Hoy no tenía pensado ir a Barcelona y como el balneario lo tenía antes de comer he ido a dar una vuelta. Estaba claro que iba a terminar en la librería de la calle principal, pero previamente he ido a una mercería. Allí la mujer que me ha atendido ha sido muy amable y se ha puesto a hablar conmigo; me ha contado que es de Barcelona y que tengo que entrar en la Sagrada Familia. También me ha dicho que si necesitaba algo que me pasara y ella me ayudaba. En general la gente aquí es amabilísima. Luego en la piscina dos señoras mayores, hermanas, me han dicho que viven al lado de la Sagrada Familia y que ven a los turistas pasar y pasar. También hablé con unos cubanos, que llevaban a la madre de pelo azul a “tomar las aguas” porque estaba enferma de cáncer. Aquí hay gente mayor, gente enferma, gente sana, familias con niños, parejas, solitarios… Cada día se conoce a un montón de gente. Me he despedido de Sebastián, el masajista chileno, porque mañana vuelve Susana de su descanso semanal. Hay mucho trasiego de gente.
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