Tenía el hotel en la Plaza Mayor de Cáceres, y de ahí me encontraba en el mejor sitio para visitar el resto de la ciudad.
En cuanto llegué, con mi maleta, me di una vuelta en el centro mismo, disfrutando de la cantidad de gente que había en las terrazas, caminando y la que se acercaba por la procesión del Jueves Santo. Me pareció tan bullicioso que me llevé una grata sorpresa.
El día que me quedé a descubrir la ciudad de Cáceres descubrí que allí donde me encontraba era el mejor lugar para callejear por la ciudad. Enfrente tenía la Oficina de Turismo, donde entré a que me dieran un mapa de la ciudad. Y con el mapa en mano entré en la ciudad amurallada.
Pero antes de cruzar la muralla, tengo que hablar de la Plaza Mayor. Esta plaza forma un amplio rectángulo irregular que en la parte occidental alinea un ordenado conjunto de soportales y fachadas blancas y en la parte oriental cuenta con torres, almenas y murallas.
A un lado de la plaza se alza el Ayuntamiento, edificio de estilo clasicista comenzado en 1867, que luce un pórtico de cinco arcos frontales al que se accede por una escalinata.
Escenario de ferias y mercados desde el siglo XIII, la Plaza Mayor de Cáceres fue también el lugar donde se celebraban grandes festejos, además de torneos medievales, corridas de toros, juegos de cañas y ejecuciones. En el siglo XVI se cambiaron los soportales de madera por arcos de medio punto apoyados en sillares.
En el lado oriental son visibles las torres y lienzos de la muralla almohade, además de otras construcciones singulares. Destaca la Torre de Bujaco, llamada así a consecuencia de la corrupción lingüística sufrida por el nombre de Abu Yacub, califa que en 1173 conquistó la ciudad. Es una torre de origen árabe, levantada en el siglo XII sobre sillares romanos y dotada de almenas y matacanes, que en el siglo XVI vio cómo se abría en uno de sus lados un vano renacentista conocido como el Balcón de los Fueros. En la torre se refugiaron -y murieron- los 40 caballeros pertenecientes a la Orden de los Fratres de Cáceres que defendían la ciudad ante las acometidas del califa atacante.
Adosada a los muros de la torre se encuentra la ermita de la Paz, construcción del siglo XVIII que sustituyó a una edificación renacentista dedicada a San Benito. Se erigió con el fin de que los comerciantes pudieran asistir a los oficios religiosos mientras trabajaban en la plaza. Llama la atención la artística reja, obra de Juan de Acedo.
El Arco de la Estrella se abrió en el siglo XVIII para sustituir a la puerta medieval y se ha ido configurando como un gran arco escarzano en esviaje, para facilitar el paso de los carruajes que procedían del palacio de Moctezuma. Su autor fue Manuel de Larra Churriguera. Protegida por un templete neoclásico, la imagen barroca de la Virgen de la Estrella se asoma a la plaza de Santamaría, mientras en el otro lado el escudo de Cáceres vigila el curso de la vida ciudadana.















