Conocí a Tolkien cuando era una adolescente, muchos años antes de que las películas se filtraran a la gran pantalla. Entonces había comprado en el Círculo de Lectores El Hobbit, El Señor de los Anillos y El Silmarillion, de los que aún me falta de leer este último. Disfruté mucho cuando entré en contacto con El Hobbit, así que quise más, pero después de El Señor de los Anillos no me quedaron ganas de leer mucho más.
En esta novela entramos en contacto por vez primera con los hobbits, esos pequeños seres de pies grandes y orejas puntiagudas, que viven felices en la Comarca. Bilbo Bolsón recibe la visita de Gandalf y una serie de enanos, que requieren la ayuda de un saqueador experto para alcanzar Erebor, derrotar al dragón Smaug y recuperar el reino y su tesoro. Nadie mejor para esta misión que Bilbo.
El grupo entra en el Bosque de los Trolls, donde tienen que librarse del ataque de tres trolls, gracias a la ayuda de Gandalf, que les distrae hasta que amanece y se convierten en estatuas de piedra. En la guarida de los trolls encuentran unas espadas pertenecientes al antiguo reino élfico de Gondolin. Se reparten las espadas y a Bilbo se le da una daga, a la que llamará Dardo. Cuando llegan a Rivendel, el medio elfo Elrond les ayuda a descifrar el mapa del tesoro de Smaug y las inscripciones rúnicas de las espadas.
En las Montañas Nubladas, una tormenta les obliga a resguardarse y llegan a una caverna llena de trasgos, que consiguen que Bilbo se pierda. El hobbit encuentra un misterioso anillo y llega a la orilla de un lago subterráneo, donde vive una criatura llamada Gollum, que le desafía a un juego de acertijos. Consiguen huir gracias a que les rescatan unas águilas gigantes.
Cuando bajan de las montañas, el grupo llega a casa de Beorn, un hombre que puede convertirse en oso. Les presta armas y ponis para que lleguen al Bosque Negro. Una vez allí, Gandalf les abandona durante un tiempo. Los enanos son apresados por arañas gigantes y por los elfos del bosque, gobernados por el rey Thranduil, pero Bilbo les salva porque consigue hacerse invisible gracias al anillo.
La compañía llega a Esgaroth, la Ciudad del Lago, y se dirigen a Erebor, donde Bilbo consigue entrar en la guarida de Smaug y se lleva una copa. El dragón, creyendo que los hombres del Lago le han robado la copa, decide destruir la ciudad, pero Bardo, el príncipe de la Ciudad del Valle, le mata clavándole una flecha negra en la única parte de su vientre que no está cubierta de piedras preciosas.
Los hombres de Esgaroth, del Valle y los elfos del Bosque Negro descubren que el tesoro que guardaba Smaug se ha quedado sin dueño. Al llegar a Erebor se encuentran con que los enanos han colocado defensas en la puerta principal, porque el cuervo Roäc les ha avisado, y Thorin, que cree que el tesoro es suyo por derecho, se niega a cualquier tipo de negociación. Mientras los hombres y los elfos asedian la montaña, los enanos buscan la Piedra del Arca, el objeto más preciado por Thorin, que está en poder de Bilbo, que la ha escondido por temor a las represalias. El hobbit acude al campamento de los hombres y elfos e intenta que no ataquen Erebor, entregándoles la Piedra del Arca.
Cuando llega Gandalf junto a los enanos de las Colinas de Hierro están a punto de enfrentarse contra hombres y elfos, pero ataca un ejército de trasgos y huargos, lo que les hace unirse en la Batalla de los Cinco Ejércitos. Con ayuda de las águilas, ganan la batalla y los distintos pueblos se reparten el tesoro. Bilbo regresa a su casa con el anillo y una parte de ese tesoro, además de miles de aventuras que contará a las generaciones venideras.
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