Cuando la nostalgia anida puede quedarse durante días. Para
ello, no sé si a veces el Facebook se puede considerar un aliado o no. Quizás
en este caso no lo sea.
La cuestión es que hace unos días me dio por buscar antiguos
amigos de Salamanca, y entre ellos apareció alguien a quien quise mucho, T.
Le conocí en fiestas de su facultad el primer año que me
dejé caer en Salamanca, y estuve en aquella fiesta porque una amiga mía
estudiaba lo mismo que él. Tengo muy buenos recuerdos de toda la gente que
conocí en aquella facultad –que por seguridad y porque eran pocos no diré cuál
era-. Lo cierto es que cuando una noche nos encontramos en el Pipers con varios
de ellos no esperaba yo que terminaría en la puerta de la residencia con el
panadero y con T. Eso quiere decir que mi residencia entonces no abría la
puerta hasta que no llegaba el pan y T. y yo estuvimos esperando al panadero
bajo el sol matinal, robándonos besos.
Reconozco que T. fue una de las personas más afines a mí
que he conocido nunca. Cuando me dijo qué día era su cumpleaños no daba
crédito. T. y yo habíamos nacido el mismo día, y he conocido a mucha gente
que cumple años el mismo día que yo, pero que haya nacido el mismo día… sólo
él.
Me enteré que trabajaba los fines de semana en una pizzería y tuve que ir una vez con mis amigas. Recuerdo que nos ruborizamos los
dos y no volví.
Desde entonces tuvimos algunos escarceos amorosos. Nos llevábamos
bien, me gustaba su sonrisa y tenía algo que me enamoraba. Entonces se fue a
Madrid. Alguna vez seguí viéndole, pero después de tres años empecé a echarle
de menos. Veía a sus amigos, veía que él no estaba y me entraba una pequeña
desazón.
Un fin de semana fui con dos amigas de fiesta a Madrid y
entramos en una jamonería del centro a cenar. Allí apareció él. Tuvo que ser
una coincidencia, pero entonces podíamos haber dicho que era cosa del destino.
Lo cierto es que yo no creo en el destino, sino más bien en las casualidades.
Nos quedamos cortados.
Alguna vez le seguí viendo por Salamanca, pero la distancia
hace el olvido. Y yo regresé a mi tierra.
Hace dos días recordé lo mucho que me hacía reír, recordé
cada vez que pasaba por aquella pizzería y me reproché no haber acudido más, me
acordé de lo tímidos que éramos al principio, y recordé lo mucho que le echaba
de menos. Ese chico sí me hizo 'tilín' y en aquel entonces me hubiera ido con él
al fin del mundo si me lo hubiera pedido.
Siento algo de nostalgia. Y Salamanca me recuerda a T.
aunque él sólo vaya a su ciudad dos o tres veces al año. Hoy sé que vive en otra gran ciudad, lejos de su
tierra natal, y que tiene un niño pequeño. De esas cosas te enteras por
Facebook. Ni siquiera me atrevo a preguntarle qué tal le va la vida. Me alegro
de que sea feliz, imagino que lo será. Si le dijera algo estaría perturbando el
ritmo de las cosas. Y el mundo tiene su armonía. Me gustaría saber de él, pero
es mejor que todo siga su curso.
Al saber un poco de él en la actualidad he vuelto a sentir
la nostalgia. Me hubiera gustado regresar por unos minutos a los dieciocho
años, al momento exacto en que le conocí, en que me dejé atrapar por su
sonrisa. Con él ha venido la nostalgia y se ha aletargado. Supongo que en unos
días habré vuelto a cerrar el cajón de los recuerdos. Quizás debería regresar un fin de semana a Salamanca. Igual lo que echo de menos es aquella ciudad con toda su magia.
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