En 1991 llegó a mi pueblo un sacerdote que iba siempre de negro. Se llamaba José Ignacio. En poco tiempo se ganó el cariño de la gente. Estaba involucrado en el Camino de Santiago y nos dejó el albergue de peregrinos.
A nosotros nos pilló en plena adolescencia. Nos llevaba de excursiones, nos íbamos de acampada, nos dejaba su casa…
Recuerdo que en las veladas de las acampadas encendía su pipa y nos contaba historias de miedo, las creaba sobre la marcha.
Hace unos meses fuimos a buscarle a la parroquia de Santiago para decirle que nos iba a casar, pero no lo encontramos.
Lamentablemente José Ignacio estaba enfermo y falleció ayer. Es una gran pérdida. Le tenía mucho cariño.
Allá donde estés seguirás brillando con tu luz, la que nos guió durante muchos años. Gracias por todo y hasta siempre, José Ignacio.
D.E.P.
No hay comentarios:
Publicar un comentario