Me encuentro leyendo a la sombra. Me encuentro algo cansada de la semana. Y no veo por que acabe el mes de agosto, que todo el mundo se coge vacaciones, pero a mí me aumenta el trabajo.
Disfruto de los sábados por la tarde. De esa tranquilidad especial.
sábado, agosto 10, 2013
jueves, agosto 08, 2013
Ezcaray se viste de fiesta

Lo primero que me ha llamado la atención al entrar en Ezcaray han sido las banderas que preceden a la fiesta. El año pasado, tal día como hoy, me encontré con la salida del chupinazo y con los gigantes y cabezudos persiguiendo a los niños. Supuestamente el chupinazo es mañana, aunque se ve ya un ambiente prefestivo increíble, pese a que el día está nublado. El sábado es San Lorenzo, y no me había dado cuenta hasta que he llegado al pueblo.
Hay mucha más gente por las calles y en las terrazas que las semanas pasadas. En general, Ezcaray, como pueblo turístico, debería tener siempre gente, pero este año se nota cierto bajón. Sólo hoy, al ir a tomar café, he notado mucha más gente, pero será cuestión de dos semanas. En cuanto terminen las fiestas ojalá toda esa gente aguantara aquí hasta que termine agosto, pero creo que volverá a ser como en los primeros días del mes. Que la situación crítica también se nota en lugares tan turísticos como Ezcaray.
Cuando he ido a tomar café, he estado pensando en lo poco que me permito escribir últimamente, no como si la ilusión de escribir se estuviera esfumando, porque no es así, pero es cierto que la falta de tiempo no me permite escribir al día todo lo que yo desearía. Y es una pena, la verdad. Porque en Ezcaray, que estoy algo más libre, todos los jueves escribo algo. O mucho.
miércoles, agosto 07, 2013
En cuestión de minutos
Mañana iré a Ezcaray. Eso me recuerda el momento trágico que reviví la semana pasada cuando regresaba. Poco antes de llegar a Ojacastro estuve parada en la carretera diez minutos. Como es una carretera de montaña que en seguida está invadida por los reparadores de carreteras no le di mucha importancia hasta que vi la ambulancia.
Dos coches se habían chocado de frente y junto al guardia que me daba paso vi el cuerpo sin vida de una mujer mayor. Pensaba que esto sólo ocurría en las películas, pero allí estaba el cuerpo cubierto con una manta brillante. Me impresionó muchísimo. Llegué a casa afectada por lo que había visto.
Al día siguiente me enteré de que esa mujer era tía de mi profesor más querido del colegio, el de Literatura. Fernando.
Mañana, ante la perspectiva de ir a Ezcaray, he recordado ese momento. Que no nos toque.
Dos coches se habían chocado de frente y junto al guardia que me daba paso vi el cuerpo sin vida de una mujer mayor. Pensaba que esto sólo ocurría en las películas, pero allí estaba el cuerpo cubierto con una manta brillante. Me impresionó muchísimo. Llegué a casa afectada por lo que había visto.
Al día siguiente me enteré de que esa mujer era tía de mi profesor más querido del colegio, el de Literatura. Fernando.
Mañana, ante la perspectiva de ir a Ezcaray, he recordado ese momento. Que no nos toque.
martes, agosto 06, 2013
Tan sutil como el aleteo de las mariposas
Cuando me marchaba su coche aún estaba. Eso me recuerda su proximidad. Esa mirada que contiene todas las cosas bellas del mundo. Esa sonrisa que derrite tan rápidamente. Estaba tan cerca...
lunes, agosto 05, 2013
Otros lugares de Nueva York
Nueva York es tan impresionante
que hay lugares por los que pasé de los que no he hablado, e incluso hay
lugares de los que me hablaron pero no llegué a conocer. Me dio mucha pena
marchar, y eso que el avión no salió a la hora prevista, sino ocho horas
después, por lo que aún pude despedirme de la ciudad en un hotel que se
encontraba a cinco minutos del aeropuerto John Fitzgerald Kennedy. Y sólo hubo
una persona con la que me apetecía compartir aquello y con la que, de hecho, lo
compartí. “Llego con mucho retraso, el avión se encuentra en Madrid y yo estoy
en un hotel de lujo cerca del aeropuerto”. Recuerdo que le envié foto del
hotel.
Hoy he decidido hablar de
aquellos lugares de Nueva York que me faltan por describir, sabiendo que cada
vez estoy más cerca del punto final y que, después, me dedicaré únicamente a
hacer el álbum de fotos para el recuerdo. Y también para enseñárselo a ese
ángel de mirada perfecta.

Greenwich Village
Greenwich Village.- Los neoyorkinos lo llaman el Village (el
pueblo), y empezó como un pueblo rural, un escape de los que vivían en la
ciudad durante la epidemia de fiebre amarilla de 1822. El aleatorio trazado de
las calles, que refleja los límites de las primeras granjas o el curso de los
arroyos, lo convierte en un enclave natural que ha sido un reducto bohemio y
hogar de numerosos artistas y escritores. Cuenta con un popular barrio gay,
pero la zona se ha enrarecido. Washington Square está lleno de estudiantes de
la New York University. El más económico East Village atrae a los
inconformistas. El Meatpacking District, que aún cuenta con unos pocos puestos
de carniceros, se ha abarrotado de elegantes boutiques y restaurantes.

McSorley’s Old Ale House, en East Village
East Village.- Peter Stuyvesant poseía una finca en el East Village
y, en el siglo XIX, las familias Astor y Vanderbilt residieron aquí. Hacia
1900, la alta sociedad se trasladó a la parte alta de la ciudad, dejando el
barrio a los inmigrantes. Irlandeses, alemanes, judíos, polacos, ucranianos y
puertorriqueños dejaron su huella en forma de iglesias, edificios, y en los más
variados y baratos restaurantes étnicos de la ciudad. Durante la década de
1960, los bajos alquileres atrajeron a la Generación Beat. Los clubes de música
experimental y los teatros todavía muestran las últimas tendencias artísticas.
Astor Place está llena de estudiantes de la New York University. Hacia el este
se hallan las avenidas A, B, C y D, una zona conocida como “Ciudad alfabética”
que se ha convertido en uno de los puntos calientes de la ciudad.
Edison Headquarters, en Gramercy
Gramercy y Flatiron District.- En el siglo XIX, unos promotores
inmobiliarios levantaron cuatro plazas inspiradas en los tranquilos barrios
residenciales de muchas ciudades europeas. Gramercy Park, aún hoy
mayoritariamente residencial, fue una de ellas. Las viviendas que circundan la
plaza fueron proyectadas por algunos de los mejores arquitectos de la ciudad,
como Calvert House y Stanford White y ocupadas por los neoyorkinos más
importantes; las tiendas de lujo y los cafés de moda se están trasladando a la
parte baja de la Quinta Avenida, al sur del famoso edificio conocido como
Flatiron Building.

Flatiron Building
Llamado originariamente Fuller
Building, nombre que tomó de la empresa propietaria y constructora, éste era el
más alto del mundo cuando se terminó en 1903. Uno de los primeros en incorporar
una estructura de acero, anunció la era de los rascacielos. Pronto fue conocido
como Flatiron (plancha) debido a su inusual forma triangular, pero algunos lo
llamaban Burnham’s Folly (la locura de Burnham) y creían que las corrientes de
aire originadas por la forma del edificio lo derribarían. Ha resistido el paso
del tiempo, pero las corrientes de la calle 23 han tenido un efecto notable. En
los días que siguieron a su construcción, atrajeron a gran números de hombres
que esperaban poder lanzar una mirada a los tobillos de las chicas en cuanto la
corriente levantara sus largas faldas.
La zona que se extiende por la
Quinta Avenida hacia el sur del inmueble estuvo es un estado bastante ruinoso;
pero en la actualidad ha adquirido un nuevo aspecto, y un nuevo nombre: The
Flatiron District.

Farragut Statue, en Madison Square
En esta zona también se encuentra
la renombrada Madison Square. Concebida como centro de un barrio residencial,
esta plaza se convirtió en una popular área de diversión tras la guerra civil,
cuando estaba rodeada por el elegante hotel Fifth Avenue, el Madison Square
Theater y el Madison Square Garden. El brazo de la Estatua de la Libertad que
porta la antorcha se expuso aquí en 1884. The Shake Shack es un lugar para
almorzar muy frecuentado por los oficinistas del barrio, mientras que el parque
que lo rodea constituye un magnífico marco para pasear y admirar sus
esculturas. La estatua de 1880 del almirante David Farragut es de Augustus
Saint-Gaudens y el pedestal de Stanford White. Farragut fue el héroe de una
batalla naval de la guerra civil; en la base de la estatua hay figuras que
representan el valor y la lealtad. La estatua de Roscoe Conkling conmemora a un
senador estadounidense que murió durante la gran ventisca de 1888. La Llama
Eterna rinde honor a los caídos en Francia durante la Iª Guerra Mundial.

Almacenes Macy’s
Chelsea y Garment District.- Esta zona fue tierra de labranza en
1750, hacia 1830 un suburbio de la ciudad y a partir de la década de 1870, con
la llegada del ferrocarril levantado –en inglés, elevated railroad-, un distrito comercial. Los music-halls y los teatros se alinean en la calle 23. Fashion Row
creció a la sombra de El, con numerosas tiendas de ropa. Pero, al ponerse de
moda la parte alta de la ciudad, Chelsea perdió su prestigio. Se convirtió en
un barrio de almacenes hasta que desmontaron los trenes elevados y los
neoyorkinos redescubrieron su encanto. Herald Square, al norte, ganaba cada vez
más popularidad gracias a los almacenes Macy’s. Hoy Chelsea acoge una
importante comunidad gay, así como anticuarios y galerías.
Herald Square en Chelsea
El nombre de la plaza Herald
Square proviene del periódico neoyorkino Herald,
que tuvo aquí sus oficinas entre 1894 y 1921. Hoy llena de tiendas, la zona era
conocida y en las décadas de 1880 y 1890 se le denominaba como Tenderloin
District. Abundaban los clubes nocturnos y los burdeles. Los almacenes Macy’s abrieron
en 1901 y el interés pasó al mercado de la ropa. Ahora es el Garment District (garment: prendas de vestir) y se
extiende hasta la Séptima Avenida, también llamada Fashion Avenue (de la moda).
Al este, en la Quinta Avenida, se alza el Empire State, edificio desde el que
se contemplan las mejores vistas de la ciudad.

Theater District
Theater District.- El traslado de la Metropolitan Opera House a
Broadway (a la altura de la calle 40) en 1883 atrajo lujosos teatros y
restaurantes a esta zona. En los años 20, las salas de cine añadieron la
fascinación del neón a Broadway, haciéndose los carteles más grandes y
brillantes, hasta que la calle pasó a denominarse Great White Way (la gran vía
blanca). Tras las IIª Guerra Mundial, el atractivo de los cines disminuyó, y el
brillo fue sustituido por la suciedad. Sin embargo, un proyecto de recuperación
ha devuelto el fulgor de las luces y el público. También existen zonas
tranquilas y apartadas del bullicio, como la Public Library o los jardines
Bryant Park. En cualquier caso, no hay que dejar de visitar el Rockefeller
Center.
New York Public Library
En esta zona se encuentra la New
York Public Library. En 1897, el codiciado proyecto para construir la principal
biblioteca pública de Nueva York recayó en los arquitectos Carrère &
Hastings. Sus planos se vieron influidos por el primer director de la biblioteca,
que imaginaba un lugar luminoso, tranquilo y amplio, donde se agruparan
millones de libros a disposición de los lectores. Su idea se hizo realidad en
los planos de Carrère & Hastings, que sintetizan el estilo beaux arts neoyorkino.
Construida donde antes se hallaba
el Croton Reservoir, abrió sus puertas en 1911, haciéndose merecedora de la
aprobación general, a pesar de haber costado nueve millones de dólares. La
amplia sala de lectura principal, revestida de madera, se extiende a lo largo
de dos bloques y en ella entra la luz natural a través de dos patios
interiores. En la parte baja de la sala hay 140 km de estanterías, con más de
siete millones de volúmenes. El personal está compuesto por unas 100 personas y
gracias a un sistema informatizado, en 10 minutos se sirve el libro solicitado.
La sala de publicaciones
periódicas cuenta con 11.000 ejemplares de 124 países. En las paredes hay
murales de Richard Haas que rinden homenaje a las grandes casas editoriales
neoyorkinas. Hoy en día se encuentran desde la copia manuscrita de la
Declaración de Independencia de Thomas Jefferson hasta la obra mecanografiada The Waste Land, de T. S. Eliot. Se
contestan más de 1.000 preguntas diarias con la ayuda de los catálogos
informatizados CATNYP y LEO. La New York Library cuenta con otras 82
sucursales.
Carnegie Hall
El Carnegie Hall fue financiado
por el millonario y filántropo Andrew Carnegie. El primer gran auditorio de
conciertos de Nueva York abrió sus puertas en 1891. Se ha dicho que este
edificio construido en terracota y ladrillo se encuentra entre los que disponen
de mejor acústica del mundo. La noche de su inauguración, con Tchaikovsky como
director invitado, las mejores familias de Nueva York acudieron al estreno,
haciendo cola durante una hora sin bajar de sus carruajes.
Durante muchos años, el Carnegie
Hall fue la sede de la Orquesta Filarmónica de Nueva York, bajo la batuta de
directores como Arturo Toscanini, Bruno Walter o Leonard Bernstein. Pronto,
actuar en él se convirtió en símbolo de éxito internacional, tanto para los
músicos clásicos como para los populares.
Una campaña llevada a cabo por el
violinista Isaac Stern en la década de 1950 salvó al lugar de una
modernización, y en 1964 se convirtió en un emblema nacional. Una renovación en
el año 1986 devolvió al Carnegie el esplendor original de las balconadas de
bronce y las escayolas ornamentales.
Sinagoga central, Upper Midtown
Upper Midtown.- El Nueva York acomodado está representado en esta
zona de iglesias, sinagogas, clubes, museos, hoteles de lujo y tiendas famosas,
imponentes rascacielos y alto nivel de vida en general. Durante casi 30 años,
desde 1833, residieron en el barrio familias de renombre, como los Astor y los
Vanderbilt. En la década de 1950 la arquitectura se convirtió en la gran
protagonista: la construcción de los edificios Lever y Seagram, las primeras
grandes torres modernas, marcaron la transformación de este tramo de Park
Avenue (en el Midtown).

Cartier en la Quinta Avenida
En 1803, William Henry Vanderbilt
construyó su mansión en la confluencia de la Quinta Avenida y la calle 51,
iniciando así una tendencia que desembocó en la construcción de residencias
palaciegas que se extendían hacia Central Park. Muchas han desaparecido, pero
todavía quedan algunas para atestiguar la grandeza de aquella época.
Una de ellas la ocupa la firma
Cartier, en el nº 651 de la Quinta Avenida, originariamente la casa de Morton
F. Plant, millonario y presidente del New York Yatch Club. A medida que los
comerciantes se fueron estableciendo en la parte norte de la Quinta Avenida –una
tendencia que se inició en 1906-, las grandes familias se fueron trasladando a
la parte alta de la ciudad, o junto al East River. En 1917, Plant se mudó a una
nueva mansión en la cale 86, y se dice que vendió a Pierre Cartier su antigua
residencia a cambio de un collar de perlas.
Desde entonces la Quinta Avenida
ha sido sinónimo de lujo, con tiendas como Cartier, Henri Bendel o Tiffany’s.

Fachada del MoMa
En esta parte de Nueva York también
se encuentra el Museum of Modern Art (MoMa). El MoMa ofrece una de las mejores
colecciones de arte moderno del mundo. Fundado en 1929, se convirtió en una
referencia para los museos de su clase. Tras llevar a cabo un proyecto de
ampliación, el MoMa situado en el Midtown reabrió en 2004. El edificio ha sido
reformado y a las dos plantas del antiguo museo ahora se suman seis más. El uso
del cristal proporciona abundante luz natural, a la vez que permite tener
vistas del jardín de esculturas.
Me hubiera gustado visitarlo,
porque contiene obras célebres como Los
nenúfares, de Claude Monet, La
persistencia de la memoria, de Salvador Dalí o Las señoritas de Avignon, de Pablo Picasso.
St. Patrick’s Cathedral
En Midtown también se encuentra
St. Patrick’s Cathedral. La intención original de la Iglesia católica era
destinar este solar, entonces fuera de los límites de la ciudad, a cementerio;
pero en 1850 el arzobispo John Hughes se empeñó en construir una catedral,
contra la opinión de quienes consideraban absurdo alzar una iglesia a las afueras
(entonces) de la ciudad. El arquitecto James Renwick creó el edificio neogótico
más bello de Nueva York, con cabida para 2.500 fieles sentados. Se terminó en
1878 y las agujas se añadieron entre 1885 y 1888.

Bloomingdale’s
Durante la próspera década de
1980, “Bloomies” era sinónimo de buena vida. Fundados por Joseph y Lyman
Bloomingdale en 1872, estos almacenes eran famosos por sus gangas. En la década
de 1960 se demolió el ferrocarril elevado de la Tercera Avenida y se convirtieron
en almacenes de lujo. A finales de la década de 1980 llegó un nuevo propietario
y, finalmente, la quiebra.
Aunque ha perdido su antiguo
renombre, Bloomingdale’s continúa funcionando con normalidad y sigue siendo uno
de los almacenes mejor abastecidos de la ciudad.
Las afueras.- Aunque oficialmente pertenecen a Nueva York, los barrios periféricos de Manhattan tienen una atmósfera y un espíritu muy distintos. Son áreas residenciales donde no existen los rascacielos que se asocian siempre con Nueva York. Sin embargo, cuentan con sus propios atractivos, entre los que destacan el zoo más grande de la ciudad, dos jardines botánicos, museos, playas y zonas deportivas.
The Cloisters Museum
The Cloisters Museum es un famoso
museo de arte medieval, que se ubica en un edificio construido entre 1934 y
1938, formado por claustros, capillas y salones medievales. Fue fundado en 1914
por el escultor George Barnard, con objetos procedentes de sus viajes a Europa.
John D. Rockefeller Jr. financió en 1925 la compra de la colección para el
Metropolitan Museum of Art, y donó años más tarde el parque Fort Tyron para que
se instalara en él.
Vista aérea del Bronx
El Bronx, que antaño fue zona
próspera, con una famosa avenida llena de viviendas para familias acomodadas,
se ha convertido en un símbolo de la decadencia urbana. Con todo, aún quedan en
el distrito algunas comunidades étnicas y ciertas áreas agradables como
Riverdale y la zona norte. Sus dos grandes atractivos son el zoo y el New York
Botanical Garden. Hay un nuevo campo de golf en Ferry Point Park y el Fulton
Fish Market ha sido reubicado aquí. El querido equipo de béisbol de los Yankees
disfruta aquí de su nueva sede desde 2009.

Yankee Stadium
El Yankee Stadium ha sido el
estadio de los Yankees, el equipo de béisbol de Nueva York, desde 1923. Entre sus
héroes se cuentan dos de los más grandes jugadores de todos los tiempos: Babe
Ruth y Joe DiMaggio (famoso también por su matrimonio con Marilyn Monroe en
1954). En 1921, el jugador zurdo Babe Ruth, ataviado con la inconfundible
indumentaria de los Yankees de rayas, tiró la primera bola del estado contra
los Boston Red Sox, su primer equipo.
El estadio lo acabó de construir
en 1923 Jacob Ruppert, propietario del equipo, y pronto empezó a conocerse como
“la casa de Ruth”, por el legendario jugador zurdo Babe Ruth. El Yankee Stadium
tuvo un lavado de cara a mediados de la década de 1970 para acomodar a 54.000
personas sentadas. Uno de los encuentros anuales más grandes es el de los
Testigos de Jehová, y en 1950 acudieron 123.707 personas en un solo día. En 1965,
el papa Pablo VI celebró una misa ante 80.000 asistentes. Era la primera visita
que hacía un papa a Estados Unidos. La segunda acaeció en 1979, cuando Juan
Pablo II también visitó el estadio. En abril de 2009 se inauguró el nuevo
Yankee Stadium, ubicado paralelo al antiguo emplazamiento, en las calles 161 y
164. Los Yankees siguen siendo uno de los equipos más importantes de la Liga
Americana.
Pocos días antes de marcharme
tuve la oportunidad de visitar el Yankee Stadium, porque jugaba la selección
española de fútbol contra Irlanda. Al ser un partido de fútbol, el metro iría
hasta arriba de gente, por lo que no habría pasado nada aparecer allí entre
tanta muchedumbre, pero al final opté por no ir.

Queens
Queens es un barrio de Nueva York
que cuenta con una gran variedad de atractivos y alberga zonas residenciales y
comerciales, incluido Long Island City, con estupendos museos y restaurantes. El
desarrollo de Queens se aceleró en 1909 con la construcción del Queensboro
Bridge, que vino a facilitar las comunicaciones con Manhattan. Los dos
aeropuertos importantes de la ciudad se hallan aquí, y también varios enclaves
étnicos, como el barrio griego de Astoria y comunidades asiáticas del distrito
de Flushing.

Brooklyn
Si Brooklyn fuera una ciudad
independiente, sería la cuarta más grande de Estados Unidos. Tiene personalidad
propia, y muchas figuras célebres nacidas aquí –Mel Brooks, Phil Silvers, Woody
Allen y Neil Simon, entre otros- lo evocan a menudo con cariño y humor. Brooklyn
es un verdadero crisol, con indios, judíos, rusos, italianos y árabes. Entre los
diversos vecindarios que lo componen figuran los distritos residenciales
históricos de Slope Park y Brooklyn Heights.
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Lincoln Center, Nueva York
El Lincoln Center nació de la
necesidad de crear una nueva sede para el Metropolitan Opera House y la
Filarmónica de Nueva York, así como de la urgencia por reactivar parte del West
Side de Manhattan. La idea de un centro donde pudieran convivir distintas artes
parece hoy natural, pero en los años 50 se consideró atrevida y arriesgada. En la
actualidad, el Lincoln Center atrae a una audiencia media de cinco millones de
espectadores al año. Además, muchos artistas y amantes del arte han fijado su
residencia en los alrededores.
En el Lincoln Center for the
Performing Arts se ofrecen danza, música y teatro. Es también un buen lugar
para sentarse en la fuente y ver pasar gente. Siempre que no llueva, porque
cuando yo lo visité llovía a raudales.
El Lincoln Center Theater alberga
los teatros Vivian Beaumont y Mitzi E. Newhouse.
El célebre musical de West Side Story, del compositor Leonard
Bernstein, basado en la historia de Romeo y Julieta, que tiene lugar en el
empobrecido vecindario que se arrasó. Bernstein tuvo luego un papel decisivo en
la creación del gran complejo musical.
El Metropolitan Opera House es la
estrella del Lincoln Center. Desde el bar, en lo alto del vestíbulo, hay unas
magníficas vistas de la plaza.
El New York State Theater es la
sede del New York City Ballet, además de una compañía de ópera.
Como curiosidades, se sabe que
James Dean vivió en un estudio cercano, en el último piso del número 19 de West
68th Street.
domingo, agosto 04, 2013
La verdad sobre el caso Harry Quebert
Hay libros que no podemos parar de leer, que al final nos dejan con esa terrible sensación de que ya no volveremos a saber nada de los personajes, de la historia. Son los libros que disfrutamos de verdad. Parecía mentira, cuando ayer estaba en las piscinas, que aún me quedara la mitad del libro y que hoy haya acabado con él. De hecho, veía que me faltaba mucho y aunque no podía parar de leer no me imaginaba que terminaría de leerlo hoy. Pero así ha sido. Y lo he disfrutado mucho. Ahora me quedo con el sabor agridulce de un gran libro que ya ha acabado, y me reprocho a mí misma no haber dejado un poco para mañana. Pero es que no podía parar de leer. Y esa es la magia del libro, que mantiene la intriga hasta el final y que nada es lo que parece.
Hay muchos momentos en que el
libro salta al pasado, y es difícil perderse, porque el autor nos presenta esos
momentos como si se tratara de un diario, con fecha incluida. En realidad todo
gira alrededor de una auténtica historia de amor, que resulta siendo trágica. Una
verdadera historia de amor que ni siquiera al final es lo que parece. Con demasiada
gente implicada.


Concord, New Hampshire
El protagonista principal es
Marcus Goldman, un joven escritor que se ha quedado sin inspiración y que se ve
amenazado por un plazo de tiempo para escribir su segunda novela que él cree
que jamás cumplirá. Cuando publicó su primera novela, el éxito fue tan grande
que cree que no puede escribir nada que esté a la altura, y en todo este tiempo
ha dilapidado el dinero ganado con ella, sin comprender que el éxito se
difumina rápidamente. Es entonces cuando decide trasladarse, acosado por su
editor, desde Nueva York a Aurora, en el Estado de New Hampshire.
En Aurora vive su gran amigo
Harry Quebert, un famoso escritor que le enseñó a escribir, pero que también le
mostró otras cosas importantes en la vida, como dejar de ser un impostor. Fue su
mentor y su profesor, pero gracias a él se convirtió en alguien con una moral
muy fuerte. Harry Quebert escribió varios libros, pero Los orígenes del mal le dio una celebridad y una riqueza sin igual,
tanto como para comprar la casa que le había servido de inspiración en Aurora.
Unos días después, al intentar
plantar unas flores en su jardín, Quebert es detenido porque cuando cavan
aparecen los huesos de una joven desaparecida 30 años antes, Nola Kellergan. La
reconocen porque lleva un bolso con su nombre y, en el interior, el manuscrito
del célebre libro de Quebert, por el que será encausado.
Marcus no piensa que su amigo y
mentor haya sido capaz de asesinar a nadie y está decidido a probar su
inocencia, por lo que vuelve a Aurora. Habla con Harry, que le confiesa que
Nola Kellergan fue su gran amor, y que el libro trata, sin duda alguna, de ese
gran amor, que lo escribió para ella. Pero era un amor prohibido, porque él
pasaba de los 30 años cuando Nola sólo tenía 15. Sin embargo, tanto la
chiquilla como él se enamoraron de verdad.
Marcus comienza a tirar del hilo
junto a un policía estatal, Gahalowood, y comienzan a interrogar a la gente de
Aurora. Por una parte, están los dueños del Clark’s, donde Harry iba a escribir
a diario, pero que en realidad se personaba allí para ver a la joven camarera
que trabajaba allí por horas, Nola. En el restaurante, la hija de los dueños,
Robert y Tamara Quinn, de nombre Jenny, se ha enamorado perdidamente de él e
intenta conquistarle sin éxito. Harry sale una vez con Jenny para evitar a
Nola, para no continuar con ese amor prohibido, pero con Jenny se aburre. A su
vez, un joven policía, Travis Dawn, se ha enamorado de Jenny, a la que
últimamente encuentra triste.

Chevrolet Monte Carlo
Marcus y Gahalowood descubren que
se escondieron muchas cosas de la investigación sobre la desaparición de Nola
Kellergan. Por ejemplo, nada se dijo de Luther Caleb ni de Elijah Stern, ni
siquiera de Harry Quebert. Es como si hubieran intentado ocultar pruebas
importantes. El señor Stern es uno de los hombres de negocios más poderosos de
New Hampshire y Caleb era su chófer, que apareció ahogado junto a su coche un
mes después de la desaparición de Nola. Caleb pintaba cuadros y en la casa de
Stern aparece un cuadro de Nola pintado por Caleb. Pero Luther era una especie
de monstruo con la cabeza deformada, desde que un grupo de jóvenes le
acorralaran, siendo joven, y le golpearan la cabeza hasta dejarle en coma. Al final
del libro se descubre que Stern era uno de los jóvenes, que siempre se reprochó
lo que le hizo a ese joven y por eso le buscó y le contrató de chófer.
Otro sospechoso es el padre de
Nola, David Kellergan, un dulce reverendo retirado, que en aquel verano de 1975
pasaba horas muertas en su garaje, con la música a tope, arreglando una vieja
Harley Davidson. Mientras, en la casa la supuesta madre de Nola la maltrataba. Durante
todo el libro creeremos que es un maltrato, pero lo cierto es que la madre de
Nola había fallecido en un incendio fatal en Alabama. Cuando Nola tenía 9 años
causó el incendio de su casa mientras su madre dormía. Descubren que la
muchacha tiene una psicosis infantil y, tras practicarle un exorcismo, el padre
decide llevársela lejos de allí. Nola sufría desdoblamiento de personalidad, y
ella misma se practicaba los maltratos físicos, haciendo de madre e hija a la
vez. El padre no sabía qué hacer al respecto, por lo que se encerraba en el
garaje. Cuando Harry va a hablar con él y descubre lo que le ocurre a Nola,
decide que el 30 de agosto se llevará a Nola a un médico con el fin de que se
cure. Pero eso nunca llegó a ocurrir, porque por el camino fue asesinada.
Nola descubre que el manuscrito
de Los orígenes del mal y las cartas
que había intercambiado supuestamente con Harry son en realidad de Luther, que
la intenta ayudar a escapar. Por el camino, Travis y el jefe Pratt deciden
perseguirlos, asesinándolos a los dos y a la anciana que había hecho de
testigo. Se deshacen del coche con el cadáver de Luther Caleb y entierran a la
joven en el jardín de Quebert, siendo conscientes de que el escritor no se
encuentra en casa. En realidad está esperando a Nola en un motel de carretera
no muy lejos de allí.
Pratt ha sido asesinado, pero
pronto se descubrirá que Travis y el jefe Pratt fueron los asesinos, y
encuentran a Travis y a su esposa Jenny en el aeropuerto a punto de huir a
Caracas.
Finalmente, Marcus descubre que
el libro, Los orígenes del mal, había
sido escrito en realidad por Luther Caleb, y que le había dejado un manuscrito
a Quebert y otro a Nola. El de Nola había sido enterrado con ella, pero el de
Harry había llegado a publicarse con el nombre de Harry Quebert, un tiempo
después del supuesto trágico accidente de Caleb.
Una de las cosas que me han
gustado de esta novela, por original, ha sido que la numeración de los
capítulos va al revés. Quizás en otro tipo de libro no se podría hacer, pero
aquí es magistral, porque en realidad vamos hacia atrás en el tiempo, y el
capítulo uno es aquel en que ya se ha descubierto todo y en el que leemos los
hechos tal y como fueron. Mientras que en los capítulos precedentes nos
encontramos con dudas y suposiciones, tanto que llegamos a sospechar de todos
los personajes de la novela, incluido Harry Quebert.
“Anhele el amor, Marcus. Haga de él su más hermosa conquista, su única
ambición. Después de los hombres, habrá otros hombres. Después de los libros, hay
otros libros. Después de la gloria, hay otras glorias. Después del dinero, hay
más dinero. Pero después del amor, Marcus, después del amor no queda más que la
sal de las lágrimas”.
La portada me encanta. Es la
típica ciudad americana.
Portrait of New Orleans, Edward Hopper (1950)
sábado, agosto 03, 2013
Neoyorkinos famosos
Nueva York ha acogido a algunos
de los mejores talentos creativos de siglo XX. En la ciudad nació el pop art y, en nuestros días, Manhattan
sigue siendo el centro mundial del arte moderno. Los escritores de las décadas
de 1950 y 1960 –conocidos como la Beat Generation- encontraron inspiración en
los clubes de jazz de la ciudad.
El novelista James Baldwin
La literatura norteamericana nació
en Nueva York. Charlotte Temple, a Tale
of Truth, de Susana Rowson (1762-1824), se publicó en 1791 y fue un éxito
de ventas durante 50 años.
Edgar Allan Poe (1809-1949),
precursor de las novelas de detectives modernas, popularizó el género de
terror. Henry James (1843-1916) publicó Los
bostonianos en 1886 y se convirtió en el maestro de la novela psicológica,
y su amiga Edith Wharton (1861-1937) se hizo famosa por la sátira de la
sociedad estadounidense que destilaban sus novelas. Finalmente, la literatura
norteamericana obtuvo reconocimiento internacional con Historia de Nueva York (1809), se Washington Irving (1783-1859),
con la que ganó 2.000 dólares. Él acuñó los nombres de “Gotham” para Nueva York
y “Knickerbockers” para los neoyorkinos. W. Irving y James Fenimore Cooper
(1789-1851), cuyos libros supusieron el nacimiento de la novela del Oeste,
formaron el grupo Knickerbocker de escritores estadounidenses. Greenwich Village
siempre ha atraído a los escritores, como por ejemplo a Herman Melville
(1819-1891), cuya obra maestra, Moby Dick
(1851) tuvo inicialmente una fría acogida. Jack Kerouac (1922-1969), Allen
Ginsberg y William Burroughs asistieron a la Universidad de Columbia y bebieron
con otros literatos en el San Remo Café de Greenwich Village. Dylan Thomas
(1914-1953) acabó sus días en el Hotel Chelsea.
El novelista Nathanael West
(1902-1940) trabajó en el Gramercy Park Hotel y su amigo Dashiell Hammett
(1894-1961) escribió El halcón maltés
mientras se alojaba en ese mismo hotel.

Andy Warhol, artista pop
A la escuela de Expresionistas
Abstractos de Nueva York se debe el primer movimiento de arte norteamericano de
relevancia. Fue creada por Hans Hofmann (1880-1966), con Franz Kline y Willem
de Kooning, cuyo primer empleo en Estados Unidos fue como pintor de brocha
gorda. Adolph Gottlieb, Mark Rothko (1903-1970) y Jackson Pollock (1912-1956)
continuaron popularizando este estilo. Pollock, Kline y De Kooning tenían sus
estudios en el Lower East Side.
El pop art comenzó en Nueva York
en los años 70, con Roy Liechtenstein y Andy Warhol (1926-1987), quien realizó
películas en el nº 33 de Union Sq. Keith Haring (1958-1990) fue un artista del graffiti, que alcanzó la fama gracias a
sus murales y esculturas pop art. Robert Mapplehorpe (1946-1989) adquirió
popularidad por sus fotografías eróticas. Jeff Koons perteneció al movimiento
de los años 80 neo-pop o post-pop. Los murales de Richard Haas
ponen una nota de color en muchas paredes de la ciudad.

La actriz Mae West
En 1849, el actor británico
Charles Macready suscitó una gran polémica al manifestar que los
norteamericanos eran vulgares. La multitud entró por la fuerza en el Astor
Place Opera House donde Macready interpretaba Macbeth, la policía abrió fuego y murieron 22 manifestantes. En 1927,
Mae West (1893-1980) fue condenada a pasar 10 días en un correccional de
Roosevelt Island y a pagar 500 dólares por su obscena interpretación en
Broadway de la obra Sex. La ópera
prosocialista de Marc Blitzstein La cuna
se balanceará, producida por Orson Welles, fue asimismo prohibida, pero se
siguió representando en otro teatro. Los actores se las arreglaron para
saltarse la prohibición, comprando entradas y cantando desde las butacas de
espectadores. La principal contribución de Nueva York al teatro han sido los
musicales. Follies, de Florenz
Ziegfeld, permaneció en cartel de 1907 a 1931. El estreno de Oklahoma en Broadway, en 1943, inició la
era de los musicales de Richard Rodgers y Oscar Hammerstein hijo. Fuera de
Broadway, los Provincetown Players, en el nº 33 de MacDougal St., fueron los
primeros en producir, en 1920, Beyond the
Horizon, de Eugene O’Neill (1888-1953). Su sucesor como gran innovador del
teatro estadounidense fue Edward Albee, autor de ¿Quién teme a Virginia Wolf? (1962).

El productor musical Florenz Ziegfeld
Leonard Bernstein (1918-1990)
engrosó la larga lista de directores de la Orquesta Filarmónica de Nueva York,
entre ellos Bruno Walter (1876-1962), Arturo Toscanini (1867-1857) y Leopold
Stokowski (1882-1977). María Callas (1923-1977) nació en Nueva York pero se
trasladó a Europa. Enrico Caruso (1873-1921), Los Beatles y Bob Dylan actuaron
en el Carnegie Hall. El récord de público lo estableció en 1991 Paul Simon: un
millón de personas acudió a escucharle a Central Park.
Los legendarios clubes de jazz de
los años 30 y 40 han desaparecido ahora de la calle 52, pero las placas sobre
el “Jazz Walk” (Acera del Jazz) del CBS Building rinden honor a intérpretes
famosos, como Charlie Parker (1920-1955) y Josephine Baker (1906-1975). Entre
1940 y 1965 Nueva York se convirtió en la capital mundial de la danza, al
fundar George Balanchine (1904-1983) el New York City Ballet y el American
Ballet Theater. En 1958, el coreógrafo Alvin Ailey (1931-1989) inauguró el American
Dance Theater, donde varias compañías de baile multirraciales interpretan danza
moderna.

Cornelius Vanderbilt
El mito del “hombre que se hace a
sí mismo” es el sueño americano. Andrew Carnegie (1835-1919), “el barón del
acero con corazón de oro”, partió de la nada y murió tras donar 350 millones de
dólares. Fue mecenas de diversas bibliotecas públicas y universidades. Muchas fundaciones
deben su existencia al legado de filántropos. Algunos como Cornelius Vanderbilt
(1794-1877) trataban de desquitarse de sus duros comienzos patrocinando las
artes. En el mundo de los negocios, los “barones ladrones” de Nueva York
actuaban a su antojo con aparente impunidad. Los financieros Jay Gould
(1836-1892) y James Fisk (1834-1872) derrotaron a Vanderbilt en la guerra por
el ferrocarril Erie manipulando el mercado de acciones. En 1869 dichos
empresarios originaron el primer Viernes Negro de Wall St., al tratar de
monopolizar el mercado del oro, pero tuvieron que huir al descubrirse el
fraude.
Entre los empresarios modernos
destacan Donald Trump y los difuntos Leona y Harry Helmsley. Al morir Leona en
agosto de 2007, la mayor parte de los 4 billones de dólares del patrimonio de
los Hemsley fue cedida a una fundación benéfica.

Josephine Baker
Uno de los hombres que dio forma
a la ciudad de Nueva York fue Cass Gilbert (1858-1934), creador de rascacielos
neogóticos como el Woolworth Building, de 1913. En el vestíbulo se puede contemplar su caricatura, en la que sostiene una maqueta de su obra maestra. Stanford White (1853-1906) fue tan conocido por su escandalosa vida privada como por sus elegantes edificios beaux arts, como el Players Club. Durante la mayor parte de su vida, Frank Lloyd Wright (1867-1959) se resistió a proyectar edificios urbanos. Cuando finalmente accedió a ello, construyó el Guggenheim Museum. Ludwig Mies van der Rohe (1886-1969), nacido en Alemania y responsable del Seagram Building, no creía que "se pudiese inventar una arquitectura nueva cada lunes", aunque algunos podrían argüir que eso es lo mejor que se ha sabido hacer en Nueva York.
viernes, agosto 02, 2013
jueves, agosto 01, 2013
El comienzo de agosto
Con el comienzo de agosto, aunque aún siga haciendo calor, también se acerca el declive del verano. Los días acortan y por las tardes se necesita chaqueta. Pero como otro año más, es un mes cargado de fiestas, de gente, de vacaciones para mucha gente. Las calles rebosan de vida, de ruidos, de voces, de risas. Es el espejo de la gente que se encuentra de vacaciones. Para mí es un mes de mucho trabajo, pero ni siquiera me paro a pensarlo. De momento, disfrutaremos del día de hoy, que es el cumpleaños de mi padre.
SoHo y TriBeCa, Nueva York
Quizás sea ésta una de las
últimas entradas que escriba sobre Nueva York, y de hecho fue una de mis
últimas tardes allí cuando caminé por las zonas ‘chic’ de SoHo y TriBeCa. Es
una de las zonas más caras de Nueva York, con edificios exquisitos y mucho
modernismo. Y es que los edificios de esta parte de la ciudad son preciosos. Éste
es uno de los lugares donde se es consciente que se está en las calles de Nueva
York. Además está lleno de tiendas y boutiques
de marcas conocidísimas.
El arte y la arquitectura son los
dos atractivos que han contribuido a transformar esta antigua zona industrial
de Nueva York. El SoHo (South of Houston) estuvo amenazado de demolición en la
década de 1960; pero su excepcional arquitectura en hierro se salvó gracias a
que numerosos artistas empezaron a instalarse en las amplias naves altas de la
zona (llamadas lofts). Más tarde se
abrieron galerías de arte, cafés y tiendas. Con el aumento de alquileres y los
precios en general, los artistas se trasladaron del SoHo a TriBeCa (Triangle
Below Canal), conocido por sus galerías, restaurantes y el festival de cine.
La mayor concentración de
arquitectura en hierro colado del mundo sobrevive en el área comprendida entre
West Houston St. y Canal St. Su corazón se halla en Greene St., donde se pueden
admirar 50 edificios construidos entre 1869 y 1895, en cinco manzanas de calles
adoquinadas. Las intrincadas fachadas, en estilo neoclásico y con columnas
corintias, se fabricaron en serie en una fundición, pero son curiosas obras de
arte industrial y armonizan perfectamente con el carácter del barrio.
West Broadway, en el tramo que
discurre por el SoHo, combina impactante arquitectura con gran número de
galerías y boutiques de diseñadores y
pequeños restaurantes. El edificio que se encuentra en los números 72-76 es el
más relevante de Greene St., con espléndidas columnas corintias. Fue proyectado
por Isaac F. Duckworth, uno de los maestros del hierro colado.
Broken Kilometer, en el número 393 de West Broadway, es una
instalación de Walter de María. Consta de 500 barras de latón dispuestas de tal
forma que juegan con la perspectiva. Colocadas una tras otra, medirían un
kilómetro. Performing Garage es un
diminuto teatro experimental que promueve la obra de artistas de vanguardia.
Greene Street tiene edificios de
techos abuhardillados, como el que se ubica en los números 28-30, construido
por Duckworth en 1872. Los números 10-14 de Greene St. datan de 1869. En la
parte de la entrada hay ventanas circulares que permiten que la luz del día
llegue al sótano.
Singer Building fue edificado en
1904 para la famosa compañía de máquinas de coser. También aquí se encuentra el
mural de Richard Haas, que transformó una vulgar pared en un mural que
representa una espléndida fachada en hierro colado.
Dean & DeLuca es una de las
mejores tiendas de alimentación de Nueva York, con una selección infinita de
cafés. El número 101 de Spring St., con su sencilla fachada geométrica de
grandes ventanas, marcó un estilo para los rascacielos. El St. Nicholas Hotel,
anteriormente hotel de lujo, fue utilizado como cuartel general durante la
guerra civil.
El Haughwout Building, cuando se construyó en 1857, fue una elegante
tienda en la que se instaló el primer ascensor de la compañía Otis.
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