miércoles, junio 09, 2021

Visita rápida a Zaragoza

Plaza del Pilar

He visitado Zaragoza una infinidad de veces. Quizás la cercanía hace que me desplace más veces a esta ciudad que a ninguna otra cercana.

La primera vez que visité Zaragoza viene con un recordatorio constante de una foto junto a la Virgen del Pilar. En aquel entonces, años 80, la gente hacía colas para hacerse una foto con la Virgen y había en todo momento un fotógrafo profesional que te retrataba para el recuerdo. Y para el recuerdo es nuestra foto: mi hermano y yo vestidos de marineros, con unos lamparones de helado de chocolate en los trajes, junto a la Virgen. En qué momento nos tomamos un helado de chocolate cada uno, bajo el calor asfixiante de Zaragoza, antes de entrar en la Basílica. Un retrato que luce en una repisa de la casa de mis padres, para gozo de conocidos y extraños.

Río Ebro a su paso por Zaragoza

La segunda vez que visité Zaragoza fue en una excursión del colegio. Andaría por 6º ó 7º de EGB, y lo que más nos gustaba de esas excursiones con las monjas era la promesa del Parque de Atracciones al final del día. Aquella vez volvimos a entrar en la Basílica, un guía explicaba algo de historia y arte y una frase acaparó nuestra atención: que en el techo de la Basílica hay una bomba que no llegó a explotar. Y entonces las dos clases del curso miramos atentamente hacia arriba en busca de la bomba.

Virgen del Pilar

A partir de ahí he estado varias veces con veinte años, con treinta y ahora con algo más de cuarenta. Así que no dudé un segundo en buscar un céntrico hotel de cuatro estrellas donde sólo tuviera que salir y encontrarme en la Plaza del Pilar.

Hacía calor, un bochorno que desembocaría en tormenta. Cruzaba la Plaza del Pilar cuando abrieron las puertas de la Basílica y entré a ver a la Virgen. Ya no se pueden hacer fotos junto a la Pilarica y el silencio, pese a la gente, era sepulcral. Había algunas zonas del templo precintadas.

Puerto Venecia

Y tenía que hacer algo muy importante: ya que iba a Zaragoza visitaría el segundo centro comercial más grande de Europa: Puerto Venecia. En realidad, llegué, comí algo rápido y como no quería esperar a que abrieran las tiendas, decidí marchar al enorme centro comercial. Mi intención era comprar un calzado cómodo, ya que mis sandalias me habían rozado (cosa que ocurre habitualmente cuando pasas repentinamente del zapato cerrado al zapato abierto y... te da el sol). Compré unas chancletas que me puse en la misma tienda y de allí recorrí otras tiendas de ropa en busca de un traje para la Primera Comunión de mi sobrina. Aquello era un popurri de gente por todos los lados, había que hacer fila en la mayor parte de las tiendas, y cuando ya tenía lo que había ido a comprar empezó a cargarse el cielo y cayó una enorme tromba de agua. Pero con la tormenta yo ya me encontraba en el centro de Zaragoza, en la calle de Alfonso I, que también estaba llena de gente por todos los lados. 

Calle de Alfonso I

Empecé a deambular porque quería llegar a esas arterias principales de Zaragoza, Paseo de la Independencia y Paseo de la Constitución, y me dejé llevar. Las calles que desembocan en la Plaza del Pilar siempre están llenas de gente. No quería alejarme mucho de allí, pero terminé bien lejos casi sin darme cuenta. 

Basílica del Pilar desde el Puente de Santiago

Incluso me dejé llevar al anochecer hacia uno de los puentes sobre el Ebro para disfrutar de la tranquilidad que traía ese momento del crepúsculo.

Interior de la Lonja

Al día siguiente visitaría la Lonja, por recomendación expresa de la chica de la Oficina de Turismo, un palacio renacentista civil que alberga exposiciones temporales, pero a mí no me interesaba la exposición sino el estilo, del que sólo pude entrever un poco el techo. Y, pese a que hay que pagar, al lado se encuentra la Catedral del Salvador, popularmente conocida como La Seo, y cuya visita merece la pena porque su interior es realmente impresionante. Pero no se pueden hacer fotos.

Hay un sitio que, pese a mis innumerables visitas a Zaragoza, no he conseguido visitar aún. Es la Aljafería, y ahora, por cuestiones de aforo, hay que reservar con mucha antelación. Así que lo anoto para una próxima visita a Zaragoza.

Estatua del emperador romano César Augusto, que dio su nombre a la ciudad

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