
jueves, agosto 05, 2010
Nostalgia del medio natural

El secreto de las luciérnagas

Cuando era pequeña creía que las luciérnagas venían de las estrellas, porque, como las estrellas, sólo se dejaban ver de noche. Tanto me atraían las luciérnagas que pensaba que se traían a la tierra una parte de la luz de las estrellas para que nadie se sintiera perdido en la oscuridad de la noche. Creo que este pensamiento infantil estaba influido, sin duda alguna, por alguna historia que me habían contado. Porque yo no me adentré en la literatura hasta los catorce años, aunque parezca cosa de broma. De pequeña me regalaban libros de cuentos y era incapaz de abrirlos más que para mirar las imágenes que en ellos venían. Ni que decir tiene que si un libro contenía sólo letra ni siquiera me dignaba a cogerlo. Pero las imágenes me atraían en otro sentido, no me conformaba con verlas, sino que me dedicaba a copiarlas. Así es como aprendí a dibujar y no me extraña que, años después, fuera extraordinariamente buena dibujando y que fuera incapaz de recordar los títulos de las mejores novelas de la literatura universal, así como el nombre de sus autores.
Bien. Me gustaban las luciérnagas porque creía que eran seres llegados cada noche directamente desde el firmamento para darnos luz con su brillo especial. Nunca me atreví a tocarlas, siempre me limité a observarlas, como si en verdad profesara hacia ellas un enorme respeto por traernos su luz.
Esto me recuerda al mito de Prometeo, que robó el fuego a los dioses para entregárselo a los hombres (y que Zeus le castigó encadenándole a una roca para toda la eternidad y un águila venía a comer su hígado cada día, órgano que volvía a crecerle cada noche, que por algo era inmortal).
De todas formas, sólo recuerdo haber llegado a tocar un tipo de insectos: saltamontes, cuando en la preadolescencia nos sentábamos bajo alguna farola a contar historias de miedo o a jugar a las cartas. Los saltamontes se refugiaban bajo la luz y se ponían a saltar incansablemente.
Volviendo a las luciérnagas, hace siglos que no veo una. Quizás es porque ya no me paro a contemplar tanto lo que me rodea, o quizás porque he perdido la costumbre de pasear bajo las estrellas.
Sin embargo, hoy en día las estrellas tienen un significado radicalmente diferente, porque veo a alguien en cada estrella o cada estrella me lleva a evocar a la persona amada. Miro hacia el firmamento estrellado y me acuerdo de él, sonrío y siento que mi alma se encuentra en paz. Las estrellas tienen una luz diferente porque han sido prendidas de una parte de la magia que proviene de esa persona.
Esa magia está en que es complicado ver sus reflejos en la tierra (a no ser que sea en forma de luciérnagas), que son inalcanzables… aunque en realidad sí que a veces podemos verlas reflejadas en una extensión considerable de agua… pero sólo cuando son muy nítidas y cuando las noches están despejadas.
Esas estrellas que dotan de música al cielo…
miércoles, agosto 04, 2010
Un día sin él

Lo que opina el médico

Tanta gente
Esto me recuerda a un ensayo famoso de Ortega y Gasset titulado La rebelión de las masas, que hablaba de la gente que nos encontramos en todos los sitios, personas anónimas y sin rostro que llenan el metro, la calle, los museos, las plazas... Gente, gente, masas informes de gente en cualquier lugar del planeta. Los individuos se despersonalizan para convertirse en una masa humana más parecida a un rebaño de reses que a personas con capacidad de razocinio. Ya no hay un lugar en el mundo donde se pueda estar en soledad, porque siempre habrá llegado primero otra persona.
He intentado plasmar el pensamiento de Ortega en aquel libro, pero lo mejor es leérselo, porque la factura es exquisita. Y yo me sentí identificada con él en numerosas ocasiones. Me acuerdo de ese ensayo cuando me encuentro con un sinfín de gente en algún sitio.
Como ahora.
BlackBerry de movistar, allí donde estés está tu oficin@
Virus
martes, agosto 03, 2010
El volcán dormido
Todo y nada
Conozco a alguien que es...A grandes males, grandes remedios
La belleza oculta

Siesta en martes
Nada ha cambiado

La mujer que se convirtió en árbol

Soy yo… cuando me mira a los ojos, cuando me escondo tras su mirada, cuando me oculto tras mi silencio. Quiero que me escuche aun cuando no le hable, pues sólo cuando callo sé decirlo todo.
lunes, agosto 02, 2010
Creative Beauty

domingo, agosto 01, 2010
Agosto




