
Hoy me he cruzado con un tío con el que estuve en el 2000, que no se merece siquiera que le llame “ex novio”. Casi no le reconozco: está enorme y sin pelo, sus andares eran pesados… Mejor no lo pienso. He mirado para otro lado. Con ése me equivoqué, nunca debía haber ocurrido nada entre nosotros.
Lamas me envió un sms no hace mucho para reanudar el contacto. Me preguntó si seguía en Salamanca. No contesté. Las historias que acabaron, acabaron en todos los sentidos. De todas formas, a no ser que venga a La Rioja no creo que nos volvamos a ver.
A F. le vi en julio la última vez. Nos cruzamos en una calle céntrica de una ciudad y yo me puse a mirar un escaparate, para evitar cruzarme con él. Quizás puedo perdonar todo, pero con éste no me sale el perdón. Y el perdón tiene que salir de dentro.
Son tres personas que pasaron por mi vida y que quizás dejaron una huella que se ha ido borrando con el paso del tiempo. Ahora me parece un desperdicio de tiempo mencionarles siquiera, pero me sirve para recordar que cada persona aprende con sus errores. Si entonces hubiera sabido lo que sé ahora no me hubiera equivocado. Las relaciones del pasado sólo sirven para ir preparándonos para algo mejor. Es tan simple como eso.
La experiencia me dice que cada vez tengo un miedo mayor a comenzar algo con alguien. Quizás es el miedo a equivocarme, o miedo al dolor que puede surgir. La vida me ha enseñado que nadie se merece que lloremos por él, porque lo que hoy nos parece tan importante en unos años no lo es tanto.
Quizás por eso me estoy demorando tanto esta vez. No es que no me atreva ni que tenga miedo a la respuesta de él. Lo que de verdad temo es volver a equivocarme, y esta situación entonces puede convertirse en eterna. Que le quiero muchísimo, es obvio. Pero no estoy segura de cruzar esa línea que va más allá de la amistad, o al menos hacerle confesiones secretas. Es cierto que al final tendré que arriesgar. Porque quien no arriesga nunca sabe lo que podría haberse perdido. Puedes arriesgar y que salga mal, y sería un golpe terrible; y puedes arriesgar y ganar, pero también la satisfacción sería mayor. De todas formas, sólo arriesgando sabré a lo que me expongo.
Hoy por hoy, la voz de la experiencia me dice que mantenga la calma y que tenga paciencia, que no ha llegado el momento aún para las confesiones. Que necesito estar preparada en caso de decir algo al respecto. Quizás tengo que observar y escuchar más, conocerle más, dejarme llevar un poco y no dar un paso en falso, porque podría ser mi perdición.