Lo cierto es que los monasterios de San Millán de la Cogolla nos pillan muy cerca. A mí siempre me impresiona el imponente monasterio de San Millán de Yuso en medio del valle verde. Ayer teníamos ganas de ir a algún sitio, pese a la lluvia. Y como a veces viene bien rememorar la historia decidimos visitar San Millán de la Cogolla.
Facsímil en tamaño real de las Glosas Emilianenses, se puede contemplar en un lateral las notas aclaratorias en lengua romance para explicar el texto en latín
Erróneamente se dice que el castellano nació en La Rioja, pero eso no es cierto, ya que el castellano ya se hablaba en toda Castilla; el mérito de San Millán -y por ello se le dice que es la cuna del castellano- es que un monje, Gonzalo de Berceo, lo escribió por primera vez. Lo que hace es transcribir la lengua romance, esa lengua que se hablaba en el pueblo, en los códices, pero no como un texto normal, sino como una especie de notas en los márgenes, notas aclaratorias que explicaban el texto en latín, llamadas "glosas". Y de ahí nacen las Glosas Emilianenses (emilianenses es el gentilicio de los habitantes de San Millán).
El monje anónimo que escribió estas glosas, alrededor del siglo X, también tenía cierto dominio del idioma vasco, ya que hay glosas en euskera.
Atril en el coro
Éste es uno de los acontecimientos históricos que caracteriza a La Rioja y, por eso, son tan importantes los Monasterios de San Millán de la Cogolla. El pueblo cuenta con dos monasterios, Suso y Yuso, que se diferencian por los prefijos latinos ("su" significa "arriba" y "yu" significa "abajo"). Aunque Suso, en la montaña, tiene un valor arquitectónico más importante, ya que fue el primer monasterio y es más antiguo, se encuentra en una montaña sobre el pueblo de San Millán, un lugar donde está restringido el acceso de vehículos y no se puede aparcar. Cuando llegamos a San Millán llovía mucho, así que decidimos quedarnos en el Monasterio de Yuso, y dejar el de Suso para otro día que el tiempo acompañe.
Claustro
La primera congregación de monjes benedictinos que se asientan en el valle de San Millán lo hacen en el Monasterio de Suso. La construcción de este monasterio va unido a la leyenda de San Millán, un joven pastor que se hizo ermitaño y murió a la edad de 101 años. Sus discípulos le enterraron en la cueva que está junto a Suso, donde se va formando el primer monasterio.
El rey navarro García III, muy devoto de San Millán, decide llevarse los restos mortales del santo, pese a la oposición de los monjes del Monasterio de Suso. Cuando transportaban los restos en una carreta, al llegar al valle, los bueyes se detuvieron y no quisieron continuar. El rey comprendió que era un milagro y mandó construir ahí el nuevo Monasterio de Yuso.
Claustro con estatuas y acceso a la iglesia
En el claustro se pueden ver mezclas de dos estilos diferentes: el gótico y el renacentista. En el claustro se pueden apreciar tres imágenes de santos: la de San Millán, la de San Felices de Bilibio (patrono de Haro) y la de San Benito (fundador de la orden benedictina).
Puerta plateresca de acceso a la iglesia
Llegamos a la iglesia, que tiene dos tramos diferenciados. En su origen el coro estaba delimitado por dos puertas de herrería, si bien la primera se sustituyó por una puerta de estilo plateresco, dorada de acceso a la iglesia. A un lado de esta puerta aparece la imagen de otro santo importante en San Millán: se trata de San Braulio, el monje que escribió la biografía de San Millán.
Coro con atril y puerta de hierro
Tras cruzar la puerta dorada, nos encontramos en el coro, dominado por un atril antiguo (facistol) que da vueltas y que tiene las marcas de los herrajes de los códices de canto gregoriano. En realidad, los códices eran un apoyo para los monjes, pero no lo necesitaban porque después de cantar gregoriano doce horas al día se sabían perfectamente lo que estaban cantando.
Órgano
Otra curiosidad es que el órgano está completamente reciclado, formado por piezas de otros órganos desechados.
Cuando pasamos a la iglesia y miramos hacia atrás, descubrimos que el hueco redondo de la puerta dorada guarda simetría con el rosetón de detrás.
Retablo de la iglesia
El retablo de la iglesia está formado por lienzos donde se representan escenas de la vida de San Millán. El pintor tenía influencias claras de El Greco.
Sacristía
Pasamos a la sacristía, una sala imponente debido a los frescos del techo, bien conservados gracias al suelo de alabastro, que absorbe la humedad. Las paredes están decoradas con óleos flamencos y pequeñas tablas traídas de Nápoles. Está presidido por una talla de Santa María de los Ángeles.
Claustro alto
De ahí subimos las escaleras al claustro alto, que está decorado por imágenes de los milagros de San Millán, y hay pequeñas habitaciones donde los estudiosos de los libros y archivos de la biblioteca podían quedarse a pernoctar. Los balcones en su origen eran abiertos, pero los benedictinos decidieron cerrar este claustro para conservar los lienzos y el suelo (hecho de barro cocido).
Y llegamos a la joya del monasterio: el armario de los cantorales. En una pequeña sala, cercana a la iglesia, se encuentra el armario de los 25 cantorales, una colección completa de cantorales que se ubica en el armario original y se siguen conservando en el mismo sitio. Sólo hay cuatro colecciones completas de cantorales en España y una de ellas es ésta.
Cantorales en su ubicación original
Los cantorales pesaban entre 40 y 60 kilos. Estaban hechos con libretos de pergaminos, que luego unían con cuerdas. Para las tapas utilizaban placas de madera y para sujetarlos y prensarlos colocaban herrajes. Los pergaminos eran decorados por el monje iluminador, aquel que mezclaba los colores para crear las letras y florituras que necesitaba el cantoral.
El armario está protegido por aire por todos los lados, de hecho hay respiraderos y una gatera. Se revisan a menudo por especialistas para conservarlos en condiciones óptimas.
Hay que tener en cuenta que estos cantorales tenían que bajarse hasta el facistol del coro, cuarenta y cinco escalones más abajo, por lo que bajar y subir con este peso, varias veces al día, tenía que ser una ardua tarea.
Cantoral expuesto
Se expone en una vitrina uno de los cantorales abierto, donde podemos comprobar cómo es posible que todos los monjes que cantaban gregoriano en el coro podían leer... Es que las líneas son gigantes. Era otra época.
También en esa sala se exponen una serie de primeras ediciones de libros medievales.
Finalmente terminamos la visita en una pequeña capilla que tiene dos arquetas con los restos de San Millán de la Cogolla y parte de los restos de San Felices de Haro.
Arqueta de San Millán
La arqueta de San Millán, construida en marfil y plata, y que contiene los restos mortales de San Millán, nos cuenta en las tablillas de marfil anécdotas de la vida de San Millán. Cuando en 1808 las tropas napoleónicas entraron en España, expoliaron los monasterios, llevándose objetos de valor, como la plata de la arqueta de San Millán, pero dejaron el marfil porque no lo consideraron de valor. Sin embargo se perdieron tablillas de marfil, que hoy en día pueden observarse en el Metropolitan de Nueva York o en el Hermitage de San Petersburgo.
Arqueta de San Felices
Por su parte, la arqueta de San Felices, contiene unos pocos restos, conservándose lo demás en Haro. También formada por tablillas de marfil cuenta partes de la vida de Jesucristo y tiene influencia bizantina.
Y hasta aquí llega nuestra visita. A ver si no tienen que pasar otros veinte años para visitar de nuevo los monasterios. Hoy en día es una congregación de Agustinos Recoletos los que viven en el monasterio.