miércoles, febrero 21, 2018

Como un pergamino

"Abuela, esas manos han recorrido mil mundos, han visto mil historias, han escuchado mil voces..., y cada mundo, cada historia, cada voz ha dejado su huella en forma de pliegue en la piel".

El sofá de la librería

Cuando he visto el sofá he pensado que era una buena idea sentarse un rato y cuando estaba sentada he sentido que esta tarde he caminado mucho y hacía tiempo que yo no andaba durante tanto tiempo.

Ocho

A las ocho de la tarde me encontraba en una librería. No sé qué ocurre últimamente que libro que pido libro que no tienen. El sábado me ha dicho que debería estar, por lo que volveré a pasarme.
He estado recorriéndome las estanterías durante media hora. Solo por placer, por estar rodeada de libros.

No hay tarde sin cerveza

Tengo tantas cosas que decir que voy a empezar por el "ahora".
Ahora estoy tomando una cerveza en una cafetería al lado de casa.
Necesito quitarme las botas, pero puede esperar.
Mi madre estará pensando cómo me las arreglo para venir a Logroño y estar siempre en la calle, que se me olvida la hora de volver.
Y aquí sigo con mi cerveza. He encargado un libro que no tienen en ninguna librería de Santos Ochoa de Logroño, pero he salido con dos más.
Qué relajación.

Paquetes preparados

En tiempo récord he preparado la mochila, porque al final me quedo en casa de mis padres esta noche, he envuelto los regalos de mi sobrina (y no me ha llegado el papel). Y veo que voy algo cargada a Logroño.
De todas formas no importa. Si no voy cargada hoy sería el viernes, así que cuanto antes me lo quite de encima mejor.
Eso me recuerda a que puedo meter un paraguas en la mochila.

Por la mañana

La novela actual es desesperante, estoy a punto de abandonar. Me quedé dormida y creo que leí un párrafo, perdí la página donde estaba y ahora me toca encontrarla.
No voy a abandonar porque me queda un tercio del libro, que me costará leer...

martes, febrero 20, 2018

El canto de los pájaros

No pongo mucha atención a las cajas de Bookish, aunque hoy he leído varias veces lo que pone. Varias veces porque cuando lo leía la primera vez estaba despistada y pensando en otra cosa.
Me da la sensación de que últimamente disfruto más de todo lo que me rodea.

Desde el corazón

Antes de internet escribía cartas, después lo dejé. Los emails eran más rápidos, pero también más fríos.
Hoy he visto cómo una persona a la que quiero mucho se desmoronaba a mi lado. Está pasando una mala etapa y yo lo sé, pero no la había visto derrumbarse hasta hoy. Yo estaba cerca de ella por casualidad, y era una mera espectadora. Me he acercado a ella y la he animado.
Pero no me conformo. Quiero verla sonreír mañana otra vez.
Así que he buscado un marcapáginas -y de esos hay de sobra en mi casa- y le he puesto unas palabras.
Todo para que sonría mañana. Me ha salido del corazón. Son cosas que las haces sin pensar, que salen desde lo más profundo de nosotros mismos.

Hoy...

Hoy he llegado a casa mucho antes de lo que esperaba. A las 20.30h sólo pensaba en meterme en la ducha y relajarme.
Hoy me ha costado mucho salir de debajo del chorro de agua caliente.
Hoy he caminado bajo la lluvia, otra vez. Hablaba con unos vecinos y les decía que adoro salir a la calle después de la lluvia, que adoro aspirar la frescura, el olor a tierra mojada... Me escuchaban y debían pensar que esta noche andaba yo muy poeta. Y yo estaba deseando que me interrumpieran. Así que he parado de hacer rimas con la lluvia.
Hoy es un día de esos que llegas a casa y te relajas al 100%.
Me pregunto cuánto me va a costar leer el libro actual. Lo tengo un poco atragantado.
Hoy... estoy contenta.

El regalo

Esta tarde me ha faltado tiempo para ir a comprar una chaqueta a mi abuela; no voy a ir a verla con las manos vacías.
Me han empezado a sacar chaquetas de anciana y sí, mi abuela tiene ochenta y muchos, pero me niego a llevarle chaquetas tan horrendas.
Al final le he comprado un jersey. Súper bonito y súper moderno.
Tampoco sé por qué motivo le ha puesto "felicidades" porque el cumpleaños de mi abuela fue en enero.

Ni dónde estoy

Llevo muy mal las deshoras. Cuando se me va la hora me encuentro desubicada para el resto del día. Para que luego me digan que estoy marcando siempre rutinas. Es que me salgo de la rutina y ya no sé ni dónde estoy.
Me está entrando el sueño y me niego a echarme una siesta. Seguiré leyendo... A ver si termino cuanto antes esta novela actual que no me está gustando nada.

Bookish de febrero

Hoy ha llegado el Bookish de febrero. Ayer ya estaba expectante porque había recibido el aviso.
Me gusta lo que viene este mes.
Espero que la novela mejore la de enero, que aún sigo leyéndola. Me está costando lo mío...

Gambrinus

He salido tarde de la oficina y una amiga me estaba mandando fotos de lo que estaba comiendo en la Laurel, así que he pensado que sería buena idea que me pasara por el Gambrinus, que hace mucho tiempo que no voy.
Algo rápido.

lunes, febrero 19, 2018

Ese instante preciso

Este es el mejor instante del día. Ese momento en que sé que me quedan casi dos horas enteras para leer. A no ser que me quede dormida antes, adoro disfrutar de estos minutos.
Si no leyera me pondría a pensar. Así que en cierto modo la literatura es una vía de escape.
Qué paz. Ni siquiera me da la sensación de que sea lunes.

Lo que dan de sí dos cervezas

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Hay días que hago planes y si me proponen algo mejor mis planes se van al traste. Es lo que ha ocurrido hoy. Entre quedarme en casa trabajando y tomarme unas cervezas, pese a que los lunes está todo más parado, he optado por lo segundo. Y yo con dos cervezas me río de un cuadro. 
Hemos quedado para el miércoles. Eso quiere decir que terminaré en la Laurel. Aunque no voy a hacer planes, ¿para qué? Si al final volverá a ser un poco donde se tercie en el momento en que estemos. 

Adoro ir de tapeo. Para mí estudiar en Salamanca y descubrir que allí pedías una caña y te ofrecían un pincho gratis era genial. No entendía que te regalaran los pinchos con la bebida, pero así era. Cada vez que podía me iba al Mesón Cervantes y a la zona de Van Dyck (se llamaba así porque había unos cines con ese nombre). Eso sólo lo he conocido en otra ciudad, en Granada. Recuerdo haber pedido un jerez y que me sirvieran, sin pedirlo, un enorme plato de cuscús. El camarero, cuando vio que no lo probaba, me dijo que el plato era para mí.
Aquí el tapeo no es gratis. Pero no me importa. Adoro la rapidez de tomar algo y saltar de bar en bar. Prefiero eso a una cena sentada en una mesa, bien acomodada al calor.
Por eso me huelo que el miércoles terminaré también de pinchos. Sólo que siempre tenemos en cuenta el horario, que al día siguiente el despertador toca diana a la misma hora de siempre. 

De todas formas debería ir a dormir. Ahora noto la pesadez de esas dos cervezas. 

Al aire

Me considero una persona casera, bastante casera en invierno, aunque no podría estar un día entero sin salir de casa. Disfruto mucho de los momentos que estoy en casa. O sólo soy casera en invierno, pero hay días como hoy que estar entre cuatro paredes me resulta terrible.
Así que no sólo me he escapado bajo la lluvia, sino que en cuanto me han propuesto "a la aventura" tampoco lo he dudado.
Pero es lunes. Casi todo está cerrado.

De parranda

No sé cómo lo hago pero he terminado en Belorado de cañas y pinchos. Un lunes por la noche. No había mucho, pero ha sido suficiente para salir de casa.
Creo que no sé decir que no.

Ya he picado

He visto la lluvia y no quería más que salir. Me gusta caminar bajo la lluvia. Sin paraguas. Así que he salido a la calle, vaya que sí.
He pensado que sería buena idea pasarme por la librería a por el quinto libro de la Serie Bergman. Saber que está y no haberlo leído aún... me supera. Sabía que no lo iban a tener, es que lo sabía. La librería es pequeña. Así que lo he encargado.
¿Pero cómo iba a salir de la librería con las manos vacías? Eso también es impensable.
Caminaba por el asfalto mojado, aunque ya no llovía, y sentía la desazón, que cada vez es mayor.
El deseo de ver a mi abuela crecía a cada paso. El siguiente día que me puedo escapar es el miércoles.
Después he hecho la llamada. Mi madre me ha dicho que era raro que la llamara a las siete. Quería que me confirmara el horario de la residencia.
Cuando decido algo lo hago y ya está. Ya no cambio de opinión.
Ahora tengo que pensar cada cuánto tiempo iré a ver a mi abuela. Establecer una rutina...
De momento, este miércoles ya lo tengo decidido.

Gotas de agua

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Está lloviendo. Me gusta la lluvia y me gusta tanto que yo creo que voy a salir a mojarme un poco. Quizás vaya a la librería a ver las novedades, pero si voy a la librería ya sé qué es lo que va a ocurrir: no vendré con las manos vacías.
Hay lunes que vienen un poco locos. Y es que la semana ha empezado un poco fuerte. 
Al menos ya me olvido de todo hasta mañana. Pero yo creo que dentro de un rato saldré a mojarme o a pisar charcos. 

domingo, febrero 18, 2018

Cosas que vienen así

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A veces las cosas vienen como vienen y no queda más remedio que aceptarlas y sobrellevarlas como mejor se pueda. Es como el tiempo, que todo el mundo se queja, pero no podemos cambiarlo, y al final el tiempo siempre es el que tiene que ser. Yo antes me quejaba mucho del tiempo, pero llevo muchos años que apenas me quejo, sólo cuando nieva o hace viento, pero como no se puede cambiar, que haga lo que tenga que hacer. 
Así que cuando a veces vienen las cosas de una manera inesperada, como es el caso de lo de mi abuela, no queda más remedio que mirarlo todo desde un cristal de colores. Porque tengo la suerte de haber disfrutado mucho de mis abuela, que mucha gente no puede decir lo mismo. 
Antes, cuando vivían en su pueblo, pasaba mucho por su casa. Ahora mi abuela está en una residencia, cerca de donde viven mis padres. Es un paseo de diez minutos. La buena mano en la cocina nos viene de ella, y yo no cocino por falta de tiempo, pero cuando me pongo me salen cosas ricas, casi sin proponérmelo. 
A veces las cosas vienen como vienen, y como no se pueden cambiar no queda más remedio que resignarnos. 
Sé que soy muy afortunada por tener la abuela que tengo.

Cuando tenía unos doce años estaba en la casa de mis abuelos y me encontré una muñeca que era de mi altura. Le pregunté a mi abuela y me dijo que esa muñeca me la habían regalado cuando era pequeña. Era Rosaura, una muñeca de un tamaño descomunal que se puso muy de moda en los años 80. Mi abuela me explicó que la muñeca estaba en su casa porque cuando me la regalaron me asusté, ya que era más grande que yo y también debía decir cosas o cantar. Como me asustó tanto la dejaron en casa de mis abuelos. Y mi abuela fue la que me explicó por qué motivo estaba la muñeca allí. 
Allí se quedó. Le dije a mi abuela que ya era mayor para jugar con muñecas, y al cabo de un tiempo había desaparecido. Seguramente que la regalaría. 
Mi abuela siempre me explicaba las cosas. Si le preguntaba ella me respondía, básicamente porque había preguntas que a los padres costaba más hacer. Llegó un momento en que no pudo explicarme más cosas, porque había momentos en que no sabía dónde estaba. 
Mi abuela tiene demencia senil, por lo que siempre que voy a verla deseo que me reconozca.