miércoles, septiembre 23, 2015

El mexicano

A veces conocemos personas interesantes, venidas desde otro lado del planeta, y cuya conversación puede acabar de un momento a otro. Ni siquiera hace falta saber el nombre. Seguramente será una de esas conversaciones que nos dejan una pequeña huella que se esfumará con el tiempo.
Yo no debería estar en ese autobús y él, tampoco. Simplemente estábamos sentados y nuestras miradas se han cruzado en dos ocasiones. Yo leía, mientras a su lado un señor le ha empezado a hablar. He escuchado que era de Ciudad de México y he dejado de leer, sobre todo cuando su mirada profunda se ha cruzado con la mía.
La novela que me estoy leyendo ahora comienza en su propia ciudad y termina en Jerez de la Frontera. Así que preguntarle por el Zócalo ha sido una simple excusa para hablar con él. Apenas tenía acento de allí. Me ha explicado que estaba haciendo el Camino de Santiago en bicicleta y que hace dos días se cayó, haciéndose daño en la rodilla, por lo que cogía el autobús hasta uno de los innumerables pueblos de la provincia de Burgos.
Me he dejado muchas cosas en el tintero. Me hubiera gustado preguntarle a qué se dedica, pues por la conversación amena y por la curiosidad manifiesta, me ha resultado una persona curtida, con estudios. Y posiblemente con diez años menos que yo, calculo. Pero la conexión ha sido inmediata. 
Es curioso cómo algunas personas pasan por nuestras vidas, desaparecen en cuestión de minutos y durante horas seguimos pensando en lo interesante que ha sido esa conversación. Pese a que sepamos que ya no nos volveremos a ver. Que él volverá a su país, donde, por cierto, el Camino de Santiago es un evento muy célebre.

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