
Quiso la casualidad que yo ayer me encontrara con el dueño de los ojos verdes. Volvió a impactarme de una manera extraordinaria. Creo que me pasaría horas mirando esos ojos sin cansarme.
Como había fútbol, me reuní con mis amigos en un bar y allí estaba también él. Esta vez no permití que llegara el bloqueo antes de decirle nada. Quizás es que estaba de espaldas y era más sencillo acercarme porque él aún no me había visto.
Soy consciente de lo mucho que me costó caminar esos cuatro pasos que me separaban de él. Por primera vez incluso le rocé, porque llamé su atención tocándole la espalda. Y él me miró, me sentí perdida en su mirada. Después me interrumpieron y me despedí.
Pero volvería a hablar después con él, cuando salimos fuera y allí se encontraba él. Nervioso. Me pregunto el motivo de que estuviera nervioso. Le preguntaba algo y me respondía cosas que no tenían nada que ver con lo que yo le preguntaba. Sé que era porque estaba nervioso, pero ¿por qué?
A ver qué ocurre en los próximos días, porque pensaba que esta historia no tenía sentido ni futuro, ni principio ni fin, y ayer comprendí que acaba de empezar.
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