Hoy hemos ido a la iglesia del pueblo de mis abuelos.
En las laderas junto a la iglesia correteaba de pequeña; hoy están llenas de maleza.
El tejado del torreón sigue hundido; siempre lo he conocido así, pese a que se supone que es un monumento histórico.
Pero lo que más pesa es el silencio de las ausencias. Porque mis abuelos ya no están.
Pasearon por esas calles que hoy recorríamos nosotros. Pero ya sólo queda el silencio de las ausencias.
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