Llevábamos días viendo Madrid nevado pero aquí no llegaba Filomena. Y tanto lo habían anunciado que yo esta mañana imaginaba que íbamos a amanecer con kilos y kilos de nieve. Pero lo cierto es que sólo los tejados estaban blancos y no nevaba. A eso de las once ha empezado a nevar y aquí sigue cuajando... sin parar.
No está mal para un sábado en el que no es necesario salir de casa. Café, sofá y libro es lo que toca.
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