No podía marcharme de Málaga sin haber visitado Marbella. Me ha parecido un sitio precioso, sobre todo el casco viejo, con sus intrincadas callejuelas como si fuera un zoco árabe. Del castillo queda poco, pero merece la pena dejarse perder por las calles de los alrededores.
He estado en el paseo marítimo, que me ha parecido poca cosa para ser Marbella, y he regresado a comer al casco viejo, entre casas blancas, flores y música.

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