Estoy a un clic de enviar un WhatsApp al sacerdote que estuvo en mi pueblo y en el de Chini cuando teníamos veinte años.
Estoy a un clic de preguntarle cómo se puede sobrellevar una pérdida tan fuerte. Él nos conocía a los dos, nos llevaba de acampadas, conoció los primeros amores. Es uno de esos sacerdotes de verdad, con la moral íntegra. Pero si me va a decir que me ponga a rezar es mejor que no le diga nada y, sin embargo, siento como si pudiera entenderme.
Llevo un fin de semana duro. Cierro los ojos y veo a Chini y me resulta muy cruel que ya sólo sea un espejismo, o un recuerdo, o un sueño. Que ya sólo sea aire.
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