miércoles, octubre 07, 2009

Atrapando el momento V (y último): La Ciudad Alta -Bruselas- (26 de septiembre)

Comisión Europea (Edificio Berlaymont)
Era el último día en Bélgica y había que aprovecharlo. Me levanté a las 9.00h., sin saber muy bien la hora a la que había llegado la noche anterior. En esos momentos no noté el malestar que arremetería contra mí unas horas después. La noche anterior me quedé con los chicos de fiesta (después me dijeron que llegamos a las 4.30h. de la madrugada) y por la mañana tenía bastantes lagunas (consecuencia de los whiskies de la noche anterior, que después recordé que eran JB’s porque allí no tenían Ballantine’s en ningún sitio).
A pesar de la incipiente resaca que luego florecería en todo su esplendor, una vez más volví a marcharme de allí como alma que lleva el diablo, aunque esta vez me llevaba la maleta conmigo. Ya tenía claro que me iría a la Gare du Midi, porque junto a esa estación teníamos que coger el autobús del aeropuerto al mediodía (el avión salía a las 18.00h.). En cuanto dejé la maleta en consigna, que luego tendría que abrir por un sistema digital de código de barras. Es decir, en las consignas aquellas no había llave, sino que te imprimía un ticket con un código de barras que, para sacar la maleta, tenías que poner después sobre el cristal de una ventanita.

La ciudad de Bruselas está dividida en dos zonas perfectamente diferenciadas: la Ciudad Baja y la Ciudad Alta. La primera zona ya estaba más que vista, pues es todo aquello que rodea la Grand Place, donde se encuentran los enclaves más famosos. La Ciudad Baja fue el emplazamiento inicial de la ciudad. Por otro lado, la Ciudad Alta está separada de la zona baja por un escarpe que cruza de forma abrupta de norte a sur.
En la actualidad, las diferencias entre ambas zonas no son tan evidentes. En siglos anteriores, la Ciudad Baja, principalmente de habla flamenca, era un animado centro comercial, mientras que la Ciudad Alta acogía a la realeza y la aristocracia, de habla francesa.
De Midi cogí el metro hasta Schuman y lo primero que vi nada más alcanzar la calle fueron innumerables banderitas de estrellas amarillas sobre fondo azul. Estaba en el Barrio Europeo (Quartier Européen-Europese Wijk).
Me quedaban algunas cosas que ver: el Palais Royal, el Palais de Justice, los Musées Royaux des Beaux-Arts. Pero me parecía impensable estar en Bruselas y no hacer una visita al Parlamento Europeo. Por eso preferí ir directamente al Barrio Europeo, en detrimento de todos aquellos edificios de la realeza que, sin duda, estaban dotados de la magnificencia de la que hacen gala los aristócratas. Es más, en el Palais Royal sabía que no podría entrar porque es la residencia oficial de los reyes belgas.
Tenía capacidad para 20 fotos más en la cámara, así que tuve que racionar (y borrar algunas de los días anteriores).
Sede de la Comisión Europea
El primer edificio de la Unión Europea con la que me encontré nada más salir del metro fue la de la Comisión Europea (Commission Européenne-Europese Commissie). Es el edificio Berlaymont, en forma de tricornio, que no hace mucho ha vuelto a abrir sus puertas tras retirar de su estructura la gran cantidad de asbesto(*) que se descubrió. Se trata del cuartel general de la Comisión Europea, cuyos trabajadores son, en efecto, empleados civiles de la UE.
Desde allí, después de pasar por enormes edificios acristalados, todos con las insignias de la UE, llegué al Parc Léopold, donde yo sabía que estaba el Parlamento Europeo.
El Parc Léopold ocupa los terrenos de una antigua finca. Nada más entrar me encontré con un lago lleno de patos. Mi cuerpo me pedía reposo, así que me tumbé allí un buen rato a contemplar ora el cielo ora los patos.
Biblioteca Solvay
El paseo que rodea el lago corresponde con el cauce del antiguo río Maelbeek, cubierto en el siglo XIX por razones de higiene. A finales del siglo XIX el científico e industrial Ernest Solvay impulsó la idea de promover un parque científico. Solvay recibió el Parc Léopold y levantó en él cinco centros universitarios -yo sólo conseguí ver la Biblioteca Solvay (Bibliotheque Solway-Solway Bibliotheek), aunque sólo el exterior pues estaba cerrada-. Aquí se reunieron figuras preeminentes de la ciencia, como Marie Curie y Albert Einstein, para discutir los nuevos descubrimientos científicos.
Esto me recuerda a la famosa foto del Congreso Solvay en la que 3/4 partes de los científicos que aparecen en la misma ganaron el Premio Nobel.
El parque aún acoge muchas instituciones científicas y supone un remanso de paz (¡que me lo digan a mí!).
El Parc Léopold es como una especie de montículo de laderas empinadas, en la cúspide del cual se encuentra una de las tres sedes del Parlamento Europeo (Parlement Européen-Europees Parlementt), elegida por la UE. Su sede permanente está en Estrasburgo (Francia), donde se celebran una vez al mes las sesiones plenarias. El centro administrativo se halla en Luxemburgo y las reuniones del comité se celebran en Bruselas.
Sede del Parlamento Europeo en Bruselas
El Parlamento Europeo es un enorme complejo de acero y vidrio. El moderno edificio cuenta con muchos admiradores, como los trabajadores y los propios parlamentarios, que se sienten orgullosos del que en su día fue el edificio mayor de Europa. Pero también tiene sus detractores, que lamentan que para construir el nuevo complejo se perdiera gran parte del animado barrio Léopold.
La enorme estructura abovedada aloja el hemiciclo donde se sientan los más de 700 parlamentarios europeos. Cuando los parlamentarios no están aquí, el edificio no permanece vacío, ya que se utiliza para las reuniones de los comités de la Unión Europea.
Para entrar al Parlamento Europeo había que pedir cita previa y yo no tenía ganas más que de relajarme en la hierba del parque donde me encontraba. Sin embargo, había visto un magnífico arco de triunfo en el horizonte que no me permitió detenerme mucho. De vez en cuando miraba el reloj, porque no podía dormirme. Así llegué al Parc du Cinquantenaire.
Arco triunfal del Parc du Cinquantenaire
El Palais y el Parc du Cinquantenaire, los más bellos de los proyectos de Leopoldo II, se construyeron para celebrar los 50 años de independencia belga. El parque se levantó sobre un terreno pantanoso que no se utilizaba. El palacio debía tener un arco de triunfo y dos grandes zonas de exposición, pero para la apertura de la Exposición Internacional de Arte e Industria, de 1880, sólo se terminaron las dos zonas de exposición. Sin embargo, se encontraron nuevos fondos y las obras continuaron durante 50 años más. Antes de convertirse en museo, los grandes espacios situados a cada lado del arco triunfal se utilizaron para albergar ferias industriales; la última se celebró en 1935. También ha servido para acoger carreras de caballos y para guardar palomas mensajeras. Durante la IIª Guerra Mundial el parque se utilizó como zona de cultivo.
A mí la cuádriga que corona este arco triunfal me recuerda a la que hay en la Puerta de Brandeburgo de Berlín, aunque el arco está inspirado en el Arco de Triunfo de París. Éste se concluyó en 1905.
Claustro en los Musées Royaux d’Art et d’Histoire
Lo cierto es que antes de llegar al centro del parque, fui por un lateral y entré en los Musées Royaux d’Art et d’Histoire. No presté mucha atención a lo que había en su interior, si bien es cierto que me llamaron la atención una serie de trineos de lujo de siglos pasados, tan lujosos que en un principio me parecieron carrozas con capacidad para una o dos personas.
Aparte de este museo, hay otros en los que no entré, como el Musée Royal de l’Armée o Autoworld con una magnífica colección de coches.
Vi el parque entero, que estaba lleno de estatuas e incluso había una mezquita. Allí me despedía de Bélgica, porque no quedaba mucho para volver a la parada de Schuman y coger el metro hasta la estación de Midi, donde a las 15.00h., ya reunida con los demás, cogimos el autobús que nos llevaría hasta Charleroi.

Au revoir, Bruxelles!

(*) Asbesto (Del lat. Asbestos, y éste del gr. ἄσβεστος, incombustible, inextinguible). 1.m. Mineral de composición y caracteres semejantes a los del amianto, pero de fibras duras y rígidas que pueden compararse con el cristal hilado.

martes, octubre 06, 2009

Perdona si te llamo amor

Perdona si te llamo amor - Federico Moccia | Planeta de Libros

Lo llaman el 'fenómeno Moccia' por el éxito de ventas que está teniendo en todo el orbe.
Llaman la atención las portadas multicolor. De hecho fue lo primero que me atrajo de estos libros. Pero yo nunca elijo una lectura al azar. Abrí el libro por la mitad y leí un poco, después miré la contraportada y el argumento me interesó lo suficiente como para traerme a casa éste y dos más del mismo autor.
Recuerdo además que los compré en La Casa del Libro de la Gran Vía madrileña cuando estuve en mayo. Si no los había empezado a leer antes es porque le presté éste a mi madre, que finalmente me lo devolvió diciendo que no le gustaba.
Yo sé que a mi madre lo que no le gustaba, aunque ella no me lo haya dicho, es que el autor mezcle en un mismo párrafo lo que piensa un personaje con los hechos que están ocurriendo en la novela.
También lo he leído en dos etapas, cosa que jamás hago. Al ser un libro tan pesado (680 páginas) no podía llevármelo a Bélgica, así que durante estas dos últimas semanas he estado leyendo La ciudad de los prodigios y éste alternativamente.

Se trata de una historia de amor, pero no una historia empalagosa como las que muchas veces intentan meternos por los ojos. Es una historia bonita, diferente: él tiene 36 años, ella 17. Y se enamoran perdidamente. Ni que decir tiene que a veces me he imaginado yo en el lugar de Niki y le he visto a él usurpando el de Alessandro. Es inevitable no sentirse uno de ellos. Creo que, en cierto modo, con este libro he sentido nostalgia, esa nostalgia de cuando se está enamorado, de ser capaz de parar el mundo mientras estás con una persona a la que amas, de compartir momentos con alguien y no necesitar nada más y pensar que con esa persona puedes alcanzar el fin del mundo. Ahí donde sólo hay perfección. Abrir los ojos cada mañana y encontrarte con una tierna mirada donde puedes sumergirte y aquello que desees convertirse en realidad, darle la mano y sentir que se te ensancha el pecho... Es un dar y recibir continuo. Sentir que cada día con esa persona es el primero de tu vida y vivirlo como si fuera el último.
Podría seguir, pero no hay palabras para describir esto.

La trama transcurre en Roma (otra ciudad llena de recuerdos y vivencias). Por una parte están las Olas, cuatro amigas que están en el último año del instituto. Olly, una muchacha promiscua y frívola, que utiliza a los hombres para obtener placer, pero en definitiva ninguno se queda en su vida el tiempo suficiente. Erica, que lleva con su novio de toda la vida desde siempre y que está sacrificando su juventud, hasta que finalmente le termine dejando. Diletta, que nunca ha tenido una pareja ni lo ha deseado; es la única del grupo que aún no se ha acostado con nadie, hasta que aparezca Filippo. Y Niki, la protagonista de la novela por excelencia. No hace mucho que lo ha dejado con Fabio, un cantante que aún no ha llegado a la fama, y éste sigue detrás de ella, acosándola incluso.
Un buen día Niki tiene un accidente con un enorme coche. Y cuando le ve sabe que es el hombre de su vida: Alessandro, un envidiado director de publicidad casi veinte años mayor que ella.
Alessandro tiene otras preocupaciones en su cabeza cuando ve a la chica del ciclomotor tumbada en la calzada: Elena le ha dejado, le ha abandonado sin más después de que él le pidiera que se casaran. Espera que vuelva, pero su novia no da ninguna señal. Además, su jefe Leonardo le ha puesto en el 'ring' contra Marcello para hacer un anuncio: la competencia y la necesidad de quedarse en Roma y no ser trasladado al fin del mundo convertirán sus 'spots' en algo único.
Al conocer a Niki, Alessandro no espera que comience la historia que está a punto de iniciarse. Pero poco a poco es ella la que a veces le da ideas para su trabajo, la chica de los jazmines, la que vive y disfruta del momento, la niña-mujer, quien le encandila. Todos sus amigos, casados, le envidian.
Un buen día aparece Elena y le dice que sí a su propuesta de matrimonio. Alessandro no se atreve a decírselo a Niki, pero cree en la seguridad que le brinda Elena, una mujer más pareja, al menos en lo que se refiere a la edad. Sólo que Alessandro echa los momentos vividos con Niki y un buen día se da cuenta de que necesita vivir su vida y que en esa vida sólo está Niki.

"No voy a tener miedo porque tú seguirás aquí mañana. No tengas miedo: verás el paraíso desde aquí".

El conjuro portentoso

Se trata de una medicina única para todos mis males, pero evito las palabras que están relacionadas con la medicina, de ahí lo de conjuro, además esto suena a hechizo, a magia. Igual me ha hechizado -sin quererlo, claro-.
Es que realmente no hay días malos en mi vida. Puedo estar mejor o peor, pero en cuanto cierro los ojos y pienso en él me siento tocada por una felicidad incierta. Y yo pregunto: ¿Cómo es posible esto si desconozco lo que él piensa? Pero indudablemente me siento desbordada por un abanico de sentimientos positivos.
Dijo Martin Luther King que "si supiera que el mundo se acaba mañana yo hoy todavía plantaría un árbol". Pues yo si mañana acabara el mundo sé que el último pensamiento del último minuto se lo dedicaría a él.
Así, puedo estar enfadada desde primera hora de la mañana, pero si se me ocurre cerrar los ojos y aparece su imagen, que es lo primero que veo cuando cierro los ojos, sonrío de manera inconsciente y me siento algo mejor. A este tipo de sentimientos me refiero cuando digo que me aporta tranquilidad y paz.

El molino


Hay momentos en la vida que semejan las aspas de un viejo molino, paradas ya por el desuso y la herrumbre, silenciosas, descascarilladas y rotas. Y se puede arreglar; un día puede volver a funcionar de nuevo si llega alguien que desee volverlo a poner en funcionamiento.
No recuerdo cómo era el viejo molino, aunque algunos domingos estivales nos acercábamos por allí a tomar un café. Las obras ya han terminado, incluso el nombre ha cambiado.
En estos instantes tengo las aspas paradas. Sé que muy pronto volverán a dar vueltas, con energía, con fuerza. Todo depende del tesón y del empeño que se ponga en ello.
Esta mañana he discutido con mi madre. Entonces he sentido que los engranajes del molino dejaban de funcionar. Sé que no reanudarán su trabajo hasta que no hable con ella. Por orgullo me he ido y aún no he vuelto. De hecho, frente al viejo molino he comprado un bocadillo. A estas alturas debería saber que odio que me intenten controlar. Sé que para esta noche habrá pasado y las aspas habrán vuelto a volar con el viento. Todavía sigo enfadada, aunque me voy calmando poco a poco y cuando regrese a casa estoy segura de que me mostraré predispuesta a hablar.
Las aspas del molino seguirán dando vueltas sin cesar, aunque a veces encuentren escollos que les hagan parar momentáneamente.

Atrapando el momento IV: Amberes (25 de septiembre)

¿Quién no conoce la fama de Amberes por tener los mejores expertos en diamantes del mundo? Pero en aquella ciudad, industrializada a tope, sin duda motivada por el río navegable que llega hasta su mismísimo corazón, hay otros temas dignos de mención. A mí enseguida me atrajo el asunto Rubens, ciudad donde vivió la última parte de su vida y donde está enterrado.
Yo comprobé que Amberes es una ciudad riquísima en todos los sentidos. En algunos países, como la cercana Alemania, la estación de tren es el centro neurálgico de la ciudad, por eso allí, cuando llegas en tren a algún sitio, según lo que te encuentres en una Hauptbahnhof (*) así será la ciudad. En Amberes me dio esa misma sensación. Nada más bajar al andén no sabes ni dónde mirar de lo impresionante que es, aparte de que no está alejada del centro, sino que forma parte de la vida de la ciudad.
Al llegar a Amberes (Anvers-Antwerpen) lo primero que te trae a la mente son aquellos cuadros de los impresionistas franceses, así es el caso de La estación de Saint-Lazare de Claude Monet (aunque en versión moderna).
Tan grande y tan ornamentada es que realmente parece una catedral. Tiene unas escalinatas que traen recuerdos de otras épocas y todas las fachadas están –para mi gusto- muy recargadas en lo que respecta a la decoración exuberante. Realmente es un edificio neoclásico de estilo palaciego que se construyó en 1905.
Con un único vistazo a aquella estación ya sabía lo que podía depararme la ciudad. Y no me equivoqué. Al igual que en las ciudades alemanas, la estación de Amberes, aparte de estar céntrica, es centro neurálgico de la ciudad.
Una de las cosas que me encandiló allí fue que en ningún momento tuve que coger un tranvía, autobús o taxi: se podía ir caminando a cualquier sitio y, aunque la ciudad no es pequeña, al estar todo cerca de la estación era relativamente fácil guiarse. Junto a la estación hacía una enorme plaza, Koningin Astridplein, cuyo nombre alude a la reina Astrid (esposa de Leopoldo III y madre del actual rey, Alberto II), que falleció trágicamente en 1935 en un accidente de tráfico a la edad de 29 años. A esta plaza había de volver después porque allí había un museo digno de mención.
Barrio Judío
Sin embargo, había algo que me atraía cual imán. Muy cerca de allí estaba el barrio judío, los verdaderos mercaderes del diamante. Hace siglos que los judíos se hicieron ricos como orfebres, con el diamante no iba a ser menos. En las dos calles de Pelikaanstraat y Vestingstraat se concentra una cantidad infame de estos ‘pedruscos’. Contrastan los escaparates brillantes con las oscuras fachadas y sus estrechas calles.
Fachada del Museo del Diamante
Inmersa en el mundo del diamante, aún me quedaba por ver el Museo Provincial del Diamante, en la misma plaza de Koningin Astridplein. Allí me despojaron de todo, también de la cámara, sólo se me permitió llevar un texto en castellano (las Audio-guías estaban limitadas al francés, inglés y alemán). Después de dejar todo en consigna tuve la mala suerte de tener delante una excursión de minusválidos. Como la visita empezaba en el tercer piso estuve esperando al ascensor, donde sólo cabían dos sillas de ruedas cada vez. A mí no me importaba esperar, aunque estamos hablando de unos 30 a 50. Al final, la azafata que guardaba en el ascensor me preguntó, en su más cordial inglés, si no me importaba subir por las escaleras. Obviamente le dije que no.
El Museo te explica con bastante concreción de dónde se traen los diamantes, sus propiedades químicas (incluso puedes ver alguno tras la lente ampliadora de un microscopio), la relación entre Amberes y el comercio del Diamante, en donde el dominio de la gema se vio favorecido por la existencia de puerto. Y, por supuesto, había una excelente exposición de magníficas joyas con incrustaciones diamantinas. Es un pequeño resumen de los aspectos más interesantes del Museo del Diamante.
Plaza de la Ópera y comienzo del Meir
A medida que la estación quedaba a mi espalda, dejaría de ver tantos negocios dedicados a los diamantes para encontrarme con la Amberes turística e histórica. Así llegué a Meir, una amplia avenida peatonal surcada de tiendas. HyM, Zara, Mango, Stradivarius, Bershka, Levi’s, Benetton, Women’ Secret, Pimkie, etc. Podría estar caminando por cualquier ciudad española y me encontraría con las mismas tiendas (Esto me recuerda a unos años atrás, cuando todo el mundo hablaba de la globalización. He aquí un ejemplo de globalización). No llegué a terminar el Meir, pero las tiendas seguían y seguían hasta el infinito. En cierto momento tuve que desviarme, así que no vi dónde acababa todo aquello.
Centro comercial en el Meir
Los edificios que alojaban tan conocidas marcas estaban llenos de estatuas, cúpulas doradas, frontones de piedra… Así es el Meir. Luego, como calle comercial, había un goteo incesante de gente que caminaba a toda prisa de un lado para otro. Y muchos turistas, como era de esperar.
El Meir
Y, aunque parezca mentira, conseguí vencer la tentación de las compras. ¿Para qué iba a ir de compras allí cuando esas tiendas existen aquí y, gracias a ese aspecto globalizador que mencionaba antes, venden lo mismo, y posiblemente algo más barato aquí? Así pues reprimí el impulso de mirar escaparates y seguí caminando. Sabía que muy cerca, en un callejón que daba al Meir, se encontraba la Rubenshuis, de la que ya hablé hace unos días. Ya comenté que a mí me atraía mucho la casa-museo de Rubens. Lo más sorprendente de todo es que, acostumbrados a Las tres gracias del Museo del Prado, se crea una especie de tópico según el cual Rubens sólo pintaba mujeres de su época entradas en carnes. Otro tópico que cae: en ningún momento vi en Amberes un lienzo de Rubens del tipo de Las tres gracias, más bien al contrario: todos los personajes representados en sus cuadros eran estilizados y de complexión delgada. Curioso.
Estatuas en el jardín de la Casa de Rubens
No muy lejos de allí, en otra calle perpendicular al Meir se encontraba la Basílica de Santiago (Sint Jacobskerk), donde se encuentra la tumba de Rubens. La primera vez que llegué a la iglesia pensaba que me había equivocado porque el enorme portón estaba cerrado.

Placa de Sint Jacobskerk, donde se explica el horario de visita y donde se comenta que en esa iglesia está la tumba de Rubens
Después volví al Meir y descubrí una placa en holandés (aunque yo lo entendí, quizás porque se parece al alemán) en la que se decía que había cerrado a las 12.00h., pero entre semana abría de 14.00h. a 15.00h. Eran casi la una y media así que busqué una bocatería tan típicas belgas, donde había una larga cola de espera, y pillé un bocata que comí en un banco de piedra entre la gente.
Sint Jacobskerk
Así daban las dos de la tarde. Pues yo ya entraba en Sint Jacobskerk a los cinco minutos. No había nadie. La iglesia estaba libre de turistas (exceptuándome a mí). Tiene una profusa decoración que obviaré debido a que lo más interesante de esa iglesia es la Capilla de Rubens.
Capilla de Rubens
Ya no sentí ese momento apasionado cuando estuve frente a su tumba, pero sí me quedé paralizada, guardando en mi retina todos los detalles de aquella pequeña capilla ubicada detrás del altar.

Lápida que señala la tumba de Rubens
Tan ensimismada estaba que me vi sorprendida por un ancianito con ganas de charla. Me preguntó de dónde venía y se excusó diciendo que no sabía nada de español, todo en inglés, aparte de preguntarme si prefería que me hablara en francés. Le dije que prefería que habláramos en inglés. Entonces comenzó toda una retahíla de anécdotas sobre los tres famosos pintores de la ciudad y, con esa pequeña linterna, empezó a mostrarme los cuadros más interesantes de la iglesia. Yo estaba deseando marchar, pero por educación caminaba lentamente junto a él, mientras él me comentaba fragmentos de la Biblia según los cuadros que iba mostrándome. Se emocionaba al mostrarme los rostros de algunos personajes del Nuevo Testamento. Es cierto que el cuadro de los hermanos pescadores convertidos en Apóstoles, Simón y Andrés, tenía una fuerza brutal. También me impactó a mí, si bien es cierto que ni me hubiera fijado en él en caso de que el anciano con ganas de cháchara no me lo hubiera señalado.
Al final me preguntó si era cristiana y si conocía fragmentos de la Biblia. Le dije que sí, y que incluso me dio por leerme algunos textos bíblicos como por amor al arte el año pasado. Nunca terminé de leer la Biblia, igual tengo que retomarla, aunque lo cierto es que se hace un poco pesada.
Fachada de la Rockoxhuis
Cuando me despedí del ancianito me di cuenta de que aún me quedaba mucho de ver y ni siquiera había hecho la mitad de la ruta. Cerca de aquella iglesia me topé con la Rockoxhuis, que representa el estilo de las viviendas de clase alta de la época de Rubens. Dentro se conservan multitud de cuadros y objetos religiosos, pero lo más interesante es el jardín, poblado por innumerables especies de plantas.
Patio lleno de plantas de la Rockoxhuis
Y es horrible que estés viendo el interior de esta Casa-Museo y que te suene el móvil. Tuve que apagarlo y cuando salí al patio tranquilizador devolví la llamada. Cuando comprobé que era por asuntos de trabajo me quedé algo loca. Pero es la única vez que sentí algo de preocupación respecto a lo que aquí había, aunque en ese momento la cosa no fuera conmigo.
Grote Markt
Seguí caminando entre suntuosos edificios hasta que llegué al Grote Markt, la espectacular plaza mayor de Amberes, donde se encuentra el magnífico Ayuntamiento multicolor. Toda la plaza está repleta de terrazas y cafés de otras épocas.
Brabo tirando la mano del gigante al río
En medio del Grote Markt se alza la famosa estatua de Brabo. Cuenta la leyenda que el soldado romano Brabo derrotó al malvado gigante Antígono, al que cortó la mano y la arrojó al río Escalda. El momento en que está tirando la mano del gigante al río (ubicado tras el Ayuntamiento) es el que está representado en la estatua de esta plaza.
La estatua de Brabo simboliza el origen popular del término ‘Amberes’ (‘handwerpen’ significa “lanzamiento de mano”).
En cierto momento en que estuve sentada en una cafetería de esta plaza parecía que estaba muy lejos de allí, pensando en otra cosa. Y estuve escribiendo.

Catedral de Amberes
Desde allí la catedral está a un paso, rodeada de pubs y tabernas típicas, locales muy concurridos. No me apetecía entrar en la catedral y así lo hice, aunque su fachada es hermosa, y así me senté a observar su blanca piedra sobre un extraño banco. Y allí me enteré de la célebre historia belga de Nello y su perro Patrasche, sacada de la novela El perro de Flandes, de Marie Louise de la Ramée.
Cuenta la historia que Nello era un niño huérfano que un día se encontró un perro. Ayudaba a su abuelo a vender leche por las calles de Amberes y Patrasche le ayudaba a él. Nello es analfabeto, pero tiene talento para el dibujo, medio con el que se expresa a la perfección. Con el paso del tiempo se enamoró de Eloise, pero el padre acomodado de la joven no quería para su hija un muchacho tan pobre. Tras la muerte de su abuelo y acusado por un incendio provocado por otros, decide ir a la catedral de Amberes a ver La elevación de la cruz de Rubens, pero ni siquiera tiene dinero para pagar la entrada a la catedral. En la noche de Nochebuena, Nello y su perro se acercan a la catedral, donde por casualidad encuentran una puerta abierta. Al día siguiente se les encuentra congelados allí mismo, frente al cuadro de Rubens.
Nello y su perro Patrasche
Esta historia es un símbolo de Bélgica. Toda Amberes está repleta de estatuas que tienen clara referencia a esta novela.
Estatuas junto a la catedral
Groenplaats
Desde allí llegué al Groenplaats, una plaza llena de vida, con muchos árboles y donde se podían coger, según pude observar, casi todas las líneas de tranvías y autobuses. Por la cantidad de bancos y hoteles que había supuse que aquello era el centro de negocios de Amberes. Es una plaza relativamente moderna si se le compara con lo que había visto con anterioridad.
Después de admirar los magníficos edificios del centro de Amberes sabía ya cuál era la dirección a seguir para llegar al río Escalda. Allí había un castillo medieval que nos brindaba unas vistas espléndidas del río. Se veía bastante bien el puerto.
Vistas variadas del río Escalda
El atardecer sobre el río amberino me devolvió a la triste realidad: tenía que despedirme de todo aquello. Una parte de mí se quedaba en Amberes para siempre, pero a su vez me llevaba un trocito de aquella ciudad.
Me di un paseo (tardé unos diez minutos) hasta la estación-catedral y me marché con un deje de tristeza en el corazón.
Exterior de la estación

Esta vez no he escrito mucho de la historia porque me parecen más interesantes mis vivencias allí, absorbiendo todo aquello como si me fuera la vida en ello.

(*) Hauptbahnhof: En alemán, ‘estación central’.

lunes, octubre 05, 2009

El dolor irreversible

Hoy he sentido los coletazos de algo que ocurrió años ha. Las agrias palabras me han golpeado como si fueran latigazos en una búsqueda insana de sangre. Aún duelen aquellas heridas, sólo que un día decidí cerrar esa puerta con miles de candados para no volverla a abrir nunca más.
Una simple palabra de otra persona ha bastado para que mirara por la cerradura. Y he recordado que, entonces, no quise odiar porque mi corazón se convertiría en un árbol podrido por el mal sabor que deja tanto dolor y por unas ansias de venganza que sabes de antemano que jamás llevarás a la práctica.
Después de un tiempo obligándote a olvidar, aun siendo consciente de lo complicado que es, echas por tierra todos los momentos que evocabas antaño y que te abrían aquella vieja herida una y otra vez.
Hogaño esa vieja herida está cerrada.

Entonces perdí el interés por sexo opuesto, hasta la actualidad. Y ahora que el deseo, la atracción, un sentimiento que crece sin poder yo misma evitarlo, el muro defensivo que cae cual castillo de arena en su presencia... me muestran un camino de rosas y espinas. Tengo miedo porque me estoy pillando. Temo al dolor que esto pueda llevar implícito. Me da pánico pensar en lo que puede o no puede ser. Y él sigue ahí, dejándose querer, dulce, encantador, magnético, sorprendente, impenetrable. Me fascina.

La paradisíaca historia de 'El eslabón perdido'

Cuando estuvimos en Bélgica me llamaban "El eslabón perdido". Suena cariñoso y a mí me gusta. Ahora bien, si pudiera volver atrás o si me fuera con ellos a otro viaje no me volvería a "perder". Una de las cosas que más eché de menos del viaje a Bélgica fue no haber pasado más tiempo con todos los demás.
Claro que me pierde la impaciencia, las esperas, la impuntualidad... Pero hubiera sido diferente. Que quede claro que yo avisé la primera noche, que tengo cierta tendencia a una independencia firme (fruto de varios años viviendo sola), que yo preparo mis rutas de una manera mental con varias horas de antelación y no me gusta variarlas y que soy algo proclive al ensimismamiento cultural cuando me dejo llevar por otras épocas y otros personajes de renombre. Es decir, con gran facilidad puedo perder la noción del tiempo mirando una estatua o sentarme a dibujar algo frente a un monumento que me haya impresionado, disfrutando de ese momento.
Ahora es cierto que echo de menos los momentos que no viví con los demás. No me arrepiento, porque si iba a mi ritmo no podía ir a la par que ellos. Hay hechos que ya han pasado y no se pueden cambiar y también es cierto que siempre podemos variar lo que aún está por ocurrir. En nuestras manos está...

¿Nervios?


Resultado de imagen de cinderella dark
Siento nervios, nervios porque mi hermano me ha pedido un número de teléfono. Por supuesto, he acudido a las Páginas Amarillas. Pero ¿por qué diablos me tenía que pedir ese número de teléfono, ése en concreto? Siempre podía haber sido peor, por ejemplo, que me explique lo que quiere y que me diga que llame yo. Entonces sí que hubiera sido una situación caótica.
Respiraré hondo.

Una de las cosas que nunca me han caído bien es estar en medio de dos personas. Viviendo en Salamanca había dos amigas, Marlène y Lara, y con las dos me llevaba bien. Al principio también ellas dos eran íntimas, pero discutieron por una estupidez y jamás volvieron a hablarse. Y una noche salimos las tres juntas. No sé cómo fue para que se juntaran las dos y yo estuviera allí, en medio. Las dos intentaban acaparar mi atención, mirando con ojos asesinos a la otra y, sin embargo, yo me sentí como un instrumento que las dos querían para sí. Jamás permití que volviera a ocurrir algo por el estilo. Al día siguiente hablé por separado con cada una y nunca volvimos a salir las tres juntas.
Con esto quiero decir que no es plato de buen gusto estar en medio, entre dos fuegos: un familiar muy cercano con el que tienes demasiada confianza y un tío encantador al que sólo tienes que mirar a los ojos para que caigan todas tus defensas y que te aporta suficiente tranquilidad. Estoy entre dos frentes y no quiero estar así. En cierto modo, se pusieron en contacto gracias a mí, pero ahora prefiero mantenerme al margen. Sus asuntos para ellos, que yo ya tengo bastante con mis cosas.
Y sé que hoy me morderé la lengua para no preguntar, aunque me pique la curiosidad.

Sin hambre y sin sueño

Será hoy uno de los primeros días que, en vez de desayunar en la cafetería, me he decantado por tomar un desayuno rápido en casa. Sentía un ligero picor en los ojos y entonces he recordado que ayer aún estaba despierta a las tres porque no podía dormir. Luego he tenido tan ocupada la cabeza que cuando he mirado el reloj eran las 13.00h. Hablando de relojes, se me ha parado el mío. Tengo otro en el joyero, pero como sé que a las dos horas me dará alergia prefiero no llevarlo. Esta tarde pondré una pila al que se ha parado.
Es curioso también que no llevo más de dos cafés en el cuerpo. Después de tantos meses desayunando con algo sólido por las mañanas hoy vuelvo a la rutina anterior, donde me bastaba y sobraba el café. Y sigo sin tener hambre. Sueño un poco, pero ni siquiera me dará tiempo, después de comer, a tomar una siesta reparadora. No importa porque así esta noche dormiré mejor.
Antes de irme tengo que llevarle unas fotos impresas a mi padre. Esta mañana ha habido una conversación tal que:
-Luego las llevas a un estudio de fotos a que te las hagan en papel.
-No te preocupes, que no hará falta eso. Ya te las imprimo, que ya tengo mi propio estudio de fotografía en la oficina.
Y es cierto. Sólo necesité comprar papel de foto.
No salen tan 'cuidadas' como en un lugar especializado, pero sirven para la utilidad que les voy a dar. Ya es sólo por comodidad.
Por supuesto, entre toda esta amalgama de cosas, también le he dedicado un minuto a él. Es que me acuerdo del fin de semana y me sonrojo inevitablemente; creo que me siento algo culpable. Si le paran los guardias esa noche me da un síncope. Estoy buscando un día y una hora para llevarle lo que le traje del viaje. Un momento en que yo pase poca vergüenza, es decir, que he sopesado todas las posibilidades y considero que sería mejor por la tarde. He decidido que es algo que no tengo que dejar pasar de esta semana, aunque aún no tengo claro cuándo iré.
Y ese es mi lunes. Con ganas, con menos energía positiva de lo habitual, con un deje de tristeza y la paz que me aporta él cuando pienso en él. Y algo más por ahí...
Hoy es un día extraño. Me siento un poco como una autómata que hace las cosas mecánicamente.

La ciudad de los prodigios


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Cuanto más leo a Eduardo Mendoza, más me gusta. Esta novela fue escrita durante su exilio, quizás porque echaba mucho de menos su ciudad natal, a la que es obvio que considera como una ciudad única y prodigiosa.

Debo destacar el magnetismo creado por sus personajes; no puedo olvidar a aquel loco de sus libros anteriores, el último de los cuales lo destripé por aquí hace unos meses, La aventura del tocador de señoras. Es imposible no coger cariño a este tipo de personajes.
Aquí es Onofre Bouvila, un personaje no carente de inteligencia, pero tan excéntrico que escapa al sentido común. Sin embargo, atrae al lector de manera inaudita.
Los hechos se sitúan en la ciudad de Barcelona, una ciudad que va a varios pasos por delante que el resto, al igual que el protagonista de esta novela, tan perspicaz que siempre se adelanta a todos los acontecimientos.
El momento elegido es el período que transcurre entre las dos Exposiciones Universales que se celebraron en Barcelona (1888 y 1929). Y muchos de los acontecimientos históricos que rodean al protagonista son reales.
Onofre es un personaje extraño y llama la atención su perversidad, la frialdad con que sacrifica a tantas personas cercanas a él como si se tratara de un juego de ajedrez en donde él es el rey, como si el resto fueran títeres en sus manos. Y llaman la atención su cinismo y su frivolidad, de los que hace gala a lo largo de toda la novela.

Onofre Bouvila ha venido de Bassora, una aldea cercana a Barcelona, para buscar trabajo en la ciudad condal, que se prepara para la Exposición Universal de 1888. Sin embargo, no consigue trabajo, hasta que Delfina, la fea y desastrada hija de los dueños de la pensión donde se aloja, le da una dirección de un piso donde le dan panfletos de ideología anarquista. Pero Onofre no se contenta y empieza a vender crecepelo (robado) a los obreros que levantan los pabellones de la Expo, con la ayuda de uno de ellos, Efrén Castells, que se convertirá en su único amigo.
Entre las dos Exposiciones, y gracias a su perspicacia e inteligencia, unidad a su malignidad, se convierte en el hombre más rico de España, por no decir del mundo entero.
Se adelanta a los acontecimientos: trabaja para abogados que tienen bandas a modo de los gánsters americanos; trafica con armas durante la Gran Guerra; patrocina los grandes inventos como el cinematógrafo y la industria de la aviación, etc.
Y finalmente desaparece en el mar el día de la inauguración de la Exposición Universal de 1929, junto a la mujer de la que se ha enamorado y a bordo de una especie de helicóptero creado para la exposición. A partir de entonces, se rumorea que Barcelona ha empezado a declinar.

En el búnker

El viernes estuve en Móstoles, en el Centro Tecnológico de Repsol. Es un edificio de última generación con una seguridad increíble. Lo cierto es que, nada más pasar el autobús, yo ya estaba pensando cómo salir de allí. Por no hablar de todas las prohibiciones que había. Una me la salté: hacer fotos dentro del recinto.
Allí nos dieron una presentación en un salón de actos bastante moderno. También nos explicaron la función que tiene Repsol en el asunto que nos había llevado hasta aquel lugar. Que no viene al caso. Impresionante es poco. Además nos guiaron hasta los laboratorios, donde nos tuvimos que poner unas gafas transparentes de protección ocular. Al final nos regalaron unas alfombrillas para el ratón del pc y unas gorras con el logo de Repsol Ypf. Esto me recuerda a las excursiones que hacíamos en el colegio.
Repsol es una industria poderosa. Sólo hay que ver estas instalaciones, a las que no se puede acceder si no es con acreditación.

A ratos

A ratos pienso en él y siento una enorme paz, incluso feliz a pesar de desconocerlo casi todo de él. Y en cuanto dejo de pensar en él y mi mente se desvía hacia otras situaciones caóticas me siento la persona más desdichada del planeta.
Pensar en él me calma. Y anoche volví a soñar...

Hace dos horas que todos se han ido a dormir. El silencio se cierne a mi alrededor y me cuesta cerrar los ojos. La noche es el peor momento para pensar porque es el momento en que aparecen los fantasmas que llevan consigo la tristeza, entre otras cosas.

Creo que prefiero cerrar los ojos y pensar en él. Quizás sea el precedente de otro sueño mágico.