Era la tercera vez que entraba en el Museo de la Evolución de Burgos, y es un lugar que me gusta visitar de vez en cuando.
En el Museo de la Evolución nos encontramos descubriendo la historia de la Sierra de Atapuerca y sus excavaciones. Viendo más de 200 fósiles originales podemos entender cómo fue la evolución humana en Europa a lo largo del último millón de años.
A medida que vamos subiendo nos encontramos una espectacular vista del museo diseñado pro Juan Navarro Baldeweg, ya que los tramos de tierra que se ven desde arriba corresponden con la evolución del terreno de la Sierra de Atapuerca.
La sierra de Atapuerca es un enclave de referencia para la historia de la evolución humana. Allí se localizan una serie de yacimientos que permiten conocer la evolución de los grupos humanos desde su llegada a Europa, hace más de un millón de años, hasta la actualidad. En la excavación arqueológica se recuperan los fósiles, restos de la cultura material y de todo tipo necesarios para conocer el pasado. El trabajo continúa en el laboratorio, donde se restauran los fósiles y se preparan para su posterior análisis. El estudio de los yacimientos ha generado un importante número de publicaciones, ocupando las portadas de las revistas más prestigiosas y situando la sierra de Atapuerca en un lugar destacado del panorama científico internacional.
La sierra de Atapuerca es una suave elevación rocosa (1.082 metros de altitud), que forma parte de la Meseta Norte y se sitúa en el corredor de la Bureba, un pasillo natural que comunica el valle del Ebro y la cuenca del Duero. Con una orientación NO-SE y una longitud de unos siete kilómetros, este enclave alberga el importante yacimiento arqueológico de Atapuerca. En su interior se localiza un complejo kárstico formado por una red de galerías de unos 3.700 metros de desarrollo. La singularidad estratégica de este territorio y la variedad de recursos que posee han favorecido su ocupación por grupos humanos desde hace más de un millón de años. La excepcionalidad de sus yacimientos motivó que el año 2000 la UNESCO incluyera la sierra de Atapuerca en el listado de Bienes Patrimonio de la Humanidad.
A finales del siglo XIX la compañía inglesa The Sierra Company Ltd. construyó un ferrocarril minero entre las localidades de Monterrubio de la Demanda y Villafría. El objetivo era transportar carbón desde la sierra de la Demanda hacia las industrias del norte peninsular. La empresa constructora atravesó una ladera de la sierra de Atapuerca y dejó a la vista una serie de antiguas cavidades que se rellenaron de sedimentos durante el Pleistoceno. Desde 1978, un equipo interdisciplinar trabaja de forma continuada en estos yacimientos. Las excavaciones en los rellenos de las cavidades conocidas como Sima del Elefante, Complejo Galería y Gran Dolina están permitiendo conocer que la sierra de Atapuerca fue ocupada por diferentes especies de homínidos desde hace al menos 1.300.000 años.
El equipo investigador de Atapuerca denominó Homo antecessor a los restos fósiles de homínidos de unos 800.000 años de antigüedad, hallados el 8 de julio de 1994 en la Gran Dolina. En latín, antecessor significa explorador. La denominación Homo antecessor evocaría al "primer hombre explorador" en tierras europeas. El descubrimiento en 2007 de fósiles humanos de hace 1,3 millones de años en la Sima del Elefante sitúa el primer poblamiento de Europa en una época más remota aún.
La Sima de los Huesos es el mayor yacimiento de fósiles humanos del mundo. Contiene esqueletos completos de al menos 28 personas, de ambos sexos y diferentes edades de muerte, que están datados en más de 530.000 años de antigüedad y pertenecen al Homo heidelbergensis, la especie antepasada de los neandertales. Los estudios de estos huesos han permitido conocer que su estatura era parecida a la nuestra, aunque eran más anchos y robustos; que eran preferentemente diestros; las diferencias de tamaño entre mujeres y varones eran como las que se encuentran en nuestra especie; el parto era más sencillo que en la actualidad; se ocupaban de las personas discapacitadas; y eran capaces de hablar como nosotros.
Dejamos Atapuerca para encontrarnos con la reproducción de la popa del HSM Beagle, el barco en el que viajó Darwin entre 1831 y 1836. En el interior se puede ver a un lado la bodega y al otro el despacho de su casa de Inglaterra, donde escribió su Teoría de la Evolución.
La llegada de los europeos a América permitió conocer toda una serie de nuevas plantas y animales. Durante los siglos posteriores y a lo largo de todo el mundo se desarrollaron expediciones que pretendieron catalogar y clasificar esta diversidad biológica. Entre estos intentos de sistematización destacó el sistema de clasificación binomial de Linneo (1758), que continúa utilizándose en la actualidad. La mayoría de estos viajes no tenían la intención naturalista como principal objetivo; predominaban otros intereses como la cartografía, la búsqueda de determinados recursos naturales o el reforzamiento de las redes comerciales. En este panorama hay que situar al bergantín británico HSM Beagle en 1831. En aquel buque al mando de Robert Fitz Roy embarcó el joven naturalista Darwin, que además de ejercer de acompañante del capitán se dedicó a recoger datos sobre la geología y biología de las zonas visitadas.
También podemos ver las explicaciones de las Leyes de la Genética de Mendel o los experimentos de Morgan con las moscas del vinagre.
En la siguiente sala nos encontramos con esculturas de cómo pudieron haber sido el Australopithecus, Homo habilis, Homo erectus, Homo antecessor, Homo neanderthalensis, Homo rodhesiensis, Homo sapiens. Y los instrumentos que utilizaban.
Finalmente nos encontramos con reproducciones de asentamientos y enterramientos del Homo Sapiens y el Neanderthal confrontados para que podamos comprobar las diferencias.


















































