No soy informática ni nada por el estilo, pero como me gusta cacharrear suelo arreglarme las cosas si está en mi mano.
Recuerdo mi primer ordenador: era incapaz de tocar nada por miedo a todo. Era un Mac de sobremesa del año de la polka.
El siguiente fue un Sony Vaio con el que estaba encantada. Ni que decir tiene que era un magnífico ejemplar de portátiles que voló incluso a Bruselas para una reparación que no podían hacerme aquí. Con ese portátil aprendí latín. Perdí el miedo pero jamás lo llegué a abrir por dentro.
Con el Acer es la segunda vez que me he puesto guantes de látex y me he agenciado un destornillador para abrirle.
Lo que le ocurre es de la tarjeta gráfica: enciende pero el monitor se queda negro. Ya hace dos años me ocurrió y lo abrí para limpiar con una goma las tarjetas de memoria.
Pero hoy creo que el problema es mayor. Me recuerda a lo que me ocurrió con el Vaio: que se haya estropeado el "inverter", es decir, una de las piezas que permiten que el monitor se encienda. Y hay que cambiarla. Lo que no voy a hacer es abrir la pantalla, y más si hay que cambiar una pieza.
Creo que es eso porque el monitor de queda negro según hacia donde lo mueva.
Me fastidia bastante. Pensándolo bien, el portátil tiene 7 años, y aunque está muy cuidado, los ordenadores portátiles tienen fecha de caducidad.
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