Echamos algo de menos Roma, pero se agradece la vuelta a la rutina.
Se agradece que aquí hayan bajado las temperaturas.
Se agradece sentarse en una terraza a tomar una cerveza sin el mogollón de gente.
Se agradece que no tengamos que empeñar un riñón para cenar…
Pero Roma es tan mágica, que volveríamos pese a la gente, el calor extremo y los precios.
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