La Acrópolis (Ἀκρόπολις) de Atenas se ve desde casi cualquier sitio de la ciudad. Es visita obligada, y yo no sabía cómo subiría, así que antes de subir me había estudiado todas las opciones, incluso acudir pronto para no encontrarme con las numerosas visitas guiadas, que empezaban a hacer acto de presencia a partir de las diez de la mañana.
La Acrópolis se encuentra en una meseta llamada la "roca sagrada". Para acceder a ella se puede ir en taxi, metro y ómnibus, que te dejan en una de las dos entradas de acceso al recinto, pero a partir del momento en que cruzas la puerta hay que empezar a subir. En mi caso, cogí el metro hasta Akropoli (Ακρόπολη)y busqué la entrada lateral por el teatro de Dioniso, ya que tiene menos afluencia de gente que la entrada principal. La entrada principal era la usada por los antiguos atenienses, que subían 2500 escalones de mármol diariamente.
Tuve suerte con el tiempo, sobre todo porque no imagino lo que tiene que ser estar ahí arriba con sol, ya que no hay espacios para cubrirse. Luego, en los días que yo estuve dieron lluvias, de hecho, había llovido mientras desayunaba y me negaba a subir si estaba lloviendo. Pero luego se despejó, seguía nublado y arriba sólo tiraba aire, aunque venían nubarrones de tormenta. Y es que, cuando estaba ya abajo comiendo, empezó a llover torrencialmente. Así que tuve suerte: arriba tiraba viento, pero eso era mejor que un día soleado o lluvioso.
La fundación de Atenas se halla envuelta en mitos. El rey fenicio Kekrops, dice una leyenda, fundó una ciudad sobre una enorme roca cerca del mar. Los dioses del Olimpo anunciaron que tomaría el nombre de la deidad que proporcionara el legado más valioso para los mortales. Atenea (diosa de la sabiduría, entre otras cosas) hizo brotar un olivo, símbolo de paz y prosperidad. Poseidón (dios del mar) golpeó con su tridente una roca de la que brotó un manantial de agua salada. La disputa estaba reñida, pero los dioses determinaron que el regalo de Atenea, al proveer de comida, aceite y combustible, serviría mejor a los hombres.
El primer poblamiento de la Acrópolis se remonta al Neolítico. Los templos más antiguos se construyeron durante el período micénico en homenaje a la diosa Atenea. La Acrópolis permaneció habitada hasta finales del siglo VI a.C., pero en el 510 a.C. el Oráculo de Delfos la declaró territorio exclusivo de los dioses. Después de que los persas redujeran a cenizas todos los edificios de la Acrópolis en vísperas de la batalla de Salamina (480 a.C.), Pericles emprendió un ambicioso plan de reconstrucción. Para transformar la Acrópolis en un complejo de templos, que la posteridad llegó a considerar el culmen de la Grecia clásica, no escatimó en gastos: sólo los mejores materiales, arquitectos, escultores y artistas se juzgaron dignos del proyecto. El resultado fue un despliegue de edificios de múltiples colores y colosales estatuas pintadas, unas de bronce y otras de mármol con láminas de oro e incrustaciones de piedras preciosas.
La ocupación extranjera, las torpes rehabilitaciones, la huella de los visitantes, los terremotos y, más recientemente, la lluvia ácida y la contaminación han pasado factura a los monumentos que hoy perduran. El mayor desastre sobrevino en 1687, cuando los venecianos atacaron a los turcos, cañonearon la Acrópolis y provocaron una explosión en el Partenón -usado por los turcos como polvorín- y daños en todas las construcciones. Y en 1801 Thomas Bruce, conde de Elgin, arrambló con una sección del friso del Partenón, todavía expuesto en el British Museum a pesar de que Grecia continúa exigiendo su devolución.
La Acrópolis fue declarada Patrimonio Mundial en 1987. Los proyectos de restauración siguen su curso. Casi todas las esculturas y frisos originarios han sido trasladados al Museo de la Acrópolis, y lo que hoy se ve en la colina son réplicas.
La Acrópolis es el yacimiento del mundo antiguo más importante de Occidente. Su mármol refulge blanco bajo el sol de mediodía y adquiere un tono melado al atardecer. Es imposible contemplar este monumento sin que el ánimo se exalte.
La entrada por el lado este nos lleva por antiguas carreteras que accedían hasta la cima de la Acrópolis, también se encontraba ahí el antiguo Santuario de Dioniso Eleuterio, del que lamentablemente no queda mucho más que algunas piedras de la base y tierra,
Llegamos al primer monumento digno de mención, aún en la parte baja de la Acrópolis: el Teatro de Dioniso (Θέατρο Διονύσου Ελευθερέως). Se cree que el teatro de madera que existió aquí en el siglo VI a.C. fue el primero del mundo. Reconstruido en piedra y mármol entre el 342 y 326 a.C., tenía capacidad para 17.000 espectadores, repartidos en 64 gradas (de las que sólo se conservan 20), y en el foso se emplazaba un altar a Dioniso.
Los tronos de mármol pentélico de la primera fila eran para dignatarios y sacerdotes; el más suntuoso, con zarpas de leones, sátiros y grifos, quedaba reservado para el sacerdote de Dioniso. Los relieves del siglo II a.C. en la parte posterior del escenario representan las hazañas de dios dios. Aquí se levantaban también estatuas de fornidos silenos. Eran los adoradores del mítico Sileno, lujurioso padre de los sátiros, cuyo pasatiempo predilecto era subir las montañas con su enorme falo para perseguir a las ninfas.
La 'Stoa' de Eumenes (Στοά του Ευμένους) es una columnata construida por Eumenes II, rey de Pérgamo (siglo II a.C.), como refugio y paseo para el público del teatro.
El Asclepion (Ἀσκληπιεῖον) era un templo construido en torno a una fuente sagrada. El culto a Asclepio, médico hijo de Apolo, empezó en Epidauro y fue introducido en Atenas en el 429 a.C. cuando la peste asolaba la ciudad: la gente acudía a este lugar en busca de sanación.
El Perípatos (περίπατος) es un antiguo camino que abraza la Acrópolis y cruza por la Vía Panatenaica. Conecta las grutas santuario de la Acrópolis que están intercaladas alrededor de la colina de la Acrópolis. Se llama "paseo" porque por aquí paseaba enseñando Aristóteles.
El siguiente gran monumento que vemos antes de llegar a la Acrópolis es el Odeón de Herodes Ático (Ωδείο Ηρώδου του Αττικού), un anfiteatro construido en el 161 por el rico romano Herodes Ático en memoria de su esposa Regilla. Fue excavado en el siglo XIX y restaurado en la década de 1950. En ocasiones todavía se usa. Tenía un aforo de 5000 espectadores.
Los Propileos (Προπύλαια), entrada monumental de la Acrópolis, los construyó Mnesicles entre el 437 y 432 a.C. u constan de una sala central con dos alas a cada lado. Antiguamente, sus cinco puertas constituían la única entrada a la "ciudad alta". La puerta del medio se abre a la Vía Panatenaica. El techo de la sala central estaba pintado con estrellas doradas sobre fondo azul oscuro. El ala norte se usaba como pinakothiki (pinacoteca).
Por el exterior de los Propileos se levanta la Puerta de Beulé, así llamada por el arqueólogo francés Ernest Beulé, que la desenterró en 1852. El pedestal de 8 metros a media altura de la rampa que sube en zigzag hasta los Propileos estuvo en su día coronado por el monumento a Agripa. Esta estatua de bronce del general romano conduciendo una cuadriga se erigió en el 27 a.C. para conmemorar la victoria en las Panateneas.
El Templo de Atenea Niké (Ναός Αθηνάς Νίκης) es pequeño, pero de delicadas proporciones. Construido hacia el 425 a.C. en mármol pentélico, fue obra de Calícrates. Ha sido restaurado en tres ocasiones, la última en 2003. La cella alojaba la estatua de madera de Atenea como la Victoria (Niké), y los frisos externos ilustraban escenas mitológicas, la batalla de Platea (479 a.C.) y la lucha de los atenienses contra los beocios y persas. Una parte de los frisos se exponen en el museo de la Acrópolis, entre ellos una hermosa representación de Atenea Niké atándose una sandalia.
Cuando cruzas los Propíleos, tan vastas las columnas que ya se nota que estás accediendo a un lugar especial, te encuentras ante la inmensidad del Partenón, las cariátides del Erecteión y no sabes adónde mirar.
El Partenón (Παρθενών) es la joya de la Acrópolis. Más que ningún otro monumento encarna la gloria de la antigua Grecia. Está dedicado a Atenea Partenos, la diosa que encarna el poder y el prestigio de la ciudad. Obra de Ictino y Calícrates, que lo concibieron para ser el monumento más prominente de la Acrópolis, es uno de los mayores templos dóricos levantados en Grecia, y se concluyó a tiempo para las Grandes Panateas del 438 a.C.
Las columnas dóricas acanaladas del Partenón presentan unas formas perfectas. Las ocho columnas a cada extremo y las 17 a cada lado recibieron una ingeniosa curvatura para crear una ilusión óptica; las basas son ligeramente cóncavas y las columnas ligeramente convexas, por lo que unas y otras parecen rectas. Bajo la supervisión de Fidias, los escultores trabajaron en la decoración de los elementos arquitectónicos del Partenón, como los frontones, el friso y las metopas, que fueron pintados con vivos colores y sobredorados.
Los frontones del templo (remates triangulares de las fachadas) se decoraron con trabajadas esculturas de bulto redondo; el del lado occidental representaba a Atenea y Poseidón en su disputa por el patronato de la ciudad, y el del este, el nacimiento de Atenea de la cabeza de Zeus. Sus restos y las demás esculturas y objetos de la Acrópolis se encuentran en el Museo de la Acrópolis.
Las metopas del Partenón, obra de Fidias, son los espacios cuadrados y labrados con relieves entre los triglifos; las del lado este representaban a los dioses olímpicos luchando contra los titanes, y las del lado oeste, a Teseo conduciendo a los jóvenes atenienses en la batalla contra las amazonas. Las del lado sur ilustraban la pelea de lapitas y centauros en un banquete de bodas, mientras que las del norte plasmaban el saqueo de Troya. La cella estaba rematada por el friso jónico, una faja continua decorada con esculturas que representaban la procesión de las Panateneas.
La estatua para la que se levantó el templo y que antiguamente se emplazaba en su centro, la Atenea Partenos (Atenea Virgen) estaba considerada una de las siete maravillas del mundo antiguo; en el 426 a.C. la trasladaron a Constantinopla, donde desapareció. Concebida por Fidias y terminada en el 432 a.C., se alzaba a casi 12 metros de altura sobre su pedestal y estaba recubierta con láminas de oro. El rostro, manos y pies eran de marfil y sus ojos eran gemas.
El Erecteión (Ἐρέχθειον), concluido hacia el 406 a.C., era un santuario erigido en la parte más sagrada de la Acrópolis: el lugar donde Poseidón golpeó el suelo con su tridente y donde Atenea hizo brotar el olivo. Llamado así por Erecteo, rey mítico de Atenas, acogía los cultos a Atenea, Poseidón y Erecteo. Este magistral ejemplo de la arquitectura jónica fue ingeniosamente construido a distintos niveles para compensar las irregularidades del lecho rocoso.
El Erecteión se reconoce al instante por las seis majestuosas columnas esculpidas con figuras femeninas, las cariátides (415 a.C.), que sustentan el entablamento de su pórtico sur. Inspiradas en mujeres de Carias (la actual Karyes, en Laconia), se cree que cada figura sostenía un vaso de libación en una mano y con la otra se sujetaba el vestido. Las que hoy se ven son réplicas, ya que las originales (salvo una que se llevó Lord Elgin y que se conserva en el British Museum de Londres) se encuentran en el Museo de la Acrópolis.
El Templo de Poseidón se encuentra en el pórtico norte del Erecteión. Consta de seis columnas jónicas: la grieta en el suelo la dejó el tridente de Poseidón en su competición con Atenea o el rayo de Zeus cuando mató a Erecteo.
Junto al Erecteión y el Templo de Poseidón, se puede ver parte del Muro de Temístocles, general muy hábil en construir una muralla protectora alrededor de la Acrópolis, aprovechando elementos de los templos arcaicos de la zona.
El único detalle moderno de la Acrópolis (aparte de los andamios y grúas) es la gran bandera que ondea en un extremo. En 1941, al comienzo de la ocupación nazi, dos muchachos treparon por la pared rocosa e izaron la enseña griega: una placa de metal colocada cerda recuerda su acto de resistencia. Bueno, también arriba hay wifi gratuita...












