Málaga es una ciudad perfectamente estructurada por zonas que se reconocen con facilidad. Mi hotel se encontraba en la calle Canal, cerca de las estaciones de tren y autobús, y a medio camino entre las dos playas más relevantes de la ciudad, junto al canal del Guadalmedina en su unión con el mar.
Desde tiempos remotos el Guadalmedina ha sido para Málaga una barrera difícil de salvar, así como una continua amenaza de inundaciones y enfermedades. En la actualidad, el cauce del río es un lugar pacífico y ajardinado.
Al otro lado del río existen dos de los grandes barrios tradicionales de Málaga: la Trinidad y el Perchel. Este último comienza cruzando el Puente de los Alemanes, construido en 1909 con el apoyo del gobierno alemán, como agradecimiento por la actitud de los malagueños en el hundimiento de la fragata alemana Gneisenau, ocurrido junto a la embocadura del puerto en 1900. Aquí se encuentra la iglesia de Santo Domingo.
Avanzando hacia el norte se llega al barrio de la Trinidad, donde se encuentra el estadio de la Rosaleda, la parroquia de Nuestra Señora de Fátima, la Biblioteca Provincial o el Archivo Histórico Provincial. En cuanto al barrio del Perchel, fue siempre un barrio de pescadores y de transformación de los productos marítimos. Su nombre proviene de las perchas que los pescadores colocaban delante de sus casas para secar el pescado. Ya tenía esta dedicación cuando llegaron los romanos. Los musulmanes lo dejaron fuera de la muralla por la existencia del Guadalmedina, que dificultaba la construcción de muros, y también por los intensos olores que brotaban de sus calles. El barrio sigue hasta el mar siguiendo la línea del Guadalmedina. Tenía un trazado urbanístico a base de calles estrechas, con edificaciones de una o dos plantas y patios de grandes dimensiones. Muchas de sus fachadas se decoraban con rudimentarios frescos en los que se exponían motivos relacionados con los oficios de sus habitantes o santos de su devoción.
Perpendicular cruza la Alameda Principal que lleva hasta el Paseo del Parque, que queda bajo la Alcazaba (desde donde yo cogí el autobús urbano hasta el castillo de Gibralfaro). Ficus, dragos, palmeras de distintas especies, almehuetes, palos rosados, plátanos orientales, etc. dan sombra a los viandantes, pero también a los numerosos parterres en los que crece la más variada flora arbustiva, prodigiosa en colores, sobre todo en la primavera.
Junto a la flora y las numerosas estatuas, el paseo del Parque pasa junto al Hospital noble, el Palacio de la Aduana, el Museo de Málaga (al que no entré), el Rectorado de la Universidad, el Banco de España y el Ayuntamiento.
El Ayuntamiento es una gigantesca mole que tardó mucho en construirse, a principios del siglo XX. Los técnicos lo encuadran dentro de la concepción regionalista de la época, pero es la conjunción de mucho más: del clasicismo de estirpe griega, con el manierismo, el barroco y el modernismo. En el interior, es de fama mundial el salón de los espejos.
Si seguimos el parque nos encontramos en el Paseo de Reading, que debe su nombre al mariscal Teodoro Reading, gobernador de Málaga, de origen suizo. Este paseo alberga una serie de mansiones de estilo inglés, así como el cementerio inglés.
Aquí se encuentra la Plaza de Toros de la Malagueta. Se trata de una edificación de gran belleza, construida a base de ladrillo, siguiendo las pautas clásicas. En su interior alberga el Museo Taurino Antonio Ordóñez, con muestras de objetos relacionados con el mundo del toro.
Aquí estamos junto a la playa de la Malagueta, que es la playa más famosa de la ciudad. Tiene 1.200m de longitud y 50m de ancho. Junto a ella la calle está llena de numerosos bares que merece la pena visitar.
Si continuamos el paseo marítimo hacia el Muelle Uno nos encontramos en el Paseo de la Farola. El paseo recibe el nombre por el faro construido en 1817.
Hacia la mitad del paseo se encuentra la Capilla del Puerto, un pequeño templo dedicado a la Inmaculada Concepción, del siglo XVIII, y desde hay unas vistas espectaculares del puerto y la ciudad de Málaga.
Hacia el otro lado de la ciudad, al otro lado del Guadalmedina, se encuentra la playa de Huelin, que elegí con el fin de ver anochecer, sin tener en cuenta que en el sur podría ver meterse el sol. Era una playa más recogida, plagada de gente, con arena más suave que la Malagueta, y cuando me di la vuelta me encontré con que las calles estaban llenas de tascas y tabernas dispuestas para cenar...











































