Y quizás es cierto que hoy siento algo de magia a mi alrededor.
Entonces he recordado que hoy hace siete años que falleció mi tío J., que venía a ser como un segundo padre para mí. El tío al que podía contarle secretillos, el tío con el que salía a pasear siempre que podía, el tío al que escucho en sueños pese al tiempo que ha transcurrido. Pues aún recuerdo su voz nítidamente, y su sonrisa, y sus ganas de vivir.
Y, hoy, siete años después, cuando le recuerdo aún se me cae la lagrimilla, porque sé que pasarán otros siete años y seguiré recordándole con tanto cariño.
Es difícil aceptar que los seres queridos se vayan tan pronto. Estamos predestinados a ver partir a nuestros mayores, pero mi tío era demasiado joven para partir hace siete años.
Le recuerdo cuando veo a mis sobrinas, porque sé que hubiera disfrutado muchísimo de ellas, tanto como le gustaban los niños. Le recuerdo cuando voy a tomar una cerveza a la ermita, con todas las tardes que coincidí con él y nos tomábamos unas cervezas.
Y sé, que esté donde esté, cuida de nosotros.
El 12 de septiembre siempre tiene algo de magia. Recordarle siempre me hace bien, aunque sienta la desazón de la pérdida, aún tan dolorosa siete años después.
Y, hoy, siete años después, cuando le recuerdo aún se me cae la lagrimilla, porque sé que pasarán otros siete años y seguiré recordándole con tanto cariño.
Es difícil aceptar que los seres queridos se vayan tan pronto. Estamos predestinados a ver partir a nuestros mayores, pero mi tío era demasiado joven para partir hace siete años.
Le recuerdo cuando veo a mis sobrinas, porque sé que hubiera disfrutado muchísimo de ellas, tanto como le gustaban los niños. Le recuerdo cuando voy a tomar una cerveza a la ermita, con todas las tardes que coincidí con él y nos tomábamos unas cervezas.
Y sé, que esté donde esté, cuida de nosotros.
El 12 de septiembre siempre tiene algo de magia. Recordarle siempre me hace bien, aunque sienta la desazón de la pérdida, aún tan dolorosa siete años después.

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