Paseaba por el parque de la Alameda de Marbella, admirando los dibujos de los bancos de cerámica cuando he visto las casetas.
Podría ser de cualquier cosa, pero eran libros. No eran muchas casetas pero ha sido genial pasear entre libros.
No he querido cargarme, por lo que no he comprado ningún libro. Increíble, pero cierto.

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