Aún recuerdo sus ojos la última vez que le vi, me dio la sensación de que me estaba diciendo adiós con la mirada, y entonces ni él ni yo sabíamos que ya no nos íbamos a ver más.
Cómo duele el momento final, el último adiós, el pecho de donde parece que te han arrancado un trozo de corazón, el vacío fatídico, el final de los finales.
Mi tío C. -y padrino- falleció un 28 de enero de 2015. Su mirada de despedida siempre me acompaña.
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