jueves, noviembre 10, 2016

Novelas del pasado: El maestro de esgrima

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Esta obra narra la vida de Don Jaime Astarloa, un eminente maestro de armas, que se ve involucrado, sin saberlo, en una oscura trama política que pondrá en peligro su vida, en la que están involucradas también personas en las que tenía absoluta confianza.
Un día, Don Jaime y el marqués de Ayala, un conocido político retirado conocido por sus continuos enamoramientos, practican esgrima. Tras la lucha, Jaime Astarloa recibe una carta en la que una tal Adela de Montero requiere de sus servicios y desea concertar una cita.
Cuando Astarloa aparece en la casa de la mujer, preparado para aceptar a otro alumno más en su escuela privada, se entera, para su sorpresa, de que es la propia señora la que quiere recibir sus clases. Al principio se niega rotundamente, pero los encantos de ella no son pocos, llegando incluso a romper el muro de costumbres que el viejo maestro se había creado, convenciéndolo así para que le imparta algunas lecciones.
Don Jaime le da clases durante varios días y disfruta mucho al averiguar que Adela de Otero no es ni mucho menos una principiante.
Ella, aparte de pedirle que le enseñe el “golpe de los doscientos escudos”, de la creación del propio maestro, le pide también el favor de presentarle al marqués de Ayala.
Don Jaime acepta ambas peticiones enseñándole su golpe más famoso y presentándole al marqués. Tras el pago de sus honorarios no vuelve a saber de ella, y el marqués acude cada vez menos a sus visitas semanales. Don Jaime se deprime, ya que se había hecho algunas ilusiones acerca de su relación con su alumna, pero esto siempre es algo que ocurre en su vida normal, solitaria como de costumbre, pero ahora, por alguna razón, a él le da la sensación de que es más solitaria que nunca.
Un día, sin esperarlo, se presenta en su casa el marqués, que le cuenta una historia acerca de unos papeles, que le entrega, ya que el viejo maestro es la persona en la que más confía el ex político y él mismo no puede guardarlos. Le pide que no los abra bajo ninguna circunstancia, pero sabe, de antemano, que Don Jaime, siendo un caballero y una persona de honor, prefiere morir antes que abrir esos papeles secretos.
Poco tiempo después el marqués aparece muerto. Este hecho entristece al maestro de esgrima. Un inspector de policía aparece de inmediato en su vida haciéndole preguntas y buscando pruebas.
Don Jaime no entrega los papeles a la policía, ni da información interesante ya que, de todas maneras, él no tiene ni idea de quién quería matarle. Con su antiguo compañero muerto ahora , Jaime piensa que tal vez esos papeles pueden estar relacionados con el asesinato. Después de pensarlo un bien rato rato, al final abre el sobre que contiene los papeles y los lee detenidamente. Allí ve reflejadas noticias y hechos políticos, y nombres de personas implicadas, de las que conoce a algunas.
Decidido a averiguar más decide hacer una visita a un compañero de tertulias en un viejo café. Agapito Cárceles, un periodista que conoce de poco, pero que está siempre metido en asuntos de política. Lo lleva a su casa y le enseña los documentos. Éste parece sorprenderse y afirma que en esos papeles está la clave de un escándalo sin precedentes. Mientras leen los documentos, la policía llama a la puerta de Jaime y le piden que les acompañe. Dejando a Cárceles el cuidado de los papeles, Don Jaime acompaña al inspector que le había interrogado días antes hasta el depósito de cadáveres con la intención de reconocer un cuerpo. El inspector enseña el cuerpo desnudo y destrozado de una mujer morena que Jaime cree reconocer como el de la señora que le había contratado. Tras recuperarse del impacto, vuelve a su casa y descubre que el señor Cárceles ha optado por marcharse, olvidando dejar los papeles en su sitio.
En su lugar hay una nota en la que anima a Don Jaime a no preocuparse. Éste, enfadado de verdad, va por la noche a buscarlo a su casa donde entra, tras forzar una ventana, y se lo encuentra atado en la cama de pies y manos y sangrando abundantemente por muchas heridas abiertas en su piel. Allí mismo tiene que luchar contra dos matones armados con pistolas usando su bastón-estoque que siempre lleva con él, haciéndoles poner pies en polvorosa. Acto seguido llama a la policía que, tras ver el espectáculo, le dan la enhorabuena a Don Jaime por seguir vivo, ya que según ellos, tenia todas las papeletas para haber resultado herido por los desconocidos sicarios de alguien que deseaba esos papeles y que ha conseguido lo que buscaba.
La policía insta a Jaime a que regrese a su casa y vigile sus espaldas en todo momento y ya que está marcado y podría ser el siguiente implicado. Pero si alguien viene con malas intenciones, Don Jaime Astarloa sabe defenderse. Pistola y bastón-espada al alcance de la mano, se sienta en su escritorio a esperar, acompañado por el único y leve sonido de las patas de un ratoncillo arrastrándose por su complejo de corredores y galerías personales en el techo de la casa. Don Jaime se siente un poco mejor por no haber conseguido cazarlo días antes, cuando lo descubre mientras realizaba una incursión a la despensa, lejos de la seguridad de su pequeña fortaleza. Alguien entra en la casa. Jaime se pone tenso. Alguien llega a la puerta del estudio. Jaime se pone más tenso aún. Alguien entra en la habitación y Jaime descubre que se trata de la 'difunta' Adela de Otero, y como no es supersticioso ni cree en los fantasmas, pide a Adela de Otero que le explique con detalle que es lo que está pasando. Ésta procede a contarle toda su vida desde que era pequeña hasta el momento actual y le desvela todas las claves del misterio y de las muertes quitándose su disfraz de educada alumna de esgrima y dejando ver su personalidad de experimentada asesina implicada en un complot para acabar con la vida del marqués de Ayala. También le explica que está muy apenada por tener que matarle también a él, igual que hizo con el marqués y con su criada (el cuerpo del depósito). Tras esto, toman un estoque cada uno y se enzarzan en una singular lucha a muerte que acaba con la victoria de Don Jaime.
La vida de Jaime vuelve a su cauce natural a partir de entonces dejando atrás las oscuras redes de la política y las penurias sentimentales, concentrado en la búsqueda de su único y verdadero sueño: encontrar la estocada perfecta.
PERSONAJES DE LA NOVELA:
Don Jaime Astarloa es el protagonista del libro. Un hombre de delgadez extrema que le da un aspecto de fragilidad, pero que, a pesar de su edad, es capaz de moverse como en su juventud largas y nudosas extremidades y tiene una habilidad innata para manejar el estoque. A sus cincuenta y nueve años, es conocido por sus educados modales de renombrado caballero, maestro de armas más importante de Madrid y tranquilo y paciente contertulio en un viejo café llamado “El Progreso” y en el cual oye cada tarde la charla de sus compañeros de tertulia y sus discusiones sobre política.
Su vida ha sido muy monótona desde que se asentó en Madrid como maestro de armas, y su caudal siempre es el justo para llegar a fin de mes, aunque de vez en cuando se permite algún que otro capricho.
De joven su vida estaba encaminada al ejército. Tenía plaza segura en él, ya que era huérfano de héroe de guerra, pero un amor apasionado le llevó a batirse en duelo contra otro galante rival. Al derrotarlo tuvo que huir de allí y desde entonces su vida cambió para siempre. Su huida le llevó a París, lugar donde conoció al que sería su maestro, Lucien de Montespan.
Muy pronto el maestro descubre las ocultas habilidades que Jaime Astarloa posee para la esgrima. Le enseña todo lo que puede enseñarle y le permite acompañarlo por los viajes que hace frecuentemente por toda Europa. Al pasar por Roma deciden establecerse allí. Jaime se hace famoso por su habilidad y por sus clases, ya que su maestro le pasa los alumnos más novatos para que éste les inicie en las nociones básicas de la esgrima. Vuelve a enamorarse apasionadamente en Roma, pero esta vez el amor se marcha de forma natural. Sin embargo también se ve obligado a luchar para defender el nombre de su maestro, obteniendo más victorias y más fama.
Montespan empieza a notar los síntomas de la enfermedad que lo mataría años después y decide viajar a Madrid. Su fiel discípulo lo acompaña una vez más y se queda junto a él hasta el día de su muerte.
Poco antes de morir, Jaime tuvo que enfrentarse al que sería su contrincante más temido, un zurdo que impartía clases sin pertenecer a la academia legalmente, al contrario que Jaime que se había hecho socio tiempo atrás y poseía su propio título. La academia le mando a él para arreglar el asunto. Y lo arregló con creces. Desde la muerte de Montespan se asentó en Madrid, buscando un sueño, la estocada imparable, la perfecta, y aunque no lo conseguía llegó a crear un golpe muy efectivo al que llamó “el de los doscientos escudos” por el precio que ponía a todo aquél que deseara conocerlo.
Sus nociones sobre política son bastante pobres, como se demuestra cuando caen en sus manos unos documentos de alto secreto del estado y no es capaz de reconocer más que unos pocos nombres. Además, “a Jaime Astarloa le aburrían soberanamente las disputas sobre política que realizaban sus contertulios”.
Adela de Otero aparece en el libro tras mandar una carta a Jaime Astarloa citándolo en su casa para charlar sobre las clases de esgrima que ella desea recibir, alegando que desea aprender “el golpe de los doscientos escudos” y al principio el maestro dejaba bien claro no quería enseñarle. A pesar de todo, al final Adela de Otero le convence para que le imparta clases y acaba aprendiendo el golpe.
Pero esta misteriosa mujer de esbelta y delgada figura, complexión firme, paso decidido y decididos ojos violeta, no tiene por única intención sacarle el golpe a Don Jaime, también desea algo más del buen maestro. Un desengaño amoroso le hizo desear el suicidio siendo todavía muy joven, pero otro hombre entró en su vida, un hombre que, impulsado sólo por un sentimiento de piedad y sin pedir nada a cambio, cuidó a la niña, cerró sus heridas y se convirtió en el padre que nunca había conocido, en el hermano que jamás tuvo, en el esposo que ya nunca tendría. Durante dos años el hombre se encargó de educar a esta niña para convertirla en una verdadera mujer El hombre no reparó en gastos para educarla. Maestros de baile, esgrima, equitación. Un día, él tuvo que volver a su país, con su mujer y sus hijos, pero la dejó a ella en una casa donde podría vivir una vida libre y tranquila. Durante siete años y a distancia, este hombre se encargó de que nada le faltase. Ella se sentía atada por una enorme deuda que había contraído a costa del favor. Un día, ese hombre se metió en un problema relacionado con política y cometió un terrible error, el de financiar uno de los intentos revolucionarios de Prim. Pero al fracasar este movimiento y ser descubierto él como financiador del mismo, tuvo que traicionar a sus aliados para salvarse. De esto tenían noticia tres personas, dos de ellas murieron de muerte natural, pero la tercera seguía con vida: el marqués de los Alumbres, que decidió aprovecharse de la situación para sacar dinero. Para ello se apoderó de unos documentos que explicaban la situación y extorsionó al hombre que había cuidado de Adela durante la mayor parte de su vida. Ésta recibió el encargo de acabar con la vida del marqués.
Y usaron a Jaime Astarloa como medio para lograrlo. Al final del libro Adela le ofrece a Jaime un pacto por el cual él no hablaría sobre lo que había averiguado tras tan larga serie de acontecimientos y ella no solamente lo dejaría con vida sino que también se ofrecería ella misma como parte del trato. Pero Jaime aleja su deseo más inmediato y se niega a ocultar el nombre de un asesino. Adela comprende que no conseguirá convencerlo y triste por ello intenta matarlo. Pero es ella la que es derrotada por Don Jaime de Astarloa.
Luis de Ayala, marqués de los Alumbres es un hombre de fuerte complexión, risa poderosa y simpática locura, es uno de los pocos que mantienen una relación más o menos estrecha con Jaime Astarloa. Tiene el cabello abundante y crespo, y rebosa vitalidad, propenso al gesto ampuloso y a los arrebatos de pasión y de alegre camaradería. A sus cuarenta años, posee una notable fortuna según afirman. Soltero y apuesto, es un jugador arriesgado e impenitente mujeriego, el marqués es el prototipo de aristócrata calavera que no ha leído un libro en su vida, pero que puede recitar de memoria la genealogía de cualquier caballo de los hipódromos de Londres, París o Viena. Es objeto de murmuraciones de medio Madrid, y se cuentan de él todo tipo de historias, aunque no todas son ciertas. De su vida política se murmura poco, ya que ha sido fugaz, pero sus historias de faldas corren de boca en boca por la ciudad, rumoreándose que algunos encumbrados esposos tienen sobrados motivos para pedirle satisfacción, pero que lo hagan, eso es ya otro cantar. Cuatro o cinco le han mandado sus padrinos, más por "el que dirán" que por otra cosa, y eso, aparte del madrugón, les ha costado invariablemente amanecer desangrándose sobre la hierba. Incluso afirman las lenguas de doble filo que en la lista de esos esposos se encontraba el mismísimo rey consorte. Tiene por costumbre enamorarse varias veces al mes y es un gran conocedor de los placeres de la vida.
Ocupó durante una corta época el puesto de ministro junto a su tío Vallespin. Fue ahí donde tuvo contacto con los oscuros asuntos que rodean a la política y ganó el acceso a los archivos del ministerio, de donde sacó cierta información que perjudicaba a cierto hombre. El marqués usó estos documentos para extorsionarle y sacar una buena tajada.
Varios años después, su acción sumada a la facilidad con que se entregaba a las mujeres le hacen caer en manos de Adela de Otero, la cual durante una cena en su apartamento, intenta sustraerle una especie de confesión y al no conseguirla lo mata con un estoque en su propia casa, en su propio salón, sin que el enorme corpachón de Luis de Ayala pueda reaccionar de forma defensiva ya que estaba algo embriagado por el buen sabor del vino y los extraños juegos de su estupenda acompañante, que sería la última que conocería.
EN EL CAFÉ "EL PROGRESO"
Es un oasis de frescor en medio de la canícula madrileña en veranoy, en invierno, huele constantemente a humedad y grandes manchas amarillean las paredes y techos.
Allí se reune asiduamente un grupo singular para tratar diversos temas que acaban siempre en disputas motivadas por la política.
Agapito Cárceles tiene pinta de cura exclaustrado, y es uno de los primeros miembros del grupo y el que participa más activamente. Este hombre malvive dando sablazos a los conocidos y escribiendo artículos en periódicos casi desconocidos con el seudónimo “El patriota embozado”, nombre que hace reír al grupo.
Se autoproclama republicano y antifederalista relatando sonetos antimonárquicos compuestos por él mismo por medio de varios ripios.
Don Lucas Rioseco es un hombre tranquilo, un caballero de buena familia venido a menos, misántropo, frisando los sesenta y cuya mayor afición es la de sacar de quicio al señor Cárceles, pues son de diferentes ideologías políticas. Es viudo, sin hijos ni fortuna y es sabido por todos vive gracias a la caridad de sus buenas vecinas.
También está Marcelino Romero, que es profesor de piano en una escuela de señoritas, tísico, sensible y melancólico. Su mayor deseo es granjearse un nombre en el campo de la música profesional. También se reúne con ellos Antonio Carreño, funcionario de abastos. Pelirrojo y flaco, con barba cobriza muy curtida, semblante adusto y amigo de pocas palabras
El más importante de todos ellos en la novela es, sin duda, Agapito Cárceles ya que es el elegido por Jaime Astarloa para descifrar el verdadero contenido de los documentos que se le entregan. Al descubrir los secretos de estos papeles y viendo marcharse a Don Jaime, coge los papeles para sí. Pero al igual que al marqués de los Alumbres, la avaricia rompe el saco, y es asesinado en su propia casa por dos maleantes contratados para encontrar uno de los papeles, uno que Agapito Cárceles no tiene en su poder. 
MARCO HISTÓRICO
El argumento del libro se desarrolla en el año 1868. Para comprender mejor los sucesos políticos de ese  año, conviene explicar algunos asuntos de años anteriores, partiendo de la regencia de Isabel II y de Espartero.
Regencias de María Cristina y de Espartero
Durante los treinta y cinco años del reinado de Isabel II , se consolidó el difícil tránsito en España de un estado absolutista a otro liberal-burgués con una serie de cambios que afectaron al régimen político y al sistema económico y social. Su reinado se inició con la semi-concesión liberal de una carta otorgada, el Estatuto Real (1834). El definitivo impulso liberal se abrió en 1836 tras el golpe de Estado de los sargentos de La Granja.
Tres son las medidas principales que se pusieron en marcha de manos del presidente de gobierno Juan Álvarez Mendizábal: la desamortización de bienes de la Iglesia, la creación de un Ejército capaz de doblegar al carlismo y la institucionalización del régimen. Pero la medida más importante fue, en este arranque del reinado de Isabel II, la elaboración de una constitución acorde con la ideología triunfante. Oficialmente se hizo una adaptación de la idealizada Constitución de Cádiz de 1812, pero el resultado real fue una nueva Constitución (1837), mucho más ceñida a la realidad social. El progresismo, que además lograba un relativo éxito contra el carlismo (Convenio de Vergara, 1840), alcanzó su momento culminante de la mano del militar que capitalizó la victoria, el general Espartero. Entre 1840 y 1843 Espartero llegó incluso a desplazar de la regencia a la misma reina madre, con una línea de gobierno claramente autoritaria que provocó el rechazo de una parte del progresismo, lo que acabó por abrir las puertas al conservadurismo.
La 'década moderada'
De la mano del Partido Moderado, a partir de 1844 y durante una década, se consolidó un liberalismo muy restrictivo (sólo una minoría de ciudadanos tenía derechos políticos). El caciquismo, en buena medida, empezó a tejer sus redes a partir de 1844. El nuevo sistema se plasmó en la ciertamente conservadora Constitución de 1845. El hombre fuerte del período, el general Ramón María Narváez, consiguió evitar en 1848 la oleada revolucionaria extendida por gran parte de Europa, en buena medida, más por la falta de una estructura social afín que por las medidas de dureza adoptadas. Esta fase se cerró con el 'tecnócrata' Juan Bravo Murillo, quien llevó a cabo una amplia labor administrativa y hacendística.
El 'bienio progresista'
Entre 1854 y 1856 de nuevo el Partido Progresista se volvió a hacer con el poder —toda vez que el sistema político adoptado le excluía en la realidad— mediante un acto de fuerza, el pronunciamiento de Vicálvaro (la denominada Vicalvarada de 1854). El principal dirigente progresista, Espartero, volvía así al primer plano. De este período lo más trascendente resultó, sin duda, la desamortización civil llevada a cabo por el ministro Pascual Madoz.
La supremacía de la Unión Liberal
Narváez volvió a conseguir el poder durante un bienio más (1856-1858); sin embargo, los cambios sociales terminaron por abrir el camino a un sistema más templado, el de la Unión Liberal (1858-1863), en torno a otro militar, el general Leopoldo O'Donnell. Un periodo de relativa estabilidad social, durante el cual O'Donnell jugó un activo papel en el exterior, hasta el punto de poder hablarse de una etapa neo-imperialista: guerra en Marruecos (Paz de Wad-Ras, 1860), intervención en México (junto a franceses e ingleses), en Indochina, en Annam (con los franceses), anexión de Santo Domingo y presencia activa en el Pacífico (bombardeo del puerto de El Callao).
Crisis definitiva
La última etapa del reinado de Isabel II (1864-1868) fue de clara descomposición política. Junto a la crisis económica, aparecieron reiteradas sequías y problemas de adaptación de una economía que no había comenzado su desarrollo verdadero. Los nuevos grupos sociales en ascenso (clases medias y obrerismo) exigían un cambio en profundidad. La respuesta del régimen no fue otra que resistir mediante la fuerza. En el último momento, con Luis González Bravo, el régimen rozó el sistema dictatorial. El final llegó con la incruenta batalla de Alcolea (1868), que abrió las puertas de la Revolución de 1868, la cual supuso el destronamiento definitivo de Isabel II, quien en 1870 abdicó en su hijo Alfonso XII para favorecer la vuelta de la monarquía Borbónica a España. Isabel II murió en 1904 en París, ciudad donde vivió desde su derrocamiento.
INSTITUCIONES ESPAÑOLAS DEL SIGLO XIX
Congreso de los Diputados.- Denominación de la cámara baja del Parlamento español. El origen del término se remonta al Título IV de la Constitución española de 1837, promulgada durante la minoría de edad de la reina Isabel II por decreto de su madre, la regente María Cristina de Borbón. Su precedente inmediato fue el estamento de procuradores de 1834. Más remoto es el de las Cortes estamentales de los diversos reinos de España.
Las Cortes surgieron cuando los representantes elegidos por los municipios fueron admitidos en las deliberaciones sobre ciertas materias de la Curia Regis, en concreto cuando la Corona necesitaba una ayuda económica superior a la proporcionada según la tradición y por falta de un derecho legal a imponer gravámenes adicionales sin la aprobación de los municipios. El Congreso de los Diputados se compone de un número variable de miembros que, en todo caso, no puede ser inferior a 300 ni superior a 400, elegidos por sufragio universal, libre, igual, directo y secreto. La Ley de Régimen Electoral de 1985 fija su número en 350.
Las funciones y objetivos asignados al Congreso de los Diputados se cumplimentan a través de los siguientes órganos: la presidencia, la mesa, la junta de portavoces, las comisiones, la diputación permanente, los grupos parlamentarios y la secretaría general.
El 24 de julio de 1834 las Cortes Generales del Reino se congregaron por vez primera en el emplazamiento en que ahora tiene su sede el Congreso, reconstruida tras el violento incendio sobrevenido cuando sirvió de residencia al duque de Angulema en 1823, que restauró el absolutismo al frente de los Cien Mil Hijos de San Luis. Correspondía entonces al convento e iglesia de padres clérigos menores del Espíritu Santo, fundado por Jacobo de Gratis (Caballero de Gracia).
En mayo de 1841 el Congreso de los Diputados inauguró las sesiones en su sede provisional del Salón del Teatro de Oriente.
El 10 de octubre de 1843 Isabel II colocó la primera piedra del nuevo edificio sobre el sitio mismo que ocupaba el antiguo. La construcción, bajo la dirección y planos del arquitecto Narciso Pascual y Colomer, quedó concluida en 1850 y el 3 de noviembre se celebró la solemne apertura de Cortes. Luego se le incorporarían los famosos leones, fundidos con el bronce de los cañones capturados a las tropas de Marruecos en la guerra de 1859.
LAS CORTES DE CÁDIZ
Tras las abdicaciones de Bayona de Carlos IV y Fernando VII, España mantuvo entre 1808 y 1814 una dualidad de poderes donde convivieron traumáticamente los partidarios de la solución oficial encabezada por el rey José I, hermano de Napoleón Bonaparte, y un pueblo alzado en armas contra el invasor francés. El contexto bélico de la guerra de la Independencia y la tenue reforma política inherente al Estatuto de Bayona de 1808, no impidieron que una minoría de españoles intentara aprovechar la delicadeza del momento para, en lugar de reclamar el retorno de Fernando VII y del Antiguo Régimen, acabar de una vez con él y dar auténtica réplica constitucional a la aludida Carta otorgada napoleónica.
Estos doceañistas, y de manera especial Agustín de Argüelles, fueron los responsables de la redacción y puesta a punto del texto aprobado por las Cortes de Cádiz el 19 de marzo de 1812, mítico arranque del constitucionalismo en España. Frente a la representación orgánica consustancial al viejo ordenamiento, allí se defendió por vez primera y siguiendo los postulados liberales de E. Joseph Sieyès el carácter inorgánico proporcional a la población, que identificaba a los diputados a Cortes con los intereses generales y no con los de un estamento concreto. La proclamación del sufragio universal para los varones mayores de 25 años con vistas a la elección del Parlamento unicameral, aunque se reguló mediante un sistema indirecto a cuatro grados (electores de parroquia, de partido, de provincia y diputados) que desvirtuaba en parte la generalidad del proceso, supuso un vuelco transcendental con el pasado. Lo mismo ocurría con el reconocimiento de principios políticos tales como la soberanía nacional y la división de poderes en la terna ejecutivo, legislativo y judicial, sin ningún tipo de interferencias (incompatibilidad entre el cargo de diputado y el de secretario de Despacho, equivalente a ministro), junto a otras novedades que configuran este abultado corpus (384 artículos) de gran calado constitucional y que, de forma intencionada, preveía su propia reforma de manera muy rígida, en aras de su estabilidad.
A pesar de las precauciones aducidas, la realidad del país discurrirá por otros derroteros. La monarquía limitada derivada de esta regulación nada tendrá que ver con el absolutismo imperante en España tras el retorno de Fernando VII en 1814. Hasta su fallecimiento acaecido en 1833 y salvo el breve paréntesis del Trienio Liberal (1820-1823), la Constitución gaditana no gozó de aplicación práctica alguna y sus más significados valedores sufrieron los rigores de la represión y el exilio. Durante la minoría de edad de Isabel II y ante la preocupante situación del país en plena conflagración civil (primera Guerra Carlista), la regente María Cristina de Borbón sancionó en abril de 1834 el Estatuto Real, una Carta otorgada a la vieja usanza y no propiamente una Constitución mediante la cual la Corona se desprendía de algunas atribuciones en un alarde altruista impelido por la adversidad circundante. Estos 50 artículos se limitaron a regular de manera escueta los requisitos para la convocatoria a Cortes, su estructura bicameral (Cámara de Próceres y de Procuradores) y funcionamiento, sin abordar compromisos políticos de mayor envergadura por expresa voluntad regia fielmente asumida por Martínez de la Rosa y Javier de Burgos, sus principales inspiradores.
Fase de consolidación del régimen liberal (segundo tercio del siglo XIX)
La inoportunidad del momento en que surgió el constitucionalismo en España resulta evidente, en plena invasión francesa, donde todo lo proveniente del otro lado de los Pirineos era tachado a nivel popular de antiespañol, incluyendo en dicho lote tanto a las personas físicas como a su propia ideología, sintetizada en el liberalismo político. La monarquía absoluta de Fernando VII se encargó de apuntalar este proceso involucionista, de ahí que su muerte sobrevenida en 1833 simbolice el final del Antiguo Régimen y el advenimiento del nuevo orden liberal bajo la disputada Corona de Isabel II. Dentro del reinado isabelino, que se prorroga hasta la revolución de 1868, recibieron su aprobación las constituciones de 1837, 1845 y 1856, si bien esta última careció del margen suficiente para su puesta en vigor, de ahí su histórico apodo de nonata.
El motín filoliberal de los sargentos en La Granja (Segovia, verano de 1836) desembocó de forma un tanto accidentada en la nueva Constitución de 1837, redactada por el veterano Argüelles y por Salustiano de Olózaga, joven valor del Partido Progresista. Su contenido denotaba un carácter transaccional visible en la combinación de elementos progresistas (soberanía nacional, división de poderes, determinados derechos y libertades), junto con rasgos sustanciales del moderantismo político (Parlamento bicameral, fortalecimiento del poder real). Esta intencionada versatilidad de cara a las dos facciones liberales (progresistas y moderados), en unos momentos difíciles con la Guerra Carlista al fondo, se unió a su flexibilidad en el procedimiento de reforma, clave para entender el nacimiento pacífico y excepcional en la España de la época del texto constitucional de 1845, circunscrito estrictamente en su gestación a los trámites legales previstos en la normativa anterior.
La Constitución promulgada el 23 de mayo de 1845, una de las más estables del panorama nacional al dilatar su vigencia hasta 1868, salvo un pequeño corte intermedio (1854-1856), recogía en su interior los postulados políticos del moderantismo en el poder, la tendencia dominante en la vida pública española durante el segundo tercio del siglo XIX (la llamada Década Moderada y el gobierno de la Unión Liberal). Entre sus principios básicos cabe destacar la soberanía conjunta Rey-Cortes, que reforzaba el papel ejecutivo del monarca y le añadía competencias legislativas de cariz decisorio (veto absoluto, disolución de las Cortes, nombramiento y separación de los ministros), así como el carácter conservador del Senado (ilimitado, vitalicio y designado por el rey) y la restricción de las libertades ciudadanas perceptible, entre otros indicadores, en un mayor recorte del sufragio.
En este sentido, el texto nonato de 1856, de signo progresista y fraguado a raíz del pronunciamiento de Vicálvaro (la Vicalvarada), contrario al liderazgo conservador, intentará por primera vez aunque de manera infructuosa ensayar una tímida libertad de conciencia frente a la confesionalidad del Estado y una composición electiva del Senado en términos similares a la Cámara de los diputados. La escasa duración del Bienio Progresista (1854-1856), clausurado militarmente por Leopoldo O'Donnell en el verano de 1856, impidió la plasmación práctica de estas novedosas medidas y del restante articulado constitucional.
En la España isabelina los levantamientos militares fueron el principal detonante de los cambios constitucionales, que giraron siempre en torno a las dos opciones liberales en liza y con un neto protagonismo del sector moderado. A la paz social de la época coadyuvaron otros instrumentos de signo coactivo (creación de la Guardia Civil en 1844), o de influencia más sutil (Concordato de 1851, símbolo de la reconciliación entre la Iglesia y el Estado), cómplices valiosos en el mantenimiento de la tranquilidad ciudadana. Ahora bien, garantizar el orden público resultaba menos complejo que lograr una estabilidad política en un país donde la participación popular brillaba por su ausencia, en virtud del sufragio censitario (derecho al voto sólo para determinados propietarios) defendido por moderados y progresistas con ligeras variantes en el cómputo de exigencias, y donde no existía un sistema de partidos ya que el juego político discurría al compás de los avatares domésticos de unos grupos de notables, liderados por militares (Narváez, O'Donnell, Espartero) y carentes de cuadros técnicos, bases sociales y arraigo popular. Esta manifiesta endeblez del sistema político es una de las lacras de la España del siglo XIX, hipotecada por las interferencias entre el poder civil, militar y religioso, y resistente a todo conato sólido de modernización.
Primer intento de acceder a un Estado democrático (1868-1874)
El pronunciamiento encabezado por el almirante Juan Bautista Topete en Cádiz a mediados de septiembre de 1868 consiguió, en pocos días y con el inestimable apoyo de Juan Prim, enviar al exilio a la reina Isabel II e introducir al país por una sinuosa senda regeneracionista. Durante el Sexenio Democrático comprendido entre 1868 y 1874, se vivió una intensa etapa de cambios políticos donde tuvieron cabida nuevas fórmulas democráticas de índole monárquica (Amadeo de Saboya) y republicana (I República), junto a ópticas territoriales del Estado de cuño descentralizador, federal, cantonal y, una vez más, fuertemente unitario. Militares como Manuel Pavía y Martínez Campos, autores materiales de los levantamientos consumados en enero y diciembre de 1874, junto al político conservador Antonio Cánovas del Castillo, serán los responsables del doble retorno en 1875 a la forma de gobierno monárquica y a la dinastía borbónica de la mano de Alfonso XII, hijo de la destronada Isabel II.
Todas estas instituciones son nombradas varias veces durante las charlas que mantenia Don Jaime de Astarloa con sus contertulios en ”el progreso”. Allí, se contaban las últimas noticias acerca de la guerra que se veia venir por motivo de la subida al trono. España estaba dividida y eso traería consecuencias que definirían el camino que iba a tomar la historia. Los avances de Prim, la preocupación de Narváez por los avances de Prim, las noticias de un inminente ataque por parte de este que estaba tomando posiciones para entrar en el país. Todo ello tiene su referencia en el libro en los capítulos en que aparece Jaime y sus compañeros en su café preferido. Por ejemplo: 25,26,27, donde se menciona que Prim y sus compañeros están en el destierro, lo que preocupa a muchos, ya que también se dice que prepara un movimiento llamado “la España con honra” y las dos partes especulaban decantándose una por la inminente abdicación de Isabel II y la otra parte formada por los liberales que se inclinaban mas hacia la llegada del sueño republicano. Luego se menciona algo en las páginas 100,101 y 102 donde los conversantes caballeros siguen especulando sobre la persona que reinara España cuando ya no lo haga Isabel II. En la 104 siguen opinando que Isabel dejara pronto su puesto actual, ya que sólo posee el apoyo de los moderados ahora y que Prim esta a punto de llegar al país. En estos textos y en muchos otros fragmentos que les siguen se habla del cambio que se esta efectuando en las opiniones de todos. En las páginas 151 y 152, triunfalmente Carreño anuncia la llegada de los lideres que tomaran partido en la guerra al país, afirmando “Es hora de elegir sitio en las barricadas”
Luego, la trama del libro descubre los documentos que Luis de Ayala dejó a su amigo Jaime de Astarloa. En ellos salen a relucir las intrigas políticas de Vallespín Andréu y Narváez, implicados en un asunto referente a las minas de plata de Cartagena. Por último, esta la carta que encuentra Jaime en su casa y que era el objetivo de Adela de Otero y de quien la mando. En ella se descubre el nombre de Cazorla Longo implicado en el asunto de las minas y agente infiltrado en las filas liberales a favor de Narváez y Vallespín. Toda esta historia terminara pronto, pues la revolución esta a la vista, como diría nuestro amigo Cárceles cuando aún podía.
PERSONAJES HISTÓRICOS QUE APARECEN EN LA NOVELA
Ramón María Narváez (1800-1868), político y militar español, presidente de gobierno en repetidas ocasiones desde 1844 hasta 1866, representante del Partido Moderado y una de las figuras claves durante el reinado de Isabel II.
Nació en 1800 en Loja (Granada). Durante el Trienio Liberal (1820-1823), participó en la neutralización de la sublevación absolutista de la Guardia Real, en 1822. Muerto el rey Fernando VII, participó en la primera Guerra Carlista, durante la cual se enemistó con el progresista Baldomero Espartero. Vivió exiliado en París durante la regencia de éste (1840-1843) y contribuyó a formar la Orden Militar Española, que promovía la sublevación contra el regente.
En mayo de 1844, declarada mayor de edad la reina Isabel II, fue nombrado presidente del Consejo de Ministros. Promovió la elaboración de una nueva Constitución, la moderada de 1845. Narváez fue siempre fiel a la reina y al sistema moderado. En su primer gobierno figuraron hombres como Alejandro Mon, ministro de Hacienda y promotor de una reforma fiscal que suprimió algunos tributos de carácter local; o Luis Mayans, que preparó el Concordato con la Santa Sede de 1851, en el que se llegó a un acuerdo respecto a la desamortización.
La obra del gobierno moderado de Narváez se aprecia en la racionalización administrativa, basada sobre todo en la centralización. En este sentido, es fundamental la ley de 8 de enero de 1845, relativa a la administración provincial y local. Para mantener el orden público, fue creada la Guardia Civil en 1844.
En 1851, después de su cuarto gobierno (1849-1851), Narváez fue sustituido por Juan Bravo Murillo. No participó en la revolución de 1854 ni en el gobierno del Bienio Progresista. Con el regreso de los moderados al poder presidió otros tres gabinetes (1856-1857;1864-1865 y 1866-1868), caracterizados por llevar a cabo una política represiva de cualquier movimiento revolucionario.
Murió en mayo de 1868 en Madrid, dejando al Partido Moderado sin su hombre fuerte y a la reina sin su principal valedor. Unos meses después, la denominada Revolución de 1868, articulada por progresistas y demócratas, provocaría la caída de Isabel II.
Juan Prim y Prats (1814-1870), militar y político español, presidente del gobierno (1869-1870). Participó en varios pronunciamientos y encarnó la figura del militar liberal conspirador. Nacido en Reus (Tarragona) en una familia liberal, su fama de hábil militar se fraguó en la primera Guerra Carlista. Después de esta, fue elegido diputado progresista por Tarragona (1841), identificándose con Baldomero Espartero, contra quien se levantó en armas en 1843. La caída de éste propició su nombramiento como gobernador militar de Barcelona y la represión contra los radicales le otorgó fama de moderado. Después de ejercer de capitán general de Puerto Rico (1847-1848), se reincorporó a la vida parlamentaria y defendió el proteccionismo de la industria catalana. Fue nombrado capitán general de Granada durante el Bienio Progresista (1855-1856). Próximo a la Unión Liberal, en 1856 ascendió a teniente general y fue nombrado senador. Durante la guerra de Marruecos (1859-1860) intervino en las batallas de Castillejos y Tetuán, que le valieron el título de grande de España y el marquesado de Castillejos. En 1861 dirigió la participación española de la expedición europea a México. En 1862 abandonó la Unión Liberal e ingresó en el Partido Progresista. A partir de su destierro a Oviedo (1864) rompió con Ramón María Narváez y con Leopoldo O'Donnell y se dedicó a conspirar. Propugnó el Pacto de Ostende (1866) con los demócratas para derribar a la reina Isabel II. El 19 de septiembre de 1868, después de proclamar el manifiesto España con honra apoyado por Práxedes Mateo Sagasta y Manuel Ruiz Zorrilla, con la ayuda de Francisco Serrano Bedoya y Juan BautistaTopete, desembarcó en Cádiz. Mientras una parte del Ejército se dirigía a Madrid Prim conseguía las adhesiones de las ciudades de Andalucía, Cataluña y Levante. El gobierno provisional, presidido por Francisco Serrano, duque de la Torre, le encargó el Ministerio de Guerra. En junio de 1869 Prim asumió la presidencia del gobierno, sin abandonar el Ministerio. Defendió la monarquía constitucional e hizo gestiones para encontrar un rey. Presentó la candidatura de Amadeo de Saboya, que las Cortes aceptaron (noviembre de 1870). No pudo asistir a su llegada, ya que el 27 de diciembre de 1870 sufrió un atentado del que moriría.
Luis González Bravo (1811-1871), político español, presidente del gobierno (1843-1844; 1868). Nació en Cádiz, progresista en su juventud, escribió en El Guirigay (1837-1838), desde el que atacó con saña al Partido Moderado y a la regente María Cristina de Borbón. Participó en la Revolución de 1840 pero se distanció de Baldomero Espartero, contribuyendo al movimiento que provocó su caída en 1843. Ya entonces había virado hacia el moderantismo y, con el apoyo de Ramón María Narváez, presidió el gobierno español entre diciembre de 1843 y mayo de 1844. Ejerció el poder de forma autoritaria, encarcelando a las oposiciones y desarmando a la Milicia Nacional. Creó también la Guardia Civil. En la última etapa de Isabel II dirigió el ministerio de Gobernación con métodos expeditivos (Noche de San Daniel, 1865) y, fallecido Narváez, asumió la presidencia del gobierno en abril de 1868 impulsando una política de ciega represión que no logró sino unir toda la oposición al régimen.
Francisco Serrano Bedoya (1813-1882), militar y político español. Nacido en Quesada (Jaén), combatió en la I Guerra Carlista junto a Baldomero Espartero, de quien fue estrecho colaborador durante su regencia (1841-1843). Al caer Espartero, se exilió y conspiró contra los gobiernos moderados. Regresó a España en 1849 y, después de la revolución de 1854, fue diputado y ascendió a mariscal de campo. En 1855 fue nombrado gobernador militar de Madrid. Con los gobiernos de la Unión Liberal ocupó distintas capitanías generales. El gobierno conservador de Luis González Bravo lo confinó a Canarias en julio de 1868, pero escapó y se trasladó a Cádiz para participar en la Revolución de 1868. Durante el Sexenio Democrático (1868-1874) fue primero, nuevamente, director general de la Guardia Civil (cargo que ya había ocupado desde finales de 1865 hasta junio de 1866) y, más adelante, ministro de Guerra. Acabó aceptando la monarquía de Alfonso XII, quien lo nombró senador vitalicio. Falleció en 1882 en Madrid.
Baldomero Fernández Espartero (1793-1879), militar y político español, regente del reino (1840-1843) y presidente de gobierno (1837; 1840-1841; 1854-1856). Hijo de un carretero de La Mancha, nació en Granátula (Ciudad Real) y estudió en el Seminario de Almagro. Militar con la guerra de la Independencia (1808), se hizo ingeniero en Cádiz (1810). Marchó posteriormente a luchar contra la independencia colonial americana (1815-1824). De regreso a España, se casó con una rica heredera de Logroño, María Jacinta Martínez, y ocupó varios destinos militares.
De ideas liberales, luchó contra los carlistas en la primera Guerra Carlista. Nombrado general en jefe del Ejército del Norte, dirigió el levantamiento del sitio de Bilbao (victoria de Luchana), por lo que la reina le recompensó con el título de conde de Luchana. Desde agosto a octubre de 1837 presidió un fugaz gabinete gubernamental. Fomentó hábilmente las divisiones entre los mandos carlistas, atrajo a Rafael Maroto hacia conversaciones de paz que terminaron en el Convenio de Vergara (31 de julio de 1839), que puso fin a la primera Guerra Carlista. Por este triunfo recibió el título de duque de la Victoria. Pacificó después el Maestrazgo, derrotando a Ramón Cabrera (1840).
Desde ese momento utilizó su prestigio y popularidad al servicio del progresismo. Nombrado presidente de gobierno en septiembre de 1840 (Ministerio-Regencia), con lo que sustituía a María Cristina de Borbón como regente; desde mayo del año siguiente, tras ser elegido por las Cortes, pasó a desempeñar la regencia hasta la segunda mitad de 1843. Buen militar, pero carente de talento político, reprimió duramente conspiraciones moderadas y republicanas. Expulsado del poder, vivió en Londres y en Logroño. Reapareció en la vida política junto a Leopoldo O'Donnell, con quien compartió el liderazgo político durante el Bienio Progresista (1854-1856), años en los cuales no en vano fue presidente del gobierno (desde julio de 1854 hasta julio de 1856).
Desde su retiro en Logroño fue un espectador pasivo de los acontecimientos, respetado por todos. Contempló el destronamiento de Isabel II (1868) y rechazó ocupar el trono de España ante el ofrecimiento de Juan Prim. El rey Amadeo I le concedió el título de príncipe de Vergara. La I República le respetó sus títulos. Restaurada la monarquía Borbónica, Alfonso XII le visitó en Logroño a su vuelta de las campañas victoriosas contra los carlistas del norte durante la tercera Guerra Carlista.
Isabel II (1830-1904), reina de España (1833-1868). Hija de Fernando VII y de su cuarta esposa, María Cristina de Borbón. Su nacimiento provocó problemas dinásticos, ya que hasta entonces el heredero era el hermano de Fernando VII, Carlos María Isidro, que no aceptó el nombramiento de Isabel como princesa de Asturias y heredera del trono, pese a que el rey hubiera derogado la prohibición de reinar a las mujeres (Ley Sálica).
Durante su minoría de edad fueron regentes su madre María Cristina, reina gobernadora hasta 1840, que se apoyó en los liberales para hacer frente al carlismo (primera Guerra Carlista, 1833-1839, provocada por el mencionado conflicto sucesorio), y el general Baldomero Espartero hasta 1843. A los trece años fue declarada mayor de edad. A los 16, después de numerosas conversaciones con potencias extranjeras, se la casó, contra su deseo, con su primo Francisco de Asís. Tuvo nueve hijos, algunos de los cuales murieron al nacer.
Salustiano de Olózaga (1805-1873), político y abogado español, presidente de gobierno (1843). Nació en Oyón (Álava). Perteneció a la Milicia Nacional de Madrid durante el Trienio Liberal (1820-1823). En 1834 fue nombrado jefe político (gobernador civil) de Madrid. Militó dentro del Partido Progresista. Diputado en varias ocasiones, participó en la elaboración de la Constitución de 1837. Embajador en París en 1840 y 1854. En 1843 fue presidente de Congreso y luego presidente de gobierno, cargo en el que duró unos días (desde el 20 de noviembre hasta el 5 de diciembre de 1843), acusado de coaccionar a la reina niña, Isabel II, para disolver las Cortes (Parlamento). Conspirador nato, estuvo detenido y desterrado en varias ocasiones. Su radicalismo democrático se acentuó a partir de 1855. Tras la Revolución de 1868, elegido diputado, presidió la comisión encargada de redactar la Constitución de 1869. De nuevo embajador en París, lugar donde murió.
Napoleón III (1808-1873), emperador de los franceses (1852-1870), creador del II Imperio Francés a mediados del siglo XIX, que gobernó hasta su derrota en la Guerra Franco-prusiana.
Carlos Luis Napoleón Bonaparte nació en París el 20 de abril de 1808. Era el menor de los tres hijos de Luis Bonaparte (rey de Holanda) y Hortensia Beauharnais, y sobrino de Napoleón I Bonaparte. Su familia había sido desterrada de Francia después de la caída de su tío, por lo que el joven se educó en Suiza y Baviera. Su madre le instruyó en la gloria de la leyenda napoleónica y orientó su camino para que restableciera el poder de los Bonaparte. El joven Luis escribió ensayos y tratados con el propósito de adquirir popularidad y exponer su programa político, en el que se presentaba como un reformador social de talante liberal, un militar con experiencia y un firme promotor del desarrollo agrícola e industrial. Encabezó entonces dos rebeliones destinadas a derrocar el régimen del rey Luis Felipe I de Orleans en 1836 y 1840. Fue condenado a cadena perpetua tras ser capturado en la última revuelta, pero consiguió escapar de prisión en 1846, atrayendo nuevamente la atención del pueblo sobre su persona.
Estos personajes participaron activamente en la historia de España configurándola de la forma que ya conocemos. Sus nombres aparecen en El maestro de esgrima en distintas ocasiones ya que conforman el trasfondo histórico de una novela con un argumento de misterio y asesinatos relacionado estrechamente con dicho trasfondo, que va absorbiendo a los personajes inventados por Arturo Pérez-Reverte.

miércoles, noviembre 09, 2016

Casi como unas pintoras

Como mis sobrinas siempre quieren estar conmigo, hoy me he aprovisionado como buena tía preferida y he comprado pinturas, rotuladores, pegatinas y recordables.
Así que los próximos fines de semana estaremos muy entretenidas pintando.

Novelas del pasado: Pedro Páramo

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Leí Pedro Páramo por recomendación, y me animó que fuera una edición tan breve. De hecho, es una novelita breve que se lee rápidamente, pero no me gustó. La novela se enclava en lo que se llama realismo mágico, que suena muy bien y otras novelas tuvieron su éxito en este subgénero, que esta también, aunque desde mi punto de vista, se le sublima cuando no es para tanto.
Pedro Páramo es la primera novela escrita por el autor mexicano Juan Rulfo, publicada originalmente en 1955. Escrita, según el propio autor, en cinco meses, la novela ha vendido millones de ejemplares en todo el mundo. 
Se trata del segundo libro de Rulfo después de El llano en llamas, recopilación de cuentos que aparecieron inicialmente insertos en varios periódicos de México. La novela ha contado con varias adaptaciones al cine.

La novela se inicia con el relato en primera persona de Juan Preciado, que prometió a su madre en el lecho de muerte que regresaría a Comala para reclamar a su padre lo que les pertenece. Preciado, cuyo nombre no conoceremos hasta avanzada la novela, sugiere que no tiene intención alguna de cumplir esa promesa hasta que comienza a tener visiones subjetivas de Comala y de Pedro Páramo, lo que le llevan a emprender el viaje. Su narración está fragmentada y se ve mezclada con diálogos de su recientemente difunta madre, Dolores Preciado. También se ve interrumpida y reemplazada por una línea narrativa en primera persona que aparentemente es de Pedro Páramo.
Preciado se encuentra con varias personas en Comala, a quienes, en determinado momento, comienza a percibir como muertas. Al acabar el primer tercio de la novela, la narración de Preciado se detiene y empieza el monólogo interior de Pedro Páramo como narrador omnisciente. La mayoría de los personajes en la narración de Juan Preciado (Dolores Preciado, Eduviges Dyada, Abundio Martínez, Susana San Juan y Damiana Cisneros) están presentes en esa narración omnisciente, pero con un perfil menos subjetivo. Las dos narrativas mayores que compiten dan versiones diferentes de Comala. Sin embargo, es la narración omnisciente la que describe a Pedro Páramo y da detalles de su vida, desde su idealización juvenil de Susana San Juan, su encumbramiento, sus abusos tiránicos, su condición de faldero, hasta su muerte. Aunque la condición destacable de su personalidad es la crueldad, Pedro Páramo también es mostrado como un padre que adoraba a su hijo, nacido fuera del matrimonio, Miguel Páramo, pero igualmente creado por él mismo. Como astuto jefe que sabe cómo manejar a sus mercenarios, impide que éstos arrasen Comala.
Mientras que la descripción de Juan Preciado es más o menos lineal, la de Pedro Páramo aparece en desorden e insertada por los fragmentos en la del hijo.

martes, noviembre 08, 2016

Se acerca la nieve

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Hace un tiempo helador. Creo que este año veremos la nieve antes de tiempo. Con lo poco que me gusta la nieve. Pero es lo que hay. No podemos hacer nada por evitarlo.
Las semanas se me pasan rápidamente, casi ni me entero. Y es que estamos a un paso ya de la Navidad, del fin de año y enseguida está aquí 2017.

lunes, noviembre 07, 2016

Marcha por la vida

La Asociación Española contra el Cáncer organizó ayer una marcha de siete kilómetros que se terminó denominando "marcha por la vida". Casi mil personas hicieron el recorrido entre Santo Domingo de la Calzada y Grañón y las dos poblaciones se llenaron de globos rosas.
El camino se llenó de gente durante la hora larga que cuesta ir de un lado a otro. Reconozco que yo nunca he ido andando; una vez fui en bici y el resto de las veces siempre en coche. 
Ayer hubiera sido diferente, pero estaba en Logroño, como ocurre la mayor parte de los fines de semana, aunque estaba de canguro con mis princesas y no me importó mucho perderme la marcha.
Era la primera vez que se organizaba esta iniciativa y tuvo bastante éxito. Además el día acompañó, hacía frío, pero al menos no llovía.

domingo, noviembre 06, 2016

Tiempo de nieves

Los del tiempo no se suelen equivocar mucho. Y es que cuando la semana pasada dijeron que el lunes habría nieve sonaba extraño, pero es cierto que esta noche hace el mismo frío que cuando nieva.
Por lo que parece, este año veremos la nieve mucho antes...

Fin de semana de niñas

Llevaba unas tres semanas sin ver a mis sobrinas. Pero estos días he tenido suficiente hartazgo.
Ayer vinieron a tomar chocolate y hoy he sido su canguro. Las niñas están encantadas. Y yo más.

Novelas del pasado: Plenilunio

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Hay libros de Muñoz Molina con los que no he podido (como El jinete polaco, comenzado en varias ocasiones y abandonado poco tiempo después de empezarlo). Y el de Plenilunio me costó leerlo por un motivo diferente: era tan crudo que me resultada difícil de leer, pero lo terminé. Después de este libro, leería algunos más del autor y este año, en el mes de junio, tuve ocasión de verle en la Feria del Libro de Madrid.

Un innominado inspector de policía que ha estado destinado durante muchos años en el País Vasco en la época de más asesinatos de la banda terrorista ETA, con la consiguiente vida angustiosa marcada por el miedo y las amenazas, obtiene destino en la ciudad donde pasó su adolescencia en un internado de los jesuitas. El inspector busca la tranquilidad y la seguridad de las que carecía en Bilbao. El contacto con el dolor y la muerte provocados por el terrorismo y la relación distante con su mujer le han convertido en un individuo infeliz y escéptico.
En su nuevo destino vuelve a encontrar otro tipo de violencia irracional, la que protagoniza un asesino y violador de menores, un hombre de aparente vida normal, pero perturbado, que se dedica a violar y asesinar niñas en las noches de luna llena (plenilunio).
Alrededor de las investigaciones policiales, se describe la vida de los personajes que mantienen una relación estrecha con el inspector: su mujer, la maestra Susana Grey, el padre Orduña, el médico forense Ferreras y el propio asesino. El eje de la novela no es la acción, secundario y dosificada, sino la reflexión sobre las vidas de estos personajes, condenados a la derrota y al fracaso.
El inspector dedica todo su tiempo a la búsqueda del criminal, que espera conocer por la mirada y que logra detener gracias a la constancia y a la perspicacia policial. Como contrapunto a esta historia criminal, el inspector vuelve a encontrar el amor con una maestra veinte años más joven que él, que le devuelve la ilusión de vivir.
De fondo, la sombra del terrorismo que padeció en Bilbao planea de nuevo sobre él. Termina convirtiéndose en víctima de un atentado de ETA, del que sale malparado. 

Los personajes de la novela son individuos desilusionados que ya no esperan nada importante de la vida. El inspecto ha llevado una vida muy dura en Bilbao, que ha provocado la enfermedad mental de su mujer. El asesino muestra su frustración familiar y vital. El padre Orduña acusa del fracaso de sus ideales y del olvido a que está sometido. Susana Grey, la maestra, lleva una vida solitaria provocada por el fracaso matrimonial y por el abandono de su hijo en la adolescencia. Susana es el único personaje que lucha contra su vida gris. Ella lleva la iniciativa en la relación amorosa con el inspector y, además, toma la determinación de abandonarlo todo para un cambio de vida en Madrid. El final de la novela abre un camino a una vida más halagüeña, que la relación de Susana y el inspector se consolide, que la fe religiosa del asesino sea sincera y que el forense Ferreras consiga la felicidad.
Con respecto al inspector, no se nos brinda su nombre, y de su aspecto físico sólo se nos dice que tiene el pelo gris, mediana edad y ropa más bien del norte que de su nuevo destino. Es un policía normal, con problemas amorosos, que hasta hace poco abusaba del alcohol, del tabaco y visitaba los prostíbulos. Ha llegado a esta situación por la vida traumática (atentados, amenazas, llamadas telefónicas) que ha llevado en el País Vasco, que ha destrozado psíquicamente a su mujer. En el nuevo destino intenta rehacer su vida y entabla relaciones con Susana Grey, con quien va a descubrir la pasión y el amor, pero siente culpabilidad por la enfermedad de su mujer y esto le impide romper definitivamente con el pasado.
El inspector tiene un pasado de espía, de policía social durante la dictadura. Aunque era hijo de un preso político, cuando era joven se ganaba la vida en la universidad pasando informes sobre los estudiantes politizados. En el aspecto profesional, es un policía concienciado y entregado a su trabajo. Él es el que lleva el peso de la investigación del crimen con obsesión. El inspector tiene elementos de la novela negra: una vida difícil, un sentimiento de desarraigo y la búsqueda de la verdad en un contexto violento.
Con respecto al asesino, se le puede considerar el antagonista del inspector. Al principio, el narrador va dosificando la información sobre el sospechoso, algo habitual en las novelas policíacas. Reitera que el asesino debe llevar el mal impreso en la mirada. Después nos va dando los primeros datos: es un joven moreno, con una mano herida y con una profesión manual. Más tarde nos va revelando la identidad del asesino a través de sus actos y sus pensamientos. Se trata de un personaje atormentado, frustrado y acomplejado por el diminuto tamaño de sus órganos sexuales, por su impotencia, por su oficio de pescadero y por su origen humilde. De su aspecto físico, destaca el gran tamaño de sus manos, sus uñas sucias y rotas y el olor a pescado que siempre impregna toda su ropa.
En el aspecto moral desprecia a sus padres, consume películas pornográficas y es un reprimido a nivel social, sexual y profesional. Como no es capaz de tener relaciones con chicas normales, busca su desahogo atacando a prostitutas o abusando de menores.
Susana Grey es la maestra de la niña asesinada, Fátima, pero su papel es singular, porque va a ser el centro de la trama amorosa con el inspector. Su vida insatisfactoria procede de un fracaso matrimonial con un hombre con el que nunca fue feliz y por la frustración que supone el hecho de que su hijo decida irse a vivir con su padre cuando llega a la adolescencia. Susana es una mujer decidida que lucha por conseguir la felicidad. Ella es la que lleva la iniciativa en la relación amorosa con el inspector. Estamos ante una mujer culta, amante de la literatura y de la música. Frente a los demás personajes, Susana se muestra sensible, culta e inteligente. Es el nexo de unión que une a todos los personajes, pues es amante del inspector, amiga del forense Ferreras, profesora de la niña asesinada y cliente del asesino.
El ex marido de Susana muestra el fracaso de unos ideales progresistas mal asimilados y peor llevados. Sólo Susana abandonada por el marido y por el hijo muestra una capacidad efectiva para sobreponerse al fracaso y al miedo a la soledad.
El padre Orduña, viejo sacerdote jesuita y ex profesor del inspector, sirve para poner de manifiesto el contraste entre el franquismo y la transición democrática. Aparece caracterizado como un cura obrero empeñado en conjugar el cristianismo con el comunismo. Es una figura arquetípica de los últimos años de la dictadura. Se trata de un hombre de otra época, la realidad le ha desbordado y no encuentra su sitio en la nueva sociedad.
Su papel en la novela consiste en explicar la infancia del inspector, hijo de un represaliado en la guerra civil al que, como profesor, no ha conseguido transmitir sus ideales. También cumple la función de escuchar al inspector en una confesión laica mediante la que conocemos sus frustraciones y sus debilidades.
El forense Ferreras tiene dos funciones en la novela, la primera la propia de su profesión: el informe sobre la muerte y la violación de las niñas. Es un profesional cuidadoso y riguroso con su trabajo. La segunda función es la de informarnos del pasado de Susana recién llegada a la ciudad, pues era amigo de su marido hasta que éste se fugó con su novia. En cuanto al carácter, se muestra jovial, impulsivo y charlatán.
La mujer del inspector ayuda a comprender la soledad del inspector. Su matrimonio no ha sido feliz y se agrava con los problemas psiquiátricos como consecuencia de la violencia sufrida en el País Vasco. Esto hace que el inspector se sienta responsable de su estado y no se decida a terminar su relación con ella. Es el principal escollo para que el inspector sea feliz junto a Susana Grey. Al final sólo sabemos que los médicos le van a dar el alta.
Fátima es la niña asesinada, que el inspector conoce después de muerta por el testimonio de la maestra y por las fotos y vídeos domésticos. Procede de una familia obrera y es la mejor alumna de la clase.
Paula es la segunda niña atacada que sobrevive milagrosamente. Se muestra valiente y, con la ayuda del inspector, será capaz de afrontar la situación con entereza. El inspector va a establecer una relación muy cercana con ella, que choca un poco con la imagen dura y problemática que tenemos de él. Esto es un síntoma del cambio que se está produciendo en el inspector, a raíz de su relación con Susana Grey.

En cuanto al tiempo, no hay ninguna referencia al año en que se suceden los acontecimientos. Los hechos son posteriores a 1975 y anteriores a 1887 (año de publicación de la novela). Todas las referencias al franquismo son en pasado. Hay algunos indicios que nos aproximan a la fecha de la acción, por ejemplo, el asesino manifiesta que ha visto varias veces la película El silencio de los corderos, estrenada en 1990. Susana Grey además compara la muerte de la niña con las violaciones y asesinatos realizados por los militares serbios en la guerra de Bosnia (la guerra de la ex Yugoslavia transcurrió entre los años 1991 y 1995). Por lo que los hechos narrados podrían sucederse en el primer lustro de la década de los 90.
Con respecto al tiempo interno de la novela, la acción se desarrolla a lo largo de un año. El narrador aporta algunas referencias temporales: el inspector ha llegado a la ciudad unos meses antes, el crimen de Fátima sucede a finales de otoño o principios de invierno, la violación de Paula se produce unas semanas antes de las vacaciones de Navidad, el inspector dice que añora el frío y la lluvia del lejano invierno y el narrador dice que han pasado siete meses desde la muerte de Fátima. Con estos datos, se puede afirmar que la novela se desarrolla siguiendo un orden lineal entre la primavera y el otoño.
La mayor parte de la novela transcurre en un ambiente nocturno. Tanto el asesinato de la niña como la relación de Susana con el inspector suceden por la noche. Sólo los tres últimos capítulos se desarrollan a la luz del día, que simboliza la superación del temor tras la detención del asesino.

En lo que se refiere al espacio, no se nombra la ciudad donde transcurre la acción, sólo se dice que es una ciudad "alta e interior". Cuando la acción sucede fuera de la ciudad se describe el paisaje con elementos de ciudades andaluzas: olivares, cortijos, el color pardo o rojizo de la tierra, y además hay varias referencias al río Guadiana. Todo esto hace suponer que la ciudad donde suceden los hechos es Mágina, designación literaria de Úbeda (ciudad natal del autor).
Los espacios exteriores tienen su importancia en la novela, ya que tanto el inspector como el asesino pasean a menudo por la noche por las calles de la ciudad. El inspector, para detener al criminal, y el asesino, para gozar de la sensación de impunidad.
Los espacios interiores sirven para conocer mejor a los personajes, pues reflejan su personalidad y su modo de vida. La casa del inspector se describe como un piso vacío y este vacío físico no es más que una proyección de su estado de ánimo. El antiguo colegio donde vive el padre Orduña nos ayuda a comprender mejor al personaje, pues se define como anticuado y decrépito. Las casas de las víctimas se caracterizan por la modestia propia de una familia trabajadora y por las abundantes fotografías de las niñas. La decoración de la casa de Susana Grey refuerza su imagen de mujer culta e independiente. La casa del asesino da una sensación de vulgaridad y opresión. Vive con sus padres, pero se encierra en su desordenada habitación, donde pasa las horas viendo películas pornográficas. La cafetería de la plaza, el Monterrey, se describe desde la perspectiva del inspector. Su instinto de protección le hace sentarse en una mesa frente al ventanal que da a la plaza. Estas precauciones hacen que sintamos el peligro de sufrir un atentado.

Respecto al narrador, se trata de un narrador omnisciente que habla en tercera persona, que nos transmite con objetividad lo que ve, pero también lo que piensan o recuerdan los personajes. No los juzga, simplemente transmite lo que hacen o piensan.
A pesar de que la tercera persona es el punto de vista predominante, aparece la confesión personal en primera persona inserta dentro de un diálogo. Cuando Susana cena por primera vez con el inspector le cuenta las vicisitudes de su fracaso matrimonial o cuando el inspector habla con el padre Orduña sobre la búsqueda del asesino y sobre su vida en el colegio.

En cuanto a las técnicas narrativas, hay varios hilos narrativos: el primero y primordial, la trama policial; el segundo, las vivencias del inspector en el País Vasco y el temor a un atentado terrorista; y el tercero, en contrapunto ante tanta desolación, la historia de amor entre el inspector y Susana.
En el desarrollo de la trama, cada capítulo suele estar dedicado a un personaje. A veces, en un mismo capítulo, de forma alterna, a personajes o acontecimientos distintos. Esta forma de narrar parece que tiene influencia del cine o de las series de televisión.
Se utiliza la técnica del suspense para despertar el interés del lector. Se interrumpe el relato en momentos de máxima tensión, dejando al lector con la intriga de lo que sucederá. El suspense de la novela se construye sobre la oposición entre el avance de la investigación del crimen sexual y la planificación silenciosa del atentado de ETA contra el inspector. Sabemos que el asesino de la niña está libre y puede volver a actuar y sabemos que un asesino acecha al policía, porque ha visto su imagen en la televisión y sabe dónde encontrarlo. Pero estas dos líneas de suspense culminan al final de la novela: el asesino es puesto a disposición judicial y el terrorista conseguirá su objetivo, que no es otro que atentar contra el inspector.
Desde el propio título, la luna está presente en casi todos los capítulos de la novela y en los momentos de clímax como luna llena. La luna actuaría a modo de elemento cohesionador. Todo este protagonismo de la luna se basa en la creencia de que la luna llena incita a las personas al mal. 

Dentro del estilo, se utiliza mucho el polisíndetos y abundantes verbos para aumentar la tensión. En la presentación de los personajes aparecen la anáfora y el paralelismo para reforzar los rasgos que nos quiere transmitir.

Con respecto al significado de la novela, además del crimen y su investigación, Plenilunio es una novela en la que el autor reflexiona sobre temas de actualidad como la violencia, el terrorismo, el mal, el amor, la insolidaridad de la sociedad actual y sobre el sensacionalismo de los medios de comunicación.
La violencia se manifiesta en los abusos sexuales a menores y en el asesinato de Fátima. Hay otro episodio, que recuerda el padre Orduña, sobre el abuso y asesinato de uno de los niños del internado a manos de un fraile perturbado. En ningún momento el narrador se muestra moralista, sino que se limita a contar los acontecimientos de forma objetiva. El lector rechaza el mal y toma partido por las víctimas.
La otra violencia que planea por la novela es el terrorismo de ETA, que no sólo asesina con tiros en la nuca o coches bomba, sino que extiende su violencia al ámbito privado (policías y sus familias o empresarios extorsionados) con amenazas verbales, llamadas telefónicas a altas horas o con las pancartas en la calle. La mujer del inspector es víctima de esa otra violencia, que ha deteriorado su matrimonio y la ha llevado a un hospital psiquiátrico. La misma actitud desolada y escéptica del inspector es el fruto de la amenaza del terrorismo.
Todos los personajes muestran su extrañeza sobre la existencia del mal y no son capaces de comprender los motivos que llevan al asesino a cometer los abusos sexuales y el crimen.
La insolidaridad de la sociedad se manifiesta en la impunidad con que actúan los asesinos. El secuestro de las niñas, el traslado hasta el parque, los restos de sangre no despiertan sospecha de ningún ciudadano. Tanto los terroristas de ETA como el asesino pescadero logran cometer sus delitos ante la indiferencia, cuando no inhibición de los ciudadanos.
Otro tema presente es el del amor en una doble vertiente. Por un lado, el amor conyugal del inspector hacia su esposa, que es un amor roto, desgastado por el paso de los años y en el que se ha acabado la pasión. Pero el inspector no es capaz de romper el vínculo con su esposa, porque él se siente responsable de sus problemas psíquicos. La situación vivida en Bilbao, la presión y el acoso de ETA son las causas de su internamiento en un psiquiátrico. Esto le impide iniciar una nueva vida con Susana Grey, que queda convertida en relación adúltera.
La otra vertiente del amor se encuentra en la historia de amor del inspector con Susana Grey. La maestra aparece como la salvadora que le hace descubrir la auténtica pasión. Susana es el único personaje positivo de la novela. Se muestra como una mujer culta, aficionada a la literatura y a la música. Mujer divorciada, que ha tenido que criar a su hijo sola, que luego se va con su padre. Es una mujer independiente, que con cuarenta años, decide rehacer su vida tomando la iniciativa, algo impensable en décadas anteriores. Susana representa a la mujer moderna y liberada de las ataduras de la época de la dictadura.
Cabe destacar el sensacionalismo de los medios de comunicación, tan presentes en nuestra vida diaria. En efecto, cuando se da la noticia del asesinato de Fátima, la plaza se llena de cámaras y de antenas móviles para transmitir al minuto, llegando incluso a los telediarios. En esta actitud de los medios parece que pesa más el morbo para lograr audiencia que la información en sí misma. Prueba de ello es el abandono de todos los medios cuando pasa el momento y la investigación no avanza. Consciente de ello, el inspector quiere evitar que la noticia del ataque de Paula llegue a la prensa. Este hecho va a ser fundamental para detener al asesino. También asombra la aceptación silenciosa de la violencia y del terror suministrados a diario por los medios de comunicación.
El autor muestra al asesino como una figura despreciable, sin que quepa ninguna coartada estética ni relativista y vuelva toda su piedad solidaria con el dolor de las víctimas y de su entorno.
En la novela se hace un claro homenaje a las víctimas, frecuentemente abandonadas en el sistema jurídico español, si bien los asesinos tienen todo tipo de garantías procesales.
El autor parece buscar una reacción extrema de rechazo a la violencia. Como si la escritura tuviera una función catártica. Enfrenta al lector con detalles de unas descripciones que pueden herir su sensibilidad y su conciencia moral.

Adaptación cinematográfica.- En el año 2000 Imanol Uribe estrenó la adaptación al cine de Plenilunio. Colaboró en la adaptación Elvira Lindo en calidad de co-guionista. Interpretó al policía Miguel Ángel Solá, al padre Orduña Fernando Fernán-Gómez, y al asesino y violador, Juan Diego Botto.

sábado, noviembre 05, 2016

El dibujo

Le he pedido a mi sobrina mayor que me haga un dibujo y lo ha hecho: me ha dibujado a mí con un sol.
Hoy tocaba jugar con mis propias princesas.

viernes, noviembre 04, 2016

Llega el frío

Las temperaturas han bajado drásticamente hoy. Han dado nieve para el lunes en Valdezcaray. Y ahora sí que ha llegado el invierno.
Pero por fin es viernes y podemos disfrutar de una buena lectura y tranquilidad. Cambio de aires.
Estoy enganchada a mi nueva lectura, y ésta no me durará dos días.

Novelas del pasado: Ardor guerrero

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Ardor guerrero es una autobiografía de la vida del autor, Antonio Muñoz Molina,de cuando le llamaron a filas para hacer el servicio militar obligatorio “la mili”. El libro se sitúa a finales de la década de los 70 y comienzo de la década de los 80.
El protagonista, original de Jaén, es enviado a un campamento sito en Vitoria, en una época en el que los etarras cometían asesinatos casi a diario y las manifestaciones a favor de la independencia eran muy comunes, pero él a lo que más teme es a su instrucción, a sus superiores e incluso a sus compañeros. Según él, en la mili hay dos clases de soldados: los “empanaos”, que son muchachos que no se enteran de nada de lo que pasa a su alrededor y son muy distraídos, y los “amontonaos” que saben dónde están, en la mili, y aunque no les guste están atentos, aunque son los más violentos y los que suelen estar encarcelados. Aunque al llegar al campamento todos son conocidos por el mismo nombre de “conejos”.
Según él, una de las peores cosas del ejército es que ya no tienes nombre sino un identificativo, es como si te marcaran como una res, él pasa a ser J-54 (Jaén-54). En el campamento es donde peor lo pasa; el sitio no es para quedarse allí mucho tiempo, allí apenas hace amigos, pasa bastante frío, sufre algún que otro percance (como cuando está en la ducha y le quitan la gorra, viéndose obligado a robar otra).
Cuando hace la jura de bandera (señal de que su estancia en el campamento se ha acabado) y de disfrutar de un permiso de unos cuantos días, le destinan a San Sebastián, al cuartel de cazadores de montaña Sicilia-47. Allí llega a ser oficinista, cosa que deseaba desde su entrada en el ejército, pero sigue quejándose de todo, aunque ocupa un puesto que a muchos les gustaría ocupar. Siendo oficinista conoce a dos hombres más que trabajan con él, Salcedo y Matías, y a un paisano suyo, el brigada Peláez, que lo toma bajo su protección. Un día descubre un informe sobre él en la mesa del superior al que hacía de oficinista, en el que ponía que le vigilaran por rojo y que podía alterar el orden público, parece ser que por una pequeña manifestación a la que acudió y en la que le detuvieron. Durante mucho tiempo se sintió vigilado.
Cuando Matías se graduó (ya que era el más veterano, un “bisabuelo” como se les decia a los que les quedaba poco tiempo de mili ) y se fue, llegó a la oficina un muchacho nuevo llamado Pepe Rifón. Era un gallego independentista que simpatizaba con ETA.
Pepe y el protagonista se hacen muy amigos, juntos van, en los días de permiso, al cine, a pasear por San Sebastián y a las Herriko-tabernas donde colgaban carteles con las de fotos de etarras muertos o encarcelados. Durante el tiempo que le quedaba de mili Pepe y él se hicieron muy amigos, incluso después de la mili siguieron manteniendo el contacto hasta que, tras largo tiempo sin contacto entre ellos, Antonio lo llama y le dicen que Pepe murió en un accidente de tráfico.
Es un libro que trata más sobre tendencias políticas que sobre el ejército, e incluso parece más una crítica a la política y sociedad española después de la dictadura.
Es también una descripción de la sociedad de la época donde muchas cosas mantienen el ambiente de la dictadura y donde también se avecinan los cambios que proporcionó la década de los 80.

jueves, noviembre 03, 2016

Harry Potter y el legado maldito: Partes Uno y Dos


Reconozco que no me gusta mucho la historia. Comparada con los siete libros anteriores, ésta es demasiado cándida. Ni siquiera produce miedo. Ahora bien, el tema de viajar en el tiempo constituye una temática complicada de abordar, porque el tiempo fluye como un río, por lo que cambiar algo del pasado, por mínimo que sea, puede tener consecuencias catastróficas en el presente. Tocar el tema de viajes en el tiempo es loable, por su complicación.
Harry Potter y el legado maldito no es una novela al uso, de hecho, es una obra de teatro y está escrita como tal. De ahí que se lea muy rápido. La idea de la trama es buena, pero no sobresaliente. Y se tiende a comparar con las historias anteriores, por lo que sale perdiendo con creces.

Han pasado 22 años y nuestros pequeños protagonistas se han convertido en padres de familia. Harry y Ginny tienen tres hijos: James, Albus y Lily; Ron y Hermione tienen una hija, Rose; Draco Malfoy y Astoria tienen un hijo, Scorpius.

En la primera parte, nos encontramos en King's Cross, en el andén Nueve y Tres Cuartos, con un Albus Potter y Rose Weasley nerviosos porque es su primer año en Hogwarts. Todos los Potter y los Weasley son seleccionados para la Casa Gryffindor, por lo que Albus está nervioso por si no entra en esa Casa.
En el tren, se sientan con un muchacho solitario, Scorpius, un muchacho bonachón que no parece ser tan malvado como los Malfoy. Inmediatamente, Scorpius y Albus se hacen amigos, por lo que Rose se marcha. Albus será seleccionado para la Casa Slytherin, algo que sorprende.
A medida que pasan los años, Albus y Scorpius se hacen íntimos, pero en las casas familiares es otro cantar. Draco Malfoy se ha quedado viudo y no habla con su hijo de la soledad que ha dejado tras de sí el fallecimiento de Astoria, además quiere erradicar los rumores de que Scorpius es hijo de Lord Voldemort. En casa de los Potter, mientras que James y Lily son chicos perfectos, Albus es la oveja negra, incomprendido por sus padres, él siempre será el hijo de Harry Potter y odia a su padre por ser quien es. Harry intenta acercarse a su hijo, pero el muchacho se cierra en banda. Hasta que un día les visita en su casa Amos Diggory para pedirle el regreso de Cedric Diggory. El hombre ha oído que el Ministerio ha confiscado un giratiempo, y sabe que a través de ese artefacto, se puede cambiar el pasado y hacer que Cedric regrese. Albus escucha la conversación entre los adultos, mientras se le acerca Delphi, la sobrina que cuida de Amos Diggory en una Residencia de Ancianos Magos. Albus promete ir a visitarla.
Su amigo Scorpius le confirma lo del giratiempo, así que acceden con un encantamiento traslator al Ministerio de Magia, haciéndose pasar por la Ministra, Hermione Grainger; por Harry Potter, que también trabaja allí como encargado de la Seguridad Mágica; y por Ron Weasley, marido de Hermione. Roban el giratiempo y deciden trasladarse en el tiempo hasta el Torneo de los Tres Magos (Harry Potter y el cáliz de fuego) para evitar que Cedric Diggory gane el Torneo y, de esta manera, que Lord Voldemort no le asesine. Se dan cuenta que el tiempo en el pasado es limitado (no supera los cinco minutos), y llegan a la primera prueba, la de conseguir el huevo de oro, y evitan que Cedric lo consiga. Pero cuando vuelven al presente comprenden que algo ha cambiado: Ron y Hermione no están casados entre sí, Hermione es una malísima bruja profesora de Defensa de las Artes Oscuras, no existe Rose Weasley... Así que deciden regresar al Torneo de los Tres Magos y hacer fracasar en la prueba del lago a Cedric Diggory para que no consiga rescatar lo que hay dentro del lago. Consiguen hacerle perder la prueba, pero al volver al presente... únicamente vuelve Scorpius. La directora del colegio es Dolores Umbridge y celebran el Día de Voldemort. Harry Potter murió en el torneo, y ya no tuvo descendencia.

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Cementerio de Godric's Hollow

En la segunda parte, Scorpius comprende que no le gusta el mundo tenebroso, y entonces le cuentan que Snape es profesor en Hogwarts. Sabe que está solo y la única salida que ve es pedirle ayuda. Severus Snape le presenta a dos rebeldes del Ejército de Dumbledore: Hermione y Ron, que parecen odiarse. Cuando les cuenta lo que le ha ocurrido en sus viajes en el tiempo y que desea que todo vuelva a ser como en su presente, deciden revertir los conjuros, por lo que saldrán a la superficie, pero Hermione y Ron serán atrapados por los dementores que andan buscándolos, mientras Snape y Scorpius van al Torneo de los Tres Reyes para revertir los encantamientos. Lo consiguen, pese a que Snape sabe que en el otro mundo él está muerto, aunque se le considere un héroe. Finalmente, Scorpius y Albus son convocados al despacho de la directora de Hogwarts, la profesora McGonagall, junto a sus padres, para que les cuenten lo que ha ocurrido con el giratiempo. Sin embargo, los adultos no han encontrado el aparato. Scorpius y Albus se encuentran en su habitación de Slytherin y Scorpius le explica a su amigo que tienen que subir a la torre más alta para destruir el giratiempo. Cuando están a punto de hacerlo, aparece Delphi, que se lo quita y les hace regresar a la prueba del laberinto del Torneo de los Tres Reyes. Entonces ellos comprenden que la joven no es quien les ha hecho creer, es más, es la hija de Lord Voldemort y quiere que su padre regrese. Cuando se encuentran en el laberinto y el tiempo se agota, ella destruye el giratiempo y se quedan atrapados en el tiempo, como no pueden luchar contra ella, y además ha destruido sus varitas, se resignan a estar con ella que les vuelve a transportar en el tiempo, concretamente al 31 de octubre de 1981, el día en que los padres de Harry Potter fueron asesinados, pero Lord Voldemort no pudo matar al bebé que se encontraba en su cuna. Los dos muchachos recorren Godric's Hollow, un pueblo entrañable, mientras Delphi ha desaparecido. A estas alturas, ellos han comprendido que la joven quiere ver al padre que nunca conoció, además de hacerle regresar al poder y al mundo de los vivos.
Cuando Albus reconoce a los Potter y ve la manta que su padre le ha regalado en su casa, descubre cómo puede enviar un mensaje a sus padres, indicándoles en qué tiempo están y en qué lugar, y así, Harry Potter descubrirá en qué época se encuentran su hijo y el de Draco Malfoy. Además, Draco guarda un giratiempo sin límite de tiempo, por lo que deciden acudir a la iglesia de Godric's Hollow, donde Harry Potter se hará pasar por Voldemort, engañando a su hija, y así poder desarmarla entre todos, ya que la muchacha se ha convertido en una bruja muy poderosa.

No me ha gustado la candidez que destilan sus páginas. Draco Malfoy ya no es un ser tan malvado como le conocíamos en historias anteriores, y eso hace que la historia pierda fuelle. Los personajes son demasiado planos. Es un poco decepcionante.

LOS AUTORES:

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Jack Thorne escribe para el teatro, el cine, la televisión y la radio. Entre sus numerosas producciones para el teatro destacan Hope y Déjame entrar. Sus producciones para el cine incluyen War Book y  The Scouting Book for Boys, y para la televisión, Don't Take My Baby (ganadora del premio BAFTA), The Fades y la serie This is England. Está adaptando la trilogía de Philip Pullman, La materia oscura, para la BBC.
John Tiffany ha ganado diversos premios por su trabajo de director tanto en el West End como en Broadway. Ha dirigido Once, El zoo de cristal, Macbeth, Los bacantes, Déjame entrar y Black Watch. Es ayudante de dirección del Royal Court, y fue ayudante de dirección del National Theatre of Scotland entre 2005 y 2012.
J.K. Rowling es autora de la saga de Harry Potter, de otros tres libros complementarios publicados originariamente con fines benéficos, de la novela para adultos Una vacante imprevista y, con el pseudónimo de Robert Galbraith, de la serie de novelas policíacas protagonizadas por Cormoran Strike. J.K. Rowling debuta como guionista y productora con la película Animales fantásticos y dónde encontrarlos, que se estrenará en noviembre de 2016.

EL LIBRO:

Título original: Harry Potter and the Cursed Child - Parts One and Two
Autores: Jack Thorne y John Tiffany
Traductora: Gemma Rovira Ortega
Editorial: Salamandra (2ª edición, en octubre de 2016)
Número de páginas: 333
ISBN: 978-84-9838-754-4

Valoración: 7/10

RETOS:

Y lo incluyo en el mes temático, Noviembre: mes de la no novela, infantil y juvenil.

No hay más que libros nuevos

Todavía no he adquirido todas las novelas que quiero leer, pero es cierto que hay prioridades. Patria es una de esas prioridades. Hace años leí Los peces de la amargura, de Fernando Aramburu, y me impactó muchísimo. Sé que Patria tiene mucho del otro libro, pero con las sensaciones multiplicadas por mil. Por lo que he leído en críticas literarias, es un buen libro, pero muy crudo. Lo que ocurrió la semana pasada es que coincidí en una cafetería con el librero de Ezcaray y le dije que me lo reservara. Pero, como suele ocurrir, nunca salgo de una librería únicamente con un libro, y más con las novedades que hay en octubre y noviembre (recordemos que también sale ahora el Premio Planeta y el Finalista).
De Stephen King no hablo, porque quien haya leído algo del autor sabrá que engancha desde la primera página, y eso que en sus últimas novelas, deja de lado el terror y nos introduce en la novela policíaca. Creo que he leído en algún sitio que éste sigue a Mr Mercedes, y si no lo continúa, al menos aparecen los mismos protagonistas. Por tanto, no es terror. Da igual, King es un narrador prolífico y magnífico, por lo que no nos desencantará, al menos a aquellos que disfrutamos de su narración, donde se describe absolutamente todo. 
Hoy he gastado unos 46 euros, y serán los mejores euros invertidos del día. Estoy encantada con mis nuevas compras literarias. Y estoy deseando empezar con Patria.

miércoles, noviembre 02, 2016

Falcó


Como siempre, Pérez-Reverte no dejará de sorprenderme. En el suplemento del domingo, en el artículo que el autor habitualmente escribe cada semana, presentaba su libro de una manera extraordinaria, aunque el autor no necesita presentación: ya tiene su propio público. En el artículo explicaba que ha tardado un año y medio en perfilar a este personaje. Siempre he pensado que una novela son sus personajes, y si el personaje está magistralmente descrito, tanto como para ofrecernos a una persona que podría ser de carne y hueso, pues su personalidad compleja se nos ha brindado hasta en el más mínimo detalle... entonces esa novela será una pequeña obra maestra. Y esta novela, Falcó, nos habla de un personaje excepcional que se salta las reglas, Lorenzo Falcó. Como siempre en los personajes creador por Pérez-Reverte, es un personaje turbio, fuera de lo normal, pero en el fondo ese personaje mantiene un aire romántico que, a ojos del lector, puede convertirle en un héroe. Aunque sea un sicario. Porque Falcó se termina convirtiendo en un verdadero héroe.
Lorenzo Falcó llega al corazón del lector. Pese a que es alguien muy peligroso, de ésos que es mejor tenerlos como amigos que como enemigos, Falcó nos termina impactando de una manera inaudita. El protagonista es un hombre con un pasado turbio: ex traficante de armas, mercenario al mejor postor, y ahora al servicio del bando nacional, en plena Guerra Civil española. No le tiembla la mano al apretar el gatillo. Mujeriego de marca mayor, paga sus cuentas cuando tiene que hacerlo. Es sincero hasta le médula y su única ideología es él mismo. Fue cesado en la Marina cuando decidió marchar a Rusia para traficar con armas. Allí conoció al Almirante, un hombre que tuvo en sus manos su vida, y tuvo que decidir: liquidarle o reclutarle. Decidió lo segundo, y el Almirante es el único al que Falcó guarda cierta lealtad y respeto.
Corre el año 1936 en España. La guerra ya ha comenzado y cualquier sospecha de uno u otro mando puede llevar a cualquiera a la checa o, peor, al paredón. Madrid se encuentra sitiada y los republicanos luchan por que los nacionales no accedan a la capital, mientras el Gobierno ha sido trasladado a Alicante. Algunas ciudades, como Salamanca, ya se encuentran en poder de los nacionales. Los hilos son movidos por Franco y su hermano, mientras los bombardeos de Alemania e Italia se suceden a lo largo y ancho de todo el país. En medio del caos, la Falange quiere meter baza, pero José Antonio Primo de Rivera (y su hermano Miguel) se encuentran presos en la cárcel de Alicante.
Es entonces cuando el Almirante llama a Falcó para que le haga un trabajito junto a varios falangistas: liberar a José Antonio de la cárcel. Para ello contará con la ayuda de varios idealistas de la Falange afincados en Cartagena y con un grupo de asalto que llegará a la ciudad levantina en un submarino alemán. Falcó no entiende que a él le metan en el ajo, cuando la liberación de Primo de Rivera se la trae al pairo. El Almirante le explica que él es su mejor hombre, y que han decidido aliarse alemanes, falangistas y nacionales, de ahí que la misión se haga de manera conjunta.
Falcó cruzará solo la línea hasta Cartagena y allí conocerá a dos hermanos, Ginés y Caridad Montero y a Eva Rengel. Los tres son idealistas, y finalmente las vidas del grupo estarán en manos de Falcó. En varias salidas de reconocimiento, a Falcó le llama la atención Eva Rengel, con quien no sólo compartirá la cama. Sin llegar a Alicante, aparece en escena Paquito Araña, otro de los hombres del Almirante, que le explica a Falcó que en el asalto van a morir todos, que debe quedarse en la playa sin entrar en la prisión y regresar en el submarino alemán. Falcó no puede creer lo que escucha, pero entiende que no puede haber muchos gallos en el gallinero (Franco y Primo de Rivera), por lo que a los nacionales les conviene quitar de en medio al líder de la Falange. Falcó se quedará en la playa con Eva Rengel y Caridad Montero, y termina huyendo con Eva, ya que Caridad no soporta que su hermano haya muerto tan cerca.
Cuando llegan a Salamanca, son separados, pero Falcó descubrirá que Eva es una espía bolchevique a las órdenes de Moscú. Sin embargo, el Almirante también le explica que cuando le torturaron en Murcia fue ella la que movió los hilos para que le dejaran libre y con vida. Así que él comprende que debe su vida a la mujer, por lo que conseguirá la dirección donde la están torturando para devolverle el favor, huyendo a Portugal. Pero sobre todo porque quiere borrar la sonrisa de la cara del coronel de la Guardia Civil, Queralt.

Es una novela magnífica, que además se lee de corrida. Que no se puede parar de leer. Espero que Pérez-Reverte nos sorprenda con más aventuras de Lorenzo Falcó.

EL AUTOR:
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Arturo Pérez-Reverte nació en Cartagena, España, en 1951. Fue reportero de guerra durante veintiún años. Con más de veinte millones de lectores en todo el mundo, muchas de sus novedades han sido llevadas al cine y a la televisión. Hoy comparte su vida entre la literatura, el mar y la navegación. Es miembro de la Real Academia Española.

Página web del autor.

EL LIBRO:

Título original: Falcó
Autor: Arturo Pérez-Reverte
Editorial: Alfaguara (1ª edición, en octubre de 2016)
Número de páginas: 291
ISBN: 978-84-204-1968-8

Valoración: 10/10

RETOS:

Novelas del pasado: El invierno en Lisboa

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Esta historia es un homenaje al cine "negro" americano y a los tugurios en donde los grandes músicos inventaron el jazz, una evocación de las pasiones amorosas que discurren en el torbellino del mundo y el resultado de la fascinación por la intriga que enmascara los motivos del crimen.
Entre Lisboa, Madrid y San Sebastián, la inspiración musical del jazz envuelve una historia de amor. El pianista Santiago Biralbo se enamora de Lucrecia y son perseguidos por su marido, Bruce Malcolm. 
Mientras, un cuadro de Cézanne también desaparece y Toussaints Morton, procedente de Angola y patrocinador de una organización ultraderechista, traficante de cuadros y libros antiguos, participa en la persecución. La intriga criminal se enreda siguiendo un ritmo meticuloso e infalible.
El Invierno en Lisboa confirmó plenamente las cualidades de un autor que se cuenta ya por derecho propio entre los valores más firmes de la actual novela española. El invierno en Lisboa fue galardonada con el premio de la Crítica y el premio Nacional de Literatura en 1988 y fue llevada al cine, con la participación del trompetista Dizzy Gillespie.

martes, noviembre 01, 2016

La amiga estupenda


Hace varias semanas que oí hablar por primera vez de la saga Dos amigas y de la misteriosa escritora a la que no se lograba poner rostro. Debo decir que el primer libro de la serie me ha llevado dos días, de lo mucho que atrapa desde sus primeras páginas.
La narración es fantástica, con una trama que engancha desde el primer momento. El estilo no hace más que invitarnos a seguir leyendo. Y ahora, que he terminado La amiga estupenda, el primero de la saga, no deseo más que continuar con el segundo. Pero tendré que hacerlo al ritmo de mi madre, que es a ella a quien se los presté antes de leerlos yo. Ahora sé que ella también los está disfrutando.

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Nos encontramos con dos tiempos definidos, uno actual, en el cual Lenù recibe la llamada de Rino, hijo de Lila, porque su madre ha desaparecido. Lenù, convertida en escritora de prestigio, decide encender su portátil y escribir su historia y la de su amiga de toda la vida. Por tanto, nos encontraremos con la historia de las dos amigas, donde Lenù habla en primera persona y describe a Lila, por lo que lo que descubrimos de ésta es a través de los ojos de Lenù.

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Corren los últimos años de la década de los 50 en un barrio pobre de Nápoles. Lenù se acerca a Lila por casualidad: admira en secreto a esa muchachita porque es capaz de dar miedo, porque no tiene pelos en la lengua, porque ha aprendido a leer sola. Lila no tiene amigos, pero enseguida Lenù se convertirá en su sombra. Pero Lenù cree que es una mala persona. Así, cuenta que un día se intercambiaron las muñecas y Lila tiró la suya a un sótano, como no la encontraron, pensaron que se la había llevado Achille, el ogro del barrio, que en realidad era un charcutero con mucho dinero. Así que, con cierta aprensión, suben las escaleras hasta la vivienda del señor Achille y éste, al comprender la situación, les da unos billetes para que se compren otras muñecas.
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Pero las muchachas comprarán su primer libro, Mujercitas. Lo leerán en numerosas ocasiones las dos juntas. Así, juntas irán a la escuela y muy pronto se descubrirá que Lila es sobresaliente, generalmente por ese ansia autodidacta, y como Lenù no quiere ser menos, se convierten en las dos niñas que mejores notas sacan.
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Cuando terminan la escuela elemental, la profesora cita a sus padres para que den clases particulares a fin de poder presentarse al examen para ir a una escuela superior, lejos del barrio donde viven. Mientras que el padre de Lenù, el señor Greco, conserje en el Ayuntamiento, acepta; no ocurrirá así con el zapatero, el señor Cerullo, que optará por que su hija le ayude en la zapatería junto a Rino, su otro hijo.
Sin embargo, las dos amigas siguen en contacto y Lila siempre se interesa por lo que estudia Lenù, como lo aprende ella misma sigue creciendo intelectualmente, e incluso ayudará a Lenù cuando tenga problemas con el latín. Esto consolidará las bases de una amistad en que Lenù comprende que necesita verdaderamente a su amiga a su lado, y Lila la necesita a ella. Esa ayuda mutua y camaradería las convierte en inseparables, pese a que en ese momento ya sus vidas están siguiendo caminos divergentes.
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Las niñas se convierten en adolescentes y comienzan a salir con chicos, aquellos niños con los que hacían batallas de piedras hoy van con ellas y algunos sólo quieren ser novios. La de Lila es una adolescencia tardía, pero cuando florece se convierte en la muchacha más bella del barrio y todos los muchachos quieren ser sus novios.
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Por otro lado, Lenù va a la misma escuela superior que Nino Sarratore, cuyo padre ha escrito un libro de poemas, hizo enloquecer a la viuda Melina (fueron amantes) y finalmente se marchó del barrio junto con su familia. Pero Nino no parece reconocerla. Sin embargo, cuando termina el primer año en la escuela superior, la profesora le invita a ir a la isla de Ischia con una prima suya a descansar y la profesora es la que se encarga de convencer a sus padres. Así, Lenù pasará todo el verano en casa de Nella, ella que nunca había visto el mar.
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Allí coincidirá con la familia de Nino Sarratore, y comprende que el muchacho evita a su padre, que termina siendo un seductor de mujeres, porque a Lenù también intenta seducirla. Pero la muchacha está enamorada de Nino, acaba de recibir una carta de Lila, que está en apuros, y decide marcharse de vuelta a Nápoles antes de lo previsto.
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Parece ser que Marcello Solara está haciendo la corte a Lila. Ella es galante con él, pero sus padres están entusiasmados. Los hermanos Solara son unos truhanes y no están bien vistos en el barrio, son dos jóvenes adinerados y Marcello se ha encaprichado de Lila, tanto como para intentar comprar a su familia con ostentosos regalos, por ejemplo, les regala una televisión. Pero Lila odia al joven, mientras comienza a tener una complicidad inusual con Stefano, el hijo mayor del charcutero, que también es un joven adinerado. Tanto como para conseguir que Marcello se aleje de su familia, y que Stefano se case con ella.
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El primer tomo termina en medio del banquete de bodas, cuando entran los dos hermanos Solara con la tarta nupcial, pese a que Stefano le había prometido a Lila que los hijos no irían a la boda, pero Marcello además lleva los zapatos que ella tardó dos años en hacer con su hermano a escondidas de su padre.
Se entiende que hay una traición, pero tendremos que esperar al segundo volumen para leer cómo sigue.

LA AUTORA:

Hasta hace poco, el misterio sobre la persona que se esconde tras el pseudónimo de "Elena Ferrante" era algo que se desconocía. Sus libros venden y su prosa engancha. Pero la editorial era firme con respecto a su anonimato, y eso daba pie a que se barajaran muchas opciones en los círculos literarios italianos, incluso que podría ser un hombre.

En la solapa del libro, descubrimos lo siguiente respecto de la autora: 
"No me arrepiento de mi anonimato. Descubrir la personalidad de quien escribe a través de las historias que propone, de sus personajes, de los objetos y paisajes que describe, del tono de su escritura, no es ni más ni menos que un buen modo de leer", comentaba Elena Ferrante en una entrevista vía mail de Paolo di Stefano para Il Corriere della Sera.
En efecto, nadie sabe quién es Elena Ferrante, y sus editores procuran mantener un silencio absoluto sobre su identidad. Alguien ha llegado a sospechar que sea un hombre; otros dicen que nació en Nápoles para trasladarse luego a Grecie y finalmente a Turín. La mayoría de los críticos la saludan como la nueva Elsa Morante, una voz extraordinaria que ha dado un vuelco a la narrativa de los últimos años.
En 2011 Lumen publicó un volumen titulado Crónicas del desamor, donde se reunían las tres novelas para el público adulto publicadas por Ferrante a lo largo de los años, dos de las cuales fueron llevadas al cine. Dos amigas, compuesta por cuatro volúmenes, está destinada a convertirse en un clásico de la literatura europea del siglo XXI y ha deslumbrado a millones de lectores en todo el mundo, hasta el punto de que la revista Time ha incluido a Elena Ferrante entre las cien personas más influyentes del año 2016.

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No hace mucho se descubrió que el verdadero rostro de Elena Ferrante es la traductora Anita Raja.
El misterio que acompañaba a la enigmática figura de Elena Ferrante probablemente contribuyó al éxito de la saga literaria Dos amigas, la historia de una amistad entre dos mujeres que traspasaba el tiempo mientras coloreaba una vívida imagen de la Italia del último medio siglo. Todos se preguntaban quién se escondía tras el pseudónimo: los rumores corrían desde hace años como el chianti en una comedia alla italiana, comparando estilos literarios mediante complicados algoritmos, detalles biográficos y apuntando a grandes nombres (generalmente masculinos). Ahora que ha sido desenmascarada (resultó ser una traductora desconocida por el gran público), entre desengañados e indignados, muchos se preguntan: ¿realmente era necesario saber quién era Elena Ferrante?
Anita Raja empezó a publicar sus novelas bajo pseudónimo hace ya más de dos décadas. Desde el primer momento renunció a la foto en la solapa del libro, no concedía entrevistas ni participaba en la promoción. Y si bien este acérrimo anonimato pudo suponer un problema para la editorial en sus inicios, con el tiempo no ha hecho sino contribuir a la leyenda. También sus protagonistas comparten una inquietud similar: Lila es la amiga que decide desaparecer y borrar todo rastro de ella; y Lena, la escritora, la busca y la cuenta, mientras ella misma vive con dificultad la exposición pública. ¿Tan difícil le resultaba a Anita sobrellevar la fama que otros persiguen sin respiro?
La revelación de la identidad oculta nos ha servido en bandeja la penúltima polémica literaria: como en tantas otras ocasiones, un periodista avezado siguió la pista del dinero hasta dar con ella. Ciertamente, Anita Raja resultaba ser una traductora demasiado bien pagada.
Probablemente, con su ocultamiento, la autora sólo pretendía que el texto hablase y se defendiese por sí mismo. Se le podría achacar, si acaso, ingenuidad, en el hiperconectado mundo de las pantallas. También J.K. Rowling, autora de Harry Potter, quiso jugar a la invisibilidad en su primera novela para adultos. Pero el resultado es que fracasó. Ferrante era sólo una creación más de Anita Raja. Porque la literatura, al fin y al cabo, es sólo eso, ficción. Ni más, ni menos.

Anita Raja nació en Nápoles en 1953. Es hija de la judía polaca Golda Petzenberg, que huyó del Holocausto, y del magistrado Renato Raja. Con tres años, su familia se traslada a Roma, donde estudió Literatura. Es traductora del alemán al italiano de Christa Wolf, Franz Kafka o Bertolt Brecht. Está casada con el escritor napolitano Domenico Starnone. Su última novela, La niña perdida (2015), pone fin a una saga que ha vendido más de cuatro millones de ejemplares.

EL LIBRO:

Título original: L'amica geniale
Autora: Elena Ferrante (pseudónimo)
Traductora: Celia Filipetto
Editorial: Lumen (1ª edición, en mayo de 2016)
Número de páginas: 386
ISBN: 978-84-264-2078-7

Valoración: 10/10
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RETOS:

Bienvenido Noviembre

Noviembre es el mes que menos me gusta. Me parece atroz porque no hay nada interesante, porque estamos a un paso del invierno.
Al menos hoy no tengo necesidad de levantarme pronto. Estoy leyendo, pese a que me he propuesto limpiar y planchar.
Pero sigo tosiendo y sólo se atenúa cuando saboreo un caramelo de menta, porque consigo despejar todo el aparato respiratorio, amén de las agujetas en la tripa de toser.
Estoy segura de que terminaré de leer hoy el primer libro de Elena Ferrante.
Lo bueno de noviembre es que tengo una semana de vacaciones. Justo por ser el mes que menos me gusta suelo coger vacaciones, quizás para que pase cuanto antes.
Otros años suelo marchar a Canarias en busca del sol. No será este año.
Este año me toca tranquilidad.