Siempre al venir de Ezcaray suele estar hasta arriba de coches y siempre me cabrea buscar un hueco libre. Hay quienes encuentran enseguida.
Hoy en cambio, cuando llegaba, ha pasado él. Y entonces ya no era importante que no hubiera sitio. Porque al verle he comprobado que esta mañana no me he equivocado al decir que seguro que estaba guapisimo. Al verle esa posibilidad se convierte n afirmación.
BlackBerry de movistar, allí donde estés está tu oficin@
jueves, julio 21, 2011
Algo fuera de la rutina
Los jueves suelo llegar a desayunar algo más tarde de las nueve. Esta mañana buscaba sitio para aparcar, con esa somnolencia que aún continúa durante un rato después de habernos levantado y cuando aún no hemos desayunado, cuando he visto un coche. Tan desubicada me he sentido que pensaba que (yo) tenía la hora de todos los relojes mal.
Luego he pensado que quizás si hubiera ido a la hora de siempre, esto es, diez minutos antes, había posibilidades de que nos hubiéramos encontrado, aunque es cierto que desconozco a la hora que él habrá venido esta mañana. Sólo que me ha desubicado saber que él estaba allí, tan cercano. Y seguro que guapísimo.
Si no fuera porque el aire es más cálido, la mañana gris con que ha despertado el día parece más bien característica de octubre y no de julio. Así no podré ponerme morena...
Estoy contenta.
A un paso de los sueños
No sé cómo es que me han dado las dos. En realidad, estaba casi con un pie en el mundo onírico, imaginándole, soñándole.
Sueños que no tienen ni principio ni fin...
Es hora de seguir caminando por el agradable mundo de los sueños.
miércoles, julio 20, 2011
Casi la hora de marchar
En cinco minutos espero haber marchado a casa o bien a las piscinas. A este paso no hay tiempo para la bicicleta. Me da pereza entrenarme sola. Llegará agosto y no sabré cómo decirle que no he tenido tiempo de coger la bicicleta, y es que no es eso. Es que a mí me apetece ir con él y no sola, aunque me machaque el primer día. Lo importante es compartir con él unos minutos de su tiempo.
Esta mañana le he visto... guapísimo. Él no me ha visto a mí, pero justo se marchaban cuando yo he salido a la calle. Si hubiera mirado para atrás me hubiera visto, pero no lo ha hecho, y mis ojos no podían apartarse de su figura hasta que ha desaparecido en la distancia.
Con cada año que pasa está más guapo. Me lo apunto mentalmente para que no se me olvide decírselo la próxima vez que nos encontremos.
Ahora es momento de cerveza en la piscina y de pasear al perro.
Nunca seremos más jóvenes que ahora
Comprendí que estaba enamorada cuando intenté alejarme de él. Ni en dos meses he conseguido minimizar el sentimiento hacia ese ángel de mirada perfecta, ni miles de kilómetros han conseguido que no pensara a diario en él. Con cada cosa que veía mi mente volaba hacia él y comprendía todo lo que daría por compartir con él cada paso que daban mis pies, cada palabra de cada conversación, cada persona con la que me cruzaba, cada amanecer…
Hasta que no intenté alejarme no acepté que lo que me pasaba no era algo baladí, que no era un capricho del destino que pudiera olvidar de la noche a la mañana ni en unas pocas semanas. Pues si quería mantenerme lejos de él iba a tener que hacer un esfuerzo tremebundo, que debería sacar unas fuerzas de las que ahora carezco. Es que es complicado luchar con una de las fuerzas más grandes que mueven el mundo en el que vivimos. Es duro y cruel luchar contra el amor, es descorazonador dar la espalda a aquella persona a quien tanto queremos, cuyo recuerdo nos acompaña cada mañana al abrir los ojos y cada noche al cerrarlos, cuya presencia nos provoca que el corazón palpite más rápido o más alto, y entonces, al escuchar a ese corazón que late desbocado, te sientes VIVA.
Han tenido que pasar muchas lunas, unos cuantos meses, muchos amaneceres, demasiados recuerdos para que yo terminara comprendiendo que no quiero estar lejos de él. Sé que podría vivir sin verle durante más de dos meses. Pero llega un momento en que algo dentro de mí me lleva a buscarle. Porque de repente comprendo cuánto le echo de menos, cuánto necesito la magia que inconscientemente provoca, cuánto necesito esa especie de caos ordenado que produce el amor en las personas que aman (amamos). Caos arrítmico, pero ¿cuánto tiempo hacía que no me levantaba con una sonrisa de oreja a oreja, con las palabras cantarinas al decir cada mañana “Buenos Días” en la oficina, cuánto tiempo sin volver a sentirme tocada por ese otro tipo de felicidad, la felicidad que me produce su presencia, su cercanía, saber que se encuentra bien? Soy feliz, pero cuando él está cerca soy doblemente feliz. Es otro tipo de felicidad…
Tengo muy presentes sus palabras de hace unas noches: “Tantos sitios quiero conocer…”. Le entiendo perfectamente. A mí también me pasa. Mi padre siempre dice que no vamos a ser más jóvenes de lo que somos ahora. Y tiene razón. El momento es 'ahora'. Y mi filosofía de la vida es la de no dejar las cosas para mañana, porque mañana puede ser tarde. A veces me gustaría decirle que haga todo aquello que se proponga, que no lo deje pasar, porque en unos años podría ser tarde. Me gustaría decírselo, pero no me atrevo. Cuando él lo decía me pareció sentir cierta nostalgia en sus palabras.
Si volviera hacia atrás, podría reírme al recordar los viajes rápidos que hice a París y Roma, sin avisar a nadie. Pero las circunstancias de la vida terminan llevándonos por caminos desconocidos. Estando en Salamanca, nadie sabía si estaba allí o podía encontrarme en otro lugar. Un día decidí que ya era hora de conocer París y compré un vuelo a la capital francesa. Entonces me hicieron una visita sorpresa. Caminaba por las calles de París la tarde en que había llegado y empezó a sonarme el móvil: mi primo, un amigo, otro amigo. Al principio, ignoré como pude las llamadas. Cuando mi primo me llamó por segunda vez, contesté. “Prima, que estamos en Salamanca, que no te hemos avisado para darte una sorpresa, ¿dónde estás?”. “En París”. Es comprensible que no me gusten las sorpresas, nunca sabes lo que te deparan. A partir de entonces no volvieron a hacer más viajes sorpresa sin avisar previamente.
Con Roma fue diferente. Simplemente un día me desperté y decidí marchar a Roma en esa misma semana. En cuatro días estaba sobrevolando el Mediterráneo sin decir una palabra a nadie. Si me hubiera parado a pensarlo quizás no hubiera cogido ese avión hacia Italia. Ahora ya sopeso los viajes que voy a hacer, más que nada porque sé mis vacaciones con mucha antelación. Antes lo pensaba menos.
A él me gustaría decirle que todo está en sus manos, que no lo deje ni se pare a pensarlo. Aunque yo ahora sí me pare a pensar las cosas, a medida que pasan los años soy un poco más reflexiva. Pero me queda mucho de ese ímpetu que me lleva a hacer ciertas cosas que, si las pensara y de ser las circunstancias diferentes, no las haría.
Con él quiero compartir todo. A veces me gustaría susurrarle qué veo en él que le convierte en una persona tan especial. Y ya no es lo que yo vea o lo que yo sienta, es cómo es él: su forma de pensar, su inteligencia, su mirada penetrante, su nobleza, el tacto suave de sus manos, la manera en que explica las cosas con esa voz tan sensual, el misterio que le rodea, su sutil sonrisa, su dulzura, la forma en que ladea la cabeza… Son geniales atributos que, en conjunto, hacen de él un ángel. Independientemente de lo que yo sienta. A veces me gustaría decirle que le quiero, que le quiero un montón. Que sueño día y noche con él y que al abrir los ojos me encuentro sonriendo feliz. ¿No es acaso magia…?
Hablando de sueños, creo que es un momento idóneo para ir a soñar con él.
"Al dormir no querías despertar y, ahora que estás despierta, no quieres dormir".
martes, julio 19, 2011
Un día para compartir

Hoy me hubiera gustado terminar el día con él: preguntarle, escuchándole, perdiéndome en su mirada perfecta, me hubiera gustado abrazarle y susurrarle que es adorable.
Me he echado una siesta de mil horas, o al menos eso es lo que me parece ahora. Esto quiere decir que hoy me costará bastante conciliar el sueño... Aunque he soñado, así que no es de extrañar que me haya costado tanto despertar.
Hoy me hubiera gustado terminar el día con él, porque hay momentos que simplemente son para compartir con otras personas. Hoy era un día para compartir y disfrutar con él. Me hubiera gustado tomar algo con él al terminar el día y acariciarle ese rostro angelical.
Un día simplemente perfecto
Hay días que son simplemente perfectos. No hace falta ver a un ángel para que lo sea. Basta con escuchar su voz. Podría haber aguantado unas horas, pero era impensable. Hay días que únicamente tenemos la excusa.
Recuerdo el momento en que he pensado en llamarle, el momento en que buscaba el teléfono, el momento en que empezaba a temblar algo dentro de mí ante la perspectiva de hablar con él. Y luego cuando le he escuchado, preguntar por él aun sabiendo que ya era él quien estaba al otro lado. Malo sería si no reconociera su voz a la primera.
Y me hubiera tirado horas hablando con él, escuchándole y susurrándole los mejores deseos. Porque esos minutos, esa breve pausa a media mañana, han convertido la jornada en algo simplemente perfecto.
Recuerdo que el año pasado, tal día como hoy, hacía mucho más calor. Hoy hace aire y es otro martes que no podré disfrutar de la piscina.
Volvía de correos algo más tarde de las dos, cuando nos hemos cruzado. Iba con una camisa que me encanta cómo le queda. He sacado la mano por la ventanilla, pero desconozco si me ha visto. Y he terminado aparcando en el sitio que él acababa de dejar libre.
Sentía cómo mi corazón iba amartillando mi pecho, rápidamente, sin pausa. Y estaba guapo. Él no miraba, pero a mí me ha dado tiempo a observar que estaba guapísimo. A medio metro, quizás debería haber dicho su nombre cuando ha pasado a mi lado...
Tengo sueño. No sé de qué, pero esta tarde quizás me eche siesta. Quizás sueñe con él.
lunes, julio 18, 2011
Las ocho en la oficina
Si me dan las ocho en la oficina, a ver quién coge ahora la bicicleta... Así no se puede. Un día menos que resta. De todas formas, lo que me apetece ahora es ir a las piscinas de mi pueblo a tomar un zumo. Quien dice zumo es porque no quiere decir cerveza, pero al final será cerveza.
Esta mañana quería verle, pero ha venido el marido de una amiga mía y me he marchado, al final, a tomar un café con él.
Hoy me ha llegado el álbum de Nueva Zelanda. Está genial. Todos los que lo han visto han dicho que es el mejor con diferencia. Esta semana se lo dejaré a él para que lo vea, no será mañana, porque mañana no está bien. Estará con mucha gente. No, se lo dejaré pasado mañana. Mañana hay otras cosas prioritarias.
Recuerdo que él me dijo el viernes que aún quedaba. Y ya estamos casi a martes.
Me encuentro en una especie de nube. La magia...
Esta noche no hay estrellas
Anoche pronuncié una frase mágica. Posiblemente él no se diera cuenta, pero era un mensaje de mi corazón. Miré al cielo, vi muchísimas nubes blanquecinas que estaban cubriendo las estrellas y entonces dije algo que iba dirigido a él: "Esta noche no hay estrellas". Luego le miré. Porque ¿para qué necesito las estrellas que siempre me lo recuerdan a él si él estaba frente a mí? Y si él está no necesito más estrellas, ya su resplandor ilumina todo lo que hay alrededor. Claro que yo seguí hablando del tiempo...
Hoy tampoco veo estrellas en el cielo, aunque estoy 'tocada' por esa estrella que resplandece incluso en las noches más oscuras.
Es un buen momento para ir a dormir. A soñar con un ángel.
domingo, julio 17, 2011
Nunca lo hubiera imaginado
Las cosas que haríamos por amor a veces son incomprensibles. Hace tres años que no ando en bici, y entonces la cogía para ir a las piscinas (ni siquiera había un kilómetro). Antes de eso, había estado unos ocho años sin tocarla.
Tengo dos semanas para hacer kilometradas y poder ir a andar en bici con un ángel. No puedo echarme para atrás, porque ya quedé, ya di una fecha, aunque es posible que al final me echara para atrás. Me da la sensación de que no lo voy a hacer: Todo será por pasar unas horas con él. Ahora tengo que sopesar si quiero o no que me vea con la lengua fuera, que si voy no puedo retrasarle (de ahí que tenga que entrenar por mi cuenta las dos próximas semanas) y concienciarme de que no será un paseo, sino andar en bici durante kilómetros.
Es curioso, pero sé que haré cualquier cosa por estar cerca de él. Además, siempre puedo retirarme después del primer día.
Ya estoy mañana a comprarme el equipo para andar en bici. Y sólo por estar con él... Porque soy consciente que sin él yo no iría a andar en bici. Además me vendrá bien para estar en forma.
La primera imagen del día
La primera imagen al abrir los ojos ha sido su rostro angelical, tal y como estaba anoche. Después he pensado que se me había pasado la hora y me he incorporado rápidamente para mirar el reloj. Las nueve. Sin despertador.
Anoche escuchaba la lluvia incesante tras la ventana abierta y revivía los instantes que había compartido con él. Me quedé dormida en su abrazo imaginario. Creo que he soñado esta noche con él, me llegan ráfagas de pensamientos inconexos.
Ahora ya puedo echarme la siesta. Ni siquiera tengo sueño, aunque después de comer llegará. Y me siento como si flotara en una nube. ¡Qué guapísimo y dulce estaba anoche!
Esta mañana a las diez llovía sin parar. Igual que anoche. Menos mal que ya ha parado.
La persona más dulce
Me estaba despidiendo de mis amigos, porque mañana tengo que madrugar, cuando de repente ha aparecido él. En principio, me marchaba y no me hubiera tomado otra, pero con tal de compartir un rato con él no me hubiera importado quedarme hasta el amanecer, aunque mañana será otro cantar al despertar.
Estaba guapísimo. Tanto tiempo sin él, ¿cómo he podido difuminarme tanto tiempo, cómo he aguantado tantas lunas sin quedarme atrapada en esos ojos que concentran todo lo mejor del mundo, cómo he soportado tanto tiempo sin escuchar esa voz tan sensual...
Esta noche tiene magia. Además le miraba y le veía guapísimo, y le volvía a mirar y le seguía viendo guapísimo.
Muchas cosas he prometido esta noche. Y sé que si a él le doy mi palabra se cumplirán todas: el álbum, el tiki y las postales, poner a punto la bicicleta. No lo hubiera imaginado.
Es adorable. Sigue tan adorable como siempre. O más.
Debo ir a dormir, quizás a soñar con él, que mañana tocan diana demasiado pronto. Me encuentro feliz: un minuto de él me brinda cien noches de felicidad.
No comprendo cómo he podido vivir tanto tiempo sin él.
sábado, julio 16, 2011
Durmiendo profundamente
Esta noche me quedé dormida con la ropa puesta. No entiendo de dónde podía venir tal cansancio físico o quizás es que pensé en un ángel y lentamente fui cerrando los ojos. De madrugada he debido taparme con el edredón y esta mañana, cuando me he despertado de esa guisa, no recordaba cómo me había quedado dormida.
Estoy segura de que he soñado con un ángel. Me llegan algunos coletazos de la noche. Y siempre que sueño con él duermo profundamente y me cuesta despertar. Los síntomas son inequívocos. Casi no me levanto de la cama.
viernes, julio 15, 2011
El efecto de dos cervezas
Me he tomado dos cervezas en las piscinas en ayunas, por lo que he venido a casa con sueño. Me han dicho de ir a Arenzana esta noche, pero no estoy por la labor, ya que vendré tarde. Mañana por la mañana trabajo y si voy a Arenzana sé que me voy a liar. Esta situación, unida al hecho de contar con un sueño prematuro que creo que puede ser fruto de esas cervezas, posiblemente haga que me quede en casa.
Lo que ocurre es que me encuentro flotando desde esta tarde. Estoy reviviendo cada momento, cada instante. Esa mirada tan perfecta... Sí echaba de menos mirarle a los ojos, echaba de menos esa emoción tan especial cada vez que me encuentro con él.
En ese momento, cuando esperaba a que se diera la vuelta, comprendía el deseo. Ese deseo de abrazarle, de cubrirle de besos, de brindarle las caricias más tiernas, de enredar mis dedos en su pelo. Y sí, ¿por qué no? Susurrarle al oído que te quiero como jamás había querido a nadie, como jamás querré a nadie.
Me tomaré un café a ver si se me quita el sueño.
Cuando menos te lo esperas
Cuando menos te lo esperas puede aparecer un ángel. La misma persona a la que hace más de dos meses que no veía (le he visto, pero de lejos), la misma persona a quien tanto echo de menos, la misma persona que cuando aparece me encandila, enciende el fuego en mi interior, que consigue que me tiemble la voz. Y qué guapo estaba.
De haber sido otro momento, quizás hubiera bajado la vista y hubiera optado por no decir nada. Sólo que no me he parado a pensarlo. Estaba en la oficina y al levantar la vista ha pasado caminando. Entonces, me he asomado y le he llamado.
A medida que esperaba, sentía el tembleque del corazón, no sabía muy bien cómo empezar después de tanto tiempo.
Las cosas siempre ocurren cuando menos lo esperamos. Porque yo esta tarde no debía estar aquí y sin embargo me he quedado a ultimar unas cosas.
Adoro la dulzura que destila su persona. Escuchar esa voz tan sensual, de nuevo, después de tanto tiempo, es como mecerse en el aire, como bailar al viento, mientras siento que un millón de mariposas revolotean a mi alrededor. Estaba guapísimo. Le quiero muchísimo.
Me ha faltado tiempo para decirle que le escribí. No podía contarle todo en tan sólo unos minutos. Pero volver a hablar con él, volver a escucharle, volver a sentir la magia que proviene de él es algo simplemente magnífico.
A veces me apetece abrazarle. Simplemente abrazarle y pedirle que no se vaya, que el tiempo sin él es demasiado vacío.
La llamada de esta mañana sólo ha sido para escucharle. Hoy tenía la excusa perfecta para hablar con él, pero el azar me ha llevado a un momento mejor que el simple hecho de escuchar esa voz que me hechiza. El azar me ha llevado a cruzarme con él... Qué sensaciones más extraordinarias produce en mí. Me encuentro completamente feliz. Cómo le quiero...
jueves, julio 14, 2011
Un jueves un tanto ajetreado
Esta mañana me he marchado a Logroño. Era algo que tenía pendiente y era necesario que lo hiciera cuanto antes, habida cuenta de que ya ha comenzado la recta final para la boda de mi hermano. En media hora me he comprado todo.
A las dos estaba en SD y la tarde se ha hecho demasiado larga. Como siempre que falto, se me acumula el trabajo.
Lo peor es que tengo tortícolis, así que esta noche me tocará dormir sin almohada. Mañana no sé lo que me depara el día, aunque podría hacer sol. Por la tarde libro, así que sería un buen día para ir a la piscina. Que apenas va haciendo calor este verano...
El fin de semana me espera cargado de trabajo, incluso el domingo. Pero no me he parado siquiera a pensarlo. Desde que volví tengo energías nuevas (como siempre que me marcho a desconectar).
Debería ir a dormir.
La magia de la luna llena
No se puede pasar por alto un libro que en sus primeras páginas dice "el amor es como la luna: si no crece, termina menguando".
Eso no quiere decir que en mi caso haya ido menguando, más bien ha sido al contrario. Aunque a veces da la sensación de que es luna nueva, pero en realidad esa afirmación en un tanto inexacta. No importa el estado de la luna, ya que siempre tiene el mismo tamaño.
Sigo abrazando la almohada por las noches y susurro su nombre en la oscuridad. Es entonces cuando su imagen se va perfilando en mi mente lentamente, hechizante, perfecta, mágica. Y antes de dormir siempre recuerdo sus ojos cargados de esa honradez tan característica de él.
Me gustaría poder susurrarle que llena mis noches de una dulzura indescriptible.
¿A quién le pasa la luna desapercibida esta noche...? Está creciendo... porque dentro de dos días será llena. La luna llena me hechiza, pero más me hechiza él.
miércoles, julio 13, 2011
En un mes
Yo no hubiera elegido un día 13 para nada. Siempre he pensado que es un número que da mala suerte. Pero no todo el mundo piensa así. En un mes exacto se casa mi hermano.
Lo he ido dejando pasar hasta que, a falta de un mes, me voy a coger un día, exactamente mañana, para comprar el vestido que llevaré a la boda. No tengo ninguna idea sobre como será. Sólo sé que mañana me lo traeré (o al menos lo intentaré; si tengo que dejarlo sólo será porque tienen que hacerme algún arreglo).
La cuestión es que esta semana tengo que trabajar el domingo por la mañana, aunque eso no creo que me impida salir el sábado por la noche. Necesito encontrar al ángel que perdí hace unos meses. Seguro que está guapísimo. Seguro que su mirada sigue guardando todo lo mejor del mundo. Seguro que sigue deleitando su sonrisa magnífica. Y seguro que su voz vuelve a erizarme la piel como si fuera la primera vez que la escuchara...
Entonces he optado por tomarme libre un día en medio de la semana.
Más de la una
Es día trece y más de la una de la madrugada. Como siempre, ando dando tumbos por ahí. No debería... que luego me cuesta horrores levantarme por la mañana.
Esta semana se me está haciendo muy larga. Si la memoria no me falla, el martes pasado fue aquello de "una cerveza y a dormir". Pero no cumplimos. El martes pasado a estas horas pillamos la fiesta con ganas, por lo menos en lo que me toca.
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