Manglar desde el puente, Reserva de la Biosfera de Río Lagartos
Nos fuimos de excursión al norte de la península de Yucatán, porque nos habían llamado la atención las imágenes de lagos de color rosa.
Parque turístico de Las Coloradas
Las Coloradas es un parque privado, es decir, que lo gestiona una empresa de producción de sal, pero también aprovechan el turismo.
Las Coloradas
Las Coloradas se encuentra dentro de la Reserva de la Biosfera de Río Lagartos. Se trata de una zona protegida donde se unen las aguas del Golfo de México y del Mar Caribe. La Reserva ocupa unas 60.000 hectáreas y en su interior hay cuatro municipios: San Felipe, Río Lagartos, Tizimín y Lago Cárdenas.
Las Coloradas
Las Coloradas son las lagunas de una salinera. Son salinas explotadas de forma natural y que producen, según cuentan, la mejor sal del sureste mexicano. Está formada por 24 pozas, por donde pasa el agua del mar durante diez meses mientras se va evaporando y sube su grado de salinidad. El color rosa de las lagunas se forma por la artemia salina, o "camarón de la salmuera", un pequeño crustáceo que vive en estas aguas y que cuando hay viento producen el color rosado. También es el responsable de la pigmentación rosada de los flamencos, que se nutren de él.
Las Coloradas
Nadie se puede bañar, ni siquiera acercar, a las aguas rosadas, pero más que porque sea propiedad privada de una salinera, es porque la salinidad del agua es tan alta que podría provocar irritaciones, la temperatura causaría quemaduras y los cristales de sal te pueden cortar. Así que podemos hacernos muchas fotos, pero no podemos tocar el "agua rosa".
Las Coloradas
En otras lagunas, donde aún no ha llegado el alto grado de salinidad y por tanto aún no hay gran número de crustáceos, se pueden ver las aguas anaranjadas.
Las Coloradas
Nosotros tuvimos suerte, porque nos encontramos un día soleado y luminoso donde tiraba aire, lo que hacía que los crustáceos se movieran provocando un impresionante color rosado en las lagunas. Al inicio del paseo hay una torreta de madera desde donde se ve la inmensidad de las salinas, pero también el Golfo de México a un lado y el Océano Atlántico, al otro.
Recinto de Las Coloradas
Cuando salimos del parque, bajo un sol abrasador, había unos guardias de esos que vigilan que nadie moleste a los turistas. Mi novio y yo nos hicimos unas fotos con ellos, que fueron muy amables.
Barracón donde comimos en Río Lagartos
De allí fuimos al pueblo de Río Lagartos. Es un lugar costero y, de hecho, es un pueblo pesquero, que también vive del turismo que recorre los manglares. Allí íbamos a comer. Era un pequeño pueblo mexicano donde yo no me atrevería a ir sola, con casas bajas y de colores, vehículos descompuestos, calles de tierra. Con cierta pobreza y, a la vez, pintoresco.
Calle en Río Lagartos
El lugar donde íbamos a comer era una especie de barracón abierto y tejado de chapa, en cuyo interior había mesas y un mostrador. Nosotros nos preguntamos cómo cerrarían después. Había en nuestra excursión una joven italiana, Adriana creo recordar, que había venido de Venecia y llevaba varias semanas en México. Como estaba sola, le dijimos que se sentara en nuestra mesa.
Río Lagartos
La comida estaba buena y los guías nos dijeron que debíamos cambiarnos de ropa en los baños que había allí. Un retrete pequeño muy peculiar. Ese lugar no pasaría por las normativas de Sanidad que tenemos en España. Teníamos que ponernos el bañador porque nos íbamos a los manglares.
Río Lagartos
Todavía recuerdo los tres cuartos de hora que tardó la camarera en prepararnos unos cafés, que aquel chiringuito empezaba a llenarse de parroquianos locales y se iba llenando, hasta que llegó un momento que le dijimos que no nos pusiera el café. Tres cuartos de hora en poner un café de máquina, que podíamos haberlo hecho nosotros en cuestión de minutos. Casi nos perdemos la excursión.
Manglar en Río Lagartos
Nunca habíamos estado en un manglar, aunque yo he leído mucho sobre ellos. Es una zona formada por árboles muy tolerantes a las sales, cuyas ramas y raíces besan las aguas dulces, generalmente en desembocaduras de ríos en zonas tropicales y subtropicales. ¿Y que hay en un manglar? Cocodrilos.
Cocodrilo en Río Lagartos
En el puerto de Río Lagartos montamos en lanchas que recorrían los manglares con el fin de avistar cocodrilos. Nos dijeron que no se nos ocurriera sacar las manos por la borda, porque no se ven pero están ahí. El agua es verde y efectivamente está plagado de cocodrilos. Alguno vimos...
Flamencos en Río Lagartos
También vimos flamencos y otras aves, y las gaviotas se posaban en las lanchas. Al final del manglar desembarcamos en una zona de tierra, donde había que excavar unos quince centímetros para sacar un barro blanco, con el que nos embadurnamos la cara. Hace de exfoliante y viene muy bien para las quemaduras. Y finalmente nos fuimos a una playa junto al Golfo de México a bañarnos y quitarnos el barro.
Llegada al pueblo de Río Lagartos
Nos aproximábamos al pueblo de Río Lagartos cuando dos delfines comenzaron a saltar junto a las lanchas. Fue precioso verlos.
De nuevo en el pueblo, teníamos que volvernos a cambiar de ropa. El barracón donde habíamos comido estaba cerrado por una especie de toldo de lona como si fuera un camión. Los camareros comían dentro y habían cerrado pronto porque ese día era el Día de la Madre, un día festivo en el calendario mexicano. En muchos lugares había celebraciones por el Día de la Madre y, de hecho, nos cruzamos con una procesión.
Pelícano en Río Lagartos
Junto al retrete había una ducha al aire libre, con una especie de caño que apenas tenía presión, el suelo de cemento y la puerta de madera, que casi me quedo con ella en las manos. No sé cómo explicar la sensación de ducharme allí. Los hombres ni siquiera tenían ducha...
La excursión fue larga y agotadora, aunque la travesía en lancha por Río Lagartos es prescindible. Eso sí, vimos muchos animales.
Gaviotas en Río Lagartos
Además tuvimos espectáculo. Había tres mexicanas de cierta edad, viudas o solteras, se las veía que adineradas, de éstas que hace años han emigrado a Miami y tienen cierta independencia. Desde el primer momento se las veía muy soberbias, y lo cierto es que a nosotros, nada más subir en el autobús, una nos preguntó de dónde éramos. Eran torcidas, ya que a uno de los guías le trataron mal desde el minuto uno. Era de Chiapas y ellas, muy racistas. De hecho, a mi novio una le dijo si le habían picado los mosquitos en las piernas y yo le dije que eran heridas de una caída en bicicleta. En la comida mi novio pidió pollo y desde la mesa de al lado le decían "come pescadito". Llegó un momento en que le dije: "No sé si te quieren llevar a Miami de gigoló". Desembarcábamos en Río Lagartos cuando cundió el pánico: una de las señoras se había tirado al agua a buscar unas lentes, los guías se pusieron nerviosos porque está prohibido tirarse al agua, nos dijeron que las multas eran de 80.000 pesos mexicanos, y la vieja que no subía a la barca. Ya no era zona de manglares, pero no creo que se hubiera tirado al agua dos kilómetros antes.
Cerca de Cancún preguntó en alto: "¿Y los riojanos, dónde están?", para después volver a meterse con el guía al bajar del autobús.
Manglar de Río Lagartos
Ahora nos acordamos de las señoras y nos reímos pero se portaron mal. No con nosotros, pero con el guía se portaron muy mal, menuda bronca. Y es curioso porque el guía nos contó su vida a nosotros dos y las viejas pusieron la oreja y le dijeron que los trapos sucios se lavan en casa. Eso sí, buena propina les dieron a los dos guías y al conductor.
Volvimos al hotel de noche, y es que está algo lejos de Cancún.