Conocí al General cuando era una adolescente. Su sonrisa se ocultaba bajo un enorme mostacho y cantaba como los ángeles. Su gran pasión siempre fueron las rancheras y la Virgen de Guadalupe. Hace unos años la enfermedad le postró en una silla de ruedas y sin embargo siguió sumando puntos en esta ciudad.
Pero ayer su corazón se apagó. Hoy el General canta sus rancheras junto a las estrellas.
Adiós, General, mi General.

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