El Torico
En diciembre de 2018, justo antes de acabar el año, tuve una semana de vacaciones y, como siempre que puedo, me escapé a Teruel. Recuerdo que todo el mundo me decía que me abrigara bien, y en realidad, aunque sí es una ciudad muy fría, no pasé tanto frío. La cuestión es que decidí visitar una ciudad desconocida que tuviera buenas combinaciones de tren desde Logroño, y es que tenía claro que me apetecía coger el tren.
Así que me fui a Teruel y regresé encantada, porque es una ciudad pequeña y preciosa, y además la gente hace que te sientas bien. Para mí, que me gusta callejear, Teruel me pareció una ciudad entrañable, con mucha historia y con buena comida. Ahora ya puedo decir que Teruel es algo más que ser célebre por la plataforma "Teruel existe", y sobre todo es una ciudad para visitar con niños, ya que es muy tranquila y en el centro es peatonal en su mayor parte.
Tenía el hotel junto a la Plaza del Torico, una plaza de soportales cuyo verdadero nombre es Plaza de Carlos Castel, cuya figura emblemática se encuentra sobre una columna gigante (que no se veía al estar decorada con un árbol de Navidad), en cuya cúspide hay un torico ("toro pequeño") de bronce.
Plaza del Torico
Esta plaza y la estatua, como muchos rincones de Teruel, tiene su propia leyenda. Parece ser que, durante la Reconquista, en el siglo XII, el rey Alfonso II fue conquistando poblaciones hasta que llegó a Teruel. Allí sus tropas se quedaron a la defensiva mientras él seguía luchando en las montañas. Las tropas asentadas en los alrededores de la ciudad le desobedecieron y, en vez de esperar, siguieron a un toro bravo guiado por una estrella desde el cielo. La leyenda dice que un sueño les había indicado que debían seguirlo y fundar una nueva población allí donde el toro se detuviera. El ejército se hizo con la fortaleza de Teruel y dejaron su estandarte en ella. Y por eso en el escudo de Teruel aparece un toro con una estrella encima.
Plaza del Torico
Otra leyenda atribuye la fundación de Teruel a los fenicios que remontaron el cauce del río en busca de un lugar en el que establecerse, y finalmente encontraron una tierra fértil con mucho ganado, y sobre todo con muchos toros, y allí formaron un poblado. Al río lo llamaron Turriar o Turia, por la abundancia de toros, y aplicaron a la población un nombre derivado: Teruel.
Esta plaza fue, durante siglos, sede de los gremios más ricos, del mercado, y en ella corrían los toros en las grandes solemnidades.
En 2007 se inauguró la nueva plaza del Torico, renovada, con unas líneas luminosas en el pavimento que se extienden por toda la plaza.
Plaza del Torico, de noche
Dicen que quien visita Teruel debe beber de uno de los caños de la Fuente del Torico y pedir un deseo, pero el árbol navideño tapaba los caños, así que no pude beber ni un triste trago.
Escalinata del Óvalo
Teruel es una ciudad que destaca por sus edificios modernistas, como las escaleras que enlazan la estación de tren con el Óvalo (centro de la ciudad), y sobre todo por el arte mudéjar.
La Escalinata del Óvalo fue diseñada por José Torán, construida en los felices años 20. Cuando salí de la estación de tren y me encontré con la magnífica escalera pensé que no era buena idea acceder al centro con la maleta, pero es lo primero que vi de Teruel. Y es realmente impresionante.
El primer monumento que visité fue el Conjunto Amantes de Teruel, mantenido por la Fundación del mismo nombre, cuyo objetivo se centra en la conservación del arte mudéjar, pero también difundir la historia de amor entre Isabel de Segura y Juan Diego de Marcilla. Y, por eso, antes de visitar la ciudad me encargué de leer la historia de Los Amantes de Teruel ("tonta ella, tonto él"). Gracias a ellos, también se le denomina "Ciudad del Amor".
Antes de embarcarme en las visitas a los monumentos mudéjares, comento que nos explicó la guía que Teruel era una ciudad reconquistada, pero tenía que ser repoblada. Como no había tanta gente para la repoblación, a los musulmanes se les permitió quedarse en ciudades como Teruel, y estos musulmanes que convivían en territorios cristianos son los mudéjares.
Con respecto a su arte utilizan elementos muy sobrios, como el ladrillo, y azulejos verdes y blancos para la decoración. Los azulejos blancos se colocan de manera estratégica, de tal manera que "engrandecen" el monumento cuando les da el sol, dotándoles de un "brillo celestial".
Estatua de los Amantes de Teruel
El Conjunto de los Amantes alberga en su interior el Mausoleo de los Amantes, la iglesia de San Pedro, la Torre de San Pedro y Ándito, el claustro mudéjar y el ábside.
Torre de San Pedro
La Torre de San Pedro es la más antigua de las torres mudéjares turolenses. Tiene la decoración más sencilla de todas las torres mudéjares de la ciudad, pero ya muestra la triple función de campanario, paso urbano y atalaya, que se repite en el resto de torres.
Conjunto arquitectónico de Los Amantes, torre e iglesia de San Pedro
La construcción original data de 1250, pero hoy en la actualidad sólo queda de esa época la torre puerta. Del conjunto de torres mudéjares, ésta muestra un exterior más sobrio, aunque con ciertas peculiaridades, como son el uso de azulejos de color melado, que ya no se da después; y la decoración figurada que presentan un par de capiteles en el friso de arcos entrecruzados: la mano de Fátima (típico amuleto musulmán) y las llaves de San Pedro.
Interior de la iglesia de San Pedro
A comienzos del siglo XIV se construyó la iglesia, sustituyendo a una anterior y según el modelo de iglesia-fortaleza. Es de nave única, con cabecera poligonal y totalmente rodeada de capillas laterales, abiertas entre los contrafuertes y en el ábside, sobre las que discurre un ándito: un corredor exterior, que permite rodear el edificio, pasando por huecos abiertos en los contrafuertes, y al que se accede desde el campanario, y que rememora la función defensiva de las iglesias fortaleza de la época medieval.
Ándito que rodea la iglesia de San Pedro
Con respecto al interior, se encuentra totalmente policromado en estilo modernista neomudéjar, de la mano de Salvador Gisbert (1896). Al fondo, en el lugar donde debería estar el órgano, hubo un incendio que obligó a quitar el órgano. El retablo es de madera sin policromar, recogida de la provincia, pródiga en madera. Se atribuye este retablo al escultor Cosme Damián, y fue restaurado hace algunos años.
Capilla de San Cosme y San Damián (en restauración), donde fueron encontrados los restos de los Amantes
Es curioso que llama la atención que el retablo esté sin policromar y el resto de la iglesia esté impresionantemente decorada. Realmente merece mucho la pena.
Los Amantes de Teruel, sepulcros en el Mausoleo
Los restos de los Amantes han permanecido siempre en la iglesia de San Pedro. Fueron encontrados en la capilla de San Cosme y San Damián (en restauración cuando yo visité Teruel) y tras someterlos a las pruebas del Carbono 14 los resultados fueron que los restos pertenecen a un hombre y una mujer de unos veinte años, que fallecieron de muerte natural, y que vivieron en el siglo XIII. Los restos de la pareja se han conservado gracias a las bajas temperaturas turolenses. De la capilla les llevaron a un templete de madera que se expone en el claustro, pero un escultor, Juan de Ávalos, se horrorizó al ver las momias, y en el año 1956 esculpió los sepulcros de alabastro que se ven en el Mausoleo.
Las estatuas simbolizan el amor eterno: sus manos no se tocan, pero la sombra que crean en el suelo simbolizan el amor más allá de la muerte; los pies de él están tapados, porque él ya estaba muerto cuando ella cae fulminada a su lado, al verlo por última vez. Me alegro por haber leído la historia de los Amantes antes de ir, aunque allí la hubiera escuchado igualmente.
Claustro de la iglesia de San Pedro
Adosado al templo se construyó un claustro de planta cuadrada. La importancia del claustro de San Pedro es que es uno de los pocos ejemplos de claustros mudéjares que existen en nuestro país. Fue construido en el siglo XIV adosado a la iglesia. De estilo gótico-mudéjar, está construido en ladrillo y tiene una bóveda de crucería. En el patio tuvo un aljibe que en la actualidad no existe.
En 2007 fue restaurado y se realizó una excavación arqueológica, en la que se encontraron varias criptas funerarias de los siglos XVII y XVIII, convertidas en osarios.
Estatua de los Amantes en el jardín de la iglesia de San Pedro
El jardín, restaurado en 2015, era el antiguo jardín cementerio de la iglesia de San Pedro, donde se ubicaba la casa de los Sánchez Muñoz, una de las familias más importantes de Teruel, a quienes se debe la construcción del claustro de San Pedro.
Belén en el claustro de la iglesia de San Pedro
En el momento en que lo visité, el patio estaba ocupado por un enorme belén que bien valía una visita. De hecho, había gente esperando en una puerta de la calle (sin tener que acceder a todo el conjunto monumental) para ver el belén.
Exterior del ábside de la iglesia de San Pedro
Desde el claustro también se puede ver el exterior del ábside mudéjar, que bien merece la pena, por su decoración interior, y por la arquitectura exterior. Tiene siete lados destacan los torreoncillos decorados con cerámica estrellada. Tanto el ábside como la torre mudéjar de San Pedro fueron declarados Patrimonio Mundial por la UNESCO en 1986.
Panorámica desde la torre de San Pedro
De la visita me falta mencionar el ascenso al campanario, desde donde se pueden ver el resto de las torres mudéjares de la ciudad, así como la de la catedral (también en restauración).
Torre mudéjar de El Salvador
Muy cerca se encuentra la iglesia de El Salvador, que cuenta con arquitectura barroca de finales del siglo XVII, que se hundió en 1677, lo que obligó a construir una totalmente nueva. Destaca la Torre de El Salvador, de talla más reciente que la de San Pedro. Destaca el uso de la bóveda de crucería en el pasaje que discurre bajo la misma y un mayor desarrollo en los paños ornamentales.
Entrada a los aljibes medievales
En uno de los accesos a la Plaza del Torico hay algo que llama la atención: los aljibes medievales. Y es que bajo la plaza se encuentra todo el sistema de distribución de agua a la ciudad desde tiempos medievales. En el subsuelo de la Plaza del Torico, los aljibes recogían el agua de lluvia para abastecer a la ciudad. Son depósitos de agua que datan de 1373, y su principal objetivo era almacenar agua para momentos de escasez.
Interior de los aljibes medievales
Al entrar en los aljibes tuve una sensación de pánico al pisar el suelo acristalado desde el que podía verse el agua bajo mis pies, también se ve parte de la canalización antigua, el pozo y los depósitos. Y, obviamente, hay mucha humedad.
Acueducto-Viaducto de Los Arcos
Más tarde se construyó un complejo sistema de canalizaciones, que comprendía más de 140 arquetas y 11 fuentes, y se levantó el Acueducto-Viaducto de los Arcos (siglo XVI), que traída las aguas a la ciudad y que todavía hoy se puede contemplar. Posiblemente sea el acueducto renacentista más importante de nuestro país, obra de Pierres Vedel, que emula las obras hidráulicas romanas. La función principal de este acueducto era traer a la ciudad el agua desde el manantial La Peña del Macho, situado a unos cuatro kilómetros de Teruel.
Entrada al Museo de Teruel
Uno de los sitios interesantes de la ciudad es el Museo de Teruel, una muestra etnográfica de la ciudad y de la provincia, con unos ejemplos magníficos de la vida doméstica turolense a través de los siglos, así como las actividades y labores del campo, la ganadería, la historia y la importancia de la ciudad en algunas épocas.
El Museo ofrece la posibilidad de efectuar un itinerario por más de 300.000 años de Historia del territorio turolense, desde los primeros pobladores hasta la actualidad, a través de los objetos elaborados en las comunidades que nos han precedido, insertos en un discurso que intenta explicar las claves de su evolución, el proceso de adaptación al medio físico, las principales innovaciones tecnológicas y productivas de cada uno de los períodos y las transformaciones sociales que estos procesos conllevan.
Casa de muñecas, Museo de Teruel
El Museo se estructura en dos grandes áreas temáticas, una destinada a establecer las características generales del poblamiento en Teruel y la evolución de los elementos más significativos d la vida cotidiana de los grupos humanos (la vivienda, la indumentaria, la alimentación o la explotación de los recursos económicos), con especial incidencia en los siglos XIX y XX, y otra que analiza cronológicamente las culturas que se han sucedido en la provincia, desde la Prehistoria hasta la Edad Media.
El edificio que alberga el Museo desde 1987 es la denominada Casa de la Comunidad, antiguo palacio de la sede de la Comunidad de Teruel y sus aldeas, un edificio renacentista que constituye el mejor ejemplo de la arquitectura civil de la ciudad. Fue construido a finales del siglo XVI por Juan Rigol, y restaurado entre 1975 y 1985.
En las antiguas caballerizas se ubican las secciones sobre los aspectos más significativos de la vida tradicional: en la vivienda se muestran objetos de distintas épocas, como elementos de protección (cerraduras, llaves, llamadores), de iluminación (lucernas y candiles, tederos), calefacción o mobiliario, junto a una casa de muñecas burguesa y la escenificación de una cocina rural. La indumentaria refleja el estatus social de cada individuo y su afinidad con otros grupos. En la imagen individual es importante también la higiene personal, cuidada desde la Edad Antigua, como se aprecia en los útiles de depilación, rasurado de barba, arreglo del cabello o los cosméticos.
Juguetes antiguos, Museo de Teruel
Los juguetes contribuyen a la definición del rol social y de las funciones propias de cada género y los útiles domésticos nos acercan a las costumbres en la cocina y la alimentación. En la planta baja había una exposición temporal de juguetes de antaño, que me pareció magnífica.
El transporte, los mercados y el comercio se presentan a través de sistemas de pesas y medidas o de dispositivos para el acarreo de productos.
La base de la estructura económica, además de la explotación de los recursos del monte, es la producción agropecuaria. A lo largo de la Historia se han ido modificando las herramientas y los sistemas de cultivo, aunque el diseño de parte del utillaje no ha variado.
Antigua rueca y utensilios para el hilado, Museo de Teruel
La ganadería ha sido un recurso fundamental, especialmente en las zonas montañosas. La cabaña más importante es la lanar, complementada con la caballar (para el tiro y el transporte), la bovina y, de carácter más doméstico, la crianza de cerdos. Muchas actividades giran en torno a la ganadería: el pastoreo y la trashumancia, el esquileo y el marcaje de las reses, la elaboración de quesos o embutidos y la fabricación de productos con pieles, cuernos, huesos y tendones.
La forja de hierro para la fabricación de cerrajería y herramientas de las actividades tradicionales fue importante en la provincia de Teruel. Además de su utilidad, la forja posee un fuerte componente simbólico.
La religiosidad, como reflejo de la relación del grupo humano con la divinidad, está presente en todas las sociedades que ocuparon el territorio turolense, representada en numerosos objetos, desde cerámicas a lápidas pasando por amuletos y pequeños elementos de culto. Se muestra cómo, en las sociedades tradicionales turolenses, el catolicismo impregna la vida cotidiana y marca los comportamientos de los individuos a lo largo de todas las etapas de su vida, desde el nacimiento hasta la muerte, y desde los aspectos más personales e íntimos hasta el comportamiento colectivo y social.
Muestra de piezas cerámicas, Museo de Teruel
La cerámica es un material excepcional para conocer, además de la evolución de su propia tecnología, los cambios en la alimentación y en los sistemas de almacenamiento de los productos, los rituales sociales, la mitología y la estética, y las relaciones e influencias con otras sociedades.
Las primeras producciones cerámicas están asociadas a las innovaciones neolíticas (cerámicas cardiales e incisas), alcanzando un notable desarrollo durante las Edades del Bronce y del Hierro. La introducción del torno, la depuración de arcillas y el horno alto durante la época ibérica, permite producir una cerámica de alta calidad, que acoge además un repertorio iconográfico muy interesante, y una enorme variedad de formas, reflejo también de la complejidad y desarrollo alcanzado por esa sociedad. En época romana gran parte de la producción se industrializa y se distribuye de manera fluida por todo el Imperio. Es especialmente significativa la elaboración a molde de la terra sigillata, que cuenta en la provincia de Teruel con el importante taller de Bronchales.
En la etapa islámica, la cerámica cambia radicalmente, tanto en las formas como en su decoración, desarrollando el esmaltado de las piezas. Durante la Baja Edad Media se desarrollan de manera notable los alfares turolenses, con su característica cerámica esmaltada en verde y morado y un conjunto de formas y decoraciones que ilustran bien desde las costumbres en la mesa hasta la representación de la estructura social.
Reproducción de una farmacia del siglo XIX, Museo de Teruel
Las producciones de la época moderna y contemporánea muestran las influencias orientales y francesas filtradas por talleres como los de Talavera o Reus.
Se puede contemplar una farmacia del siglo XIX (Alcalá de la Selva), completada con materiales procedentes de otras farmacias tradicionales.
Réplica de pinturas rupestres turolenses
Con respecto a la segunda fase del Museo, hace un recorrido cronológico de las culturas asentadas a lo largo de los siglos en la provincia de Teruel, empezando por la Prehistoria.
Los primeros grupos humanos que habitaron el actual territorio turolense dejaron sus evidencias (herramientas y restos de animales con huellas de descarnado) en el yacimiento de Cuesta de la Bajada, ocupado hace 330.000 años, durante el Paleolítico Inferior. A través de otros yacimientos puede conocerse la evolución de las poblaciones, las relaciones con otros territorios y las influencias que reciben.
Los grupos de cazadores recolectores tienen una fuerte presencia durante el Epipaleolítico, caracterizado por la fabricación de útiles microlíticos, y son, básicamente, los autores del denominado Arte Rupestre Levantino. Reciben parcialmente las innovaciones neolíticas, como refleja la presencia de cerámicas, pero continúan con su forma de vida durante un largo período de tiempo.
La agricultura, domesticación y el asentamiento en núcleos estables no se desarrolla realmente hasta la Edad del Bronce, período en el que existe un núcleo elevado de asentamientos en todas las comarcas turolenses, indicativo del desarrollo demográfico inducido por la mejora en la explotación de los recursos.
Durante la Edad del Hierro continúa el desarrollo tecnológico y demográfico, y comienzan a documentarse intensas relaciones con Centroeuropa y con el ámbito mediterráneo, bien documentadas en la tumba de Les Ferreres de Calaceite y otros yacimientos del Bajo Aragón.
Las culturas ibérica y celtibérica están bien representadas en el territorio turolense, con una zona de contacto en el valle del Jiloca. Son sociedades "civilizadas" que basan su organización territorial en ciudades con un territorio rural ocupado por poblados y aldeas, núcleos de carácter estratégico y minero, y construcciones agrícolas similares a granjas o alquerías. Las sociedades de esta época muestran una clara jerarquización social, la especialización del trabajo con un notable predominio de actividades artesanales, y un desarrollo económico y social reflejado en el uso de la moneda, la escritura y costumbres culinarias y religiosas integradas en el mundo mediterráneo. Las fases más recientes de estas culturas están vinculadas a la presencia de Roma.
La presencia de Roma en el territorio turolense, que inicialmente tiene un carácter militar (reflejado en la existencia de armamento como la catapulta de Caminreal) y de explotación extrema de recursos, pronto supone la integración en el estado romano y la estructuración de su territorio en torno a nuevas ciudades de las que depende un extenso territorio fundamentalmente agrícola y minero. La creación de vías y la construcción de infraestructuras hidráulicas, como el acueducto de Albarracín a Cella, permite el desarrollo de los núcleos urbanos y la creación de una red de comunicación que facilita la circulación de productos y posibilita un fuerte desarrollo en el ámbito rural.
La alimentación, la fabricación de herramientas, de cerámica y textiles, o los rituales funerarios y las creencias religiosas, muestran la plena incorporación de las poblaciones autóctonas a las formas de vida romanas, aun manteniendo algunos elementos propios de la tradición anterior.
Mosaicos de Calanda, Museo de Teruel
Las etapas finales del mundo romano están caracterizadas por la ruralización de las clases altas y la construcción de villas en las que conviven instalaciones para la explotación agraria intensa y un conjunto residencial que permite una vida con los lujos y comodidades exigidos por la clase de propietarios. Los mosaicos de Calanda y de la villa de Urrea de Gaén, además de las instalaciones agrícolas de esta última, ilustran muy bien esta situación.
A partir del siglo V, tras la desaparición de las grandes villas, se registra un fuerte declive con el asentamiento de la población en núcleos agrícolas y en zonas montañosas. El conocimiento de la cultura hispanovisigoda se limita a pequeñas necrópolis, junto a los vasos litúrgicos procedentes del Bajo Aragón.
La expansión islámica supone una nueva estructuración del territorio, la construcción de asentamientos de carácter agrícola y el desarrollo paulatino de nuevas ciudades y redes de comunicación. El esplendor que alcanza el reino taifa de Albarracín es indicativo de un largo período de desarrollo económico y social, truncado por la expansión de los reinos cristianos.
En el siglo XII y principios del XIII, el territorio turolense se incorpora al Reino de Aragón, excepto Albarracín, que se mantiene unos años como señorío independiente. La ciudad de Teruel se convierte en un núcleo fundamental para la conquista de Valencia, adquiriendo un carácter de ciudad fronteriza, dotada de privilegios para favorecer la llegada de repobladores. La presencia de minorías religiosas (judíos y musulmanes) contribuye a la vitalidad y el desarrollo económico de una sociedad fuertemente jerarquizada, con notable presencia de eclesiásticos, una baja nobleza con recursos limitados, una clase vinculada al comercio que, junto a profesionales y artesanos, adquiere un protagonismo creciente en la gestión de la ciudad, y la mayoría de la población dedicada a los trabajos agrícolas, domésticos o el transporte.
Acceso al Museo de Arte Sacro
El siguiente paso era la Catedral, cuya torre están restaurando y, por tanto, no se puede subir. Pero la entrada a la Catedral incluía también el Museo de Arte Sacro.
El Museo de Arte Sacro de Teruel está situado en el Palacio Episcopal, edificio construido entre los siglos XVI y XVIII. Fue inaugurado en 1984 y en la actualidad ocupa cuatro salas en torno al magnífico claustro del edificio.
Altar barroco, Museo Sacro
Sus fondos se componen de una extensa colección de pintura gótica, miniaturas, esculturas, orfebrería y libros sagrados.
Entre las obras más sobresalientes destacan la tabla de la Virgen del Patrocinio, de mediados del siglo XV, diversas tallas de gran valor, que van desde los siglos XII al XVII, marfiles como el Cristo Árbol de la Vida, del siglo XVII. También se exponen varias piezas de orfebrería de los siglos XV al XX y algunos ornamentos procedentes de la iglesia de San Pedro de Teruel.
También son destacables una serie de códices, misales, pequeñas esculturas y numerosas piezas, como la custodia-arqueta de la parroquia de Torrecilla el Rebollar, del siglo XV.
Cofre de amor, Museo Sacro
A mí lo que más me llamó la atención del museo fueron los cofres de amor. En los siglos XIV y XV se puso de moda en Europa la costumbre de que el novio regalara a la novia, antes de casarse, un cofre en señal de amor. Este regalo simboliza la alianza que va a celebrarse entre los esposos con una arqueta que recuerda el arca de la alianza entre Dios y el pueblo elegido del Antiguo Testamento. Para su elaboración se utilizaban materiales preciosos y se decoraban con escenas amorosas e imágenes procedentes de la literatura trovadoresca medieval. Tan importante fue esta moda que se crearon talleres cuyo trabajo fundamental era la producción de este tipo de piezas, como el de la familia Embriachi, al norte de Italia, especializado en el uso del marfil y el hueso.
Catedral de Teruel
Sin duda alguna, entrar en la Catedral de Teruel fue un espectáculo que no olvidarán mis retinas. Fue algo inexpresable con palabras, mi mirada no podía abarcarlo todo. No esperaba algo tan imponente.
Situada en el centro del casco histórico, la antigua iglesia románica dedicada a Santa María de Mediavilla es, desde 1577, la Catedral de la diócesis de Teruel, el monumento mudéjar más significativo de la ciudad. Está dedicada a la Virgen en el misterio de la Asunción y es fruto de la religiosidad de muchas generaciones cristianas. Se accede a ella a través de la portada modernista, realizada por Pablo Monguió a comienzos del siglo XX.
La Catedral consta de tres naves. Se empezó a construir a finales del siglo XII, experimentando en los siglos posteriores varias transformaciones. En el siglo XVI se elevó el cimborrio que cubre el crucero y a finales del siglo XVII se amplió con la girola que rodea el ábside.
La techumbre, la torre y el cimborrio de la Catedral de Santa María de Mediavilla fueron declarados Patrimonio Mundial por la UNESCO en 1986.
Interior de la Catedral de Teruel
Sin duda alguna, lo más destacable del interior de la Catedral es la techumbre mudéjar, magníficamente conservada. Miras a lo alto y no sabes dónde posar los ojos, y sigues sin saber dónde mirar una vez que estás cerca de esa techumbre, en los pasillos laterales superiores.
La Techumbre Mudéjar es la joya de la Catedral. De finales del siglo XIII, cubre totalmente la nave central. En su armadura de par y nudillo (formada por vigas inclinadas a lo largo de las vertientes del tejado y reforzadas con otras traviesas horizontales formando una "A", que se completan con otros apoyos transversales y en las paredes) ofrece una profusa e interesante decoración con motivos geométricos, vegetales y epigráficos de clara influencia islámica, y decoración figurada unida artísticamente al gótico lineal. Es como un libro abierto que muestra la cosmovisión del Teruel medieval.
Detalle de la techumbre, donde se pueden contemplar animales en medallones y bustos de personajes, que podrían ser personalidades de la época
Es una techumbre de madera, conservada porque se cree que estuvo tapada durante dos siglos por una bóveda inferior, que la ocultó y, de algún modo, la protegió hasta 1953, cuando se descubrió. Las vigas se cubren con pintura al temple
Por él desfila toda clase de personajes: Jesucristo y escenas de la Pasión, santos y reyes, obispos y nobles, mudéjares y cristianos, damas y caballeros, letrados y campesinos. Se reproducen escenas de caza, de guerra, luchas con animales fantásticos, representación de vestuario, escudos nobiliarios, instrumentos musicales; todo un repertorio sistemático y original del saber de la época.
Retablo Mayor de la Catedral
El Retablo Mayor de la Catedral, tallado en madera a mediados del siglo XVI por el francés Gabriel Joly, se considera uno de los mejores conjuntos escultóricos de signo renacentista en Aragón y representa los misterios de la vida de Cristo y de su Madre, que aparece en la hornacina central como asunta a los cielos. Le da luz el cimborrio, construido por Martín de Montalbán (1538). El conjunto es un retablo-custodia para la eucaristía que se reserva permanentemente en el óculo por privilegio del Papa Luna, Benedicto XIII, a las catedrales aragonesas.
Cimborrio de la Catedral
Un elemento singular ante el cual es preciso detenerse un momento es la reja del coro, la principal manifestación del gótico flamígero en Teruel, obra del maestro Cañamache (1491).
Otros rincones relevantes que ver en la Catedral y ante los que no me voy a detener son la Capilla de la Coronación, la Capilla de la Inmaculada, la Cripta de los Mártires, la Capilla de los Santos Mártires, la Capilla de Santa Emerenciana (patrona de la ciudad) y la Torre-Campanario, a la que no pude acceder al encontrarse de obras.
Merece mucho la pena la visita a la Catedral de Teruel.
La Torre de San Martín está constituida por dos torres, una envolviendo a la otra, discurriendo entre ambas las escaleras de acceso al campanario. La distribución interior varía mucho de las demás torres mudéjares, ya que cuenta con tres habitaciones superpuestas. Esta estructura plantea problemas para soportar el peso del carillón, por lo que la torre se inclinó. En 1551, Pierres Vedel la reforzó con un muro de sillería.
Cuenta la leyenda que las iglesias de San Martín y el Salvador fueron construidas por dos alarifes, Omar y Abdalá, que enamorados de la misma joven, de nombre Zoraida, decidieron que se casaría con ella quien construyera la torre más hermosa. Omar terminó la suya, San Martín, y al quitar los andamios quedó inclinada, por lo que se suicidó tirándose desde lo alto de la torre, sin saber que Zoraida había concluido que la de San Martín, aunque inclinada, era la torre más hermosa.
Interior del Flanagan's
Las tardes en Teruel siempre terminaban en el Flanagan's, el templo de U2 más grande del mundo. Me pareció una cervecería sensacional. ¡Qué voy a decir yo, que adoro la cerveza y me encanta U2!
Entrada del Flanagan's
Está ubicado en una de las casas señoriales del siglo XVII mejor conservadas de la ciudad. Su construcción a base de sillería en su fachada principal da paso a la portada de medio punto y a grandes dovelas de sillería y mampostería en el resto de la edificación.
Decorado en estilo victoriano, tiene acabados en madera oscura combinados con cristaleras, vidrieras cromáticas y antigüedades que ofrecen un ambiente distinguido y acogedor.
Interior del Flanagan's
El Flanagan's Official Irish Pub abrió sus puertas en diciembre de 1996 y en 2012 remodeló su decoración en torno al grupo U2, sin duda una de las más extensas colecciones expuestas dedicadas al mítico grupo.
Es el lugar ideal para tomarse una pinta de auténtica cerveza irlandesa Guinness (negra), Kilkenny (tostada) o Paulaner (trigo), celebrar Halloween, St. Patrick's o Molly Malone Day.
Balconera en la terraza exterior, Flanagan's Pub
Y si hay algo que resaltar en esta cervecería es la magnífica terraza exterior, con todo tipo de banderas y decoración (bicicletas, matrículas extranjeras, escudos, etc.) colgando en sus balcones, al más puro estilo irlandés.
Participa de Las Bodas de Isabel de Segura (recreación anual de Los Amantes de Teruel), con la ubicación del Campamento Almogávar en su terraza.
Torreón de San Esteban, Teruel
Una de las cosas de las que no he hablado es de las murallas, y Teruel conserva parte de ese recinto amurallado medieval.
El casco antiguo de Teruel mantiene el trazado urbano del siglo XII, con escasas modificaciones, y restos de una muralla que marcó los límites de la población durante siglos. Épocas y estilos fueron superponiéndose en un reducido espacio.
Teruel se fundó con un claro criterio militar: en una muela elevada de fácil defensa, que hoy en día sigue separando el casco histórico del resto de barrios. El cinturón amurallado de Teruel llegó a tener un perímetro de 1,9 km.
Torreón de Ambeles
Entre los torreones de la antigua muralla, el más célebre es el Torreón de Ambeles, seguramente por su singular planta estrellada. Se cree que este torreón se encontraba adosado al Alcázar Real, y se construyó entre 1425 y 1575.
Otros torreones que aún se conservan son los de San Esteban, el Rincón, Bombardera y Lombardera.
Huevos rotos con foie
Como a Dinópolis voy a tratarlo en un capítulo aparte, sólo me queda mencionar la gastronomía turolense. Teruel es un lugar donde se come bien, pero contundente, alimentos nada rebuscados. Es muy típico (y famoso) el jamón (combinado con todo tipo de alimentos y en cualquier modalidad), huevos fritos, patatas a la turolense, migas, la sopa de ajo, etc. Es decir, comí muy bien, y además fue comida muy típica de este país.
A las patatas en Teruel no les quitan la piel
No hablaré del bocadillo de jamón con queso Camembert que comí antes de coger el tren... que volvería a Teruel mañana mismo a comer de nuevo este bocadillo...
Es un placer rememorar mis paseos por Teruel.







