Platero y yo es uno de los primeros libros que leí. Ya antes había leído cuentos y había aprendido a leer con El Principito. Pero cuando en 6º de EGB cambié de colegio, entre los libros de texto llegó el primer libro negro de Cátedra, colección que iría ampliando con el paso de los años.
Es una obra enternecedora, aunque no creo que sea un libro para que lean niños de 12 años, aunque es idóneo por los valores de la amistad y la bondad. Todos nos enternecemos con ese burrito llamado Platero.
La obra trata sobre la vida de un burro que se encuentra bajo el cuidado de un joven que lo adora y trata como si fuera su mejor amigo. El joven arrastra un trauma (la muerte de sus padres) que lo aleja de la compañía del resto de personas y prefiere estar a solas con Platero, a quien convierte en su mejor amigo.
El libro comienza en primavera y termina en invierno, pero en sus páginas el orden cronológico no es constante: va dando saltos.
Al comenzar la obra, el narrador describe al burro y luego el joven describe las aventuras que vive junto a Platero: un hombre quiere robarles alimento y el narrador lo evita, el burro se clava una púa y se queda cojo, mientras el joven le cura con agua en un arroyo. Y mientras tanto, el narrador le cuenta a Platero detalles de su niñez.
En primavera, el protagonista observa el campo y describe las características de esta estación del año. En esta época el joven y el burro viven diversas aventuras. En esta época son testigos de cómo un guardia mata a un perro que tiene sarna. En el mes de abril, Platero disfruta del campo lleno de flores mientras se las come. En primavera el joven también descubre una sanguijuela que hace que el burro no deje de sangrar... hasta que se la quita.
Durante el verano los protagonistas presencian una tormenta muy fuerte, la llegada del tiempo de la vendimia mientras observan las diferentes labores en el campo y bodegas de la zona. En el mes de septiembre los protagonistas acuden a una fiesta con fuegos artificiales y Platero se asusta por el ruido.
El otoño hace que Platero cada vez esté más perezoso. En octubre, los niños vuelven al colegio y no juegan en la calle, por lo que el joven y el burro se aburren mucho. Encuentran un racimo de uvas no recolectado y se lo comen. Los dos se ponen enfermos y el narrador describe los ruidos de la calle desde su cuarto.
Cuando llega el invierno, el narrador y Platero vuelven a vivir diversas aventuras. Al final, Platero muere y el narrador se queda solo y nostálgico.

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