jueves, agosto 05, 2010

Nostalgia del medio natural

Es agosto, pero podría ser cualquier mes del año en que la tibieza de unos rayos de luz lance destellos dorados en mi piel. Esto lo digo porque, antes de ir a Japón, buscaba el frenesí de las percepciones que brinda la naturaleza. Y ahora, en estos momentos, siento nostalgia de aquellas horas de no hace tantos meses. Desconozco por qué de repente anhelo que mi alma esté en conjunción natural con ese verdor estival. Quizás es que, en estos días, todo se ve envuelto de personas por todos los parajes adonde yo iba a fundirme con la soledad.

Rememoro con cierta facilidad los sonidos que atinaba a escuchar de fondo, mientras me veía inmersa en una y mil historias de novelas diferentes que duraron tan poco en mis manos. Aquello era media vida, añoro el momento exacto en que El Asedio de Pérez-Reverte iba llegando al final mientras yo disfrutaba ensimismada de su lectura.

Rememoro con cierta simplicidad los colores de los árboles, el verdín de la hierba que me servía de alfombra, el gesto sutil de apartar una bellota que se me clavaba en la piel…

Rememoro los momentos en que escribía un sinfín de palabras a un receptor invisible, las dulces palabras que le susurraría al oído después de varias copas, cuando prensaba alguna hoja para incluírsela después en un sobre de fabricación casera, o las fértiles líneas de algo que en algún momento atiné a dibujarle.

Incluso allí también él estaba presente, sobre todo cuando le escribía palabras llenas de amor, que ahora son un sinsentido, que podrían convertirse en una contradicción. Y, sin duda alguna, peligrosas. No por lo que yo decía, sino porque tengo miedo a decírselo a él. No comprendo qué es eso que me paraliza, cómo esa persona tiene tanto poder sobre mis actos, ya que, si fuera de otra manera, él lo sabría todo a estas alturas. Pero no me atrevo a acercarme a él y transmitirle el fuego de amor que arde en mi corazón, no me atrevo porque ese simple acercamiento bastaría para avivarlo un poco más.

El caso es que echo de menos aquellos ratos en que mi corazón era libre, en que me sentía unida a los hilos invisibles que la naturaleza tendía hacia mí. Y no me importaba escribirle, contarle todo lo que quizás nunca le diré, sentir que él estaba tan cercano por el sutil hecho de dedicarle un minuto de pensamiento (que eran más).

Y al volver a casa me sentía en paz con el mundo.

Me siento atada a algo que se llama amor y no encuentro la forma de deshacer el nudo. Aunque quizás es que no deseo, por nada, que el nudo se deshaga.

Quizás esta tarde, si el sol se mantiene en el horizonte, vaya a tumbarme sobre la yerba.

El secreto de las luciérnagas

Cuando era pequeña creía que las luciérnagas venían de las estrellas, porque, como las estrellas, sólo se dejaban ver de noche. Tanto me atraían las luciérnagas que pensaba que se traían a la tierra una parte de la luz de las estrellas para que nadie se sintiera perdido en la oscuridad de la noche. Creo que este pensamiento infantil estaba influido, sin duda alguna, por alguna historia que me habían contado. Porque yo no me adentré en la literatura hasta los catorce años, aunque parezca cosa de broma. De pequeña me regalaban libros de cuentos y era incapaz de abrirlos más que para mirar las imágenes que en ellos venían. Ni que decir tiene que si un libro contenía sólo letra ni siquiera me dignaba a cogerlo. Pero las imágenes me atraían en otro sentido, no me conformaba con verlas, sino que me dedicaba a copiarlas. Así es como aprendí a dibujar y no me extraña que, años después, fuera extraordinariamente buena dibujando y que fuera incapaz de recordar los títulos de las mejores novelas de la literatura universal, así como el nombre de sus autores.

Bien. Me gustaban las luciérnagas porque creía que eran seres llegados cada noche directamente desde el firmamento para darnos luz con su brillo especial. Nunca me atreví a tocarlas, siempre me limité a observarlas, como si en verdad profesara hacia ellas un enorme respeto por traernos su luz.

Esto me recuerda al mito de Prometeo, que robó el fuego a los dioses para entregárselo a los hombres (y que Zeus le castigó encadenándole a una roca para toda la eternidad y un águila venía a comer su hígado cada día, órgano que volvía a crecerle cada noche, que por algo era inmortal).

De todas formas, sólo recuerdo haber llegado a tocar un tipo de insectos: saltamontes, cuando en la preadolescencia nos sentábamos bajo alguna farola a contar historias de miedo o a jugar a las cartas. Los saltamontes se refugiaban bajo la luz y se ponían a saltar incansablemente.

Volviendo a las luciérnagas, hace siglos que no veo una. Quizás es porque ya no me paro a contemplar tanto lo que me rodea, o quizás porque he perdido la costumbre de pasear bajo las estrellas.

Sin embargo, hoy en día las estrellas tienen un significado radicalmente diferente, porque veo a alguien en cada estrella o cada estrella me lleva a evocar a la persona amada. Miro hacia el firmamento estrellado y me acuerdo de él, sonrío y siento que mi alma se encuentra en paz. Las estrellas tienen una luz diferente porque han sido prendidas de una parte de la magia que proviene de esa persona.

Esa magia está en que es complicado ver sus reflejos en la tierra (a no ser que sea en forma de luciérnagas), que son inalcanzables… aunque en realidad sí que a veces podemos verlas reflejadas en una extensión considerable de agua… pero sólo cuando son muy nítidas y cuando las noches están despejadas.

Esas estrellas que dotan de música al cielo…

miércoles, agosto 04, 2010

Un día sin él


Hay muchos días en que no le veo y no pasa nada. Por lo general, siempre hay algo o alguien que me lo recuerda. Pero hoy no sólo no le he visto sino que aquí difícilmente hay objetos que me lo traigan a la mente, carezco de la sensación esa que llega al pensar: "él camina por estas mismas calles", porque aquí no existe, tampoco existe la posibilidad de saber que puedo encontrármelo en cualquier momento.
En resumen, he echado de menos esa cercanía que nos separa tan sólo unos metros cada día.

Lo que opina el médico

El médico no sabe si tengo una simple alergia o es rinitis. En todo caso, me ha dado unas gotas para la nariz y antibiótico que vendría bien para cualquiera de las dos cosas. Si es alergia, mañana me sentiré mejor, si es una rinitis me durará una semana.
Le he mirado con cara de poema: "Pero no puedo estar una semana así". Espero que sea una simple alergia.
Esta tarde sigo exenta de trabajo, más que nada porque tengo que ir a la farmacia a las cinco a por lo que me ha recetado el médico. Pero mañana voy, esté como esté, que peor que hoy no creo que sea.
Hoy toca siesta otra vez. Con todo lo que estoy durmiendo en las últimas horas y creo que me despierto como si me hubieran vapuleado; no descanso en realidad.

Tanta gente

No soporto venir al médico y encontrarme con tanta gente, gente que seguramente viene todos los días.
Esto me recuerda a un ensayo famoso de Ortega y Gasset titulado La rebelión de las masas, que hablaba de la gente que nos encontramos en todos los sitios, personas anónimas y sin rostro que llenan el metro, la calle, los museos, las plazas... Gente, gente, masas informes de gente en cualquier lugar del planeta. Los individuos se despersonalizan para convertirse en una masa humana más parecida a un rebaño de reses que a personas con capacidad de razocinio. Ya no hay un lugar en el mundo donde se pueda estar en soledad, porque siempre habrá llegado primero otra persona.
He intentado plasmar el pensamiento de Ortega en aquel libro, pero lo mejor es leérselo, porque la factura es exquisita. Y yo me sentí identificada con él en numerosas ocasiones. Me acuerdo de ese ensayo cuando me encuentro con un sinfín de gente en algún sitio.
Como ahora.
BlackBerry de movistar, allí donde estés está tu oficin@

Virus

Estoy en casa. Aprovecharé para ir al médico esta mañana. No me apetece nada estar aquí, más que nada porque tengo muchas cosas que hacer.
A ver qué me dice el médico y a ver si puedo escaparme a última hora de esta mañana.

martes, agosto 03, 2010

El volcán dormido


Dentro de mí hay un volcán dormido, que se mantiene en calma muchas veces y que a veces quiere entrar en erupción, sobre todo cuando le veo y siento que el corazón lucha por seguir sus pasos.
Esos momentos en que despierta el volcán son únicos. Tengo gratos recuerdos de cada encuentro con él.

Todo y nada

Conozco a alguien que es...

... como el arco iris en un día de lluvia,
... como el faro que guía a un barco extraviado,
... como el azúcar que se echa a un café amargo,
... como el rayo de luz en medio de un cielo gris,
... como la estrella que se deja ver en medio de las nubes del anochecer,
... como el oasis en medio del tórrido desierto,
... como el buen vino añejo guardado durante décadas,
... como la primera flor de la primavera,
... como la brisa de aire que mueve una cometa,
... como la linterna que guía tus pasos en un callejón oscuro,
... como la sombrilla que te protege del sol,
... como la primera uva recogida en la vendimia,
... como la calma en medio de un tornado...

Tantas cosas que decir...

A grandes males, grandes remedios

Mi madre me ha preparado vahos mentolados que hacer. Es bastante horrible, pero más inaguantable es la congestión que tengo. Espero que la menta haga efecto...

La belleza oculta

A veces no nos paramos a observar la belleza de las cosas que nos rodean. Sólo habría que detenerse frente a una rosa, magnífica y radiante bajo el sol. No hace falta tocarla para observar sus rojos pétalos aterciopelados (lo que me recuerda al tacto de unas sutiles manos), no hace falta acercar la nariz para que su aroma impregne el aire que respiramos, no hace falta más que contemplar esa belleza natural en su medio ambiente para saber que es una belleza caduca, que si la cortáramos tendría los días contados, incluso sin cortarla, en unas semanas sus pétalos serán como las alas de una mariposa desperdigadas en el suelo.
A veces la belleza simplemente está ante nuestros ojos. Se puede ver en la mirada penetrante de unos ojos oscuros que contienen en sí mismos toda la nobleza del mundo; se puede descubrir en la sonrisa dorada de un rostro cargado de bondad; se puede admirar al tocar esas manos tan suaves; se puede escuchar cuando el timbre sensual de su voz corta el aire como si formara parte de una sonata celestial… Y, sin embargo, creo que sólo muestra una pequeña parte de la belleza que hay en él, que oculta una belleza aún mucho más grande, más significativa, más placentera. Y seguro que es más hermoso lo que no se ve que lo que muestra al mundo.

Siesta en martes

Me he echado una siesta que me ha sabido a gloria. Sin duda, la necesitaba, porque ahora estoy algo mejor, aunque no recuperada al 100%. Ha sido mi hermano pequeño el que me ha despertado llamando al perro como si le fuera la vida en ello.

He soñado.

Nada ha cambiado

Desde la semana pasada a esta nada ha cambiado. El domingo pensaba que algo en mí había cambiado, pero lo único que ha cambiado ha sido mi actitud hacia esa persona. El sentimiento sigue igual, más grande si cabe.
Cuando esta mañana le he visto me cosquilleaba el corazón. Por nada del mundo me hubiera marchado.

La mujer que se convirtió en árbol

Y la Tierra, escuchando los lamentos de Dafne, se apiadó de ella y la convirtió en árbol”.

Esta mañana pensaba que mi corazón se iba a convertir en astillas secas. Me sentía como Dafne al convertirse en árbol y, de hecho, pensaba que podía ocurrir algo parecido. Sin embargo, qué lejos de la realidad; en realidad siento que mi corazón late aún más fuerte y que ha florecido. Florece porque ama y el amor también a veces conlleva dolor.
Esta mañana quería encerrar mi corazón con llave, para que no se rebelara, para silenciarle, pero he comprendido que ha crecido y que no hay recipiente en este mundo donde pueda encerrarle.
Lo abstracto, y aquí entran los sentimientos, no pueden medirse ni describirse, ni siquiera nos podemos acercar a su magnitud. Podemos hacernos una ligera idea, nada más.

El amor es una fuerza salvaje.
Cuando intentamos controlarlo, nos destruye.
Cuando intentamos aprisionarlo, nos esclaviza.
Cuando intentamos entenderlo,
nos deja perdidos y confusos”.

*Mitología clásica: Dafne

Soy yo… cuando me mira a los ojos, cuando me escondo tras su mirada, cuando me oculto tras mi silencio. Quiero que me escuche aun cuando no le hable, pues sólo cuando callo sé decirlo todo.

lunes, agosto 02, 2010

Creative Beauty

Estoy con la creatividad por las nubes, esto es, a partir de hoy voy a dedicar las últimas horas de la tarde (sólo yo sé por qué evito ir a esa terraza en concreto) a escribir. Y no me refiero a esto, sino a escritura más cuidada. Si eso es lo único que me hace desconectar durante unas horas y, de alguna forma, me llena algo, creo que merece la pena.
No es que no me apetezca tomar una cerveza, pero no será aquí. Y diciendo esto acabo de hacer una llamada para tomar algo en la ermita. Necesito despejarme. Necesito salir de aquí. Y aunque hoy no haya hablado de él no quiere decir que no haya pensado en él. Quizás he pensado más en él que otros días, sólo que es algo que he mantenido en silencio.
De todas formas, incluso la tristeza lleva a la creación de cosas hermosas. De hecho, creo que la tristeza lleva a hacer cosas de belleza extraña.

Decía aquel viejo orador romano (Catulo): "Odio y amo, tal vez te preguntes cómo puedo hacerlo; no sé, pero lo siento y así me torturo". Sin embargo, yo no odio.

domingo, agosto 01, 2010

Agosto

Agosto no ha comenzado con buen pie, que digamos. Espero que el final del mes sea mejor que este primer día, aunque no puede ser peor, eso seguro.
No tengo muchas ganas de hablar de este mes, porque en realidad no tengo muchas ganas de decir nada.

Quizás mañana amanezca más azul, aunque para mí sea muy gris.

Amor...
¡Cuántos caminos hasta llegar a un beso!
¡Qué soledad errante hasta tu compañía!
(Pablo Neruda)

Doha (الدوحة), Qatar


Puerto Deportivo de Doha
Cuando fui a Japón no tenía previsto pasar más de unas pocas horas en el aeropuerto de Doha, pero las circunstancias del destino, el retraso de la salida del avión desde Madrid y la salida del avión de Qatar Airways a Japón cuando nosotros aterrizábamos en Doha, me llevaron a conocer la capital de un país que a mí me sonaría a chino de no ser por el motociclismo.
Porque hasta aterrizar en Qatar, yo sólo conocía de aquel país el circuito de Losail, el único circuito de motociclismo que se recorre de noche, con todo el gasto que esto conlleva, y que dio inicio al mundial 2010 de motociclismo. Si mal no recuerdo, este año las condiciones adversas en climatología (llovía torrencialmente) hicieron que muchos pilotos se retiraran de las pistas sin acabar la carrera. Y, si la memoria no me falla, ganó Valentino Rossi.
Hasta esa primera semana de junio en que yo aterrizaba en Qatar con una hora de retraso es lo único que conocía de aquel país peninsular que limita por un lado con Arabia Saudí y, por el otro lado, con el Golfo Pérsico.
Cuando, en el aeropuerto, nos llevaron al mostrador con tanta calma, ya de noche, yo miraba con cara de circunstancias a la mujer árabe que me estaba sellando el visado. Su cabello estaba cubierto con un velo negro de seda y su rostro no se encontraba oculto. Su rostro me recordó a las mujeres musulmanas de los Cuentos de la Alhambra de Washington Irving.
Cuando esperábamos al autobús, pensé que era poner al mal tiempo buena cara y busqué los beneficios que conllevaba conocer, a rasgos generales, la capital de un país nuevo, el primer país árabe que mis pies pisaban en la vida. Tenía 24 horas por delante para saborear los aires del desierto.

Hotel Al-Morouj Inn, Doha, donde nos alojaron
Ahora, casi dos meses después, me río de aquella estrambótica situación en la que me vi inmersa durante unas horas. Lo que mejor recuerdo es el calor, un calor de más de 50º, que caminabas dos pasos y estabas sudando. Jamás he pasado un calor tan horrible ni en los peores veranos españoles, ni cuando estuve un mes de agosto en Roma hace unos años. No, aquello hay que vivirlo para saber lo que es el calor de verdad.
Recuerdo el mar de color esmeralda. Pensé: 'Si es que parece artificial'.
Cines en el Centro Comercial
Había enormes descampados donde en un futuro construirán seguramente. Muchos edificios estaban rodeados de grúas y muchos otros rascacielos eran completamente nuevos, enormes y modernas estructuras de acero y cristal que quitaban la respiración. Mi mente lo registró todo y pensé en las imágenes que había visto de Dubai (EAU); para mí, Doha está siguiendo el ejemplo de Dubai y de ahí tantos edificios nuevos, tantos espacios dedicados a la construcción, tantos rascacielos a medio construir… Se ve que el petróleo da mucho dinero.
Ritz-Carlton Doha Hotel
Otro de los aspectos donde se ve la pasta gansa es en los vehículos que conducen: demasiado nuevos, demasiado potentes, demasiado caros… Es una pena que no viera una gasolinera a ver a cuánto estaba el fuel.
Sentí el machismo de ese país en mis carnes, cuando algunos hombres me miraban los brazos desnudos con una mueca de desagrado. Hay que entender que yo iba en tirantes y sus mujeres van tapadas hasta las muñecas (si es que no llevan guantes), pese al calor. Les ves vestidos con marcas internacionales, aunque éstos son los menos, porque allí se viste con el traje-sábana blanco desde la cabeza a los pies. Eran pocos los que no lo llevaban. Las mujeres sólo llevan el velo, que puede ser de seda por lo fino que parecía. Si llevaban el rostro descubierto es porque estaban casadas. En cambio, las había que el mismo velo lo llevaban cogido a la altura de la nariz y enganchado a la parte del velo que caía sobre la frente, por lo que sólo dejaban ver los ojos; éstas eran solteras.
La historia de Qatar se remonta a la Edad de Piedra, cuando el clima en la zona era más templado que en la actualidad. La célebre cerámica de Mesopotamia se descubrió aquí, apuntando hacia la expansión de un comercio regional en el Golfo Pérsico.
La pesca y, hasta 1930 en que su comercio se redujo drástricamente, las perlas fueron los pilares del comercio de Qatar, junto a la ganadería ovina y caprina en el interior del país. Esta forma de vida se transformó con el desarrollo de la industria de hidrocarburos. Como tercera potencia mundial en reservas de gas, el petróleo y el gas se convierten en los mayores contribuyentes al PIB del país, y esto se utiliza para diversificar los intereses del país en diversas y variadas actividades.
A través de la visión del Emir, el jeque Hamad Bin Khalifa Al-Thami, Qatar es hoy un país altamente desarrollado y vibrante, que se ha convertido en anfitrión de numerosos eventos de índole mundial, mostrando al mundo sus grandes infraestructuras de última generación en los campos de la industria, el comercio, la educación, la cultura, el ocio y los deportes.
Los viajes y el turismo se han desarrollado rápidamente, al igual que los proyectos inmobiliarios. La Perla de Qatar es uno de los proyectos de millones de dólares, convertido en punto de referencia para la construcción del siglo XXI.
Sheraton Hotel
Doha se asienta en una amplia bahía en la costa este de Qatar, llamada Corniche. Desde el Museo Nacional, alrededor del perímetro de la bahía, se puede contemplar el conjunto de torres y y brillantes rascacielos del centro de negocios de Doha, empequeñeciendo la pirámide del Hotel Sheraton, que domina el panorama.
Recientemente, la ciudad ha sido testigo de una extraordinaria explosión de desarrollo. Numerosos proyectos se anuncian cada mes, cada uno aparentemente mayor que el anterior. Uno de los mayores proyectos es el destinado al sector educativo, un complejo de 2.500 acres en el extremo oeste de la ciudad. Allí se ha erigido un enorme campus formado por varias universidades y otras instituciones educativas. Otro complejo nuevo es la Ciudad Deportiva, en los alrededores del inmenso estadio internacional Khalifa, corazón de los Juegos Asiáticos de 2006.
La extensión de impresionantes edificios y frondosos parques que bordean la Corniche hace difícil recordar que Doha en sus inicios fue poco más que una aldea reservada a la pesca y recolección de perlas. Su gama de azules, verdes aguamarinas y las aguas poco profundas de la bahía es lo primero que llama la atención a los visitantes.

Entrada al City Center
Uno de los pocos lugares donde se podía estar en aquel día caluroso era el City Center, en la zona oeste de la bahía de Doha, un inmenso centro comercial, que atrae diariamente a 50.000 visitantes, y en doble en fines de semana. Gracias al potente aire acondicionado de aquel centro comercial, sobreviví a aquella jornada en la capital de Qatar.
City Center por dentro