Durante la Inquisición española, los herejes eran encarcelados sin haber sido acusados formalmente. Eran encerrados en frías y hediondas mazmorras sin luz, infestadas de insectos y ratas. Pan duro con hongos junto con agua sucia constituía el único alimento diario. El condenado vivía entre excrementos, esperando con gran temor un interrogatorio y un juicio que serían acompañados de los más increíbles aparatos de tortura para hacerles hablar.
La mayoría de las veces habían sido acusados injustamente, mediante exageraciones o los miedos que se habían infundido en el pueblo. Cada día entraban miles de reos en las cárceles de la Inquisición, y pocos eran los que salían.
Los instrumentos de tortura eran utilizados en todos los países europeos como un buen método para sonsacar confesiones que, por lo general, desvirtuaban en gran medida la realidad y lo que el preso había hecho.
Quien fuera capaz de inventar semejantes instrumentos no solo debía tener una mente maquiavélica sino que en vez de sangre por sus venas tenía que correr hiel. Sangre fría debían tener asimismo los verdugos para ser capaces de llevar a la práctica todos estos castigos, y sangre fría debía correr por el cuerpo del ejecutor que señalaba lo que había que hacer y que, en un rincón de la celda, observaba, impasible, los tormentos.
Durante las “cazas de brujas” terribles fueron las torturas utilizadas para obtener información y confesiones. Mediante la tortura, el inquisidor también lograba que la víctima implicara a otros y así él podía asegurarse su permanencia en el trabajo.
El
Malleus Maleficarum indicaba que “
la justicia común exige que una bruja no sea condenada a muerte a menos que su propia confesión la condene”. La tortura era el medio aceptable para obtener dicha confesión.
La tortura ha existido desde la Antigüedad, pero fue durante el período papal de Inocencio VII cuando se llevaron a cabo las técnicas más deshumanizadas.
Después de la Inquisición española, las peores torturas acontecieron en Alemania, Francia, Italia y Suiza. Estos crímenes fueron perpetrados tanto por inquisidores católicos como protestantes. Tras la llegada al trono escocés de Jaime VI, este país también comenzó a utilizar brutales métodos de tortura. También se torturó en Inglaterra, Irlanda y Escandinavia. Durante los juicios de Salem en Estados Unidos, se utilizaron métodos de tortura, pero fueron extremadamente suaves en comparación con los usados en el territorio europeo.
Lo que está claro es que siempre ha habido métodos e instrumentos de tortura a lo largo y ancho del mundo. Desgraciadamente en la actualidad se sigue torturando.
Existe un número infinito de métodos e instrumentos de tortura medievales. He aquí los más comunes (por orden alfabético):
Ablación de los pies con fuego.
Esta tortura se utilizaba para convertir a los herejes a la verdadera fe.
Si no lo hacían, quemaban sus pies, y luego sus manos, dejándoles en su lugar muñones carbonizados.
Anillo automortificante.
Este ingenio se utilizaba para impedir la erección del órgano genital masculino, a través de las púas dispuestas en la parte interior.
Este anillo era una forma de sufrimiento que el hombre -generalmente religioso- se imponía voluntariamente para intentar alcanzar el estado de perfeccionamiento moral y espiritual.
La necesidad de mortificación era una de las enseñanzas más recurrentes de la religión cristiana, en el sentido de la salvación del alma a través de la mortificación de la carne.
Aplastacabezas.
La barbilla de la víctima se colocaba en la barra inferior y el casquete era empujado hacia abajo mediante un tornillo.
Los efectos de este proceso son evidentes. En primer lugar, se destrozan los alvéolos dentarios, después las mandíbulas y luego el cerebro se escurre por la cavidad de los ojos y entre los fragmentos del cráneo.
Aplastapulgares.
Simple y eficaz, el aplastamiento de nudillos, falanges y uñas es una de las torturas más antiguas.
Los resultados, respecto al dolor infringido en relación al esfuerzo realizado y tiempo consumido, son altamente satisfactorios.
Este instrumento se utilizaba en lo que se conoce como "las preguntas dolorosas", que servían para extraer confesiones por medio de torturas descritas e ilustradas con precisión científica.
Armas de carceleros.
Se diferencian de las armas puramente militares porque no eran armas adecuadas para la guerra, ya que los carceleros no se enfrentaban a unos enemigos armados vestidos con corazas, sino a una turba de prisioneros semidesnudos y desarmados.
El "agarracuellos" era un aro con abertura en forma de trampa en el extremo de un asta de dos metros de longitud. Un preso que intentara escapar escondiéndose entre la multitud era fácilmente capturado. Una vez que la trampa se aferraba al cuello, el reo no podía escapar.
Ataduras.Esta forma de tortura era específica de mujeres.
Implicaba atar un palo en la cabellera de la mujer y retorcerlo sin parar. Cuando los brazos del inquisidor se cansaban, encomendaba la tarea a sus colaboradores mientras contemplaba a la víctima. No solo se desgarraba el pelo, sino que a menudo se podía observar que el cuero cabelludo se abría exponiendo el casquillo del cráneo.
"Aureola del Tonto" o corona de escarnio con campanilla.Se trata de una modalidad suave de escarnio público, aplicado a aquéllos que se habían comportado de una manera estúpida, absurda o necia, hasta el punto de haber ocasionado molestias a la colectividad.
El castigado era encadenado durante horas al palo de la picota, o simplemente en las plazas públicas, coronando su cabeza con este ridículo aparato, siendo obligado a veces a llevarlo puesto mientras hacía su vida cotidiana. La crueldad de la gente le hacía sufrir no solo humillaciones, sino que era mancillado en público, recibía golpes, patadas, pedradas y demás.
Azotes.
El prisionero era inmovilizado en un cepo por las manos y el cuello, dejando desnuda su espalda, donde se aplicaba la cantidad de azotes que determinase el Tribunal. Su número variaba entre 50 y 200, dependiendo de la gravedad de la falta cometida y de la consistencia física del encausado.
El castigo del azote, a diferencia de otros, no se aplicaba para obtener confesión, sino como parte de la sentencia.
El borceguí.
Borceguí era un tipo de calzado muy popular en el siglo XV. Cubría el tobillo y estaba abierto en la parte delantera; se ataba con correas o cordones.
En esta época se popularizó un tipo de tortura que consistía en apretar el tobillo de la víctima mediante varias maderas enlazadas con correas o gatos de hierro, que presionaban hasta quebrantar los huesos.
Botas o aplastapiernas.
Las
bootikens ("botas") o
cashielaws eran un ingenioso dispositivo que estaba formado por cuñas que se aplicaban a las piernas, desde los tobillos hasta las rodillas.
El torturador utilizaba un martillo para golpear las cuñas hacia dentro.
Cuando las cuñas entraban en la carne provocaban el estallido de los huesos y la salida de la médula por las incisiones.
La cabra.En este método de tortura se ponían las piernas de la víctima en un cepo para que no pudiera moverse. Después se le untaban los pies con grasa o sal. Una cabra comenzaba a lamer con fuerza. La aspereza de su lengua hacía que se levantara la piel de los pies de la víctima, provocando un terrible dolor.
El caminante.Era una suave tortura utilizada en Inglaterra. Consistía en hacer caminar a la víctima sin parar hasta que se cansara y le salieran ampollas en los pies.
El cepo o brete.
La víctima era colocada con las manos y los pies aprisionados en las aberturas correspondientes, que eran expuestos en las plazas públicas, donde el vulgo les provocaba, abofeteaba y embadurnaba con heces y orina.
En muchas ocasiones, las condenadas eran golpeadas, lapidadas, quemadas, laceradas e incluso mutiladas. Las incesantes cosquillas en las plantas de los pies y en los costados llegaban a convertirse en una tortura insoportable.
Estas víctimas eran, por lo general, transgresores inofensivos.
La cigüeña o “Hija del Basurero”.
A primera vista no parece que éste sea un instrumento de tortura que produzca mucho sufrimiento. Su misión no es únicamente la de inmovilizar a la víctima. A los pocos minutos de colocarlo sobre una persona, ésta sufre fortísimos calambres, primero en los músculos abdominales y rectales, luego en los pectorales, cervicales y extremidades. Con el paso del tiempo, estos calambres conducen a un continuo e insufrible dolor en el abdomen y el recto. En este momento, la víctima era golpeada, pateada, quemada y mutilada.
Cilicio de pinchos.
Los instrumentos provistos de pinchos en su interior eran los predilectos de los religiosos. Se usaban para la tortura inquisitorial y punitiva.
Se ceñía en torno a la víctima y rápidamente empezaba a herir y lacerar la carne con cada pequeño movimiento e incluso al respirar. Luego llegaba la infección, la putrefacción y la gangrena. En ocasiones, el verdugo colocaba gusanos carnívoros en la parte descarnada, que se introducían en el interior del cuerpo royendo la carne hasta llegar al abdomen.
Cinturón de Castidad.
Se usaba para garantizar la fidelidad de las esposas durante los períodos de largas ausencias de los maridos y, sobre todo, de las mujeres de los cruzados que partían para Tierra Santa.
El cinturón de castidad constituía además una barrera contra la violación, una barrera frágil pero suficiente en determinadas ocasiones, por ejemplo, en épocas de acuartelamiento de soldados en las ciudades, durante estancias nocturnas en posadas, para viajes, etc. Muchas de estas mujeres se colocaban el cinturón de castidad por iniciativa propia.
Se considera un instrumento de tortura porque este ultraje al cuerpo y al espíritu es impuesto por el terror al varón, por temor a sufrir a causa de la agresividad humana.
Collar de púas punitivo.
Está provisto de pinchos en todos los lados. Pesaba muchos kilos, se cerraba al cuello de la víctima y, a menudo, se convertía en un medio de ejecución, debido a la erosión hasta el hueso del cuello, hombros y mandíbula, la progresiva gangrena, la infección febril y la erosión final de todos los huesos, sobre todo de las vértebras descarnadas. Esto conducía a una muerte segura, atroz y rápida.
El collar presentaba la ventaja de economizar tiempo y dinero. Su función era pasiva y no requería el esfuerzo ni el pago de un verdugo. “Trabajaba” por sí mismo, día y noche, sin descanso, sin problemas y sin manutención.
Cuerdas.
La Inquisición aplicó este método a muchos de sus reos. Era sencillo, pero muy doloroso. Colocaban a la víctima sobre una mesa o en el suelo, con unas cuerdas atadas a sus miembros y giraban esas cuerdas hasta tensarlas.
Esta tensión provocaba el estiramiento de los miembros y producía la luxación de las articulaciones.
"La Cuna de Judas".
Este instrumento de tortura se utilizaba principalmente para confesiones.
La víctima era izada por una argolla de hierro mediante poleas y, una vez levantada, era soltada sobre la punta de una pirámide, de tal manera que su peso se posaba sobre el ano, la vagina, el escroto o el coxis.
Según las indicaciones de los interrogadores, el verdugo variaba la presión desde nada hasta todo el peso del cuerpo. También se podía sacudir a la víctima o hacerla caer repetidas veces sobre la punta.
La “Cuna de Judas” recibe el mismo nombre en italiano, alemán e inglés, mientras que en Francia se llamaba
la veille ("la vigilia").
La cura de agua.
Esta tortura mantenía al procesado totalmente inmovilizado sobre una mesa de madera. Le colocaban un trapo en la boca, que deslizaban hasta la garganta. El verdugo procedía a echar agua lentamente, produciendo en la víctima la sensación de ahogamiento.
Una variación de esta tortura era darle a la víctima alimentos salados con agua sucia.
Desgarrador de senos.
Se utilizaba para convertir en masas informes los senos de mujeres condenadas por herejía, blasfemia, adulterio y otros muchos “actos libidinosos”; abortos provocados, magia blanca erótica y otros delitos.
En varios lugares, se aplicaba un “mordisco” con una pinza candente en un seno de la madre soltera, mientras su hija se retorcía en el suelo salpicada por la sangre de su madre.
"Doncella de Hierro" de Nuremberg.
Este instrumento de tortura tiene forma de sarcófago antropomorfo con dos puertas y clavos en su interior que penetran en el cuerpo de la víctima cuando se cierra. Los clavos eran desmontables, con lo que se podían cambiar de lugar y crear diferentes mutilaciones y heridas, que daban lugar a una muerte más o menos prolongada, siempre rodeada de gran sufrimiento.
El embudo.
Consistía en obligar a la víctima a ingerir la mayor cantidad de agua posible, ayudándose de un embudo que se colocaba en la boca. En cada sesión, se había tragar a la víctima unos diez litros, provocando una terrible sensación de ahogo, llegando a producir la explosión del estómago.
Empalamiento.
Era un método de tortura y ejecución donde la víctima era atravesada por una estaca. La penetración podía realizarse por un costado, por el recto o por la boca. La estaca se solía clavar en el suelo dejando a la víctima colgada para que muriera.
En algunos tipos de empalamiento, la estaca no se afilaba y se insertaba evitando la muerte inmediata, de manera que funcionara como tapón para que la víctima no se desangrara y así prolongar la agonía que podía durar hasta tres días.
"Flauta del Alborotador".
Los instrumentos de tortura fabricados con forma de trompeta, trombón, flauta, oboe, etc. están hechos de madera, bronce o hierro. Probablemente son de origen holandés, y se asocian a los siglos XVII y XVIII.
El collar de hierro se cerraba por detrás del cuello de la víctima y sus dedos eran colocados como los de un músico sobre el instrumento, mientras eran apretados a voluntad del verdugo, terminando por aplastar la carne, los huesos y las articulaciones.
Este medio de tortura se utilizaba en exposiciones públicas, con todas las consecuencias habituales, dolorosas y a veces fatales, que marcaban la suerte de las víctimas.
Se imponía para castigar delitos menores: conflictividad, blasfemia, palabrería soez, alteración del orden público, etc.
En Italia se aplicaba a los que montaban juerga y provocaban alboroto delante de iglesias durante las misas.
"Garras de Gato" o cosquilleador.
Su tamaño es como el de los dedos de una persona. Se colocaba sobre un mango y se usaba para reducir a tirar la carne de la víctima y extraerla de los huesos de cualquier parte del cuerpo.
El arañado era la versión femenina de las “Garras de Gato”. La araña era un trozo de hierro en forma de rodillo, con un filo en forma de tenedor que se colocaba entre los pechos.
Garrote.
Hay dos versiones de este instrumento: la típicamente española y la catalana.
En la versión típicamente española, el tornillo hace retroceder el collar de hierro, matando a la víctima por asfixia. Es el conocido “Garrote Vil”, que se siguió usando en España hasta 1975, año en que con la muerte de Franco se abolió la pena de muerte.
En la versión catalana, el punzón de hierro penetra y rompe las vértebras cervicales al mismo tiempo que empuja todo el cuerpo hacia delante, aplastando la tráquea contra el collar fijo, matando por asfixia o por la lenta destrucción de la médula espinal.
La presencia de una punta en la parte posterior no provoca una muerte rápida, sino que aumenta las posibilidades de una agonía prolongada.
Garrucha.
Esta tortura consistía en amarrar al preso con los brazos a la espalda, colgarlo y subirlo lentamente. Cuando la víctima se encontraba a determinada altura, era soltada bruscamente, sujetándole fuertemente antes de que tocase el suelo. El dolor producido en ese momento era mayor que el originado por la subida.
Si el condenado no confesaba en la segunda “estrapada”, le colocaban un sobrepeso en los pies con el objetivo de aumentar su dolor.
En Italia esta tortura llevaba el nombre de
strappado, método por el que fue procesado Savonarola. En 1497, Girolamo Savonarola fue puesto en el “
tratti di fune o strappado”. Savonarola fue dejado caer 14 veces. Después le ataron a una estaca y le quemaron vivo.
El gota a gota.Era un método de tortura muy utilizado en la Edad Media, y se usaba fundamentalmente para arrancar la confesión o sonsacar información de la víctima. Era una tortura larga, en la que el torturador no tenía prisa alguna, ya que lo único que tenía que hacer era esperar a que la víctima se viniera abajo.
Consistía en amarrar al reo a un poste o a la pared, atándolo fuertemente de pies y manos, por el cuello y la frente, colocándole la cabeza debajo de un caño o grifo que iba derramando gotas a un ritmo continuado. Esto provocaba un estado de locura y terminaba erosionando el hueso del cráneo hasta producir la muerte.
Grilletes.
Existen muchos tipos de ataduras que ligan a las personas a pesos inhumanos: tobilleras (que arrastran una bola de hierro), muñequeras, cinturones, collares... El condenado debía llevar consigo estas cargas durante largo tiempo: semanas, meses, años o, incluso, durante toda la vida.
Los collares llevaban una anilla con una cadena que se unía a bloques de piedra de unos doce kilos. La víctima hacía un esfuerzo sobrehumano. Esto producía la abrasión del cuello y los hombros, con la consiguiente infección y gangrena, que no solía matar en los primeros meses.
"Horquilla del Hereje".
Era un instrumento compuesto por cuatro puntas afiladísimas que se clavaban profundamente en la carne, bajo la barbilla y sobre el esternón. La horquilla impedía cualquier movimiento de la cabeza, pero permitía que la víctima murmurase, con una voz casi apagada (esto se llamaba “abiuro”).
Si se negaba a confesar, el hereje, considerado como “impenitente”, era vestido con el traje característico y conducido a la hoguera.
Jaulas colgantes.
Hasta finales del siglo XVIII, en los paisajes urbanos de Europa no era extraño encontrar abundantes jaulas de hierro y madera, adosadas al exterior de los edificios municipales, palacios ducales o de justicia, catedrales, murallas o en altos postes junto a los cruces de caminos.
Las víctimas, desnudas o semidesnudas, eran encerradas en las jaulas, que después se colgaban. Morían de hambre y sed; por el frío invernal o el calor estival. Generalmente, las víctimas habían sido torturadas y mutiladas antes de que las encerraran en la jaula.
Los cadáveres se dejaban en descomposición hasta que se desprendían los huesos, aunque a veces eran cubiertos con resina de pino para retrasar los efectos de la descomposición y se ajustaban con correas para impedir el desprendimiento de los miembros. Los cadáveres eran un festín para todo tipo de animales.
El objetivo final era el escarmiento moral.
El lanzador.Era una técnica que consistía en atar la cabeza de la víctima con una soga y moverla de un lado a otro bruscamente.
Látigos.
Hay gran variedad de látigos. Entre ellos, están los que tienen cadenas provistas de abundantes estrellas y hojas de acero cortante que se usaban para flagelar el cuerpo humano.
Para desollar, se utilizaban látigos de diferentes tamaños. Los látigos gigantes, como “el gato de nueve colas”, podían lisiar un brazo y un hombro de un solo golpe. Los látigos finos y pérfidos, como “el nervio de toro”, con dos o tres golpes, podían cortar la carne de las nalgas hasta llegar a la pelvis.
El látigo de desollar se empapaba de una solución de sal y azufre disueltos en agua antes de utilizarlo. Esto, unido a las estrellas, lo convertían en una herramienta destructiva y muy útil para el torturado. La carne, al ser golpeada, dejaba a la vista diferentes órganos internos.
La limpieza del alma.
La creencia católica dice que las almas de las brujas son almas corrompidas. A las víctimas se les limpiaba antes de castigarlas, haciéndoles beber cosas hirviendo (agua, hierros, carbones, jabón).
Máscaras infamantes.
Estos artilugios, fabricados en formas fantasiosas e incluso artísticas, se imponían a quienes habían manifestado imprudentemente su descontento hacia el orden establecido, contra las convenciones vigentes, contra la prepotencia del poder o contra el estado de las cosas en general.
Millones de mujeres, consideradas “conflictivas” por su cansancio de la esclavitud doméstica y los continuos embarazos, fueron humilladas y atormentadas. El poder eclesiástico exponía el escarnio público a los desobedientes y a los inconformistas. La Iglesia usaba este método para castigar infracciones menores.
La inmensa mayoría de las víctimas eran mujeres, aplicándose el principio de “
mullier taceat in ecclesia” (“
la mujer calla en la iglesia”).
Muchas de estas máscaras incorporaban piezas bucales de hierro, algunas incluso mutilaban permanentemente la lengua con púas afiladas y hojas cortantes.
Las víctimas que portaban las máscaras eran, por lo general, expuestas en plazas públicas, donde eran maltratadas por la plebe. Recibían golpes dolorosos, eran untadas con orina y excrementos, y les producían graves heridas, a veces letales.
Mordaza o "Barbero de Hierro".
Este artilugio sofocaba los gritos de los condenados para que no interrumpieran la conversación de los verdugos.
La “caja” de hierro del interior del aro se embutía en la boca de la víctima, y el collar se aseguraba en la nuca. Un agujero permitía el paso del aire, aunque el verdugo podía taparlo con la punta del dedo para provocar asfixia.
Los condenados a la hoguera eran amordazados de esta manera, sobre todo en los autos de fe, porque sino los gritos interferirían en la música sacra.
El nadador.La víctima era atada de pies y manos y arrojada al agua a ver si sumergía.
Si la víctima se ahogaba era un signo claro de su inocencia y de que había sido aceptada por Cristo, pero si flotaba y no se ahogaba significaba que las aguas bautismales de Cristo la habían rechazado y rápidamente llevaban a la víctima al patíbulo.
Péndulo.
Una tortura fundamental, que generalmente venía a ser la preparación de la víctima para posteriores tormentos, era la dislocación de los hombros mediante la rotación violenta de los brazos hacia atrás y hacia arriba.
Esta tortura era barata y eficiente. Las muñecas de la víctima se ataban a la espalda y, en esa ligadura, se añadía una cuerda que se izaba. En el momento en que subía la cuerda, los húmeros, la escápula y la clavícula se desarticulaban. Esta dislocación producía horribles deformaciones, a menudo permanentes. La agonía se podía estimular mediante pesas agregadas a los pies, hasta que finalmente el esqueleto se desmembraba. La víctima terminaba muriendo.
Pera.
Este instrumento de tortura era de tres tipos: oral, rectal y vaginal. Se usaban embutiéndolos en la boca, el recto o la vagina de la víctima, y allí se desplegaban mediante un tornillo hasta su máxima abertura. El interior de la cavidad quedaba dañado irremediablemente. Estaba dotada de puntas que servían para desgarrar mejor el fondo de la garganta, del recto o del útero.
La pera oral normalmente se aplicaba a predicadores heréticos y seglares reos de tendencias anti-ortodoxas. La pera vaginal estaba destinada a las mujeres culpables de mantener relaciones con Satanás o con uno de sus familiares, y la rectal era para los homosexuales pasivos.
Picota en tonel.
Era una especie de vergüenza pública que se aplicaba sobre todo a los borrachos. Había dos tipos de “picotas en tonel”: las que tenían el fondo cerrado, en las que la víctima se colocaba dentro, con orines y estiércol, o simplemente con agua podrida, y las abiertas, para que las víctimas caminaran por las calles de la ciudad con ellas a cuestas, algo muy doloroso debido al peso.
Entre estos instrumentos de escarnio público, también estaban los collares para vagos y maleantes. Eran una especie de botellas de madera o de piedra muy pesadas, o una especie de monedas de hierro que se colgaban al cuello de los borrachos (las botellas) y de mercaderes deshonestos (las monedas).
A los cazadores furtivos se les ataban cadenas con los cadáveres de los animales cazados furtivamente, hasta la putrefacción y desprendimiento de los mismos. Este castigo era muy eficaz en verano.
Pinzas y tenazas.
Pinzas, tenazas y cizallas eran elementos inseparables de los verdugos.
Las tenazas se utilizaban preferentemente ardiendo en la nariz, dedos de las manos, dedos de los pies y pezones. Las pinzas alargadas servían para desgarrar o abrasar el pene.
Estos instrumentos a veces se utilizaban en frío para lacerar o arrancar cualquier miembro del cuerpo humano.
Los casos de castración, extirpación del pene o amputación de todo el aparato completo son excepcionales. Las partes seccionadas a menudo eran quemadas dentro del puño de la víctima.
Estos castigos se aplicaban por intentos de violencia o conspiraciones contra gobernantes y príncipes.
Potro.
El estiramiento y desmembramiento mediante tensión longitudinal ya se usaba en el antiguo Egipto y en Babilonia.
En Europa, junto con el péndulo, era elemento fundamental de cualquier mazmorra desde la República Romana hasta la desaparición de la tortura a finales del siglo XVIII.
La víctima es literalmente alargada por la fuerza de un cabestrante. Se producía un estiramiento de hasta 30 centímetros, longitud inconcebible, que procede de la dislocación y distorsión de las articulaciones de brazos y piernas, del desmembramiento de la columna vertebral y del desgarro de los músculos de extremidades, tórax y abdomen, efectos que provocaban la muerte de la víctima.
Esta tortura tenía tres grados. En el primero, la víctima sufría la dislocación de los hombros a causa del estiramiento de los brazos hacia atrás y hacia arriba, así como un intenso dolor en los muslos al desgarrarse. En el segundo grado, las rodillas, las caderas y los codos comenzaban a descoyuntarse. En el tercero, se separaban ruidosamente.
Ya en el segundo grado, el interrogado quedaría inválido de por vida, con el tercero quedaba paralizado. Iba desmembrándose poco a poco y las funciones vitales iban cesando a medida que iban pasando las horas y los días.
Potro en escalera.
En este caso se abrasaban los costados y las axilas mediante una antorcha compuesta por siete bujías.
Si la víctima, ya paralizada, con los hombros destrozados y moribunda a causa de las infecciones producidas por las quemaduras, seguía sin confesar, el Tribunal estaba obligado a reconocer su inocencia.
La rata.En la antigua China ya se tenía constancia del tormento de la rata, aunque fue en el Occidente medieval donde se consagró.
En esta tortura se colocaba sobre el abdomen de la víctima una jaula abierta en su base. En el interior había una rata que venía a ser molestada por los torturadores, principalmente con fuego. El animal buscaba cualquier vía de escape y terminaba por excavar un túnel en las entrañas de la víctima.
Rueda para despedazar.
Era el instrumento de ejecución más común en la Europa germánica, después de la horca, que se utilizó hasta principios del siglo XVIII.
En el resto de Europa, el despedazamiento se llevaba a cabo con barras de hierro macizas y mazas herradas, en vez de ruedas.
La víctima, desnuda, era estirada boca arriba en el suelo o en el patíbulo, con los miembros extendidos al máximo y atados a estacas o anillas de hierro. Bajo las muñecas, los codos, las rodillas y las caderas se colocaban trozos de madera.
El verdugo, asestando violentos golpes con la rueda de borde herrado, machacaba hueso tras hueso, procurando no asestar golpes fatales.
La víctima era transformada en una especie de títere que no paraba de retorcerse, entre su sangre, carne desgarrada y viscosa, y astillas de huesos rotos.
Después se desataba e introducía entre los radios de la gran rueda horizontal al extremo de un poste que después se alzaba.
Los cuervos y otros animales arrancaban tiras de carne y vaciaban los ojos de la víctima hasta que ésta moría.
Era una de las torturas más largas y agónicas que se podía infligir. Junto a la hoguera y el descuartizamiento, era uno de los espectáculos más populares que se celebraban en las plazas de Europa.
Sangrado.Se creía que la fuerza de las brujas podía controlarse haciéndolas sangrar. Esto implicaba abrir a la víctima en la cara o cerca de una vena importante. Los acusados sometidos a esta tortura se desangraban rápidamente y terminaban desmayándose. Los verdugos comprobaban que el acusado estaba siendo asistido por el demonio, que le sacaba el alma del cuerpo para que no sufriera.
Sierra.
Debido a la posición invertida del reo, se asegurabae la oxigenación al cerebro y se impedía la pérdida general de sangre, por lo que la víctima no perdía el conocimiento hasta que la sierra alcanzaba el ombligo, y a veces el pecho.
La sierra se aplicaba generalmente a homosexuales.
En España, la sierra era un medio de ejecución militar hasta el siglo XVIII. En la Guerra de la Independencia (1808-1814), los guerrilleros catalanes sometieron a oficiales enemigos a la sierra.
En la Alemania luterana la sierra era el medio de ejecución para los campesinos rebeldes, y en Francia se aplicaba para exterminar a las brujas preñadas por Satanás.
Silla del interrogatorio.
Era un utensilio básico para el inquisidor. El efecto de los pinchos sobre la víctima, siempre desnuda, es evidente. El condenado sufría atrozmente desde el primer instante del interrogatorio, que podía ser más intenso si se aplicaban sacudidas o golpes en brazos, piernas y otras partes del cuerpo.
El asiento era generalmente de hierro, de manera que se podía calentar con un brasero o una antorcha.
Taburete de sumersión.
Los protestantes sentaban a las brujas en taburetes y las ataban con correas que colgaban de uno de los extremos, para que se balancearan y tambolearan.
La víctima era sumergida en un río o un estanque, con temperaturas heladas, y las mantenían bajo el agua durante cinco minutos o más.
El “taburete de pato” se utilizaba en América para condenar a las brujas, y en Gran Bretaña para castigar a pequeños criminales y prostitutas.
"Tormentum Insomniae".En Inglaterra esta tortura no fue permitida para actuar contra las brujas, ya que no consideraban que fuera una verdadera tortura para ellas. Se utilizó en herejes menores.
La tortuga.
Era un método de tortura utilizado por los protestantes. Consistía en comprimir o triturar a la víctima bajo una plancha de madera, a la que se iba añadiendo peso. A veces se colocaba un tronco en la espalda de la víctima para que se quebrara el espinazo bajo el peso.
"Toro de Fálaris".
Se trata de la quema de seres humanos dentro de la efigie de un toro de hierro o bronce dedicado a Fálaris, tirano de Agrakas (actualmente Agrigento, en Sicilia), que murió en el año 554 a. C. Los alaridos y los gritos de las víctimas salían por la boca del toro, haciendo parecer que la figura mugía.
El "Toro de Fálaris" estuvo presente en las salas de tortura de la Inquisición entre los siglos XVI y XVIII.
La "Trenza de Paja".Era aplicada como signo de vergüenza a las jóvenes que habían quedado encintas antes de casarse. Las "infames" eran rapadas al cero y condenadas a permanecer así delante de las puertas principales de las iglesias en los días de fiesta.
La "Turca".Este método de tortura fue ideado para arrancar las uñas. En el siglo XVI, Juan Fian fue objeto de ésta y otras torturas en Escocia. Después de arrancarle las uñas le clavaron clavos en su lugar.