domingo, diciembre 24, 2006

Despertarse un domingo a las 9 de la mañana


Generalmente pocos domingos puedo disfrutar con las primeras luces... Pero ayer no salí y se nota. A las 9 el silencio era descomunal en mi casa, tanto que parece ser que todos dormían mientras a mí me han despertado los gritos salvajes del loro y los trinos tranquilos del canario. Así que no me ha quedado otra que irme a desayunar. Es curioso pues no suelo ser nunca la primera que se despierte en mi casa; hoy sí.
Me gustan los domingos a esa hora temprana porque no suelo disfrutarla a menudo, pues casi siempre me pilla durmiendo. Recuerdo aquella frase de una amiga francesa, Sylvette, que me dijo una vez: "Mientras dormimos no vivimos". Se podría aplicar perfectamente a esos domingos por la mañana en que solemos estar durmiendo. Pues pocos domingos como hoy he conocido, al menos en los últimos años.

Me hubiera molado más disfrutar de ese silencio, pero ya empiezan a levantarse.

Ni sé la última vez que dibujé por un motivo concreto


Cuando he quedado con mis amigas estaban atareadas dibujando. De repente una ha saltado: "Tú dibujas bien, podrías hacer alguno". Pero no estaba por la labor de dibujar. Sólo me he limitado a observar lo entregadas que estaban todas en sus tareas pictóricas.
También he conocido al cura. Lleva aquí desde verano, y es posible que nos hayamos cruzado algún saludo. Mis amigas le hablan como uno más, como si no fuera sacerdote. A mí me ha caído mal, como todos los curas. Menos mal que se ha largado pronto. Algún día contaré las historias de los curas que he conocido, todos han terminado bajo las faldas de alguna mujer. Alguno se dejó pillar y otros siguieron su camino como si nada hubiera ocurrido, a pesar de las habladurías.
Dentro de una semana contaré con más detalle todo lo que tiene que ver con los dibujos, que sólo son una especie de patrones de aquello en que se convertirá mi pueblo en unos días, la teoría llevada a la práctica.
¡Y la última! En mi pueblo no quedan décimos de lotería en ningún sitio, del Niño me refiero. La historia es una de tantas (como si no se repitiera esto con magos y videntes).
Una mujer de Eibar (Guipúzcoa) soñó con cierto número de cinco cifras. Llamó a la Administración General de Loterías de Madrid donde le dieron el nombre de la ciudad donde se repartió, que no es otra que la capital de mi comarca. Llamó allí y le dijeron que el número íntegro estaba siendo vendido en mi pueblo. La señora telefoneó a la parroquia pidiendo que le reservaran todos los décimos de ese número. Evidentemente no lo han hecho. Esa señora se ha debido desplazar a mi pueblo a por la lotería, que ha sido convertida en participaciones. Ya no queda ni una sola. Mi madre me ha dicho que ya tiene. Le he preguntado el número y dice que sí, que es el mismo. No soy supersticiosa, y anda que no habrá cuentistas ni nada diciendo conocer el número que caerá.

La última vez que dibujé algo con un motivo concreto no la recuerdo, aunque la última vez que dibujé algo coherente sin un motivo aparente fue el Coliseo en una terraza de Roma.

sábado, diciembre 23, 2006

Esos cafés a media tarde


A unos pasos de distancia está Pakito haciendo sonidos de todo tipo. Es una manera de atraerme hacia él. Lo hace porque está solo y quiere que vaya alguien a hacerle compañía.
Iré a tomar un café para despejarme. Y ponerme con los apuntes. No hay muchas ganas pero el deber me pesa. Mis amigas estarán, menos las que tengan las mismas obligaciones que yo, preparando el belén viviente que se celebrará la próxima semana. Menos mal que me hacen la túnica porque si hay algo que no se me da nada bien es coser.
Por lo demás, hoy veré la calle con las primeras luces de las farolas reflejadas en el suelo.
Voy a ver si hago callar a Pakito.

Sol invernal


Al llegar a casa imaginaba que me iba a encontrar con un tiempo horrible, tan frío como es típico en esta época. Quizás es que si quiero encontrar nieve tenga que subir a Valdezcaray, por supuesto, no a esquiar. De todas formas prefiero contemplar ese sol que se deja entrever hoy entre las nubes de un cielo casi despejado. La de hoy es una tarde muy parecida a la primavera. Y la verdad es que este sol se agradece.

Historia de una familia vasca

Este libro es una proclama en contra de los atentados perpetuados por la banda terrorista ETA. La autora, Maite Pagazaurtundua, es hermana de un asesinado por la banda en febrero de 2003. Su hermano era el jefe de la policía local de Andoain. Estaba en un bar leyendo unos periódicos cuando unos encapuchados le dispararon en la cabeza a bocajarro. Joxeba sabía que un día le matarían, se sentía vigilado y había pedido el traslado a otra ciudad más segura. Un día acabaron con su vida de un tajo.
Su hermana, comprometida con la defensa de las libertades y los derechos de los ciudadanos del País Vasco y afiliada al PSE-EE, nos cuenta, con unas palabras desgarradoras, sobre todo en los recuerdos de aquel fatídico 8 de febrero, cómo fue la vida de su familia, desde que eran unos niños hasta la actualidad, el antes y el después de un asesinato que no tiene ninguna justificación.
El mensaje del libro es la libertad. Todos tenemos derecho a ella, aunque hay regiones como el País Vasco donde uno no es libre, ya que sólo por expresar libremente tus ideas podrías perder la vida.

viernes, diciembre 22, 2006

"La tumba de las luciérnagas"


Leí que era otra película del gran Hayao Miyazaki, pero no, es de Isao Takahata, alguien que ni siquiera me sonaba, a pesar de que buscando su nombre me aparece como el creador de "Heidi" y "Marco".
Si no estuviera esperando a coger un tren y si no hubiera estado invadida por los nervios esta mañana, hubiera llorado, pues es una película triste.

Seita y Setsuko tienen que aprender a sobrevivir entre los ataques aéreos que asolan Japón a finales de la Segunda Guerra Mundial.

Paso de contar nada más, que no estoy con ganas. Sólo quiero dormir.

Y si cogiera un tren hacia...


Porque mañana, en vez de irme a casa, ese mismo tren me llevaría a otros destinos. Podría pararme en cualquiera de las ciudades por las que paso o irme a otras más allá, incluso llegar a fin de trayecto.
Un día prometí "coger ese tren" pero nunca cumplí mi palabra. Tampoco es que no la cumpliera, porque cojo ese mismo tren muchas veces sino que lo no cogí hacia el destino donde dije una vez que iría. Pero no fui.
¿Que si me arrepiento por no haber ido nunca? Pues quizás, aunque posiblemente sea mejor así. Eso ya nunca lo sabré, me temo.
Sólo que los días en que voy a coger un tren me vienen a la cabeza fragmentos de una conversación cargada de reproches.

Alma


Mi alma hoy quiere volar,
ser agua, ser brisa del mar

y ser la flor que en tu jardín

trepando llegue hasta ti.


Mägo de Oz

Ya está todo preparado

Ayer mi mejor amiga me envió las fotos del disfraz. Porque me había enviado un sms multimedia al móvil donde no se apreciaba bien. Aquí tampoco es que se vea precisamente bien, simplemente porque como mejor se verá, y como mejor lucirá en Nochevieja, será cuando lo llevemos puesto.

Cuando me dijeron que iríamos como en el lejano oeste no me imaginaba que se trataba de cabaretera de "Saloon", que aparte de bailar se dedicaban a otras actividades más mundanales. Así que igual hay guasa. Mi amiga me dijo que se había comprado una boa, ella la lleva negra. Yo me la he comprado roja. El resto dicen de llevar una capa o algo encima. Si no recuerdo mal el año pasado yo no llevaba nada sobre el vestido de sevillana, debajo sí, claro. Pero en Nochevieja hace calor y sino se busca.

Después, ya pensaba yo que mi grupo andaba tardío con la lotería, pero al mirar el correo hoy ¡¡por fin tenía todos los números!! Faltan tres personas que el año pasado participaron. Así como que también faltan terminaciones. Pero bueno, habrá que echar mano de la suerte. Y sino siempre nos quedará otro año. El año anterior nos tocaron más de 200 €, que gastamos en una cena todos juntos en Semana Santa. A ver si este año corremos la misma suerte. Al menos una cena, una oportunidad de estar todos juntos. Por eso sí que merece la pena jugar.

Ana 47804

I** 51783

R** 20198

M** 81427

D** 56276

I** 20072

Y** 82109

A** 64287

N** 05568

M** 37722

B** 73649

La persona que ha enviado el e-mail lo ha puesto en verde, dice que por la esperanza, aunque yo creo que es porque es su color preferido. Si me tocara enviarlos a mí los pondría en rojo.

También tenemos en estos días una especie de mercado donde tengo que hacer de cerera, llevar una túnica y regalar velas a cambio de "la voluntad". El caso es que yo nunca he hecho velas aunque sí las he visto hacer. Mi mejor amiga, muy mañosa a la hora de coser, se ha ofrecido a hacerme una túnica de una sábana o una cortina vieja. Así que mañana le daré trabajo. Pues a mí no me gusta coser, no puedo perder mucho tiempo haciéndome un disfraz (prefiero comprarlo, como el de Nochevieja) y sólo una vez me cosí un aderezzo para carnaval: un carcaj para un disfraz de india en el que me ayudó mi madre, pues se reía de mí porque no utilizaba dedal.

Y lo último es que ya he metido todo (menos el neceser) en la maleta. He tenido que abrir una cremallera secundaria (por primera vez) por la que la maleta se hace más grande. Pero bueno, se notan estos tres meses sin ir, se notan. Me alegro de que al volver me quepa todo ahí dentro. Porque volverá más liviana, o eso espero.


No puedo con ella, pero tampoco tengo que pasearla mucho: del taxi al tren y del tren a casa. Los libros que se ven al lado también me los llevo, en una mochila con apuntes. Bueno, el peso lo odio, pero llegaré mucho antes de comer a casa. Tendré tiempo para ver a mi gente y para hablar sin parar.
Por lo demás, en estos momentos me propongo a hacer limpieza en el pc pues no me mola que me cotilleen nada. Y a mis hermanos les gustan las fotos, como a mí. A pesar de que tiene contraseña se las arreglarían perfectamente con el objetivo de que terminara diciéndosela. Y hay más ordenadores en casa, el caso es fastidiar. Tampoco me lo llevaría si no fuera porque cada vez que todo algún otro pc mis hermanos se enfadan y me echan en cara por qué no llevo el mío, además de ser algo muy personal, y ¡qué leches! que me siento más cómoda con mi pc.
Después, y sí, se me va a hacer tarde, pero no dormiré más de tres horas hoy, después, que seguro que seguiré sin tener mucho sueño, me veré una película de Hayao Miyazaki, que encontré por casualidad: "La tumba de las luciérnagas". Seguro que lloro.

jueves, diciembre 21, 2006

El rincón más iluminado del planeta


No es el rincón más iluminado del planeta en estas noches invernales aunque sí de Salamanca. La Plaza Mayor brilla más que ningún sitio. Se merece una mención especial pues la he visto de muchas maneras; la he visto otras navidades y ha paseado por ella decorada de muchas maneras diferentes. Me gusta más el belén que han puesto ahí otras veces, porque un belén siempre nos dice más que un árbol de colores. La he visto llena de esculturas, con puestos de libros, con escenarios habilitados para conciertos e infinidad de cosas más.
Y pasé por allí con el árbol recién puesto, un árbol solitario que sin decoración era muy triste.


Es un detalle de uno de los balcones del segundo piso, donde se forma una especie de faldón de luces. De hecho este año hay muchos sitios "forrados" con luces igual que los balcones de la Plaza.
Y he pasado por allí con la luz matinal, donde el árbol sin luces seguía destilando bastante elegancia. O quizás es únicamente la elegancia de la Plaza.

No es tan impresionante como por la noche, pero sigue brillando por su sencillez. Por las noches está vigilado por si a algún "vándalo" bajo los efectos del alcohol le da por encaramarse a las ramas y trepar hasta la punta.

Lo que no llama mucho la atención durante el día es el amasijo de hierros que forman la estrella. Creo que la de mi pueblo es más grande, debe serlo cuando se ve brillar desde la carretera. A ver si me acuerdo y le hago una foto cuando esté allí.

De todas formas, a mí la Plaza Mayor me gusta más por la noche, y no ahora especialmente porque tenga la decoración de la época, sino también cuando llueve y suenan los zapatos sobre el pavimento mojado, o un domingo a las 12 que no suele haber mucha gente, pues es cierto que es uno de los lugares más concurridos de la ciudad. Ahí, bajo la estrella, bajo el reloj del Ayuntamiento, es el punto donde todo el mundo queda. Es el centro más céntrico y el lugar que todo el mundo debe conocer antes que ningún otro sitio.

miércoles, diciembre 20, 2006

Mil colores


Yo no entiendo por qué a mi madre le da para atrás mi ropa extremadamente colorista. A mí me parece que los colores dan alegría, aunque a veces parezca un arco iris andante (como hoy). Evidentemente no me pongo muy a menudo esos pantalones fucsias de pana. Pero eso es porque los he encontrado hoy en el armario. Eso da una idea de la cantidad de ropa que hay en él.
Aparte de que dan mucho cante, que por otra parte me da igual.

Hace unos días alguien me decía que vestía muy seria. Yo creo que es más bien al contrario. Aunque adoro el negro no me gusta vestir de ese color a no ser que vaya bien acompañado.

Histérica de la limpieza

Generalmente no soy una histérica de la limpieza, aunque sí del orden. Una persona sola no mancha mucho, al menos en mi caso, así que no vivo entre pelusas y si veo alguna enseguida corro hacia la escoba. Aunque sí que me pongo loca por limpiar antes de irme a casa, siempre, y esto es algo que no falla. Me gusta volver y que esté todo como una patena.
El cuarto de baño y mi habitación ya los limpié el otro día, pero hoy me quedaban el salón y la cocina. Ahora está todo inmaculado. Ya puedo tumbarme a ver una película en el sofá sin miedo a comerme alguna pelusa.
No me mola enseñar mi madriguera, pero...


¿Por qué no?

News news news...


Ponerse a ver las noticias es cada día más horrible. Entre la crisis de Air Madrid que llevan días anunciando, los pelotazos urbanísticos y el gusano del pescado fresco se va la media hora de información de casi todas las cadenas.
Pero hoy una noticia trágica resalta por encima de esos tres titulares repetidos hasta la saciedad estos últimos días: el accidente de un autobús de aficionados del Recreativo de Huelva que se dirigía a Madrid a apoyar a su equipo en un partido que se jugará esta noche, un accidente donde han muerto cuatro personas.
Los sucesos en las carreteras españolas son, quizás, las noticias que más nerviosa me ponen, puesto que siempre puede tocar alguien de cerca. Ya me tocó en el pasado, todo el mundo tiene a alguien que perdió en la carretera. Yo perdí amigos y amigas, allegados y conocidos. Y les recuerdo como si todavía estuvieran aquí. Por eso, cada vez que escucho un accidente de tráfico se me pone la piel de gallina, incluso a veces tengo que cambiar de canal. Dependiendo de cada momento esa información puede convertirse en algo demasiado insoportable de oír.

Adiós a los dilemas a la hora de comer


Lo que más me mola de ir a casa es que seré tratada a cuerpo de reina, sobre todo en lo que se refiere a las cocinas. Aquí siempre me surge el mismo dilema: ¿qué hago para comer? Y muchos días no cocino bien sea por pereza bien porque no sé qué cocinar. Y llega un momento en que se me ha pasado la hora de comer. Mi cuerpo se ha acostumbrado a comer una comida al día. Y esto será lo que peor lleve en casa, pero al menos comeré la comida de mamá :D
Por ejemplo, ahora no sé qué comer. Y mientras pienso se me pasan las horas. Tenía intención de ir a la estación de tren antes del mediodía, ahora será por la tarde. Como contrapartida no llegaré a la facultad a tiempo. Aunque en la época en que estamos todo es "perdonable".

martes, diciembre 19, 2006

Pakito


Cuando hablo de Pakito mucha gente me pregunta si es mi novio. Mis amigos de La Rioja le conocen todos, la gente de mi facultad también y muchas otras personas se ríen cuando se me cae la baba hablando de él. Pero no me sale llamarle “loro” porque realmente y en estos momentos ese Yako gris de cola roja ha pasado a formar parte de la familia, incluso creo que mi madre le quiere más a él que a sus propios hijos.

En septiembre hizo dos años desde que me fuera a vivir a un piso con dos amigas. Cerca teníamos una tienda de animales en cuyos escaparates nos quedábamos anonadadas mirando a los bichos. Así es como enseguida me encapriché de una mascota. Hubiera preferido un perro pero sé que en casa no me secundarían, así que me fijé en unos siameses recién nacidos que parece que te estaban diciendo que te los llevaras.
En las ferias de Salamanca se lo comenté a mi madre (mis padres siempre se pasan por aquí en las fiestas de septiembre). A mi progenitora no le hizo mucha gracia que me llevara un gato y empezó a ponerme todo tipo de excusas, que no hicieron efecto alguno en mí. Tras mucho insistir y viendo la ilusión que yo tenía me ofreció pasarnos por la tienda de animales.
Evidentemente lo que se veía en el escaparate era una mínima parte en comparación con todos los animales que había dentro. Nada más cruzar la puerta casi me tengo que salir de nuevo. Junto a la entrada había una enorme serpiente. Tengo fobia y soy inacapaz de mirarlas. La serpiente estaba en una urna, pero mi pánico es tan grande que empiezo a imaginarme que consigue salirse y otras paranoias de ese estilo. El caso es que vencí mi miedo y entré.
Me encontré a mi madre mirando fijamente hacia una cristalera. Y allí estaba, ante mis ojos, el loro que horas después tendría en mi poder. Mi madre se encariñó con el ave nada más verlo y mientras preguntaba precios yo me puse a hacer el payaso delante del animal, a hablarle vocalizando exageradamente y a gesticular mucho. Yo sé que le gusté porque no me quitaba ojo.
Una hora después cruzábamos las calles de Salamanca con una jaula gigante, que iba tapada. Yo iba contentísima, pues mi madre se iría y el animal se quedaría allí. Además era algo nuevo para mí, pues nunca había tenido responsabilidad íntegra sobre un animal, a pesar de que por mi casa en el pasado hubo perros, gatos, canarios y hasta los asquerosos hámsters. Pero un loro era un animal que causaría furor, sobre todo a la gente que nos viniera a ver al piso. Porque todos querrían verle, como si fuera aquello un zoológico. A mí no me hacía gracia porque a Pakito la gente desconocida le asustaba.
Le hice un hueco en mi habitación y enseguida empecé a compartir mi vida con él. Limpiar la jaula dos veces al día no era cosa fácil, sobre todo al principio, pues yo era una desconocida para él, y no paraba de berrear cada vez que le movía de un sitio para otro. Después empezó a acostumbrarse y ¡que no se me pasara la hora! que le gustaba estar limpio aunque pronto lo pusiera todo hecho un cristo.
Nos acostumbramos el uno al otro, y conmigo dejó de gruñir e incluso decía sonidos guturales cuando estábamos solos. Todos los días a las 7 de la mañana en punto me despertaba con un “cu-cu”. Y hasta que no me levantaba y le decía algo no callaba. Y así es Pakito (nombre que le puse desde el primer día), si no le prestas atención o se queda solo empiezan a salir de su pico todo tipo de sonidos hasta que viene alguien y le hace arrumacos. Cuando no le haces caso, cuando quiere que le limpies la jaula, cuando quiere comida... sabe pedirla.
En el momento en que cogió confianza, cada vez que acercaba mis manos a la jaula, se tiraba a picarme. Nunca lo consiguió en aquella época (aunque sí después).

Me habían dicho que tenía que hablarle mucho. Y yo esto lo cumplía a rajatabla. No le gusta el silencio, comprobado lo tengo. Pero en aquellos días me lo pasaba muy bien sentándome frente a la jaula, sacando un álbum de fotos y presentándole a mi familia mediante imágenes. Él me miraba fijamente como si se tratara de un buen alumno asimilando la lección. Después le narraba cuentos o cualquier historia que se me ocurría. Mientras yo me enfrascaba en esa oratoria sin parangón o en un monólogo inmensamente largo, él callaba y me escuchaba.
Cuando me tenía que ir le dejaba Cadena Dial puesta para que se deleitara escuchando canciones, porque algo que descubrí muy pronto es que Pakito adora la música. Y si se ponía a gruñir nada como ponerle alguna canción, sobre todo instrumental, para que se calmara. Pues en el mes y medio que estuvo en Salamanca mucha gente que venía a vernos se pasaban a ver a Pakito. Esos momentos los odiaba, pero no podía decirles que no, aunque enseguida les decía que le habían asustado. Un día entró alguien e hizo un movimiento brusco con los brazos hacia arriba delante de la jaula. Pakito estuvo gruñendo todo el rato. Y yo me cabreé, claro. Pero no con Pakito, al fin y al cabo, el loro estaba muy tranquilo y alguien vino a tocarle las narices.

Los buenos momentos llegan a su fin. Un día el casero dijo que iba a venir por si necesitábamos algo. Encima nuestro casero se llamaba Paco (suena a guasa, aunque el nombre no se me ocurrió por el casero). Cuando se enteró mi madre me saltó que es posible que no aprobara que tuviéramos un bicho “ruidoso” en el piso y aprovechó un viaje a tierras charras de una persona muy allegada a mi familia para que mandara a casa a Pakito, con comida de repuesto y otras cosas.

Y muy a mi pesar tuve que despedirme de Pakito. Cuando le entregaba la jaula a J. se me caían las lágrimas. Curiosamente este hombre sabía mucho de este tipo de animales, pues no me habló para reconfortarme sino porque entiende de pájaros: “No te preocupes, si a alguien recordará será a ti porque eres la primera persona con la que ha estado, y cada vez que vuelvas a casa te recordará y se pondrá muy contento. No te va a olvidar aunque estés muchos años sin verle”.
También me dijo otras cosas como que tardaría en hablar de seis meses a dos años y que comía más cosas aparte de pipas sin sal. Siempre le di comida única, pues aunque yo intentaba deleitarle con todo tipo de comida para loros, lo que prefería comer eran pipas. Le hice rabiar muchas veces, le hacía gruñir, y al final terminaba llenándole todos los recipientes de pipas, que para él venía a ser nada menos que un festín.

La primera noche en mi casa me llamaron varias veces preguntándome si Pakito era igual de gruñón siempre, pues desde que había llegado no paraba de berrear, como si estuviera enfadado. Les dije que se tenía que habituar a ellos, que debían darle tiempo y que cuando se hubiera acostumbrado a tanta gente intercambiaría esos sonidos horribles por otros guturales y más suaves: “cu-cu”, ladridos y una vocal: la u.
Y Pakito empezó su nueva vida sin mí. Se acostumbró a las nuevas personas y empezó a imitar otro tipo de ruidos. Su jaula estaba junto a la de un canario y cuando éste empezaba a cantar Pakito empezaba a gritar, supongo que para que le hicieran más caso a él que al trino del canario. Enseguida empezó a imitarle.

Un día estaba ensimismada leyendo La sombra del viento (me acuerdo perfectamente de esta época y de todos los libros que me leí en tan sólo 15 días), uno de los mejores libros que me he leído nunca, cuando de repente oí silbar; pensaba que provenía de uno de mis hermanos, y estuve esperando a ver si aparecía. Pero mi hermano no venía. Al cabo de un momento se oyó el mismo silbido. Entonces miré a Pakito. Era él quien estaba silbando como suele hacerlo mi hermano.

En la actualidad (o al menos en el mes de agosto, que es la última vez que le vi) decía alguna palabra suelta. Es capaz de decir nombres, imita todo tipo de sonidos, grita como un cosaco (sobre todo cuando mi madre habla por teléfono, y a veces me lo pone al habla). Lo mejor es que no le gusta quedarse solo y cuando esto ocurre comienza a gritar hasta que alguien viene a hacerle compañía. Es cariñoso. Se cela con el canario si te acercas a la jaula del pequeño y, sobre todo, si quieres escuchar a Pakito, ésta es la mejor manera de que salgan sonidos de su pico: dándole celos con el canario.

Cuando llego a casa se ahueca de alegría y empieza a moverse de un lado a otro sin parar. Desde hace unos meses se ha convertido en todo un señor que se pasea de un lado para otro, pues un día le dejaron la puerta abierta y ahora su sitio predilecto está encima de la jaula, y no dentro. A nadie le gusta estar encerrado, y Pakito prefiere pasar casi todas las horas en el exterior, sólo entra para comer o en verano para que le sacaran a la terraza. Es como uno más. Cuando el canario canta, camina hasta donde está y hace como que le picotea. Imagino que quiere hacerle callar, aunque pocas veces lo consigue.

Y ese es Pakito. Ya tengo ganas de verle.

Una historia


A veces hay historias que nos dejan pensando durante horas en la lección que nos dan al final. Hay personas que son capaces de contarnos un cuento con tal habilidad que la moraleja nos llega muy hondo. Uno de estos autores, posiblemente uno de los más leídos del mundo, es capaz de imbuirnos unas enseñanzas que te dejan un momento para la reflexión. Su nombre es Paulo Coelho.

Un hombre, su caballo y su perro iban por una carretera. Cuando pasaban cerca de un árbol enorme cayó un rayo y los tres murieron fulminados. Pero el hombre no se dio cuenta de que ya había abandonado este mundo y prosiguió su camino con sus dos animales (a veces los muertos tardan un cierto tiempo antes de ser conscientes de su nueva condición...).

La carretera era muy larga y colina arriba. El sol era muy intenso, y ellos estaban sudados y sedientos. En una curva del camino vieron un magnífico portal de mármol que conducía a una plaza pavimentada con adoquines de oro. El caminante se dirigió al hombre que custodiaba la entrada y entabló con él el siguiente diálogo:

- Buenos días.
- Buenos días -respondió el guardián.
- ¿Cómo se llama este lugar tan bonito?
- Esto es el Cielo.
- ¡Qué bien que hayamos llegado al Cielo, porque estamos sedientos!
- Usted puede entrar y beber tanta agua como quiera.
Y el guardián señaló la fuente.
- Pero mi caballo y mi perro también tienen sed...
- Lo siento mucho -dijo el guardián - pero aquí no se permite la entrada a los animales.

El hombre se levantó con gran disgusto, puesto que tenía muchísima sed, pero no pensaba beber solo. Dio las gracias al guardián y siguió adelante. Después de caminar un buen rato cuesta arriba, ya exhaustos los tres, llegaron a otro sitio, cuya entrada estaba marcada por una puerta vieja que daba a un camino de tierra rodeado de árboles.
A la sombra de uno de los árboles había un hombre echado, con la cabeza cubierta por un sombrero. Posiblemente dormía.
- Buenos días -dijo el caminante.
El hombre respondió con un gesto de la cabeza.
- Tenemos mucha sed, mi caballo, mi perro y yo.
- Hay una fuente entre aquellas rocas -dijo el hombre, indicando el lugar. - Podéis beber toda el agua como queráis.

El hombre, el caballo y el perro fueron a la fuente y calmaron su sed.
El caminante volvió atrás para dar las gracias al hombre.

- Podéis volver siempre que queráis -le respondió éste.
- A propósito ¿cómo se llama este lugar? -preguntó el hombre.
- EL CIELO.
- ¿El Cielo? ¿Sí? ¡Pero si el guardián del portal de mármol me ha dicho que aquello era el Cielo!
- Aquello no era el Cielo. Era el Infierno -contestó el guardián.
El caminante quedó perplejo.
- ¡Deberíais prohibir que utilicen vuestro nombre! ¡Esta información falsa debe provocar grandes confusiones! -advirtió el hombre.
- ¡De ninguna manera! -increpó el hombre - en realidad, nos hacen un gran favor, porque allí se quedan todos los que son capaces de abandonar a sus mejores amigos...

Jamás abandones a tus verdaderos amigos aunque eso te produzca inconvenientes. Si ellos han estado dándote su amor y compañía has contraído una deuda: "No abandonarlos nunca".

lunes, diciembre 18, 2006

Desmaquillando el arco iris


Debido a las circunstancias adversas me he visto obligada a cambiar el nombre del blog, cosa que no me hace mucha gracia, pues ya me había acostumbrado.
Ésta es la cuarta vez que lo cambio. Las primeras fue en plan guasa. Al final decidí dejar el que tenía, que duró bastantes meses.
He recibido hoy críticas que no me han gustado. Es por eso quizás que tengo mi blog con un status oculto para que sea difícil encontrarlo. Me da igual que lo critiquen, pero si lo hacen que se aseguren de que la crítica va bien encaminada. Pues no se puede criticar una película sin haberla visto antes ni se puede hacer una buena crítica de un libro sin haberlo leído primero. Por eso me ha sentado mal. Acepto las críticas siempre y cuando tengan razón de ser, mientras tanto las evitaré.
Que quede claro que yo no escribo más que por la vital necesidad de escribir, no para desahogarme ni para producir compasión en el otro, sino simplemente porque me apetece. Porque me parece un medio de comunicación más, una forma de expresar ideas y esto tiene un buen formato para acumular experiencias y anécdotas, por eso quizás lo de "coleccionar momentos" le venga que ni pintado, aunque a mí realmente no me gusta mucho la dirección actual. Simplemente es lo primero que me ha pasado por la mente. Como la prisa me carcomía por dentro así se queda ya.

Por lo demás y para los que leen, gente que aprecio de un modo u otro, sólo quería dejar claro una cosa. Esto no es un diario ni un montón de textos escritos al azar. En todo lo que escribo dejo una parte de mí, aunque a veces sea difícil encontrarla. Nunca quise comenzar un blog y cuando hace nueve meses me dio por comenzar uno sólo lo leía una persona. Aquella persona estaba invadida por una tristeza permanente y mis palabras fueron una especie de aliento. Y durante un tiempo éste fue un medio de consuelo. Le animé a través de esto y por eso mismo me siento orgullosa de escribir en un blog. Creo que esa persona, esté donde esté, ahora es más feliz que en aquellos días de abril.
Con el paso del tiempo empecé a escribir sobre más cosas y, evidentemente, di la dirección a más gente. A otros nunca llegué a dársela. Sé de gente que sabía mi estado de ánimo tras leer algo que yo había escrito (eso es algo que no puedo evitar, se me nota si estoy contenta o triste según mi forma de escribir). Y sé de gente que ha intentado encontrarme entre la inmensidad oceánica de los blogs sin éxito alguno.
Si lo tengo oculto simplemente es porque hablo muchas veces de mí, de cosas que no quiero que sepa cualquiera. Y aunque a veces esto pueda parecer un diario, siempre he evitado escribir de esa forma. Escribir algo que te ocurre cierto día no significa escribir todo lo que te ha pasado. Supongo que en un diario escribiría todo lo que me pasa y aquí no suelo hacerlo.

Nada más. Necesitaba explicarme.

¿Por qué?


No me gusta mucho escribir aquí e-mails, pero éste me ha hecho gracia y además es uno de los pocos que he leído de principio a final, cosa extraña cuando mi correo está lleno de e-mails cadena que van directamente a la papelera, sin concederles ni un solo minuto.

¿Por qué el pan de molde es cuadrado, si el choped, el salami, la mortadela... son redondos? ¿Quién tiene la culpa de esto, los tranchetes?

¿Por qué, cuando te duele una herida, siempre llega alguien que te dice: “¿Te duele? Eso es que se está curando”. Que me imagino a Jesucristo con los clavos, y la Virgen: “¿Te duele? Fenomenal, en tres días vas a estar como nuevo”.

¿Por qué en las películas de miedo siempre aparece una puerta cerrada de la que sale mucha luz por las rendijas? ¿Qué hacen los espíritus ahí detrás, fotocopias?

¿Por qué cuando yo compré el piso a mí no me dieron la canica que tienen los demás vecinos (pero todos) y que se les cae o la echan a rodar a partir de las doce de la noche?

¿Por qué en las iglesias ponen pararrayos? ¿No las protege Dios? Un poquito de confianza, ¿no?

¿Por qué cuando llegamos a lo alto de una montaña nos ponemos las manos en las caderas?

¿Por qué abrimos la boca cada vez que miramos al techo?

¿Por qué nos da por ir a la nevera cada cuarto de hora si siempre hay lo mismo?

¿Por qué si nunca usamos las páginas amarillas, cuando las ves en el portal te pones contentísimo y, de hecho, piensas en cogerlas todas?

¿Por qué cuando nos sonamos los mocos abrimos el pañuelo y miramos lo que hemos echado? ¿Qué esperamos encontrar? ¿Berberechos?

¿Por qué cuando nos cuelgan el teléfono nos quedamos mirándolo como si el teléfono tuviera la culpa?

¿Por qué cuando nos llaman al móvil sentimos la necesidad irrefrenable de ponernos a andar de un lado a otro?

¿Por qué cuando estamos en un lugar alto nos obsesionamos con ver nuestra casa? "Mira, mira ahí, al lado del edificio rojo..."

¿Por qué cuando echamos una carta al buzón no podemos evitar mirar por la ranura e investigar qué hay dentro? ¿Qué esperamos encontrar?¿Un cartero enano?

¿Y por qué abrimos los ojos cuando estamos a oscuras? ¿Qué creemos? ¿Que tenemos superpoderes?.

¿Por qué nos da tanta vergüenza quedarnos en calcetines cuando vamos a una zapatería? ¿Por qué en cuanto nos traen el calzado que hemos pedido nos lo ponemos a toda leche?

¿Por qué hay tanta gente que cuando come un helado de cucurucho, a la mitad, muerden el piquito de abajo? ¡Si saben que por ahí les va a chorrear!
¿Por qué nos hace tanta gracia que se nos quede la marca del reloj cuando nos ponemos morenos en verano, que en cuanto lo vemos se lo decimos al de al lado? "Mira, se me ha quedado la marca, parece que llevo reloj, pero no".

¿Porqué cuando un aparato eléctrico no funciona no se nos ocurre otra cosa que apretar con más fuerza el botón de encendido?

¿Por qué cuando alguien se va a poner gotitas en los ojos abre la boca de esa manera tan extraña? ¡Es colirio, no tequila!

¿Por qué cuando cogemos una caja de medicamentos, por muchas vueltas que le demos, siempre la abrimos por el lado que no es y aparece el prospecto, ahí, doblado?

¿Por qué cuando vas de viaje te sientes culpable si no visitas los museos?

¿Por qué cuando nos enfadamos noscruzamos de brazos? ¿Qué ganamos con ello?

¿Y por qué elegimos siempre las bodas para dar a conocer a nuestros padres que fumamos?

¿Y por qué cuando tenemos miedo nos metemos debajo de las sábanas? ¿Creemos que así un cuchillo no atraviesa la sábana?

¿Por qué has mirado al techo al leer la séptima pregunta?

Horarios desordenados


Llevo despierta desde las 5,30 de la mañana. Últimamente duermo fatal. No sé por qué es ni a qué puede ser debido. El caso es que hace mucho tiempo que no disfruto de mi estado onírico. Hace tiempo que no caigo en un sueño profundo, más bien al contrario, me desvelo con gran facilidad, aunque me haya costado dormirme unas horas antes. Mi media de horas durmiendo es de cinco, cuando antes necesitaba nueve.
Puedo tirarme un día entero sin dormir que cuando llegue la noche dormiré cuatro horas y volveré a desvelarme. Pueden ser nervios ante la perspectiva de irme a casa, aunque no lo creo.
Nunca antes he dormido tan mal como en los últimos tiempos.
Al menos sé que en casa regularé estos horarios, con el contratiempo de que allí madrugo y no podré disfrutar de esas noches en vela a las que estoy acostumbrada aquí.
La mente a veces juega malas pasadas. A las 7 de la tarde me caeré de sueño, pero no podré dormir hasta bien entrada la noche, cuando caiga rendida ante el sopor y el dolor de ojos por estar tantas horas despierta.

Nuevo escritorio


Me enviaron un fondo de escritorio que me gustó bastante. Al principio que era una captura de una skin de OGame, pero no.
Desde aquí un saludo a quien me lo envió ;)