Hay veces que nos ocurre que recordamos un libro porque nos acordamos de dónde lo leíamos. Compré El anillo hace ya algunos años en el aeropuerto de Barajas, cuando estaba a punto de coger un avión que me llevaría a Alemania. Pero no lo empecé hasta que llevaba varios días en territorio teutón, y recuerdo una habitación de hotel en Colonia con el sol dando en la ventana cuando me sumergí en una magnífica historia. Tal recuerdo me ha llevado a leer otras obras del autor, que nunca me defrauda.
En su veintisiete aniversario, Cristina, una prometedora abogada neoyorquina, algo engreída y snob, recibe dos anillos. El primero, con un gran brillante de compromiso, es de un rico agente de bolsa, mientras que el otro, un misterioso anillo antiguo, proviene de un remitente anónimo. Ella acepta ambos sin saber que son incompatibles y que el anillo de rojo rubí ha de arrastrarla a una aventura que le enseñará sobre la vida, el amor y la muerte, dándole una lección inolvidable que hará cambiar su destino y su visión del mundo para siempre. Empezando en Barcelona, Cristina recorrerá la costa mediterránea, retornando a su pasado y a otro mucho más lejano: el trágico destino del último de los templarios. Una atípica novela histórica sobre la importancia de nuestra relación con el pasado.
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