Paso por la casa de mis tíos, una casa con solera y llena de flores. Una casa que se ha quedado vacía. Con el espíritu de mi tía impregnado entre sus paredes... Una casa tristemente vacía.
Esta que termina no ha sido una buena semana. Perder a una persona cercana, con 67 años, es siempre duro. Me acuerdo todos los días de mi tía. Y entonces pienso es que ya no va a volver. Su recuerdo permanece, pero ella ya no está.

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