Hay una imagen en la catedral de Burgos de un atractivo Rodrigo Díaz de Vivar con la ciudad a sus espaldas tal y como podría haber sido en el siglo XI.
No es así la imagen que yo tengo del Campeador, que en cuanto fue desterrado era más bien un mercenario con fama y seguidores que luchaba para quien mejor le pagara, fueran castellanos o moros, un hombre más desaliñado y con las ropas maltrechas de vivir a la intemperie, e incluso poco compasivo. Básicamente mi imagen coincide más a como le describe Frank Baer en El puente de Alcántara.
Y pienso que, con el paso de los siglos y con su imagen de héroe en el Cantar de Mío Cid, su imagen ha mejorado hasta idealizarle de una forma extrema.
Que por cierto, esa imagen me recuerda a alguien a quien conocí.
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