Me he tomado dos cervezas esta noche y me iba riendo por la calle. La persona que me acompañaba me preguntaba a ver qué iba a decir en ese preciso momento que estaba riéndome tanto.
"Hoy necesito reírme". Y es que reír siempre sienta bien.
Debería tomar una cerveza cada día al atardecer.
jueves, abril 05, 2018
En la calle
Lo mío es grave con la primavera, porque no tengo más que ganas de salir y olvidarme de todo.
Así que cuando me han llamado no lo he dudado, pese a que me gusta la lectura actual.
Pero llevo una semana bastante cruda: sin ir más lejos esta mañana me he llevado un disgusto terrible.
Vine con mucha energía el lunes pero hay personas que te minan. Y siempre defenderé mis razones cuando son justas. Eso es algo que a veces me lleva a disgustos.
Así que hoy necesitaba aire, cervezas y confidencias.
Así que cuando me han llamado no lo he dudado, pese a que me gusta la lectura actual.
Pero llevo una semana bastante cruda: sin ir más lejos esta mañana me he llevado un disgusto terrible.
Vine con mucha energía el lunes pero hay personas que te minan. Y siempre defenderé mis razones cuando son justas. Eso es algo que a veces me lleva a disgustos.
Así que hoy necesitaba aire, cervezas y confidencias.
Tertulia
Nada como una cerveza en esta tarde primaveral. Se agradece este tiempo.
No quiero imaginar a qué hora regresaré hoy a casa.
No quiero imaginar a qué hora regresaré hoy a casa.
miércoles, abril 04, 2018
Cosas del día a día
No he cogido catarro en todo el invierno y, sin embargo, hoy siento que la garganta comienza a fallarme. Ahora que hemos pasado lo peor ¿tengo que coger un catarro? Lo noto porque me duele al tragar saliva. Me duele cuando hablo, así que podría quedarme afónica. Creo que me he quedado afónica dos veces en mi vida (al terminar las fiestas de mi pueblo) y lo pasaba bastante mal porque no podía hablar.
Hoy eran las nueve de la noche y no tenía más que ganas de volver a casa, de meterme bajo la ducha y olvidarme de todo. Y es que sigo pensando que la gente está muy quisquillosa en primavera. Tengo que aguantar a muchos locos cada día, y cuando digo locos es que una chica esta mañana quería denunciarme porque ha venido tres veces a la oficina y no me ha encontrado. Los municipales estaban impresionados, y yo también. La gente debería relajarse mucho más, y a veces me da la sensación de que cada vez se busca más la gresca. Con lo bien que se vive sin jaleos.
Como he llegado tarde a casa no he reanudado lo que escribí ayer y antes de ayer. Soy consciente de que si no sigo lo abandonaré. Y en realidad no me apetece abandonar.
Luces de colores
Aquí aún parece que no ha terminado la Semana Santa y es que todas las tardes sigue escuchándose la música de los carruseles. He pasado por allí cuando estaban cerrando y apagando las luces.
Hermanas
De pequeña quería tener una hermana. Es alguien con quien se puede compartir de todo.
Así que veo a mis sobrinas la complicidad que tienen y me encanta.
Creo que en abril me puede tocar un fin de semana de canguro.
Así que veo a mis sobrinas la complicidad que tienen y me encanta.
Creo que en abril me puede tocar un fin de semana de canguro.
Conversaciones bajo la almohada
Hay personas que consiguen que el día tenga otro color. Desde hace tiempo.
Hoy he llamado a alguien que no ha respondido. Pero ha tardado en devolver la llamada pocos minutos. Quien consigue que desaparezcan todos los males. Con quien no tengo secretos. A quien puedo decirle tan claramente que mi sobrina mayor no quiere dibujarle porque tiene barba.
He perdido la noción del tiempo. Pero teníamos que contarnos tantas cosas...
Antes conseguía hacerme vibrar. Ahora no tanto. Las mariposas se desvanecieron y dieron paso a otra cosa, a un cariño especial. A ese afecto que se consigue con los viejos amigos, ese afecto que huele a castañas asadas, a hojas secas de otoño, a fuego de chimenea. Es alguien que reconforta, como volver al calor del hogar cada vez. Alguien con quien no necesito disimular, a quien le puedo contar todo de todo.
A veces nos echamos de menos y hablamos, y disfrutamos de esas conversaciones con ritmo pausado, teñidas de cariño añejo.
Hoy he llamado a alguien que no ha respondido. Pero ha tardado en devolver la llamada pocos minutos. Quien consigue que desaparezcan todos los males. Con quien no tengo secretos. A quien puedo decirle tan claramente que mi sobrina mayor no quiere dibujarle porque tiene barba.
He perdido la noción del tiempo. Pero teníamos que contarnos tantas cosas...
Antes conseguía hacerme vibrar. Ahora no tanto. Las mariposas se desvanecieron y dieron paso a otra cosa, a un cariño especial. A ese afecto que se consigue con los viejos amigos, ese afecto que huele a castañas asadas, a hojas secas de otoño, a fuego de chimenea. Es alguien que reconforta, como volver al calor del hogar cada vez. Alguien con quien no necesito disimular, a quien le puedo contar todo de todo.
A veces nos echamos de menos y hablamos, y disfrutamos de esas conversaciones con ritmo pausado, teñidas de cariño añejo.
El día que se perdió el amor
14 de diciembre de 2014. Una joven aparece desnuda y magullada en las calles de Nueva York y enseguida la llevan a las dependencias del FBI. Leonard avisa a su jefe que se encuentra a punto de disfrutar de una tarde de ocio. Bowring llega a la comisaría y se encuentra con que la chica se encuentra recluida en un almacén, donde ella misma ha pedido. La joven lleva notas amarillentas donde aparece el nombre de Susan Atkins, la joven que unas horas después aparecerá decapitada en un descampado. Bowring decide visitar la zona del crimen, que investiga la policía de Nueva York, y descubre en la boca de Susan otra nota con el nombre de Katelyn Goldman. Es la joven con la que Bowring fracasó por no haber encontrado nada de la joven, y entonces comprende que esa nota sólo puede significar que siga viva.
Jacob Frost y Amanda Maslow intentan rehacer su vida en Nueva York cuando son sorprendidos por una sombra que ha dibujado una espiral perfecta en la pared. Entonces comprenden que la pesadilla vuelve a empezar, porque aunque los Siete desaparecieron hay más sombras al acecho, haciendo desaparecer jóvenes, pero ahora la firma no es un asterisco sino una espiral. En uno de esos papeles incluso llegará a aparecer el nombre de Jacob. La sombra hiere de gravedad a Amanda y cuando llega al hospital ha perdido mucha sangre. El único que puede salvarle la vida es su padre Steven, que se encuentra en un penal de alta seguridad, pero cuando llega Amanda ha desaparecido y uno de los guardias que custodian a Steven le ayuda a huir.
Nueve años atrás. Carla Maslow apenas tiene recuerdos de su infancia, ha crecido con la idea de que sus padres fallecieron en un accidente de coche. Vive en una especie de convento donde nadie puede tener secretos, donde no pueden verse las caras. Allí esperan con impaciencia la llegada de Laura con nuevos nombres y los "hermanos" se hacen cargo de asesinar a las jóvenes que han sido sentenciadas por los sueños de Laura. Pero Carla sueña con saber lo que hay detrás de esos muros, sueña con conocer el exterior... y un día se le acerca Roeland, de quien se enamora perdidamente. Un hecho inesperado la obligará a huir y cuando la encuentren descubrirán que es La Siguiente, la seguidora de Laura, ya que está soñando y escribe los nombres de las personas con las que sueña y firma los papeles con una espiral perfecta.
Todo se resolverá en el lugar donde empezó, en la casa de vacaciones de los Maslow en Salk Lake.
Me gustó más el anterior, ya que éste me ha resultado previsible. El giro final me lo esperaba, quizás porque es muy similar a lo que ocurre en el primero y me lo podía esperar. Me ha resultado entretenido, y a la vista está, que no he tardado mucho en leerlo. Lo cierto es que engancha.
"A veces el amor te pone en el camino equivocado para que sepas cuánto duele".
EL AUTOR:
Javier Castillo creció en Málaga, se diplomó en empresariales y estudió el máster en Management de ESCP Europe en el itinerario Madrid-Shanghái-París. Ha trabajado como consultor de finanzas corporativas. El día que se perdió la cordura, su primera novela, lleva vendidos más de 100.000 ejemplares y ha traspasado fronteras -Italia prepara un gran lanzamiento- y se publicará en México y Colombia. Asimismo los derechos audiovisuales han sido adquiridos para la producción de la serie de televisión.
EL LIBRO:
Título original: El día que se perdió el amor
Autor: Javier Castillo
Editorial: Penguin Random House, 2018
Número de páginas: 432
ISBN: 9788491291749
Valoración: 8/10
RETOS:
martes, abril 03, 2018
Café y libros
Cafetería en el paseo marítimo, Gijón
Deberían existir en el mundo más cafeterías con libros o más librerías con cafetería. Por eso yo misma adoro ir a la librería de Santos Ochoa en Gran Vía, donde ojeo los libros comprados sentada en una mesa mientras tomo un café.
En una cafetería suelo mirarlos pero no los cojo, porque si empiezo a leer un libro luego me costaría dejarlo de nuevo en su sitio y tendría que correr a la librería más cercana a comprarlo.
Y hablando de libros, estoy acabando uno... Sólo que no he podido leer esta tarde todo lo que hubiera querido leer.
De señales

Ayer me propuse escribir y hoy me proponen editarme. Cuando lo he leído no cabía en sí de gozo. Hoy sí que se han alineado los planetas. Mi hermano me ha pedido que le pase cosas antes de mandar nada a ningún sitio, así que le enviaré lo escrito ayer y hoy, o lo que tenga escrito a final de semana. También debería revisar la cantidad de cosas que tengo en mi portátil, muchas de ellas registradas.
Hay cosas que me resultan curiosas. ¿Por qué ahora? Quizás debería ser en este momento, ese instante en que se me pasa por la cabeza ponerme en contacto con la editorial y, a su vez, ellos me responden a los emails, con unas comunicaciones muy cálidas. Y lo de esta tarde, inesperado.
A estas cosas me refiero cuando digo que soy afortunada, que llegan sin esperarlo, pero en realidad yo di el primer paso, y no fue precisamente por una propuesta así. De repente, casi una década después, ocurre algo que te invita a soñar.
Eso me recuerda a que es el momento de reanudar lo que escribí ayer.
Un globo
Creo recordar que cuando éramos pequeños había un programa televisivo infantil que iba de globos, pero era muy pequeña.
Hoy había un globo aerostático surcando el cielo. Eran las nueve de la mañana.
Hoy había un globo aerostático surcando el cielo. Eran las nueve de la mañana.
Oviedo y sus estatuas de bronce
Vendedoras en la Plaza del Fontán
Adoro las estatuas de bronce, esas que parecen tan realistas, a tamaño real. Me suelen poner la carne de gallina porque están esculpidas con tanta maestría que tienen una atracción sobre mí que ni yo misma me doy cuenta, es decir, que si veo una estatua una fuerza me impulsa a acercarme. Y he visitado muchas ciudades donde proliferan las estatuas. En Oviedo disfruté muchísimo, porque a cada pocos pasos había una estatua. Ya puse por aquí las estatuas de Woody Allen y de la Regenta, aunque no la de Mafalda (pero para ponerla tengo que recortar la foto donde salgo). Dejando aparte las estatuas más célebres de la ciudad, me encontré con otras anónimas que me produjeron gran deleite.
Esperanza caminando, junto al Teatro Campoamor (representa a una estudiante que simboliza la tradición universitaria ovetense)
Cuando hablo de estatuas me refiero única y exclusivamente a esas estatuas de bronce de tamaño real, porque había otras, también de bronce, gigantes y más abstractas, y ésas no me llaman la atención. Tienen que ser lo más realistas posibles.
La Bella Lola, Plaza del Fontán
Creo que me hubiera estado recorriendo Oviedo durante varios días para gran disfrute, y aunque hubiera encontrado nuevas estatuas me hubiera dejado muchas. Porque acabo de comprobar que la ciudad cuenta con más de un centenar de estatuas.
Hay estatuas junto a la Plaza Mayor, o detrás del Ayuntamiento, dedicado a los que trajinan con el pescado. Hay estatuas dedicadas a Asturias, a la familia, a la historia, a los oficios habituales, a las gitanas, a los viajeros, a Leopoldo Alas "Clarín"... He aquí unas muestras:
El vendedor de pescado
Pescadera
El viajero, Plaza de la Catedral
La Torera, Parque de San Francisco
Dejo finalmente algunas de las que no son tan realistas, pero que también adornan la ciudad de Oviedo.
lunes, abril 02, 2018
Sobre el mar
Cuando he llegado a casa, me he sentado en el ordenador y he abierto una página en blanco. He escrito sobre el mar. Cuando he empezado a escribir no podía parar. Igual necesitaba un pequeño empujón para escribir, pero viéndolo desde otra perspectiva: no escribir grandes cosas sino un poco cada día. Y cada día un poco más.
Veía mis dedos escribiendo y sentía que la magia fluía por ellos. En diez minutos he escrito una página y en otros diez más me he dedicado a pulir lo que había escrito. Entonces he parado. He releído y me ha gustado. Y sé que mañana lo reanudaré.
Arrugas
Me apetecía algo ligero de leer, aunque no tengo claro si leer sobre el Alzhéimer o la demencia senil, aunque sea en formato de cómic, sea algo para tomarse a la ligera. A veces apetecen novelas gráficas o cómics para salir un poco de la novela habitual.
Reconozco que es un libro que me ha gustado, escrito con una ternura y una delicadeza sin límites. Hay momentos en que te deja el corazón en un puño. Es un libro que se disfruta.
El argumento es muy simple: Emilio, ex director de una entidad bancaria, es ingresado en una residencia de ancianos porque le han detectado principios de Alzhéimer. Descubrimos a través de su mirada, aún lúcida, cómo observa al resto de internos y comprende que a veces no sabe ni dónde están. Y a medida que pasan las páginas descubrimos cómo su memoria va degenerando y nos produce una tristeza insólita darnos cuenta de que ya no se acuerda de vestirse, de los nombres de las cosas y ni siquiera de quién es.
Su compañero de habitación se llama Miguel y no tiene a nadie, pero es un pesetero que intenta birlar dinero a todos los ancianos. Miguel le ayudará a no perder el norte, pero por mucho que le ayude el Alzhéimer se hace eco y Emilio es trasladado a la planta superior, donde están los ancianos que necesitan asistencia.
También es curioso cómo juega el autor a dejar páginas en blanco hacia el final, a fin de que el lector comprenda que Emilio ya no se acuerda de nada, que su estado de Alzhéimer es muy avanzado a medida que vamos llegando al final.
EL AUTOR:

Francisco Martínez Roca, más conocido como Paco Roca, es un historietista español, nacido en Valencia en 1969, adscrito al movimiento de la novela gráfica. Además de crear cómics, también se dedica a la ilustración publicitaria.
Entre sus historias gráficas, destacan Arrugas, Confesiones de un hombre en pijama, La casa, Los surcos del azar, La metamorfosis, Andanzas de un hombre en pijama, El invierno del dibujante, Las calles de arena, Emotional World Tour, Memorias de un hombre en pijama, El Faro y El juego lúgubre.
Página web del autor.
EL LIBRO:
Título original: Rides
Autor: Paco Roca
Editorial: Astiberri (13ª edición, en octubre de 2017)
Número de páginas: 100
ISBN: 9788496815391
Valoración: 10/10
RETOS:
Ensalada y cómic
Me apetecía leer el cómic que compré en Oviedo. Al fin y al cabo se lee de una tirada. Pero desde que he empezado he tenido que interrumpir varias veces.
Empieza la época de ensaladas.
Empieza la época de ensaladas.
Arco iris
Una de las cosas magníficas de la lluvia es el arco iris. Desde mi casa se ve un arco gigante, entero, y doble.
Huele también muy bien en la calle.
Huele también muy bien en la calle.
Un paquete en Correos
Generalmente me traen todos los paquetes a la oficina, pero hoy he tenido que ir a recogerlo a Correos. Lo que contiene es especial.
Lo pedí hace unas dos semanas y lo esperaba con muchas ganas.
Ahí sigue el equipaje
La maleta y la mochila siguen tal cual las dejé anoche. Acabo de pasar por casa y me he echado las manos a la cabeza.
Me río de un cuadro hoy, se nota la energía renovada. Pese a que hay algo que me ha dejado tocada. Todo pasa, prefiero pensar en lo bueno.
Con ganas de dormir
Desde Belorado visualizaba mi cama y cuando he llegado me he contenido porque lo que en realidad me apetecía era tirarme en plancha y quedarme ahí hasta mañana.
Claro que eso no podía ser, so pena de cogerme un catarro al estar el piso helado.
Echaba de menos los cojines porque en el hotel tenía que doblar la almohada para leer. Cuando duermo terminan todos por el suelo.
Ni que decir tiene que la maleta ha quedado tal cual en el recibidor y que sólo he sacado el eBook. ¿Para qué más...?
Tengo ganas de dormir. Debería apagar la luz hasta que me entre el sueño. Por lo general a estas horas suelo estar durmiendo.
En Burgos
Tenemos descanso en Burgos hasta las doce y cuarto. Cuando hemos entrado por la universidad me ha saltado la wifi de la UBU y me ha hecho gracia.
Anda que no lo he pasado bien en esta ciudad.
He bajado del autobús con intención de tomar un café, pero he optado por seguir bebiendo agua. Y es que en una hora estaré en casa y tampoco me apetece un café ahora...
Es medianoche en Burgos.
domingo, abril 01, 2018
13 días
Al estar fuera el mes de abril ha empezado casi sin darme cuenta.
Y ahora estaba pensando en que me quedan trece días para cumplir 41. Me siento como una joven de 21, o mejor, de 31. ¿Pero 41? Es media vida. A veces me da la sensación de que es otra persona la que va a cumplir 41, y yo siguiera con mis 35.
Que no es porque quiera quitarme años, que cumplir años es una bendición, sino porque siento que el espíritu se quedó en los treinta y tantos.
Se ha hecho el silencio.
Se hace el camino
Poco a poco se va haciendo el camino, y tampoco estoy con ganas de llegar a casa, porque también disfruto de ese camino. A casa ya llegaré...
Y al final ¿qué es la vida, sino un camino que vamos haciendo poco a poco, con sus paradas y acelerones, con la gente con la que nos cruzamos, con sus cosas buenas y otras no tan buenas...?
Sueño no tengo. Y mientras disfruto del viaje se va haciendo el camino.
Llegando a León
Creo recordar que la primera parada es Burgos a las 23.45h, pero el mapa me demuestra que estamos cerca de León.
Y las luces de alrededor también parece que estamos entrando en una ciudad.
Hoy voy a soñar con la voz de la señora de aquí atrás. Que sigue y sigue sin parar. En estos momentos pienso en los cascos del móvil, que están muy bien en un cajón de mi casa.
De todas formas, cuando me pongo a leer me sumerjo en mi mundo y me olvido de lo que hay a mi alrededor.
La ventaja del eBook
Hoy me ha dicho una amiga que me he pasado al eBook, y le he dicho que voy alternando. Pero es que para viajar es muy cómodo.
Si no me duermo -que lo dudo- podría terminar esta novela durante el viaje.
Anochece
El autobús va equipado con soporte audiovisual como en los aviones (en el de ida no lo había), además que tiene puerto USB para cargar el móvil.
De todas formas y ahora que mi dolor de cabeza se ha atenuado me toca leer un rato. Enseguida tendré que dar la luz, aunque el eBook también tiene luz.
En cuanto a las pulseras, tengo algunas más. Llegará un momento en que no me quepan en el brazo y me las tenga que quitar. La rosa destiñe.
La señora de atrás
No hay nada como ir tranquilamente en el autobús y tener justo detrás a una cotorra que no para de hablar por teléfono. Me estoy enterando de toda su vida. Sobrepasa los 60 y me dan ganas de desearle que se le acabe la batería, sólo que se puede cargar el móvil en el autobús.
Menuda cotorra: que si llegó el lunes a Gijón, que si se baja a finales de junio a la playa al sur, que si la chiquilla se casa el 22 de junio, que el próximo fin de semana se baja a Zaragoza y se tomará una cerveza con una amiga...
Ahora ha parado. Estará buscando en la agenda a ver a quién más llama.
Y a mí que me da vergüenza hablar por teléfono en el autobús...
¡Oh no! Se va a pasar todo el viaje hablando... Y lo dice alguien que es muy charlatana, pero yo hablo con conocimiento. Lo de la cotorra es hablar por hablar.
En el autobús, por fin
Subir en el autobús ha sido una locura. Y es que nos ponen dos autobuses con el mismo número.
Para meter las maletas le he tenido que decir al conductor que al final se iba a olvidar de mí y se ha echado a reír.
Ya salimos con retraso...
La merienda
Pido un botellín de agua y un café y me sacan aquí la merienda. Le digo a la camarera: "Perdona, yo no he pedido esto", y me dice que el bocata y las aceitunas van con el agua, mientras que el bizcocho y esa especie de yogur van con el café. Estoy desganada, así que sólo tomaré el agua y el café, que es lo que he pedido.
Au revoir, Xixón!
He entrado en una cafetería buscando un enchufe donde cargar el móvil. No me puedo quedar sin batería cuando el localizador del billete lo tengo en un sms.
A una hora de que salga el autobús tengo un dolor de cabeza que me está resultando terrible. Podría tomar un paracetamol, pero tengo que abrir la maleta y me encuentro rodeada de gente. Cosa que me da igual.
Entre nubes
No me apetece nada marchar. Además acabo de recordar que mañana por la tarde trabajo. Así que aunque llegue de madrugada ni siquiera podré echarme la siesta.
En fin, un día se pasa en el infierno.
Pese a las nubes hace buena temperatura. Me sobra el abrigo.
Ensalada de quesos
A ver qué podía elegir entre fabes, garbanzos y ensalada de quesos, teniendo en cuenta que el cocido no apetece porque ha salido el sol, y que el queso si es muy fuerte no lo soporto.
Pues he optado por la ensalada, que entre la manzana y el queso estaba bastante rica...
Entreplazas
En primer día comí en un restaurante que se encuentra entre la plaza del paseo marítimo y la Plaza del Ayuntamiento. Cuando estaba en el segundo plato se levantó un aire terrible y, como estaba en la terraza, me metieron los platos al interior.
Cuando he llegado hoy se han echado a reír. Les he dicho que me marcho ya hoy y que me apetecía comer en el mismo sitio que el primer día, un sitio muy agradable, por cierto. Se llama Entreplazas.
Ando despidiéndome.
Por el paseo de la playa de San Lorenzo hay muchísima gente y de repente un hombre tocaba con una trompeta la de Despacito.
Y me he dado cuenta de lo despacito que va pasando el día. Lo despacio que camino, lo despacio con que me tomo hoy las cosas. Ya llegará mañana para hacer las cosas más rápido.
Hoy, con mucha calma.
Cambio sidriña por cerveciña
En estos cuatro días no he tomado una sola sidra, es que no me gusta. He entrado en muchas sidrerías y el aroma a sidra me echaba para atrás, por eso buscaba terrazas exteriores.
El paseo marítimo está lleno de gente hoy, aunque de vez en cuando cae alguna gota.
He optado por una cerveza al lado del mar. Adoro cómo suena, la fuerza de las olas aquí en el norte.
He sacado el eBook pero me gusta observar a la gente.
De todas formas, nadie podrá cambiarme una Mahou, que sidras no habré bebido, pero cervezas unas cuantas.
Despedida
El primer día llegué a la playa de San Lorenzo y hoy tenía que volver otra vez, sólo que hoy está chispeando.
Me da pena marchar. En unos días lo volveré a recordar todo con la miscelánea de fotos que tengo en todos los soportes.
De pequeña quería vivir en un sitio junto al mar... Tampoco me pilla tan lejos.
Preparar la maleta
Lo que más pereza me da es preparar la maleta. Es lo que peor llevo de cualquier viaje: preparar la maleta de vuelta.
Curiosamente me he estado leyendo antes de ponerme manos a la obra.
A las seis volveré al hotel a por la maleta.
El gran desayuno
Podría pasarme sin cualquier comida del día, excepto por el desayuno. Para mí un buen desayuno es sinónimo de empezar el día con buen pie y mucha energía, amén del hambre que tengo cuando me despierto. Así que hoy no podía ser menos: antes de empezar a hacer la maleta tenía que desayunar.
Me llevo el eBook últimamente a todos los sitios. Sobre todo en el desayuno si lo tengo a mano me relaja y me recuerda que no tengo obligaciones...
El día que se perdió la cordura
24 de diciembre de 2013. Un hombre camina desnudo y ensangrentado por el centro de Boston con una cabeza humana entre las manos.
Junio de 1996. El abogado Steve Maslow ha alquilado una casa en Salt Lake para veranear con su familia: su esposa Kate y sus dos hijas, Amanda y Carla.
Dos historias se entrelazan y enrevesan en esta magnífica historia que nos termina dejando con la boca abierta.
El que ya todos conocen como 'el Decapitador' se encuentra encerrado en una celda del hospital psiquiátrico. El doctor Jenkins intenta hacerle hablar, sin éxito. En ese momento aparece la agente del FBI Stella Hayden. Ella será testigo del momento en que el doctor Jenkins reciba la cabeza de su hija Claudia en una caja. A partir de ese momento todo se revoluciona y será Stella quien se haga cargo de la investigación y, de hecho, Jacob le contará su historia.
En 1996 Jacob había conocido a Amanda Maslow y la había intentado proteger. Parece ser que había encontrado su nombre con una fecha y un asterisco de nueve puntas.
También Carla desaparecerá en Salt Lake, lo que vuelve loco a su padre. Mientras, Jacob se ha propuesto seguir la pista de los Siete y de Laura Jenkins, también desaparecida tras dar a luz a Claudia.
No puedo contar más. Es bastante entretenido y se lee rápido, ya que los capítulos son cortos.
EL AUTOR:
Javier Castillo creció en Málaga, se diplomó en empresariales y estudió un Máster en Dirección de Empresas. Actualmente trabaja como consultor de finanzas corporativas. Escritor de relatos cortos desde la adolescencia, El día que se perdió la cordura es su primera novela y un éxito comercial en internet, habiendo permanecido durante más de 365 días en la lista de bestsellers de Amazon con más de 40.000 ejemplares vendidos. La prensa nacional se ha hecho eco del fenómeno y El Mundo lo ha calificado como "el chico del tren".
Título original: El día que se perdió la cordura
Autor: Javier Castillo
Editorial: Penguin Random House, 2017
Número de páginas: 456
ISBN: 9788491291084
Valoración: 9/10
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