
Muy poca gente ha podido ver al nuckelave, que es uno de los monstruos más desagradables que existen, pero hace unos años, durante un viaje por Escocia, un hombre me contó en un bar que él si lo había visto. Ocurrió durante una noche clara, en el bosque, cuando regresaba de camino hacia el pueblo. El hombre se llamaba Tomy y no parecía estar mintiendo.
Aquel día Tomy había salido de caza. De regreso, la noche se le echó encima, pero había luna llena y se veía el sendero que llevaba hasta el pueblo. Iba caminando tan tranquilo cuando, de repente, oyó un extraño ruido a sus espaldas. Tomy se dio la vuelta y al instante se le erizaron todos los pelos de la cabeza. Allí delante estaba el nuckelave del que tantas veces había oído hablar. Parecía un caballo, pero del lomo le salía una especie de hombre que tenía un solo ojo sobre la frente y unos largos brazos que llegaban al suelo. De cintura para abajo su cuerpo estaba en carne viva, sin piel, y en las piernas tenía unas aletas que debían servirle para nadar. De hecho, era extraño que el nuckelave estuviera en el bosque, pues era un monstruo marino que detestaba el agua dulce.
Tomy no se lo pensó dos veces, abandonó el sendero y salió corriendo hacia el río, donde estaría a salvo. el nuckelave lo perseguía a toda velocidad y él sentía el aliento de la bestia en la nuca. Y justo cuando lo iba a atrapar con sus largos brazos se oyó el rumor del agua y el monstruo aminoró su paso. Sin pensárselo, Tomy se tiró al río y el nuckelave abandonó su presa.










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