Esta mañana nos despertábamos con una triste noticia: Robe Iniesta había fallecido a los 63 años. Ha sido un duro golpe. Y es que todos aquellos que rondan mi edad crecimos al ritmo de sus canciones, tarareando sus letras, escuchando esa voz rota que nos hizo saltar y sentir.
Tenía quince años cuando compré en casete Pedrá, un disco que únicamente tenía una canción. Me regalaron una camiseta con la carátula del disco. Acababa de salir y nunca había escuchado antes nada de Extremoduro: lo adquirí por la portada y fue todo un descubrimiento.
Después llegué a la universidad y acababa de salir Agila. Me aprendí todas las canciones del disco y descubrí que me gustaba mucho. Se escuchaba en todos los sitios. Y entonces quise descubrir más de ese grupo que situaba en el mapa Monfragüe y Extremadura.
Seguí escuchando otros discos anteriores y posteriores, a Extrechinato y tú. Y mi hermano pequeño siguió mis pasos: se quedó mis discos y mis camisetas, se aprendió sus canciones, cantábamos a dúo…
Para mí fue una época dorada, crecí y maduré al ritmo de las letras de Robe. Y aunque quedó atrás, sigo conservando varios de sus discos, sigo tarareando sus canciones, que no se me han olvidado. Así que sí, se ha ido uno de los grandes, alguien que no tenía pelos en la lengua, que supo acercarse a todos los públicos y que nos dejó magníficos mensajes en sus canciones.
Vuela alto, Robe.
"Para algunos, la vida es galoparPor un camino empedrado de horas,Minutos y segundos.Yo, más humilde soyY sólo quiero que la ola que surgeDel último suspiro de un segundoMe transporte mecidoHasta el siguiente".
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