sábado, octubre 21, 2006

Howard Carter y Tutankamon

Howard Carter (1873-1939)















En 1902, el norteamericano Theodor Davis obtuvo un permiso del gobierno egipcio para realizar excavaciones en el Valle de los Reyes. En los doce años en que disfrutó de esta concesión descubrió sepulcros como los de Siptah, TutmosisIV y Horemheb, y halló la momia y el féretro del rey hereje (o reformador religioso) Amenofis IV, esposo de Nefertiti.
En 1914, la concesión cambió de manos, yendo a parar a los ingleses Howard Carter y su gran amigo Lord Carnarvon. Dedicaron los cinco años siguientes a una infructuosa búsqueda en el Valle de los Reyes.
Lord Carnarvon se había convertido en un coleccionista apasionado y buen conocedor. Cuando hereda su gran fortuna tiene 23 años y se va a dar la vuelta al mundo en un velero. Un accidente de coche le deja secuelas respiratorias y, por prescripción facultativa, decide aunar sus aficiones arqueológicas y la conveniencia de su salud yéndose a Egipto. Sin embargo, tenía deficiencias en su formación que suplió junto al egiptólogo Howard Carter.

Carter comenzó su carrera como dibujante. Era ya un hombre prestigioso, y a su experiencia como excavador unía una innegable audacia que le daba un valor añadido.
La colaboración entre estos dos hombres, a los que separaba una gran diferencia de edad fue excepcional.

Por aquel entonces, los estudiosos estimaban que cuanto se podía descubrir en el Valle de los Reyes se había descubierto ya. Una misión tras otra, apresuradas y sin un plan fijo muchas de ellas, habían arrojado cascotes sobre lo descubierto en la expedición anterior. Aquello era como una inmensa área de derribos cuando los dos hombres se propusieron excavar con método. Decidieron limpiar meticulosamente un área triangular comprendida entre las tumbas de Ramsés VI, Merneptah y Ramsés II. Así lo hicieron, pero la tumba de Ramsés VI recibía gran afluencia de visitantes, y, para no molestarlos, decidieron no continuar sus excavaciones en las inmediaciones de su entrada; junto a ella, habían encontrado unas chozas de obreros de pedernal correspondientes a la XX dinastía.


Pasan así tres años más sin fruto, y decidieron que no dedicarían más que el siguiente año al Valle de los Reyes. Pasaron a despejar el último vértice del triángulo, donde estaban las chozas de pedernal. Lord Carnarvon se había ido a Gran Bretaña. Empiezan a excavar el 3 de noviembre de 1922, y al día siguiente bajo una grada de piedra, descubren la tumba de Tutankamon.
Retiran una grada tras otra, y llegan a una puerta cerrada, tapada con argamasa y sellada. Si está sellada es porque contiene un enterramiento, y que éste no ha sido violado. En ese momento, como signo de respeto y consideración, Carter decide no continuar antes de avisar a Lord Carnarvon y esperar su llegada. Al explorar la tumba, se encontraron con que había sido saqueada. Pero el saqueo había sido apresurado, y la mayor parte estaba intacta.
Hubo una respuesta de colaboración incondicional por parte de todos los hombres de ciencia de la comunidad internacional, que ofreció su ayuda con mucho entusiasmo y desinteresadamente en algunos casos. Esto da indicio de la fascinación que produjo el descubrimiento que ya por entonces producía el Antiguo Egipto y que no ha cesado de agigantarse hasta nuestros días. Los científicos estudiaron desde las ofrendas florales hasta los materiales empleados para embalsamar al faraón. Por la osamenta establecieron que había fallecido entre los 17 y los 19 años.
Es comprensible la sensación que aquello provocó: era el mayor, más rico e impresionante de los tesoros arqueológicos descubiertos jamás. Había tesoros por doquier: en la antecámara, en las cámaras laterales y en la cámara del tesoro, llena hasta arriba de estatuas, sarcófagos en miniatura, modelos de barcos.
Por último estaba la cámara sepulcral con los 4 sarcófagos superpuestos de madera dorada, que contenían cuatro ataúdes encajados uno dentro de otro. El último, de oro macizo, albergaba en su interior la momia del faraón y su famosa máscara de oro con oscuros ojos de vidrio.
Para empañar la bella relación de amistad y colaboración, Carter y Carnarvon tuvieron diferencias entre sí y con los gobiernos inglés y egipcio a la hora de determinar la parte que de aquello correspondía a cada uno. Así se venían abajo aquellos quince años.
Cuatro meses después de abrir la tumba, una misteriosa enfermedad, causada por una picadura de mosquito, postraba al lord. Los dos hombres se reconciliaron en su lecho de muerte. Falleció en abril de 1923. Su muerte, a la que siguieron las de varias personas relacionadas con la apertura del sarcófago, inició la leyenda de la maldición del faraón.



La tumba de Tutankamon

La tumba de Tutankamon se localiza en el Valle de los Reyes, entre las tumbas de Ramsés II y Ramsés IV. Aunque es posible que los ladrones de tumbas entraran al menos dos veces en la tumba de Tutankamon su contenido estaba intacto cuando la descubrió Howard Carter.

El diseño es típico de los reyes de la XVIIIª dinastía. En la entrada de la tumba hay una escalera que conduce a un corto pasillo. La primera sala es la antecámara, donde se encontraron muchos de los artículos domésticos para el viaje de Tutankamon a la eternidad. Detrás de esta pared hay un anexo y en el fondo hay una abertura que conduce a la cámara del entierro.

Esta cámara estaba protegida por dos estatuas centinelas negras que representan el ka (alma) real y simbolizan la esperanza del renacimiento (cualidades de Osiris, que resucitó después de muerto).

La cámara de entierro contiene el sarcófago y el ataúd de Tutankamon. Sus paredes están pintadas con escenas de Tutankamon en el más allá: el ritual de "la apertura de la boca" para dar vida al difunto, la corteza solar sobre la que viaja al más allá y el ka de Tutankamon en presencia de Osiris.


De la cámara de entierro se accede a la cámara del tesoro, donde se encontró el magnífico "canopic" dorado. Era el objeto más impresionando del tesoro.
Un pecho de oro sostenía cuatro tarros con las vísceras del faraón muerto (pulmones, estómago, intestinos, hígado).


Cuatro diosas protegían el santo lugar: Neith al norte, Selkis al sur, Isis al oeste y Nephth al este. También se encontraron en esta sala 35 modelos de barcos y una estatua de Anubis, representado como un dios con cabeza de chacal.

Para perpetuar la conservación, todos estos tesoros se llevaron al Museo Egipcio de El Cairo.

La maldición de Tutankamon
Se corría entre los egipcios una leyenda. Se decía que todo aquel que violara la tumba del faraón Tutankamon encontraría muerte por su profanación. Una maldición ancestral, mística y horrenda que escapaba desde las gélidas paredes de la tumba subterránea y que detenía a todo aquel que se acercara a ella, con la excepción de Carter y su equipo.
Sintiéndose muy solitario y cansado, Carter había instalado en la tumba - donde trabajó diariamente durante 16 años - una jaula con un canario, cuyo canto ponía algo de alegría en el sombrío ambiente. Una tarde notó que el canto se interrumpía bruscamente y, al levantar la vista, vio una cobra (la serpiente guardiana de los faraones y encarnación de la diosa Edjo) devorando a su infortunada mascota...

La maldición comenzó a confirmarse. Lo que empezó como un simple rumor terminó por convertirse aparentemente en trágica realidad.
La muerte de Lord Carnarvon fue el gatillo que disparó la imaginación del mundo entero. Murió diez meses después de haber penetrado en la Cámara Real. George Edward Molyneus Herbert, más conocido como el quinto conde de Carnarvon, había tomado la egiptología y la arqueología con la misma pasión que otros millonarios y miembros de la nobleza toman los deportes o la sociedad. Mientras que se encontraba en los días del sensacional descubrimiento fue picado por un mosquito en la mejilla izquierda. No le prestó la menor atención a la picada de mosquito, un incidente que ocurría a diario a millares de turistas y locales. Una semana después, mientras que se afeitaba se cortó encima de la picada anterior.
Un par de días más tarde comenzó a sentirse mal de salud. Y se agravó tanto que tuvo que ser trasladado a El Cairo con urgencia. Una grave infección le había atacado la garganta, el oído interno y el pulmón derecho. Los doctores de El Cairo le dieron varias inyecciones de suero que, aparentemente, detuvieron el curso de la enfermedad. Pocos días después un ataque fulminante de neumonía se extendió por ambos pulmones.
Tras sufrir una terrible agonía plagada de dolores horrendos y deformaciones físicas, incluida la caída de todos los dientes, en abril había muerto. Un continuado ataque de tos hizo que su corazón fallara a las dos de la madrugada.
En ese mismo instante, Suan, su perra fox-terrier, comenzó a aullar en Inglaterra muriendo en brazos del mayordomo. La familia Carnarvon, reunida en el hotel Continental Savoy de El Cairo recibió la noticia por la enfermera que lo había cuidado. Nada más terminar la frase todo quedó a oscuras; un fallo en el suministro de energía dejó sin luz a toda la capital egipcia.

Inmediatamente y posterior a su muerte los rumores sobre la "maldición" se hicieron eco en los periódicos y medios informativos. ¿Por qué? -se preguntaban- ¿un hombre con apenas 57 años, saludable y sin enfermedades anteriores, había de sucumbir ante la picada de un mosquito?
A estas alturas surge un egiptólogo que afirmaba haber descifrado la inscripción que había sobre la entrada en la tumba. Según el egiptólogo esta inscripción decía: "La muerte vendrá con alas ligeras sobre todo aquél que se atreva a violar esta tumba". La famosa inscripción jamás pudo ser encontrada nuevamente ya que los trabajadores de Carter destruyeron la pared que la tenía escrita.


Los faraones tenían una especie de miedo masivo y patológico a la violación de sus tumbas. La muerte en el Egipto Antiguo no era símbolo de miedo o terror. Morir era liberarse y emprender el viaje al País del Infinito, de la Inmortalidad. Sin embargo, para que este viaje estuviera garantizado era necesario preparar a los cadáveres mediante la momificación y después ocultarlos para siempre mediante tumbas inviolables. El fracaso de estas medidas hacía que el alma del egipcio vagara eternamente sin encontrar reposo. Aquellos ricos que se podían permitir el lujo de cámaras secretas y subterráneas se tomaban gran parte de su fortuna para garantizar la inviolabilidad de su muerte. Se hacían innumerables pasadizos secundarios que no conducían a ninguna parte y que despistaban a los violadores. En el caso de los faraones, las precauciones alcanzaban características casi sobrehumanas.

Lord Carnarvon tenía un medio hermano, Audrey Herbert, que lleno de entusiasmo por el descubrimiento de su pariente y Carter se trasladó a Egipto a fin de estar presente cuando encontraran la Cripta Final. A su regreso a Londres, sin causa prevista o lógica cayó muerto en el piso de su dormitorio mientras se preparaba para tomar un baño. Carter calificaba lo sucedido con comentarios como: se tratan de teorías sin sentido... tonterías.
Sus allegados decían que estaba sumamente alterado por estas muertes, especialmente cuando su más cercano ayudante, Arthur Mace, siguió la misma suerte de los Carnarvon.
Mace fue el hombre que, con una barra de hierro, rompió los últimos pedazos del sello que separaba al mundo exterior de la Cámara Real. Poco después moría de forma fulminante en el mismo hotel que ocupaba Lord Carnarvon en El Cairo. Los médicos se encontraron imposibilitados de dar una explicación científica a su repentina muerte. Pero aquí no se detenía la aparente maldición.
Sir Douglas Reíd, el radilogista que había trabajado bajo las órdenes de Carter sacando radiografías de la momia en la tumba, seguía el mismo camino. Repentinamente enfermó de cansancio y agotamiento, tuvo que regresar a Suiza, su país natal. Allí fallecía dos meses después sin causa conocida.
Seguían las muertes violentas. La secretaria de Carter, Bethel, moría de un ataque al corazón. Cuando su padre se enteró de la noticia (también había estado en la Tumba) falleció al lanzarse de un séptimo piso.
Un profesor canadiense, amigo de Carter, recorrió la Tumba poco después del hallazgo, sólo para regresar al hotel en El Cairo y morir víctima de un ataque cerebral.
El pánico corría como las olas de viento polvoroso en el desierto. De innumerables fuentes llegaban noticias de que los trabajadores que participaran en la excavación también morían por igual. ¿Sería cierto todo aquello?
Todavía faltaba lo principal, lo más horrendo. La momia de Tutankamon fue llevada a la Universidad de El Cairo en noviembre de 1925. Tenían que hacerle la autopsia bajo el escalpelo profesional del doctor Douglas Derry, una autoridad en la materia. Derry, en un silencio de muerte, tomó el escalpelo y realizó una incisión directa en los vendajes exteriores de la momia. Los vendajes cayeron a ambos lados mostrando 143 pequeñísimos bolsillos, cada uno de ellos guardando una piedra preciosa. Alrededor de su cuello estaba el "collar de la protección", según la religión egipcia, confeccionado en hierro. Los brazos estaban cubiertos con magníficos brazaletes: siete en el derecho y seis en el izquierdo. Cada dedo de sus manos tenía un anillo de oro macizo. El abdomen estaba cubierto con capas de misteriosos objetos, también de oro macizo. Todos ellos tenían forma de T. La cabeza estaba cubierta con una magnífica diadema de oro y, separándola del afeitado cráneo (según la moda egipcia), había una malla de finísimo oro batido. Por fin todos los adminículos y ornamentos fueron separados. Los presentes dieron un suspiro de asombro.
Las facciones del Faraón Niño aparecían serenas, casi vivas, perfectamente conservadas. En la mejilla izquierda, casi bajo el lóbulo de la oreja, tenía una depresión en el hueso. Se especuló que quizás de aquello había muerto el faraón: una fractura en el hueso y un derrame cerebral. Sin embargo, jamás se encontraron pruebas para garantizar esta teoría como válida.
La voz del pueblo se entera de todo. De algún lugar surgió el rumor de que el Faraón tenía una marca en el mismo lugar en que Lord Carnarvon fue picado por el mosquito. Y esto era cierto. De allí en adelante se esperó la muerte de los asistentes a la autopsia de un momento a otro. La prensa se cebaba en ellos. Las personas en la calle los consideraban como "muertos en vida." Incluso científicos amigos se alejaban de sus alrededores.
Lo cierto es que uno de ellos, que ayudó al doctor Derry en la autopsia, murió poco después de un ataque al corazón. El principal ejecutor de la autopsia, el mismo Derry, sobrevivió hasta pasados los 80 años. La teoría de la maldición tenía sus pros y sus contras. Carter sobrevivió su descubrimiento hasta los 67 años y murió de aparentes causas naturales.
Sin embargo había algo que llamaba la atención. Los dos asistentes principales, los dos "secundarios" en los momentos cruciales de la profanación, habían muerto. Uno de ellos era Lord Carnarvon; el otro fue el radiologista Carlyle, ayudante del doctor Derry. ¿Coincidencia?


Los que se dedicaron a explotar la leyenda sensacionalista de la "maldición" ampliaron sus explicaciones.
Según ellos, Lord Carnarvon representaba la fuerza monetaria que había hecho posible las excavaciones. Sobre él debía caer la maldición y no sobre Carter, que era un simple egiptólogo pagado por el Gobierno. En el caso de Carlyle se llegó a la conclusión de que, tras de la incisión primaria efectuada por el doctor Derry, el resto de la operación fue realizado por su ayudante. En otras palabras, fue la mano ejecutora. Esta explicación tiene lógica. En este caso la maldición faraónica hubiese alcanzado al instigador y al profanador.
Los médicos en la actualidad tienden a explicar la muerte de Lord Carnarvon y la de varios miembros de la expedición mediante los últimos descubrimientos. Con toda seguridad (según ellos) Lord Carnarvon fue infectado por la picada del mosquito. Esto trajo como consecuencia que, en ausencia de los antibióticos que aún se desconocían, la muerte fue inevitable.

Para 1935 la cifra total de muertos relacionados con Tutankamon sumaba 21 y varios recopiladores de sucesos la elevaron hasta 30. Lo cierto es que hasta para el más escéptico la lista más pequeña resulta impresionante.
A esto se deben añadir los sucesos posteriores ocurridos en la década de los años 60, consiguiendo que la maldición de Tutankamon volviera a ser titular en los periódicos.
Mohammed Ibrahim, en esa época director egipcio de Antigüedades, intentó impedir que varias reliquias halladas en la tumba fueran a París. Había sufrido una serie de pesadillas que anunciaban su muerte si las dejaba salir de Egipto. El Gobierno le obligó a aprobar el traslado y ese mismo día murió atropellado.
El doctor Ezze-din Taha, de la Universidad de El Cairo, descubrió que varios arqueólogos y personas que trabajaban con restos antiguos solían padecer infecciones en la vías respiratorias debidas a la existencia de diversos hongos. En 1962 expuso que la famosa "maldición" podría tener origen en estos peligrosos hongos. Al salir de la conferencia tomó su coche. En la larga carretera de El Cairo a Suez chocó frontalmente contra otro coche. La autopsia demostró que su muerte se debió a un fallo cardíaco ocurrido pocos segundos antes del accidente.

Durante la década siguiente la maldición continuó. En 1972 el nuevo director del Departamento de Antigüedades egipcio, Gamal ed-Din Mehrez, sucesor de Ibrahim, afirmó a Philipp Vandenberg que no creía en la maldición: Fíjese en mí, toda la vida he estado trabajando con tumbas y momias. Seguramente soy la mejor prueba de que todo son coincidencias. Gamal murió la noche siguiente a la supervisión del empaquetado de los objetos destinados a la exposición que se iba a celebrar en Londres. Los miembros de la tripulación del avión que efectuó el traslado a la capital británica se vieron también alcanzados por la maldición. El teniente Rick Laurie murió en 1976 de un infarto. Su esposa se volvió loca y contaba a todo el mundo que su marido murió por culpa de la "maldición". El ingeniero de vuelo Ken Parkinson sufrió seis infartos y murió en 1978. El oficial Ian Lansdown confesó haberse burlado de la "maldición" dando una patada al cofre que transportaba la máscara. Se fracturó esa misma pierna al romperse una escalera de hierro y su curación se complicó hasta que pasados seis meses pudo volver a andar. La casa del teniente Jim Webb se incendió mientras pilotaba el avión hacia Londres. Y Brian Rounsfall que se burló, junto con Ian, de la "maldición", dedicándose a jugar a las cartas sobre la caja que contenía el sarcófago sufrió dos infartos el año siguiente.
La lista continuó de nuevo en los años 80 destacando la filmación de la película "La maldición del rey Tut" en la que se usaron objetos pertenecientes a Tutankamon. El protagonista, Ian McShane, cayó con su coche por un acantilado el primer día de grabación rompiéndose la pierna.

Parece ser que la maldición lleva años inactiva. Quizás sea auténtica, quizás sólo sean coincidencias sorprendentes, pero ahí está en pie desafiando a cualquier explicación. ¿Es cierta la leyenda del faraón Tutankamon? Sólo la máscara inmutable de su rostro guarda la solución.

El egiptólogo


Siempre me ha apasionado todo lo que tiene que ver con Egipto, pero no el país del siglo XX, sino su civilización perdida. Me encantaría viajar allí y ver todos esos monumentos tan magníficos, y no sólo las famosas pirámides, sino Luxor, Tebas, el Valle de los Reyes... Y es que visitar una tumba en Egipto no es lo mismo que visitar un cementerio occidental, pues ellos creían en la inmortalidad, una vida mejor después de la muerte, por eso creaban auténticos museos antes de su viaje final.
Es así que siempre que veo un libro que pueda ampliar mis conocimientos sobre las antiguas dinastías egipcias lo tengo en mis manos y en la cabecera de mi mesilla, donde devoro todo lo que cuenta. Generalmente son novelas históricas, siempre basadas en un hecho acontecido en el pasado y rodeadas de un relato ficticio.

El egiptólogo es una novela histórica. La calificaría de novela epistolar por la profusión de cartas que contiene, así como extensos trozos de diarios, dirigidos a una persona que está al otro lado. Poco hay de narración y descripción. Toda la historia la conocemos a través de los propios protagonistas.
Casi toda la acción transcurre en 1922, año en que Howard Carter descubrió la tumba de Tutankamon. Y este es el hecho real de la novela, aunque tratado como un hecho secundario. Por supuesto lo he comprobado porque yo no sabía quién fue el descubridor de la tumba del gran faraón, una tumba fastuosa de tesoros e intacta.

Davies es un enriquecido cervecero inglés que, a punto de morir, contrata una agencia de detectives de índole internacional para que encuentren por todo el mundo a sus hijos bastardos, pues quiere darles su parte de herencia, como recompensa al carácter paterno del que siempre carecieron.
Ferrell es un detective australiano que recibe el encargo de encontrar a Paul Caldwell, uno de los hijos ilegítimos del lord inglés. Sigue su pista entre una familia empobrecida de Sidney, entre la biblioteca donde el joven Paul aprendió cosas sobre Egipto, descubre la familia del circo con la que vivió un tiempo y sigue su rastro hasta la guerra, donde sirvió en el país árabe.

Ralph Trillipush es un egiptólogo que cree en la existencia de un antiguo rey egipcio, Atum-Hadu (Atum-está-excitado), y necesita financiar su expedición para descubrir la tumba a partir de los lugares donde se descubrieron fragmentos de sus Consejos (poesía erótica que el propio rey escribía). Mientras está en Boston dando una conferencia descubre en las primeras filas a una joven que se está quedando dormida. Es la heredera Margaret Finneran, con la que termina prometiéndose. Conoce a su padre, un acaudalado hombre de negocios que decide poner su dinero y el de sus socios para financiar la expedición. Así que Trillipush marcha hacia Egipto respaldado por el dinero de su futuro suegro.
Allí conoce a Carter, que será de gran ayuda en un principio, y ve toda la pompa que conlleva el descubrimiento de la tumba de Tutankamon.

Ferrell sigue la pista de Paul Caldwell y llega a Boston. Se enamora de Margaret y le cuenta falsas historias sobre su prometido. Llena la cabeza de Chester Finneran de cuentos para que no le mande dinero a Trillipush. Y así es como el egiptólogo sobrevive casi sin dinero en Egipto. Pero descubre la tumba. Finneran rompe el compromiso y se dirige a Egipto, donde hace las paces con su yerno, al que termina ayudando a dar conservantes a las pinturas de Atum-hadu, un presunto faraón que creó el mismo su propia tumba. El detective les sigue los pasos, increpando a Trillipush y acusándole de haber asesinado a Paul Caldwell. Trillipush se ríe en su cara, haciéndole ver que está equivocado.
Al final desaparecen misteriosamente Ralph Trillipush y Chester Finneran, creyendo que han sido asesinados por un nativo, en busca de tesoros en la tumba de Atum-hadu, que tenía más valor arqueológico e histórico que económico.
Da pie a la posibilidad de una segunda parte.

viernes, octubre 20, 2006

Esos días de octubre...


Gripe, dolor en el pecho, ardores, tembleques, ganas de vomitar, mareos, tos, falta de apetito, moqueos... Aunque parecen los primeros síntomas de un embarazo no es más que una gripe. Siento como que no estoy ni aquí ni ahora, sino mucho más lejos. Me cuesta mantenerme delante de la pantalla del pc más de cinco minutos sin desear tumbarme de nuevo en la cama y cubrirme con el edredón hasta arriba.
Por supuesto deseo con toda mi alma que mi mami esté aquí, cosa que no es posible. He hablado con ella por teléfono y no le que contado que me da vueltas la cabeza, que no quería seguir hablando porque no tengo ganas...
Se me ha fastidiado el fin de semana. Ya anoche me sentía algo mal. Lo peor ha venido hoy. Me he levantado de la cama y estaba preparándome un café con leche. Lo estaba calentando cuando veía que me venía al suelo, lo veía venir... Sabía que o me tumbaba o me terminaría desmayando. Es posible que haya sido un bajón de tensión. He vuelto a la cama, pensaba que no me daría tiempo, pero sí. Allí he intentado dormir.
Bien, vuelvo al principio. Cuando me he levantado no sólo me daba vueltas todo, sino que sentía un dolor inmenso en una pierna, la misma pierna que recibió corticoides a principios de año para cortar de raíz aquello llamado "Neuritoma de Morton" (es curioso que todavía me acuerde del nombre). El dolor era tan intenso que posiblemente por eso me haya dado esa especie de mareo. A pesar de que iba cojeando he llegado a la cama. No estaba sudando pero tenía mucho calor. Así que creo que tengo una ligera gripe con una afectación en la pierna que me dolerá todos los inviernos, recordarme aquella cosa que tuve en el pie la Navidad pasada.
Cuando el dolor de la pierna se ha atenuado y tras leer varias cartas de El egiptólogo (cuando lo termine de leer ya contaré de qué va) he pensado en tomarme algo, y he sacado fuerzas de no sé dónde para coger un Gelocatil, llevármelo a la boca y volver a tumbarme hasta que se pasara definitivamente el dolor de la pierna.
No me he dado ningún golpe así que creo que está enlazado a los terribles dolores que me despertaban hace casi un año a las 7 de la mañana, unos dolores por los que no me gustaría volver a pasar...

Después he podido levantarme. No tenía hambre así que he optado por tumbarme en el sofá para ver los últimos capítulos de "Prison Break" que me quedaban por ver. Y sí, con el capítulo 14 he llorado. No sabría cómo denominarlo, impotencia quizás. Es muy triste, tanto que me ha dejado un poco K.O. Estoy deseando ver cómo sigue, porque, como siempre, te lo cortan en lo más importante: el momento en que Lincoln Barrows se queda mirando fijamente la silla eléctrica que le quitará la vida por un asesinato que no ha cometido. A pesar de la llorera, me he consolado pensando en que siendo el hermano del protagonista, por el que éste tanto ha luchado, no puede terminar así porque entonces no tendríamos serie, no tendríamos nada más que contar. Y está claro que justo cuando vayan a activar las palancas de la silla va a haber una llamada en el último momento por la que no se va a producir la pena de muerte.
Siento si alguien no ha llegado hasta aquí con la serie. Sinceramente es mejor verla. Al fin y al cabo todo el mundo sabe de qué va.

Luego se me han formado en la mente las imágenes de cientos de sandwiches vegetales, de los que una vez en actividades extraescolares ("Cocina"), me enseñaron a hacer. He hecho mentalmente una lista a ver si tenía todos los ingredientes. Así es como ahora tengo en la nevera una cantidad incestuosa de sandwiches vegetales. Porque a la hora de cenar seguía sin tener mucho apetito.
Espero mañana estar mejor. El Gelocatil baja la fiebre, así que me tomaré un Cola Cao caliente antes de irme a la cama, y me tomaré otro Gelocatil con tal de dormir sin mucho calor.
Algo de fiebre tengo. Lo sé porque todavía no he encendido la calefacción, porque los días anteriores, vestida sólo con pijama, tenía algo de frío en casa. Y ahora estoy con pijama, arremangada y tengo mucho calor.
Debería irme a la cama, pero odio dar vueltas en ella sin poder dormir. Por lo pronto, ya se me ha fastidiado el fin de semana, pero bueno, lo primero es la salud.

Y también es el cumpleaños de mi tío, menos mal que le he llamado. Siempre se me pasa. Y es mi madre la que me avisa: "¿Has llamado a X? Es su cumpleaños..."

No es un buen día. Veré una película agradable para ver si se me quita el malestar físico y la desazón con la que me ha dejado "Prison Break".

Aladino: el último adiós

Hace años ya que no veo a Aladino. Siempre fue como una especie de abuelo, no sólo para mí, sino también para mis hermanos... tanto que cuando mi hermano pequeño empezaba a dar sus primeros pasos se lo "compraba" a mi padre. Era un enamorado de los niños. Y a los niños caía en gracia.
Mis primeros recuerdos sobre él y su esposa son algo difusos. Siempre vi más a su familia que a esta pareja de ancianitos tan entrañable.
Cuando éramos pequeños, la esposa de Aladino hacía unos polvorones exquisitos que nos mandaba a casa como si fuéramos verdaderamente sus propios nietos.

Aladino era el otro abuelo que siempre nos faltó, el que vino a sustituir a mi abuelo Floriano, que se marchó en los años 80, aquejado de una leucemia incurable. Yo era tan pequeña que apenas lo recuerdo. Aladino se convierte entonces en ese abuelo paterno recién perdido. Por aquel entonces le veíamos asiduamente; con el paso del tiempo casi dejamos de verle.
Le recuerdo siempre sonriente, moviendo ese sutil bigote en todas las direcciones, siempre con ese sentido del humor característico, guardándonos alguna sorpresa en la manga.

Aladino se encontraba en buen estado físico, a pesar de su avanzada edad (85 años, edad que acabo de comprobar en el periódico). Ayer era un día más de esa vida tranquila que llevaba desde que se jubilara. Se había levantado como cualquier otro día y había ido a la granja, como todas las mañanas. Cuando llevaba un rato allí, observando a los animales, dándoles de comer y otros menesteres que se requieren en un lugar así, empezó a encontrarse mal. Volvió a casa con un malestar extraño.
Varias horas después se había marchado para siempre. Ahora Juani se queda sola, es posible que se vaya un tiempo con sus hijos para que consuelen esa pérdida. Es posible que sólo su bisnieta Mar pueda aportarle algún rato de felicidad. Era una pareja de ancianos inseparables. Siempre se va uno antes. Le ha tocado a Aladino.
Me apena saber que jamás volveré a verle, que habrá fiestas en donde su silla estará vacía, que ya no habrá más risas ni más humor por su parte. Me duele saber que no podré decirle adiós más que desde la fría losa de su tumba.
Quizás le lleve una flor, por todo lo que significó en nuestras vidas cuando éramos pequeños.

Al final siempre nos quedarán los recuerdos. Pues una persona nunca se termina de ir si permanece en nuestra mente. Y yo siempre tendré un pensamiento para el que hoy se ha ido definitivamente, aunque sólo en presencia física. Pues siempre quedará su huella y su recuerdo, pues eso es lo que pervive eternamente.

Aladino, estés donde estés, siempre tendrás un lugar en mi corazón.

"Slither"

Vaya película, mon dieu!
No se la recomendaría a nadie porque me entra la risa cada vez que recuerdo las babosas coloradas.

Una especie de "meteorito" aterriza en un bosque norteamericano. Es un extraterrestre que extiende una plaga en todos los planetas donde va. Grant es un millonario que una noche sale de casa y, a punto de poner los cuernos a su mujer, termina en el bosque con una joven. Allá siguen un sendero y descubren un bicho extraño, que le pica a Grant en medio del pecho. Grant empieza a mutarse de tal forma que debe huir al bosque, donde se lleva a la joven Brenda, después de haberle clavado las garras en su estómago. No paran de comer carne y de la bola de grasa de Brenda terminan naciendo unas larvas de color rojo, que se extienden en el pueblo y contagian a casi toda la población. El jefe de la policía, enamorado de la mujer de Grant, junto a ella y otra joven, terminan haciendo explotar a la masa de carne en que se ha convertido Grant.

En ciertos aspectos me ha recordado otra película: "La Mosca" de Cronenberg, sobre todo en lo que se refiere a la mutación de Grant en algo monstruoso. No es una mosca en lo que se convierte, sino en una bola de carne. Pero el proceso evolutivo viene a ser del mismo estilo, aunque menos detallado en "Slither".

jueves, octubre 19, 2006

500 entradas


Hace poco que pasé de las 500 entradas aquí. La verdad es que no sabía que llevara tantas. Antes escribía mucho, y ahora no hay muchas ganas, aunque me obligo a mí misma a escribir un rato cada día, sobre cualquier cosa, no importa el qué, sino expresar algo por escrito, aunque sea cualquier nimiedad, aunque carezca de importancia...
Si no me equivoco ésta es la entrada 504. Bienvenidas sean otras 500 más. No pensaba que iba a llegar a tantas, pero bueno... ahora que digo que algún día llegaré a las 1000 es posible que lo deje antes. No sé por qué siempre termino haciendo lo contrario a lo que me propongo. Siempre no, aunque muchas veces sí.

Torres más altas han caido

Estamos rodeados de tantos mundos, de tanta gente que a veces no nos damos cuenta ni siquiera de lo que va desapareciendo poco a poco a nuestro alrededor. Quizás fueron lugares que rozamos con la mano y no quisimos entrar a formar parte de ellos. Otros los abandonamos después de un tiempo. Hay sitios donde permanecimos un tiempo y es posible que nunca termináramos de abandonar del todo.
Asimismo hay personas que nunca llegamos a conocer, bien porque nosotros no quisimos, bien porque el otro individuo ni siquiera te permitió siquiera un mínimo acercamiento a él (o ella). Otros permanecieron un tiempo y después se fueron, o te fuiste tú, casi sin darte cuenta. Algunos se quedaron para siempre.
Las relaciones humanas y sociales, los universos en que nos movemos son tan cambiantes como la vida misma, tan cambiantes como el mundo que nos rodea. Y a veces pasan a nuestro lado sin enterarnos, o sin comprenderlo.

Hace un tiempo conocí un lugar y mucha gente. Un día lo dejé, pero me quedé con los mejores de ahí dentro, ahora estoy segura. Al final siempre se agradece que, tras permanecer un tiempo en un sitio, terminas donde más a gusto estás y con quien mejor estás.
Aquel lugar hoy en día se desmorona. La gente toma partido por uno de los dos bandos. Creo que en estas situaciones es mejor no ponerse de ningún lado, y sobre todo cuando realmente no conoces a esas personas, o solamente son impresiones de terceros. Entonces es cuando acudes a tus momentos de observación de aquella época y te guías por tu instinto.
Siempre me sentí desubicada allí. Por eso un día decidí marchar...
Hoy veo con cierto espanto cómo la gente, de un lado, se pone a criticar de bochornoso lo que un día admiraron y, de otra parte, hay quienes apoyan aquello que a ojos de la justicia es ilegal.

Desde luego es de poca cabeza dedicarse al mundo del porno y no exigir el carnet de identidad a la gente que entra a formar parte de ese juego. Muy poco debe de importarle eso a alguien que no pide identificación a una joven menor de edad cuando ella le puede dar garantía de éxito. Y aquí de fracaso pues los padres de la joven han tomado medidas, cosa lógica por su parte.
¿Qué la joven urdió una vil mentira? Bien, pero dejarse engañar por una niña que podría ser tu hija es estupidez, y sobre todo cuando en ese mundillo hay que andar con pies de plomo. Ahora es la justicia quien toma medidas, como no podía ser de otra manera.
De todas formas era demasiado previsible que pasara algo así. Yo no juzgo, yo sólo observo.

No quería hablar de este tema, pero me ha salido así, sin más. Internet no tiene límites y como tal hay cosas a las que no se les puede poner punto final, como es el caso de la pederastia. Es éste un tema delicado y frustrante. ¡Qué mente sádica hay que tener para pervertir una mente inocente y meterla en el mundo de la pornografía! Y no me refiero al que ha sido acusado y al que me refería antes, sino a todos esos hijos de puta que satisfacen sus instintos sexuales con este tipo de actividades.

miércoles, octubre 18, 2006

Bodypainting

La primera vez que oí hablar de la pintura sobre el cuerpo humano me vino de la mano de Matisse. Creo, si mal no recuerdo, que tiene cientos de cuadros de figuras humanas de color azul sobre fondo blanco. Y si la memoria no me falla son de él. Usaba modelos, por lo general mujeres, que se embadurnaban de pintura que luego plasmaban sobre la tela. Era una idea original, y pionera, en esto de pintarse el cuerpo.
Lo que está claro es que en la actualidad el hecho de embadurnarse el cuerpo como otro género pictórico más está en alza, aumentando tan rápidamente que casi no nos damos cuenta.
La siguiente vez que vi pintados cuerpos humanos fue a través de un correo electrónico. Pertenecía a un festival y no se podían diferenciar bien los miembros del cuerpo femenino, pues en una especie de efecto-camaleón la modelo se había mezclado con su entorno y terminaba formando parte de él casi rozando la perfección.
Así que los festivales mundiales de "Bodypainting" se celebran a lo ancho del globo sin parar, convirtiéndose en una concentración de artistas y fotógrafos internacionales que todo lo que tocan lo convierten en arte. Y así es: cualquier cosa que forme parte de la mente creadora del hombre es arte, sólo hay que saber mirar con esos ojos.

Cada verano, en la ciudad austríaca de Seeboden hay una cita con el "Bodypainting". Los artistas pasan una semana entera pintando modelos sin parar, mostrándonos sus dotes de la manera más increíble. Y el resultado es espectacular.

Algunos ejemplos del último festival de "Bodypainting" en Seeboden:


Es uno de los que más me ha llamado la atención. Cuando vi la cara de cerca me asusté, y no es para menos pues se ve una parte de calavera.
El dibujo en sí consiste en mitad esqueleto y mitad músculo, la masa interior que nos sostiene, la pasta de la que estamos hechos. También se ven algunos órganos como los intestinos, el estómago, e incluso se pueden apreciar algunas terminaciones nerviosas.
Me llamó bastante la atención por la minuciosidad de los detalles que se han plasmado ahí. Realmente da un poco de miedo.




Este me gustó porque El beso de Gustav Klimt es uno de mis cuadros preferidos y verlo ahí, de esa manera interpretado, exaltó mis sentidos.
Me encantó esa recreación tan original del cuadro.
Quizás ahora, cuando lo mire, sea con otros ojos.







Este forma parte de una recreación de los Juegos Olímpicos. Había más cuerpos pintados pero éste en concreto llama la atención por la manera en que se ha intentado reflejar el fuego de la antorcha.
La peluca es horrorosa, pero el efecto del fuego está muy logrado.

Es la imitación casi perfecta de nuestro gran genio del siglo XX, Pablo Picasso. Y uno de los elementos más importantes de sus cuadros: el arlequín.
Se aprecian los primeros rasgos del cubismo, aunque todavía no está en su máxima expresividad.

Es curioso que en este festival, ubicado en plena Austria, hubiera tanta efusividad y preferencia por los artistas españoles del siglo XX.
Hay unos cuantos más: Dalí, Miró...



Sin irnos muy lejos, aquí se ha recreado un poco de las telas de Miró.
Nunca me gustó como artista, quizás es que nunca entendí su arte, o quizás es que mis ojitos se iban enseguida hacia las pinturas picassianas, a quien admiré (y admiro) tanto, y no sólo como artista.






Ahora nos vamos a un safari por África. Es otra composición donde los dos cuerpos se entremezclan con el paisaje pintado detrás.
Es interesante cómo la zarpa del tigre pintada en la modelo se acopla tan perfectamente con el cuerpo del animal plasmado en el cuerpo masculino.


Esta pintura se relaciona directamente con Salvador Dalí. La he cogido desde esta posición porque es más interesante el dibujo de la espalda que la parte delantera, donde pone el nombre del artista a quien va dedicado y hay una especie de flor de Pascua sobre el ombligo. El resto es todo azul.
Pero desde aquí lo que llama la atención es el zapato que tiene en la cabeza, el efecto que crea, mezclado con la pintura de la espalda.
Muchos dicen que las pinturas de Dalí no tienen ni pies ni cabeza. Lo interesante es que hay muchas interpretaciones, tantas como dibujos escondidos que sólo encontramos si las miramos fijamente.


Totalmente cubista, la imagen del pecho femenino nos muestra una figura cuyo creador tiene un nombre: Picasso. De ese estilo son casi todas sus figuras cubistas, con los rasgos faciales creados desde diferentes puntos de vista, que es lo que viene a ser realmente la vertiente cubista, las diferentes dimensiones de algo plasmadas como todo un conjunto.






Es otra forma de ver el cuerpo humano: desde el punto de vista genético. Se aprecian las cadenas de ADN a lo largo de la modelo, y en las piernas se pueden observar espermatozoides y óvulos.
El elemento decorativo que lleva en la cabeza más recuerda a elementos químicos...






Es un homenaje a Van Gogh. Como elemento central se han plasmado los famosos girasoles del artista.
Pero lo que más llama la atención no es la pintura en sí, sino toda la parafernalia que acompaña: una paleta de pintura con pinceles y cuadros con pinturas del artista. El brazo en alto está tapando el autorretrato famoso del pintor, aquel que se hizo tras cortarse de un tajazo la oreja.
Llaman la atención los colores, colocados con una profusión exquisita, propia de las pinceladas impresionistas.




No podía faltar algo de esta índole, un demonio un tanto especial. La parte clara parece más bien piedra que se está convirtiendo en un demonio.








Lo que se ha interpretado aquí es una ciudad. A mí me recuerda a algún artista del siglo XX que dibujaba rincones urbanos, algún vanguardista de aquellos que pretendían plasmar sobre la tela la velocidad u otros elementos imposibles de dibujar.
Este dibujo está lleno de detalles: coches, semáforos, edificios...
Llama la atención por el inmenso colorido.
Realmente me recuerda un poco a Kandinsky, aunque no es exactamente suyo eso. Quizás sólo por el color.


No podía faltar algo de Lichtenstein, esos famosos cuadros casi puntillistas, que deshacen las imágenes en miles de píxeles que forman un dibujo propio de novelitas de detectives del siglo pasado. Su beso es una de sus pinturas más famosas.


Sería raro que no hubiera algo que tratara de vestir a los modelos a través de la pintura. Así tenemos este ejemplo, original por el uso de pintura dorada y por la peluca carnavalesca que acompaña.



Como si de las fauces de un dragón se trataran se nos abre ante nosotros una boca rodeada de una piel escamada de color verde, propia de cualquier reptil.
Personalmente esta me da miedo.








En la misma línea que el anterior se ha formado una especie de piel de reptil. Más bien parece una tela de araña.
No sabría decir muy bien lo que es. La verdad es que las hélices de la cabeza me han dejado fuera de juego.
Es curioso que lo que hay en los cruces de las líneas negras me habían parecido perlas pegadas a la piel, y simplemente es pintura blanca.



Llama la atención el color rojo de la piel, con piezas de puzzle desperdigadas por ahí y un trozo hecho buscando poner las piezas que faltan.











Este sí que es Kandinsky total. Las líneas y otros elementos que nos recordarían a cualquier pintura de Miró. La mezcla de diferentes formas y colores que parece que no nos llevan a nada.
Es curiosa la forma en que está maquillada la modelo.





De nuevo el fuego, pero no saliendo de la antorcha de los Juegos Olímpicos, sino en otra dimensión. Esa mezcla con el negro, el recuerdo que nos deja un incendio cuando ya ha pasado...






Otra vez el cuerpo humano, pero esta vez visto desde otro punto de vista, el sistema nervioso, acompañado del esqueleto. Por supuesto se distingue a la perfección el corazón, no el que lleva en la mano, sino el pintado, que contrasta con el blanco y negro del fondo.











No podía faltar el homenaje a otro artista de índole mundial, Edward Munch. En el centro se ve su más famosa pintura: El grito y la frustración que ese conjunto de líneas lleva a quien lo contempla detenidamente.





LOS ROSTROS

Dicen que la cara es el espejo del alma. Por tanto cuanto más expresividad tenga el rostro más cosas dirá de nosotros sin que nos demos cuenta.
En un festival de esta índole el rostro quizás es lo más importante. Forma parte de un conjunto de pintura, claro, pero hay que exagerar los rasgos de tal forma que el artista comunique al espectador lo que quiere decir mediante sus trazos.
Subo los que me parecen más expresivos o simplemente los que tienen una decoración excesiva, pues no sólo se pintan sino que también se utilizan todo tipo de adornos.













Fuente:
http://www.bodypainting-festival.com/english/anreise_en.php