La excursión a la que me apunté en Cáceres incluía Plasencia, aunque yo hubiera preferido Trujillo. Supongo que Plasencia estaba más a mano, pero lo que no esperaba es que tuviera tanta historia.
El lugar que en la actualidad ocupa Plasencia estuvo poblado desde tiempos muy remotos por otras civilizaciones, pero no sería hasta 1186 cuando se fundó la ciudad gracias a Alfonso VIII. Aquella plaza fortificada se convirtió en sede episcopal dos años después de su fundación. Esta presencia del obispo, así como el arraigo de los apellidos más ilustres de la nobleza extremeña, explica la abundancia de palacios, iglesias y conventos, además de la existencia de dos catedrales. El hecho de ser paso obligado de los rebaños de la Mesta y centro de intercambio de productos cultivados en las comarcas vecinas favoreció el desarrollo económico, que en los siglos XV y XVI alcanzó su máximo esplendor. Con 40.000 habitantes, Plasencia es el núcleo habitado más importante del norte de la provincia de Cáceres. Ciudad comercial y de servicios, centro administrativo y cultural, muestra en las actuales hechuras urbanas un crecimiento poco armonioso con su riqueza monumental.
Las murallas placentinas comenzaron a construirse en el siglo XII. Tenían cinco puertas principales y varios postigos. Sólo se conservan veinte de los más de 71 cubos de muralla que hubo y gran parte de los lienzos están ocultos por las edificaciones modernas.
El centro neurálgico que en Semana Santa estaba lleno de terrazas llenas de gente es, sin duda alguna, la Plaza Mayor. A un lado se encuentra la Casa Consistorial, edificio del siglo XVI que extiende en su fachada una doble galería renacentista y un escudo de Carlos V.
Plasencia cuenta con dos catedrales que están inconclusas. La catedral vieja se empezó a construir en el siglo XIII, terminando las obras a mediados del siglo XV. La catedral románica se encuentra sin levantar y es evidente, a simple vista, que no está acabada, mientras que la catedral gótica invadió parte del espacio ocupado por la catedral vieja y se levantó, pero faltan las estatuas de piedra de las puertas.
La catedral nueva se empezó a construir en 1498, bajo los auspicios del obispo Gutiérrez Álvarez de Toledo, y se terminó en 1578. Se une a la catedral vieja de forma longitudinal, mediante dos espléndidas fachadas renacentistas.
También vimos la fachada oeste, que se encuentra junto al postigo de Santa Ana y junto a la muralla. Esta fachada se terminó a finales del siglo XVIII. Se trata de una fachada renacentista que contiene una hornacina con una imagen de la Virgen.
En una plaza cercana se encuentra el Palacio Episcopal, situado frente a la catedral vieja. La fachada oeste de este edificio, terminada a finales del siglo XVIII, merece mucho la pena. Tiene cantidad de símbolos en piedra.
En una plaza junto a la catedral se encuentra la Casa del Deán, residencia de los deanes catedralicios. Es un edificio del siglo XVII donde destaca la portada adintelada y las rejas que cierran las ventanas, además de un precioso balcón esquinero. También tiene en una fachada una galería de arcos.
El Palacio de los Monroy o de las Dos Torres, cuando estuve estaba rehabilitándose, en la actualidad sólo cuenta con una torre, ya que la otra fue derribada en 1913. Este palacio se construyó en el siglo XIII por don Nuño Pérez de Monroy y se considera el edificio nobiliario más antiguo de Plasencia. Conserva de su traza original la portada defendida por leones y la torre. Uno de sus huéspedes más ilustres fue Fernando el Católico, cuando ya había enviudado de Isabel la Católica.
La iglesia de San Nicolás que da nombre a la plaza es un templo de transición del románico al gótico, que exhibe dos fachadas y una torre y alberga un retablo renacentista.
En la misma plaza se ubica el Palacio de los Marqueses de Mirabel, edificio levantado en el siglo XV por don Álvaro de Zúñiga y doña Isabel Pimentel, duques de Plasencia, que se convirtió en una mansión renacentista en la centuria siguiente. Esconde un patio neoclásico de dos pisos y, detrás, un insólito balcón renacentista.
Por cierto, que este palacio pertenece a los Falcó.
Ya volviendo a la Plaza Mayor, cabe destacar el Palacio de los Carvajal-Girón, convertido hoy en un hotel de cuatro estrellas y enmarcado en una plaza donde llama la atención la escultura de Antonio Morán, resultó ganadora en un certamen de escultura y pertenece a una secuencia de cinco esculturas. El autor dijo que cada uno era libre de interpretarla como quisiera. Se contempla a un hombre medio tumbado en el suelo con la cabeza oculta, mientras otro, de pie, le contempla.
Es una ciudad magnífica, con mucha historia y tuve la suerte de disfrutar de las explicaciones de David Tierno, un guía local que era un pozo de conocimientos y sabiduría.











