Cada vez que voy a mi pueblo estos días hay algo. Esta noche había concurso de disfraces y yo no me apunté, pero es que además se me había olvidado.
Tengo a mis amigos y vástagos disfrazados de abejas, una tropa bastante grande y graciosa.
Mientras se me olvidaban los disfraces hablaba por teléfono con mi tía. Dándole ánimos porque la están dando quimio... por tercera vez.
Agosto es un mes que me lleva a contradicciones: tengo un exceso de trabajo, pero a la vez me gusta que haya tanta gente en todos los sitios. Cuando en unos días se hayan ido todos queda una especie de melancolía... y el silencio.
Mañana comienzan cuatro largos días de fiestas, aunque yo sólo podré disfrutar a tope a partir del viernes, aunque mañana al mediodía me escaparé antes para llegar al chupinazo.

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