La semana pasada estuve en una localidad a media hora de Barcelona, que se llamaba Caldas de Montbui (Caldes de Montbui, en catalán). En un principio había pensado en ir, como otros años, a cualquier ciudad europea, pero lo cierto es que preferí evitar el avión esta vez, así que puse mis ojos en Barcelona, que ya había estado dos veces hace bastantes años. Y, sin embargo, la última opción fue irme cerca de Barcelona, pasar una semana tranquila en un balneario y, de vez en cuando, dejarme caer en Barcelona.
Caldas de Montbui es una ciudad de aproximadamente 18.000 habitantes que gira en torno a las aguas calientes. De hecho, es la primera villa termal de Cataluña y posee las termas romanas mejor conservadas de la Península Ibérica. Tiene unos parajes extraordinarios, una buena situación geográfica, un clima suave y unas aguas que brotan del suelo a 74ºC.
El centro de la ciudad se encuentra en la plaza de la Font del Lleó (Fuente del León), donde se encuentra también el Ayuntamiento, las termas romanas y la Fuente del León.
Muy cerca se encuentra la Plaza del Ángel, situada junto a la Calle Mayor, donde se encuentra el corazón comercial y social de la población.
Caldas es atravesada de norte a su por la riera de Caldes, aunque lo más interesante de su hidrología son sus afloramientos de aguas minerales y termales, condicionados por las fracturas y plegamientos de su particular geología.
Los alrededores de la ciudad están llenos de huertas que, poco a poco, van desapareciendo para dar paso al auge de la actividad balnearia y, consecuentemente, también turística.
La compañía de autobuses Sagalés conecta Caldas con Barcelona, y hay autobuses cada media hora, aunque el trayecto se hace largo (una hora) porque tiene muchas paradas. Los números de autobuses 201 y e9 cubren la ruta, circulando el segundo por autopista, por lo que es algo más rápido y tiene menos paradas. Yo los cogía en la Plaza de Tetuán.
La zona de Caldas de Montbui, al quedar al margen de los grandes ejes viario-económicos que han dado el gran auge industrial a toda la zona del Vallès Oriental, esta población no ha sufrido un gran impacto demográfico e industrial como otros núcleos de la zona.
El topónimo del municipio, Caldes de Montbui, da fe del establecimiento romano de las termas, como ocurre en otros municipios catalanes (Caldes de Malavella, Caldes de Boí o Caldes d'Estrac). Su partido judicial es el de Granollers.
Caldas tiene una serie de balnearios que aumentan el turismo en la zona. Yo estuve en las Termes Victòria. Se encuentran en el lugar donde en tiempos remotos se encontraba la antigua judería. Ocupa varios edificios que eran antiguas casas medievales. Dentro se pueden ver los antiguos conductos de la Fuente del León. Otro espacio que tiene el balneario, más moderno, es el Espacio Cel, ocupado por varias piscinas para actividades lúdicas y de bienestar. Sobre el balneario en concreto hablaré otro día.
Muy cerca, en la plaza de la Fuente del León se encuentra el Balneario Brochetas, que tiene aguas hidrotermales que emergen a más de 70ºC, cloruradas sódicas y carbonatadas, especialmente indicadas para afecciones reumáticas, traumatología, patologías respiratorias y del sistema nervioso, obesidad y estrés. Este centro inició su actividad en 1729 y está catalogado como monumento artístico protegido. En este balneario las trabajadoras empezaron a coleccionar búhos y ahora es una figura que se vende en todos los comercios y que se ha convertido en uno de los símbolos de la ciudad.
En la propia plaza de la Fuente del León, hay que pararse en la Fuente del León, donde sale agua a 74ºC. Es una fuente con cierto misterio porque el enorme chorro que sale de la fuente nunca ha dejado de fluir. De acuerdo a un informe sanitario del año 1923, estas aguas tenían propiedades mineromedicinales, porque son hipertermales y contienen cloro, sodio, litio, bromo y yodo, entre otros. Gracias a sus propiedades terapéuticas, están indicadas para combatir enfermedades, sobre todo para aliviar enfermedades de la piel, de los huesos y afecciones respiratorias.
La fuente es de acceso público. Yo bajé los escalones para tocar el agua y efectivamente está muy caliente. La fuente original se construyó en el siglo XVI, pero tuvo varias remodelaciones posteriores. La última restauración es de 1927 a cabo del escultor Eusebi Arnau. Es el símbolo principal de la villa.
El edificio que más llama la atención es el que alberga las termas romanas. En época de los romanos, Caldas ya era un centro balneario. En este lugar se construyeron unas termas medicinales que aprovechaban las aguas termales que brotan de forma natural.
Eran unas termas de grandes dimensiones. Se cree que ya existían en el año 130 a.C. y que estuvieron funcionando hasta mitad del siglo XVII.
Las termas romanas de Caldas estaban formadas por diferentes piscinas. Actualmente se puede ver una de estas piscinas. Eran unas termas de gran importancia; se han encontrado incluso estelas de personas de Tarragona que venían a Caldas para realizar un tratamiento medicinal. Eran unas termas mixtas, y se establecía un horario diferenciado para hombres y otro para mujeres.
Aparte de termas, eran un importante centro de negocios, un centro cultural y hasta tenía biblioteca. A mediados del siglo XVII se cerraron con la aparición de casas de baños privadas, y también para evitar frenar la peste en el municipio. Se terminó usando como prisión, conectada con el Ayuntamiento mediante un túnel, y aquí estuvieron encerradas las personas acusadas de brujería.
En la misma plaza se encuentra una de las pastelerías más antiguas de la ciudad, Casabayó. Allí entré a comprar los célebres carquinyolis, que son unas pastas secas dulces que se elaboran con azúcar, harina y almendras enteras. Antiguamente, las almendras se lavaban con las aguas termales tanto para pelarlas con más facilidad como para mejorar el gusto.
Para finalizar, termino con una estrecha calle, que es el pasaje de la Godra. Se trata de una bestia de fuego que sale en el Baile de los Diablos de Caldas (festividad que se celebra a mediados del mes de julio), que representa una quimera, animal mitológico con cabeza de león y cuerpo en forma de serpiente.
Aquí también se encuentra el edificio de Thermalia, que hoy alberga la Oficina de Turismo, ofrece exposiciones temporales y visitas guiadas, así como información sobre toda actividad termal en la zona.














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