
La piedra debarra se utiliza también para el deporte rural de los harrijasotzailes (levantadores de piedra).
En este lugar también se realizó durante años el despiece de las ballenas que llegaban a pesar hasta sesenta toneladas, para, después de cocer las tiras de grasa en enormes calderas de cobre, transformarlas en saín (aceite). El saín de ballena era un combustible muy cotizado, ya que ardía muy bien, dando buena luz. Pero no sólo se aprovechaba la grasa; aunque la carne de ballena, salvo la de las crías, no era del gusto de los vascos, por lo que se ponía en salazón y era exportada a Francia. No sucedía lo mismo con la lengua, pieza muy codiciada por su exquisitez, que a menudo iba destinada a gente muy pudiente o a sufragar los gastos de mantenimiento y obras de la iglesia. También se aprovechaban las barbas y los huesos, utilizados para elaborar elementos de corsetería, objetos decorativos, muebles e incluso en la construcción.
A partir del siglo XV, comenzó la extinción de la ballena en aguas vascas, con lo que los marinos debarras se vieron obligados a faenar primero en aguas de Asturias, Galicia e incluso en Islandia, para terminar en Terranova y la península del Labrador (Canadá).
Deva fue un importante puerto ballenero, receptor del saín traído de tierras americanas, ya que desde aquí comenzaba la vía más corta hacia la Llanada Alavesa y la Meseta Castellana, importantes destinos de los productos de los balleneros vascos.
Lo cierto es que Deva es una ciudad pequeña. Pero nos sirvió para cambiar de aires.
Peppino Impastato. La sátira contra la mafia
lunes, septiembre 01, 2025
Peter Pan de Kensington
Este cómic viene a ilustrar el libro El pajarito blanco, que viene a ser una precuela de la historia de Peter Pan que todos conocemos. Antes de todo, Peter Pan es un niño que vive en el parque de Kensington Gardens y habla con las hadas y los pájaros. Cuando se hace de noche, el parque cierra y ningún humano queda en el parque. Pero la pequeña Maimie Mannering se ha perdido y, cuando es noche oscura, se encuentra con las hadas, que quieren comerse sus dedos. Entonces aparece Peter Pan, unas sombras que buscan a Maimie y la pequeña sólo quiere regresar a su casa. Peter Pan decide visitar a la reina de las hadas (que es una réplica de la Reina Victoria) y la reina le hace un acertijo para que le traiga un dedal. Maimie, Peter Pan y el cuervo Solomon llegan hasta el Albert Memorial y consiguen encontrar el dedal antes de que llegue el alba.
EL AUTOR:
José Luis Munuera (Lorca, 1972) comienza a publicar sus tebeos a mediados de la década de los 90. Un golpe de la fortuna le lleva al salón del cómic galo de Angoulême, donde coincide con un por entonces jovencísimo Joann Sfar: juntos publicarán en Delcourt Los Potamoks (dos primeros tomos editados en español de los tres publicados en Francia, Glénat, 2001-2002). Desde entonces hasta hoy, Munuera desarrolla su carrera profesional para el mercado francófono, acumulando ya más de cuarenta títulos publicados de sus diversas series: Nävis (con Jean David Morvan, Buchet y Lerolle, dos tomos de los cinco publicados en Francia, Norma, 2005-2006), Las aventuras de Spirou y Fantasio (cuatro tomos, tres con Morvan y uno con Morvan y Yann, Planeta, 2008-2009), Sortilegios (con Jean Dufaux, cuatro tomos, Norma, 2013-2016), Sir Pyle (con Morvan, integral de tres tomos, Yermo Ediciones, 2014) o Merlín (dos integrales que recogen los seis tomos editados en Francia: con Joann Sfar las primeras cuatro entregas y con Jean David Morvan las dos restantes, Dolmen, 2020). Como autor en solitario tiene obras como La ruta hacia El Dorado (Salvat, 2000), Walter el lobo (Dibbuks, integral de dos tomos, 2012), Los Campbell (Dibbuks, cinco tomos, 2014-2018), una aventura épico-familiar para todos los públicos, donde explora su vena más clásica en un género que bebe de Goscinny y Charlier, y, en esa misma línea, el spin-off Zorglub (tres tomos, Dibbuks, 2018-2020), que narra las aventuras domésticas del archienemigo de Spirou y Fantasio.
Sus cómics se han traducido a la mayoría de las lenguas europeas, e incluso a alguna de cierto exotismo, como el chino cantonés. Buscando ámbitos creativos más personales, realiza El juego de la luna (Astiberri, 2009), con guion de Enrique Bonet, apuesta que tiene continuidad en Fraternity (Astiberri, 2011), con guion de Juan Díaz Canales, Bartleby, el escribiente (Astiberri, 2021), a partir del texto de Herman Melville, Cuento de Navidad. Una historia de fantasmas (Astiberri, 2022), a partir del texto de Charles Dickens, y Peter Pan de Kensington (Astiberri, 2024), basado en El pajarito blanco, de James Matthew Barrie. Además, Munuera ha relatado sus experiencias en el mundo del cómic de una forma rigurosa y divertida en Oficio: dibujante (Astiberri, 2012).
EL LIBRO:
Título original: Peter Pan de Kensington
Autor: José Luis Munuera
Editorial: Astiberri (1ª edición, en septiembre de 2024)
Número de páginas: 92
ISBN: 9788419670861
Valoración: 8/10
RETOS:





































