Hacía tiempo que no me costaba tanto leer un libro. Y es que éste se me ha hecho muy cuesta arriba.
Con sus seiscientas páginas y su cantidad de personajes sin sentido he conseguido, de alguna manera, seguir el hilo argumental, llegando a plantearme varias veces abandonarlo. Así que ayer, cuando andaba por la mitad, me replanteé acabarlo este fin de semana (que me da coraje abandonar lecturas de libros).
Lo peor de todo, sin duda alguna, son las frases cortadas por enormes paréntesis (un escritor debería saber cuándo se deben poner paréntesis, y aquí se salta todas las reglas gramaticales), y cuando digo que corta frases con enormes paréntesis es literal: la autora pone paréntesis donde le parece, lo que te corta la lectura, por no hablar de las frases en mayúscula, también reiteradas a lo largo de la novela.
Pero lo he acabado y seguramente no lo recomendaré a nadie. Es una lectura terrible y lenta.
Kimberly Clark Weymouth es una población desapacible e invernal, famosa porque una escritora de paso escribió un clásico infantil sobre este pueblo: La señora Potter no es exactamente Santa Claus describe cómo Louise Cassidy Feldman paró con su todo terreno, tomó un café en el Lou, atendida por Alice Potter, y envió una postal de un paisaje nevado con tres esquiadores (aunque en el pueblo no se esquía). Desde entonces, los habitantes del pueblo viven de la fama del libro, porque allí vienen muchos turistas buscando a la señora Potter y a comprar postales, y para que nada cambie hay numerosos mirones y metomentodos vigilando lo que hacen los demás.
Allí se ha asentado Stumpy MacPhail, impulsado por la fama de su libro favorito. Ha instalado una inmobiliaria donde no vende nada y donde su madre no para de llamar, diciéndole que está perdiendo el tiempo en aquel pueblo perdido de las manos de Dios. Pero un día recibe la visita de Bill Peltzer, que vive solo en una gran casa que quiere poner a la venta sin que se entere nadie del pueblo. Bill regenta la tienda de souvenirs y sabe que si se enteran los mirones nunca le permitirán marcharse del pueblo ni cerrar la tienda que atrae a tantos turistas. Pero Stumpy consigue hablar con otra agente explicándole la situación y ella le envía al matrimonio Benson, una pareja de escritores chiflados de terror que buscan una casa encantada.
Todo vuelve a la normalidad cuando la madre de Bill, que había estado durante años alejada del pueblo y mandaba pinturas a su hijo, decide volver al pueblo y se encuentra su casa llena de periodistas.
LA AUTORA:
Laura Fernández (Terrassa, 1981) es autora de cinco novelas: Bienvenidos a Welcome (Elipsis 2008/Literatura Random House, 2019), Wendolin Kramer (Seix Barral, 2011), La chica zombie (Seix Barral, 2013), El show de Grossman (Aristas Martínez, 2013) y Connerland (Literatura Random House, 2017). Su obra ha sido traducida al francés y al italiano y sus cuentos han sido incluidos en numerosas antologías. Sus historias tienen el punch de un Douglas Adams que hubiera leído más de la cuenta a Stella Gibbons o a Evelyn Waugh, y la ambición de crear un complejo mundo propio de un Thomas Pynchon fan de Stephen King. Laura Fernández es también periodista y crítica literaria y musical, y una apasionada entrevistadora de escritores. En los últimos tiempos ha escrito principalmente para El País, aunque en el pasado ha colaborado en una infinidad de medios. También trabajó en un videoclub y montó una banda. Tiene dos hijos y un montón de libros de Philip K. Dick.
EL LIBRO:
Título original: La señora Potter no es exactamente Santa Claus
Autora: Laura Fernández
Editorial: Literatura Random House (4ª reimpresión, en febrero de 2022)
Número de páginas: 600
ISBN: 9788439738077
Valoración: 4/10
RETOS:
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